jueves, 3 de enero de 2019

Te esperaba - Capítulo 4 - Cuando todo pasa-

El cuerpo de Lissa se instaló en la capilla ardiente de la funeraria. Tenían el ataúd abierto y restaurado su rostro, que volvía a tener el aspecto de un cuerpo dormido.  La madre no paraba de llorar frente al catafalco,  y el padre y Emma, por mucho que hicieron,   no podían consolar el desgarrador dolor que sentía.  Comenzaría el desfile de amigos a darles el pésame.  Emma era como una autómata respondiendo a sus palabras de condolencias.  Trataba de abstraerse de ese ritual para encerrarse en su profundo dolor. No alcanzaba a comprender  en sí lo que había ocurrido.  Inconscientemente había culpado a Lissa de su accidente, dada la afición que tenía a pisar el acelerador, pero esta vez había sido la víctima entre otras tres personas.  Mentalmente , mirando su rostro., la pedía perdón por ello, y por tantas otras cosas que la había reprochado a lo largo de su corta vida

.  Quizá, en su interior Lissa, tendría la necesitad de vivir  velozmente, porque presintiera que su paso por aquí iba a ser excesivamente corto.  Era pura intuición, porque ya nunca tendría oportunidad de aclararlo con ella.
Sabía que echaría de menos a su otra mitad, como ente ellas bromeaban.  Eran gemelas y sin embargo diferentes,  no tanto en el físico, como en su forma de comportarse en la vida. Ahora casi se alegraba de que fuera tan locuela.
Su padre la puso una mano en el hombro para advertir de que habían llegado sus compañeros del hospital, y entre ellos  Robert con cara triste y algo demacrado. Si fuera por Lissa, sería porque aún la amaba.  Ese pensamiento hizo que su corazón palpitase más a prisa de lo acostumbrado.  Uno por uno sus compañeros la abrazaron y en cada abrazo las ganas de llorar invadían su garganta, pero podía controlarlo, aunque la emoción casi la impedía hablar.  Pero fue cuando estuvo frente a Robert cuando dos gruesas lçagrimas rodaron por sus mejillas.  Se miraron largamente sin pronunciar palabra, y Emma agradeció el abrazo que Robert le dió.

 Y pasó ese largo día y al siguiente sería el trámite final y uno de los más dolorosos:  el definitivo adiós.  De luto riguroso y sentados en sendas sillas presidiendo el duelo, se encontraban sus padres y Emma, y en la fila de atrás Thomas y a su lado Robert; los dos hombres que se habían disputado el amor de Lissa, pero hubieron otros, que no acudieron a darle el último adiós, que si estaban cuando se divertían con ella, pero  ya Lissa no podría hacerlo.  Dispersados a su alrededor, los amigos y compañeros de la oficina del padre, en fin una serie de personas que apreciaban a la familia y no sólo a Lissa.  Estaban pasando por un trance tremendo y querían al menos darles unas palabras de consuelo, de ese consuelo que no tendrían.

Un reverendo fue el encargado de decir unas palabras, pero también Emma quiso despedirse de su hermana en nombre de sus padres y de ella misma.

" Hoy estamos aquí las personas que te queríamos, las otras, a las que divertías, no hacía falta que estuvieran.  Devoraste la vida y  te lo reproché cientos de veces.  Desde pequeñas fuimos diferentes: tú alegre e inconsciente, yo reflexiva, como si fuera mamá, más que tu hermana. Y resulta que ahora te he perdido para siempre.  Mi otra mitad se ha marchado dejándome sola.  Nos peleábamos casi siempre y últimamente más, pero siempre te he querido y los sermones fueron para ayudarte, que no fueras tan loca.  Pero ya ves, ahora pienso que hiciste bien.  Te has ido demasiado pronto y yo te echaré de menos mucho, mucho más de lo que podría imaginar.
Ve en paz, querida Lissa-  El daño que hayas podido hacer a alguien, lo has pagado con creces y déjame pensar que fue porque eras aún demasiado joven. Adiós hermanita.  Siempre te recordaré con cariño "

 Depositó una rosa blanca sobre su ataúd, y se retiró para que los operarios procedieran al definitivo enterramiento de Lissa.  Si padre se llevó casi en volandas a la madre, ya que deseaba quedarse hasta el final, pero consiguieron que se marchara antes de ver como Lissa bajara lentamente hasta su última morada.  Pero  Emma, permaneció allí a un lado; quería quedarse a solas durante unos instantes.  Cuando ya hubo descendido, cogió un puñado de tierra, la besó y la lanzó hacía el féretro .  Creía estar a solas, pero Robert la aguardaba  unos pasos más atrás. y sería él quién la acompañara hasta su casa.

El también se sentía dolorido por la pérdida de Lissa.   Hacía años que ya no pensaba en ella, pero hubo un tiempo en que fue muy importante en su vida.  Sin embargo no pudo mantenerla con   vida y ahora debía presenciar su enterramiento.  Ese pensamiento hacía que sintiera un profundo dolor, probablemente aún guardaba algo de amor escondido en algún rincón de su corazón.

Cuando la llevó a su casa, él se despidió, debía incorporarse al hospital, y además no le apetecía hablar con las personas que había en el interior de la casa de cosas intrascendentes o de la difunta.  Tenía sus sentimientos demasiado afectados como para revivir unos años atrás, cuando ellos, los tres, terminaban su bachillerato  en aquel instituto. La amaba verdaderamente, y de haber querido ella, la hubiera pedido que se casara con él.  pero eligió a Thomas, y él se retiró silenciosamente a un segundo plano.  En cuanto a Emma, la había visto en aquel entonces, un par de veces más, después de aquel encuentro en el centro comerical.  Ni siquiera sabía, hasta el accidente,  que  trabajaban en el mismo lugar.  No habían tenido trato alguno y sin embargo la entereza que mostró en el quirófano hizo que la admirara.  Sabía que estaba rota de dolor, pero se mostraba firme  antes sus padres, que no tardarían en desmoronarse. Al despedirse, la abrazó de nuevo y a pesar de que ella lo recibió como agua bendita, sabía que era un gesto protocolario, pero escuchó atentamente las palabras que él la dirigió

- Deberías quedarte unos días en casa.  Necesitas asimilar todo lo ocurrido y tus padres te lo agradecerán
- Dentro de un par de días iré y presentaré mi renuncia
-¿ Tu renuncia? ¿ Te has vuelto loca ?  Eres una buena profesional, y además elegiste esa carrera
- Lo sé, pero mis padres me necesitan ahora.  Me da miedo mi madre que no anda muy bien de salud
- Tómate unas vacaciones, pero no abandones tu puesto.  Ahora estás en pleno duelo, pero llegará un momento en que tu mente lo acepte, y el dolor no será tan profundo y lacerante.  hazme caso;  además necesitas distraerte, aunque un hospital no sea precisamente para pasarlo bien
- No sé Robert. Ahora estoy demasiado afectada para pensar en eso.  Gracias por habernos acompañado

- No me des las gracias.  Sabes lo importante que fue para mi tu hermana.  Debía estar ahí, lo que lamento es que llegara tan mal herida y no haber podido hacer nada.  Ese peso lo llevaré siempre

Se besaron en las mejillas y él se introdujo en el coche para regresar al hospital, y ella entró en casa para atender a las personas que habían venido a dar el pésame.  Estaba deseando de que todos se retiraran y poderse quedar tranquilos.  Les agradecía infinito que les estuvieran haciendo compañía en esos momentos, pero necesitaban descansar de tantas emociones, y sólo podrían hacerlo al quedarse solos.

Emma, dejó su apartamento, y se instaló de nuevo con sus padres. Le preocupaba la salud de su madre que estaba deprimida y apenas dormía ni comía.  Su padre a los tres días del entierro, se incorporó de nuevo al trabajo.  Necesitaba salir del ambiente tan triste que reinaba en su casa.  Emma trataba que su madre saliera a dar una vuelta con ella, pero la mayoría de las veces no lo conseguía.  Reflexionaba seriamente en dejar el trabajo.  No la gustaba el desmejoramiento de su madre.  Había que recoger las cosas de Lissa, pero ella dió órdenes de que nadie entrara en esa habitación y quedara todo como cuando vivía allí., y los peluches y los pósters de sus artistas preferidos, seguirían como cuando era una adolescente.  Pero su apartamento, al ser  alquilado, necesitaba quedarse libre.   Y una tarde, acudió sola al piso que ocupara   su hermana,  cuando se trasladó de casa de sus padres. Fue sola y sola recorrió las habitaciones.

La casa olía a Lissa, a su perfume habitual y su ropa estaba encima de la cama como la dejara ella antes de salir y tener el accidente que le costó la vida.  No pudo por menos de sonreír, al ver unos zapatos tirados sobre la alfombra  y la bata del baño sobre la cama.  Se sentó y repasó la habitación tratando de encontrar un vestigio de ella, pero solo encontró silencio y su olor.  Un silencio aplastante como si una losa cayera sobre ella.  Abrió su armario y olió su ropa.  Todo le recordaba a ella.  Sobre su cómoda, unos retratos de Emma y de sus padres.  Al abrir un cajón del mueble, sacando su ropa para meterlo en una caja, encontró una carta en cuyo sobre estaba escrito:  "A mi hijo no nacido".
No quiso abrirla, la guardaría así porque eran sus palabras para ese hijo que no quiso tener.  No pudo evitar el llanto, y abrazada a una prenda de su hermana, lloró amargamente y durante largo rato.  No tenía más fuerzas para seguir desocupando el apartamento en donde viviera Lissa.  Echó una última mirada y lo dejó todo tal cuál.  Ya volvería otro día cuando estuviese más serena.

Y tras días de empaquetar cosas, el apartamento que fuera de Lissa, quedó libre.  De momento llevaría toda su ropa al garaje de casa, y cuando pasase un tiempo ya vería lo que hacer con ella.  De momento necesitaba un respiro.  Había sido duro recoger todas las pertenencias de su hermana, y no podía seguir con ello de momento.El cuerpo de Lissa se instaló en la capilla ardiente de la funeraria. Tenían el ataúd abierto y restaurado su rostro, que volvía a tener el aspecto de un cuerpo dormido.  La madre no paraba de llorar frente al catafalco,  y el padre y Emma, por mucho que hicieron,   no podían consolar el desgarrador dolor que sentía.  Comenzaría el desfile de amigos a darles el pésame.  Emma era como una autómata respondiendo a sus palabras de condolencias.  Trataba de abstraerse de ese ritual para encerrarse en su profundo dolor. No alcanzaba a comprender  en sí lo que había ocurrido.  Inconscientemente había culpado a Lissa de su accidente, dada la afición que tenía a pisar el acelerador, pero esta vez había sido la víctima entre otras tres personas.  Mentalmente , mirando su rostro., la pedía perdón por ello, y por tantas otras cosas que la había reprochado a lo largo de su corta vida

.  Quizá, en su interior Lissa, tendría la necesitad de vivir  velozmente, porque presintiera que su paso por aquí iba a ser excesivamente corto.  Era pura intuición, porque ya nunca tendría oportunidad de aclararlo con ella.
Sabía que echaría de menos a su otra mitad, como ente ellas bromeaban.  Eran gemelas y sin embargo diferentes,  no tanto en el físico, como en su forma de comportarse en la vida. Ahora casi se alegraba de que fuera tan locuela.
Su padre la puso una mano en el hombro para advertir de que habían llegado sus compañeros del hospital, y entre ellos  Robert con cara triste y algo demacrado. Si fuera por Lissa, sería porque aún la amaba.  Ese pensamiento hizo que su corazón palpitase más a prisa de lo acostumbrado.  Uno por uno sus compañeros la abrazaron y en cada abrazo las ganas de llorar invadían su garganta, pero podía controlarlo, aunque la emoción casi la impedía hablar.  Pero fue cuando estuvo frente a Robert cuando dos gruesas lçagrimas rodaron por sus mejillas.  Se miraron largamente sin pronunciar palabra, y Emma agradeció el abrazo que Robert le dió.

 Y pasó ese largo día y al siguiente sería el trámite final y uno de los más dolorosos:  el definitivo adiós.  De luto riguroso y sentados en sendas sillas presidiendo el duelo, se encontraban sus padres y Emma, y en la fila de atrás Thomas y a su lado Robert; los dos hombres que se habían disputado el amor de Lissa, pero hubieron otros, que no acudieron a darle el último adiós, que si estaban cuando se divertían con ella, pero  ya Lissa no podría hacerlo.  Dispersados a su alrededor, los amigos y compañeros de la oficina del padre, en fin una serie de personas que apreciaban a la familia y no sólo a Lissa.  Estaban pasando por un trance tremendo y querían al menos darles unas palabras de consuelo, de ese consuelo que no tendrían.

Un reverendo fue el encargado de decir unas palabras, pero también Emma quiso despedirse de su hermana en nombre de sus padres y de ella misma.

" Hoy estamos aquí las personas que te queríamos, las otras, a las que divertías, no hacía falta que estuvieran.  Devoraste la vida y  te lo reproché cientos de veces.  Desde pequeñas fuimos diferentes: tú alegre e inconsciente, yo reflexiva, como si fuera mamá, más que tu hermana. Y resulta que ahora te he perdido para siempre.  Mi otra mitad se ha marchado dejándome sola.  Nos peleábamos casi siempre y últimamente más, pero siempre te he querido y los sermones fueron para ayudarte, que no fueras tan loca.  Pero ya ves, ahora pienso que hiciste bien.  Te has ido demasiado pronto y yo te echaré de menos mucho, mucho más de lo que podría imaginar.
Ve en paz, querida Lissa-  El daño que hayas podido hacer a alguien, lo has pagado con creces y déjame pensar que fue porque eras aún demasiado joven. Adiós hermanita.  Siempre te recordaré con cariño "

 Depositó una rosa blanca sobre su ataúd, y se retiró para que los operarios procedieran al definitivo enterramiento de Lissa.  Si padre se llevó casi en volandas a la madre, ya que deseaba quedarse hasta el final, pero consiguieron que se marchara antes de ver como Lissa bajara lentamente hasta su última morada.  Pero  Emma, permaneció allí a un lado; quería quedarse a solas durante unos instantes.  Cuando ya hubo descendido, cogió un puñado de tierra, la besó y la lanzó hacía el féretro .  Creía estar a solas, pero Robert la aguardaba  unos pasos más atrás. y sería él quién la acompañara hasta su casa.

El también se sentía dolorido por la pérdida de Lissa.   Hacía años que ya no pensaba en ella, pero hubo un tiempo en que fue muy importante en su vida.  Sin embargo no pudo mantenerla con   vida y ahora debía presenciar su enterramiento.  Ese pensamiento hacía que sintiera un profundo dolor, probablemente aún guardaba algo de amor escondido en algún rincón de su corazón.

Cuando la llevó a su casa, él se despidió, debía incorporarse al hospital, y además no le apetecía hablar con las personas que había en el interior de la casa de cosas intrascendentes o de la difunta.  Tenía sus sentimientos demasiado afectados como para revivir unos años atrás, cuando ellos, los tres, terminaban su bachillerato  en aquel instituto. La amaba verdaderamente, y de haber querido ella, la hubiera pedido que se casara con él.  pero eligió a Thomas, y él se retiró silenciosamente a un segundo plano.  En cuanto a Emma, la había visto en aquel entonces, un par de veces más, después de aquel encuentro en el centro comerical.  Ni siquiera sabía, hasta el accidente,  que  trabajaban en el mismo lugar.  No habían tenido trato alguno y sin embargo la entereza que mostró en el quirófano hizo que la admirara.  Sabía que estaba rota de dolor, pero se mostraba firme  antes sus padres, que no tardarían en desmoronarse. Al despedirse, la abrazó de nuevo y a pesar de que ella lo recibió como agua bendita, sabía que era un gesto protocolario, pero escuchó atentamente las palabras que él la dirigió

- Deberías quedarte unos días en casa.  Necesitas asimilar todo lo ocurrido y tus padres te lo agradecerán
- Dentro de un par de días iré y presentaré mi renuncia
-¿ Tu renuncia? ¿ Te has vuelto loca ?  Eres una buena profesional, y además elegiste esa carrera
- Lo sé, pero mis padres me necesitan ahora.  Me da miedo mi madre que no anda muy bien de salud
- Tómate unas vacaciones, pero no abandones tu puesto.  Ahora estás en pleno duelo, pero llegará un momento en que tu mente lo acepte, y el dolor no será tan profundo y lacerante.  hazme caso;  además necesitas distraerte, aunque un hospital no sea precisamente para pasarlo bien
- No sé Robert. Ahora estoy demasiado afectada para pensar en eso.  Gracias por habernos acompañado

- No me des las gracias.  Sabes lo importante que fue para mi tu hermana.  Debía estar ahí, lo que lamento es que llegara tan mal herida y no haber podido hacer nada.  Ese peso lo llevaré siempre

Se besaron en las mejillas y él se introdujo en el coche para regresar al hospital, y ella entró en casa para atender a las personas que habían venido a dar el pésame.  Estaba deseando de que todos se retiraran y poderse quedar tranquilos.  Les agradecía infinito que les estuvieran haciendo compañía en esos momentos, pero necesitaban descansar de tantas emociones, y sólo podrían hacerlo al quedarse solos.

Emma, dejó su apartamento, y se instaló de nuevo con sus padres. Le preocupaba la salud de su madre que estaba deprimida y apenas dormía ni comía.  Su padre a los tres días del entierro, se incorporó de nuevo al trabajo.  Necesitaba salir del ambiente tan triste que reinaba en su casa.  Emma trataba que su madre saliera a dar una vuelta con ella, pero la mayoría de las veces no lo conseguía.  Reflexionaba seriamente en dejar el trabajo.  No la gustaba el desmejoramiento de su madre.  Había que recoger las cosas de Lissa, pero ella dió órdenes de que nadie entrara en esa habitación y quedara todo como cuando vivía allí., y los peluches y los pósters de sus artistas preferidos, seguirían como cuando era una adolescente.  Pero su apartamento, al ser  alquilado, necesitaba quedarse libre.   Y una tarde, acudió sola al piso que ocupara   su hermana,  cuando se trasladó de casa de sus padres. Fue sola y sola recorrió las habitaciones.

La casa olía a Lissa, a su perfume habitual y su ropa estaba encima de la cama como la dejara ella antes de salir y tener el accidente que le costó la vida.  No pudo por menos de sonreír, al ver unos zapatos tirados sobre la alfombra  y la bata del baño sobre la cama.  Se sentó y repasó la habitación tratando de encontrar un vestigio de ella, pero solo encontró silencio y su olor.  Un silencio aplastante como si una losa cayera sobre ella.  Abrió su armario y olió su ropa.  Todo le recordaba a ella.  Sobre su cómoda, unos retratos de Emma y de sus padres.  Al abrir un cajón del mueble, sacando su ropa para meterlo en una caja, encontró una carta en cuyo sobre estaba escrito:  "A mi hijo no nacido".
No quiso abrirla, la guardaría así porque eran sus palabras para ese hijo que no quiso tener.  No pudo evitar el llanto, y abrazada a una prenda de su hermana, lloró amargamente y durante largo rato.  No tenía más fuerzas para seguir desocupando el apartamento en donde viviera Lissa.  Echó una última mirada y lo dejó todo tal cuál.  Ya volvería otro día cuando estuviese más serena.

Y tras días de empaquetar cosas, el apartamento que fuera de Lissa, quedó libre.  De momento llevaría toda su ropa al garaje de casa, y cuando pasase un tiempo ya vería lo que hacer con ella.  De momento necesitaba un respiro.  Había sido duro recoger todas las pertenencias de su hermana, y no podía seguir con ello de momento.

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