miércoles, 31 de octubre de 2018

La Dama de la rosa - Capítulo 24 - La dicha recobrada

Como había dicho, Connor llegó a media tarde de realizar las gestiones pendientes, que fueron muchas y variadas.  Fue recibido por su hija corriendo hacia él con los brazos abiertos.  la niña se mostraba abierta hacia su padre, como si no le hubiera conocido tan sólo unas horas antes.El se agachó para recibirla con un abrazo y la entregó una caja no muy grande.  La niña se extrañó de aquél regalo que recibía, el primero   de  parte de su padre  en su  corta vida . .  Nerviosa lo dejó sobre una mesa y procedió a romper el envoltorio.  La caja se movía y Perl intrigada daba saltitos de impaciencia.  Anya miraba a ambos sin tener ni idea de lo que allí pudiera haber.  Al fin la niña lo abrió y se llevó las manitas a la boca para ahogar un grito de alegría

-¡ Es un perrito!
- Si.  De la misma raza que uno que tuvo mama y que se fue al cielo de los perros.  Se llamaba Bruno y mamá le quería mucho

Anya les miraba hacer , conectando los dos entre sí.  No existía el tiempo sin ellos, sin conocerse.  Era su día a día.  Como cualquier padre y cualquier hija que se conocen desde el nacimiento.  Cada momento que pasaba, la producía una inmensa emoción, porque nunca imaginó que las cosas resultasen tan fáciles como estaban siendo.
Perl no paraba de jugar con el perrito y el cachorro con ella; los dos se sentían absolutamente felices. Anya y Connor, sentados en el salón, les miraban sin pronunciar palabra, hasta que él rompió ese silencio

- He hablado con mis padres y no podían creerse que fueran abuelos.  Les he mandado una fotografía vuestra, de las dos, mientras dormíais en el hospital.  No lo podían creer.  La semana próxima estarán aquí para conocer a su primera nieta.  Mi madre rompió a llorar en el teléfono
-¿ Han quedado convencidos de que es tu hija ?
-Absolutamente.  Mi madre dijo que es igual a mi cuando tenía su edad.  No pienses más en eso. No hay duda por parte de nadie.  Y si no fuera mi hija, me daría igual porque ya la quiero
- Pero es que es tuya, y de ningún otro
- Lo sé. A mi no tienes que convencerme, y lo que digan los demás no debe importarte.  Hay otra cosa más
-¿ Has solucionado lo tuyo
- Lo mio está solucionado.  Llamé a mi ex; creí que sería una nota de cortesía.  Se alegró por nosotros, y sé que es sincera.  Ella anda con uno que es igual que ella en cuanto a forma de vida, así que están encantados.  Rescindí los contratos que tenía sin problemas.  Excepto uno en que ya están las entradas vendidas, la publicidad en marcha.. en fin, ese tuve que mantenerlo.  Será en Edimburgo, relativamente cerca de casa.
Como imagino que la casa estará cerrada, he contratado una empresa de limpieza para que mañana mismo la pongan al día.  Avisé a Madelaine que nos mudamos de nuevo. Me dijo que se alegraba mucho por todos, pero por nosotros mucho más. Por lo visto, según ella, estamos hechos el uno para el otro.  Después fui a una joyería y encargué nuestras alianzas y ésto
De su bolsillo extrajo un estuche y de él un anillo de compromiso con una fecha impresa en su interior: la del día de su nueva vida.  Porque comenzaban una nueva vida y un nuevo rumbo.

Anya dilataba la hora de tener que ir a la cama, y Connor se daba cuenta de ello, por eso tomó la iniciativ para que no estuviese nerviosa

- Creo que lo más prudente, es que duerma en el sofá.  Es bastante cómodo, y necesitas descansar y calmar los nervios que te tienen tan alterada.
- Nooo. ¡ Cómo vas a dormir en el sofá ! ¿ Quieres irte a tu apartamento ?
- No, y lo sabes.  pero también sé que no estás cómoda
- No es eso. Es que aún no he terminado de asimilar el cambio tan drástico que ha tomado nuestras vidas.
 -Quiero que estemos juntos, pero dame un poco de tiempo.  Sólo ten un poco de paciencia
- Te doy todo lo que necesites; comprendo que te sientas extraña, y sin embargo es de lo más natural.  Hemos convivido durante mucho tiempo, tenemos una hija y te he hecho el amor muchas veces, y aún así estás nerviosa como una recién casada. ¿ Y aún me preguntas si estoy seguro de que Perl es mi hija ? ¿ Deseas que nos acostemos juntos ?
- Si lo deseo
- Pues entonces, déja que lleve la iniciativa

La tomó en brazos y la condujo hasta el dormitorio, allí frente a él, comenzó a besarla y  acariciarla, y poco a poco, ella se fue relajando y rindiéndose al amor.  Todo era nuevo. Eso también;  había pasado mucho tiempo desde su último encuentro.  Le creía perdido para siempre, y sin embargo ahí estaba mirándola con ternura y tratando de apaciguar su desazón, que lentamente iba abandonando. Y como si fuera la primera vez, se miraban y se empapaban de ellos mismos.  No era un sueño, aunque lo pareciese, era real.  Se abrazaron y sus cuerpos, piel con piel, se unieron una vez más como si fuera un sortilegio. Las palabras brotaban de sus labios como en una competición de a ver quién amaba más al otro.  Pero los dos se amaban extremadamente, sin muros de contención, sin trabas, con ansias de amarse y recuperar todos los años en que habían estado alejados.

 Connor la miraba con éxtasis.  La maternidad la había hecho más  bella, más mujer, , más sensual, más redonda en sus formas, y también, pasados los primeros instantes, más desinhibida, como si de golpe hubiera tomado conciencia de que estaban juntos, se pertenecían e iban a casarse. No había tabúes, ni gazmoñerías eran tal cual lo sentían, ellos mismos, amándose y haciéndoselo notar al otro.  No querían separarse, permanecer así, enlazados, sintiendo el palpitar de sus corazones en el otro.

- Quiero ver tu cara.  Abre los ojos y mírame - la decía Connor observando sus reacciones - Lo quiero todo para mi. No tienes ni idea lo que he echado de menos el calor de tu cuerpo, la suavidad de tu piel, tu sensualidad.  Este, nuestro primer encuentro al cabo de tanto tiempo, ha sido inenarrable.  Nunca había sentido tanto placer como hoy, como ahora.  Con nadie más que contigo, y ha sido así desde el principio. Creo que lo he estado buscando todo el tiempo de nuestra separación sin encontrarlo, hasta ahora que lo he vuelto a vivir.
- Connor¿ de verdad me lo dices ? ¿ En serio te hago feliz ?
- Mi amor, más que nada.  Más que nadie.

Su realidad estaba allí a su lado, y en una habitación separada durmiendo plácidamente.  Esa era su vida, la que había buscado su alma solitaria y que por fin encontró junto a esta mujer que ahora permanecía tumbada encima de él, besando su torso, con besos suaves y dulces que le hacía transportar al infinito una vez más  e ir junto con ella hasta el mismo cielo.  

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