martes, 15 de enero de 2019

Te esperaba - Capítulo 28 - Un lugar para soñar

Y por fin, ambos amigos, apretaron sus manos cuando el avión despegó rumbo a Londres.  Ambos con un mismo objetivo, y los dos con problemas que solucionar.  El trayecto se les hizo más corto puesto que no paraban de hablar de los proyectos respectivos.  Robert la contaba las dudas que tenía respecto a si Emma consentiría levantar la casa capitalina e instalarla en aquel lugar recóndito, aunque muy distinto al que ella conoció.  Agneta le trataba de tranquilizar argumentando que su mujer le adoraba y que  no se  preocupara por ello.  Pero Robert estaba intranquilo.  Ella  tenía un carácter fuerte y a veces cuando creía que iba a complacerla, resultaba que no era así.  No estaría tranquilo hasta que llegasen y se lo contara todo.

Tomaban tierra en Heathrow y su corazón se aceleraba.  Su mujer y sus hijos estaban allí, cerca,  y deseaba abrazarles con todas sus fuerzas. Casi quince días tardaron  en reunirse, y tenía sus dudas respecto a Emma que le recibiera con los brazos  abiertos, aunque también sabía que el sólo hecho de verse y encontrarse de nuevo, sería suficiente para que olvidase todas sus dudas. No sin antes, mirar con recelo a Agneta que estaba junto a él.  Recogieron el equipaje de la cinta, y al fin las puertas se abrieron y  ante ellos se encontraba Emma con sus dos hijos de la mano.  Sonrió ampliamente al ver a Robert, y detrás iba Agneta,  algo que desconcertó a Emma y la hizo torcer un poco el gesto.

Robert salió deprisa para abrazar a su mujer y a sus pequeños que le llamaban tendiendo sus manos hacia él.  Les tomó en sus brazos y con ellos se dirigió hacia su mujer a la que besó, y fue ella la que le abrazó fuertemente, ya que los de él estaban ocupados sosteniendo a sus hijos.  Se miraban sin decir nada, sólo sonreían.  Por fin, él mirándola  dijo

- Al fin, mi amor.  Ya estoy aquí. ¡ Cuánto te he echado de menos !  ¡ Y a los niños !
- Robert, ellos también te han echado mucho en falta
- ¿ Y tú no ?
- Sabes de sobra que sí, aunque tendrás que explicarme el porqué de la demora en el regreso y lo que fuiste  hacer en donde quiera que hayas estado.  Ya veo que no estabas solo
- Cuidado Emma, no tergiverses las cosas.  Agneta me ha ayudado enormemente y la estoy muy agradecido, pero ya te lo explicaré en casa cuando estemos a solas.  Es un tema que hemos de tratar despacio.

En ese momento Agneta se acercó a saludar a Emma, que educadamente correspondió a la sonrisa de ella

- ¡ Oh Emma querida, cuanto gusto el volver a verte !
- ¿Desde cuando soy querida por ella ? - pensó interiormente. Se acercó a besar su mejilla aprovechando que Robert, agachado a la altura de sus hijos, charlaba con ellos
- Eres una mujer muy afortunada, Emma.  Tienes un marido que bebe los vientos por su familia.  Créeme si te digo que te envidio; sois una familia hermosa y puedo asegurarte que Ribert se ha acordado mucho de vosotros, constantemente. Debes estar orgullosa de ello
- Lo estoy Agneta. Nos queremos muchísimo y tienes razón, tengo una familia hermosa y un marido al que adoro.  Deseo que vengas a casa y pases unos días con nosotros.

Se extrañó , ella misma,  de estar pronunciando esas frases ¿ en serio lo pensaba ? Pues si: lo pensaba;  esas palabras alabando a su familia, la habían reconciliado con ella y por lo expresado, sabía que entre él y Agneta no existía nada.  Quizá ella se sintiera rechazada por él y por eso le daba esa especie de aviso como " no le sueltes, no le dejes escapar.  Él está loco por ti; aprovéchate de eso" .  No sabía si  era ciertamente lo que la quiso decir, pero era lo que ella pensaba y no, no le dejaría escapar.

- Me gustaría tomarme unos días de descanso y quedarme con vosotros, gracias Emma, pero he de viajar esta misma noche hacia Estocolmo, porque debo solucionar algunos asuntos en mi empresa. Tengo una escala de tres horas hasta tomar mi avión, así que me quedaré en el aeropuerto.  He salido sólo para saludarte.  Espero que nos veamos con más frecuencia de ahora en adelante.
- Muy bien, pues esperaremos contigo hasta que embarques de nuevo.

Emma no se explicaba el cambio de actitud que tenía hacia ella. ¿ Habían sido sus palabras, o la ausencia prolongada de Robert que la ponía a bien con todo?  No la importaba que fuera lo que fuese.  Lo importante era que él estaba allí cerca de ella jugando con los niños.
 Y esperaron hasta que tomó el avión que la llevaría a romper con un estilo de vida para comenzar otro muy distinto, nuevo y desconocido para ella.

Tras acostar a los niños y leerles un cuento, el matrimonio, al fin solos en su dormitorio, respiraban la paz de estar juntos al fin.  Emma, juguetona, frunció el morrito fingiendo enfado y celos por Agneta, algo que divertía a Robert porque sabía que era de broma.  Había llegado el momento en confesar parte de la verdad, y en ello se jugaba mucho no sólo por ellos, también por sus hijos.  Decidió explicarlo abiertamente y no demorarlo más, porque también él estaba nervioso.
- He notado un cambio radical entre tú y Agneta.  Me gustaría saber a qué se debe
-No lo sé. Será por la alegría de verte de nuevo, por algo que ella me ha comentado o porque al fin vas a explicarme algo que ignoro pero que deseo saber ¿ A qué se debió tu ausencia de tantos días ?  ¿Dónde has estado ? ¿ Con ella ?  No me digas ésto último, no quiero saberlo.  Sólo que,  aunque te ausentes, siempre volverás a mí.
- Sigues dudando a pesar de tus buenas palabras hacia ella. No tengo nada con ella más que cosas del trabajo. No te cambiaría por nada ni por nadie. Te he echado mucho, mucho de menos.  Te necesitaba y a pesar de ello, no busqué consuelo ni en ella ni en nadie.
-Pero tendrás que decirme ¿ dónde habéis estado, y que os ha demorado tanto el regreso.  Por otra parte, ella está muy misteriosa y me ha dado la impresión de que algo importante la ha llevado a su pais, que no han sido ni la familia ni la nostalgia
- Tienes razón, pero ha de ser ella quién  lo diga.  No es cosa mía.  Lo que si es mio, es decir nuestro, lo que voy a plantearte.  Si lo aceptas, se cumplirá uno de mis sueños, si no es así, seguiremos nuestra vida adelante.  Verás:  deseo que vayamos a vivir a Guatemala, a Santa Rosa.  Deseo volver con Albert con Teresa, con Carmen, con aquellas gentes tan buenas y cariñosas que nos acogieron y que se desvivieron en ayudarme cuando el huracán.

- Pero aquí tienes tu carrera. Tu nombre suena entre los médicos.  No lo entiendo.  Yo te seguiré al infierno si tu te vas, pero es que no entiendo el por qué ahora piensas de ese modo.
-Estudié medicina porque vi cómo mi padre se desvivía por sus enfermos. Me apasiona mi carrera, pero actuar con ellos directamente, no a través de una máquina, por muy eficiente que sea.  Está bien el manejar todo cuanto les pueda facilitar la vida, pero el contacto con la gente, sentir su alegría cuando son buenas noticias, o su frustración cuando algo no va bien, es lo que me hace humano.  Me hace sentir  mi vocación, que al igual que tú elegiste ser enfermera para tener ese contacto con las personas, yo lo siento igual, lo echo de menos.  Por otro lado en aquellas tierras vivimos en paz y contentos.  No necesitábamos grandes cosas, pero teníamos lo necesario para vivir. Ellos siempre están contentos, y sin embargo aquí en la gran ciudad, todos andamos de un lado para otro deprisa. Vivimos a mil por hora y eso ha comenzado a hacerme pensar que tenemos que reducir la marcha y saborear todo cuanto tenemos a nuestro alrededor.
- Pero cielo, están los niños.  Pronto Liam irá al colegio... Pero tienes razón. Vayamos allí.  Vivamos allí.  En definitiva,  si no nos acostumbramos,  siempre tendremos tiempo de volver
- Entonces ¿ estás de acuerdo ?
- Te he dicho que iría contigo al fin del mundo si me lo pidieras. ¿ Por eso me dijiste que arreglase el pasaporte ?
- Si, cariño. Por eso fue
- Muy bien.  ¿ Cuándo ?
En una semana cuando mucho
- Muy bien, que así sea. Pero ahora necesito a mi marido

Y comenzaron sus juegos, sus caricias. Salió a la superficie el amor que sentían y la larga ausencia que les había separado.  Ahora todo estaba claro, aunque no entendía muy bien que tomar esa decisión le hubiera retrasado en su llegada a casa. Pero no haría más preguntas. Le bastaba con lo que él la dijera, seguramente tendría sus motivos para no ser más explícito.  Arrinconó en su cabeza todas las reflexiones y se dedico a recibir y dar amor .
Se amaron intensamente como si fuese el último día del fin del mundo.

Al día siguiente, los cuatro juntos iniciarían las gestiones que les faltaban para emprender el gran cambio en sus vidas algo que Emma no esperaba, pero que ansiaba volver a aquellas tierras a donde fue buscando paz a su alma atormentada y encontró de nuevo al gran amor de su vida. Imaginó cómo sería su vida entre aquellas gentes que les habían demostrado tanto cariño, y pensó que Robert tenía razón:  el trato con ellos les hacía humanos, personas y no simple objetos que pasaban por la vida sin pena ni gloria.


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