viernes, 11 de enero de 2019

Te esperaba - Capítulo 20 - Kamasutra

Los niños ya se habían dormido.  Meredith se había retirado a su dormitorio, y ellos habían hablado largamente de la visita a Berna , de su éxito en la operación, y de su reciente amistad con Agneta.  Tocaba la hora de ellos, de estar a solas, de dejar a un lado el trabajo y centrarse únicamente en ellos y en el placer de estar juntos de nuevo.  Pero áun tenía que hacer una última llamada y era a su amiga sueca.  Miró el reloj y comprobó que ya estaría en su casa y se disculpó con Emma por tener que hacerlo

- Tranquilo. Mientras me lavo los dientes- dijo algo contrariada al salir del salón en el que estaban

Subió a su dormitorio, mascullando para sí que la sueca  había estado demasiado tiempo entre los dos y que eso tendría que cambiar. Se dió una ducha y bajo el chorro del agua caliente trataría de calmarse. Dejaba que corriera el agua sobre su nuca, cuando unos brazos sobradamente conocidos, la rodearon en un abrazo.La estrechaba contra él y la susurraba palabras ardientes de amor mientras enjabonaba su cuerpo.  Ella entornaba los ojos extasiada ante las dulces palabras de su marido y las caricias suaves de sus manos

- ¡ Qué ganas tenía de regresar.  Eres lo más importante en mi vida y te quiero y siempre te querré. Me gusta nuestra intimidad, estos momentos para nosotros solos y que te rindas a mi  y juntos alcanzar el éxtasis del amor que sentimos.  Emma querida, te he echado tanto de menos que las noches eran eternas sin ti.
- Robert, Robert .¡ Te he extrañado tanto !  Yo también te quiero

Y unieron sus labios y sus impulsos bajo el chorro de agua caliente, pero era tanto el ardor que sentían, que a penas lo notaban. Los besos, las caricias, los jadeos y los suspiros se escucharon al compás del agua que caía.    Y cuando sus deseos fueron saciados, él la envolvió en una toalla cubriendo ambos cuerpos en uno solo.  Así permanecieron durante unos minutos, sin hablar, sólo escuchando el latido de sus corazones que poco a poco se iban calmando.

Después, la tomó en brazos y la depositó en la cama y allí continuaron las expresiones de amor y ternura. Y se unieron nuevamente con la misma pasión de cuando eran recién casados.  Y Emma olvidó por completo a la sueca y supo que en verdad su marido no había estado con nadie más que con ella, ahora, a su regreso.  Le conocía muy bien y supo que ese ardiente amor que estaba experimentando era motivado en gran parte por la ausencia prolongada.  Y se creyó la dueña del mundo, el ama de ese ardiente hombre que era su marido y que solo  ella  era capaz de provocarle ese deseo ardiente de posesión prolongada.  Y se sintió feliz, muy feliz al poseer aquél corazón del hombre soñado desde su adolescencia  y que ninguna otra había poseódo con tanto ardor, sólo ella y ninguna otra era su dueña.

Al despertarse,vio los ojos de su marido fijos en ella.  Contemplaba su rostro dormido y acariciaba su cara con inmensa ternura.  Y besaba sus labios para darla los buenos días y de nuevo esas caricias tan sensuales que sólo él sabía darla. Y feliz y sonriendo estiró sus brazos y sus piernas para desperezarse.  Y reía feliz al ver que volvía el deseo al rostro de su marido

- Me duele todo el cuerpo - le dijo -  Creo que esta noche hemos hecho todas las posturas del kamasutra.  Ha sido... ¡ increíble !
- ¿ De verdad lo dices ? - sonrió él satisfecho de la observación de su mujer -.  No creo que el kamasutra haya intervenido esta noche, pero creo que no me importaría nada conocer esas posturas. ¿ Acaso tú las conoces?

Ella rió a carcajadas ante la broma de Robert que de nuevo se abalanzo sobre ella.  Aún era temprano y tenían tiempo suficiente para seguir jugando, a pesar de que la noche había sido explosiva, pero aún sentían los deseos  de seguir perteneciéndose.

Meredith les había vestido, dado el desayuno y llevado al jardín de infancia.  Sabía de sobra que ellos habrían tenido una noche fogosa, dado que se amaban profundamente y habían estado durante muchos días separados.  Tampoco la extrañó que no se hubieran levantado para atender a los niños.  Después de dejar a Liam en el jardín de infancia, llevaría a Christine al parque, así daría tiempo a que ellos se despertaran.  Conocía a Emma y sabía que se sentiría incómoda ante ella porque sabía lo que habrían estado haciendo durante la noche.  Meredith sonrió al pensarlo y dijo para sí :   ¡ "oh el amor, qué fuerte es !  Y no se equivocaba, no por sabia, sino porque ella también había sido joven y había amado a un hombre.  No había nada nuevo bajo el sol.

- Cuando un hombre y una mujer están juntos y se aman, es lo que suele ocurrir. - Y besó en la mano a la niña que tenía en su regazo. Cuando regresó Meredith, ellos estaban desayunando y reían igual que dos chiquillos.

Meredith fue a recoger a los niños, que al entrar en su casa  corrieron a abrazar a su padre y él les estrechó en sus brazos con inmenso cariño.  Era un cuadro familiar perfecto en el que se reflejaba el amor y la complicidad de sus integrantes. La mujer  les contemplaba con satisfacción.  Daba gusto trabajar con personas que se amaban tanto y tan intensamente, porque ese amor se reflejaba en todo cuanto les rodeaba.

Dos días después Robert se reintegró a su puesto de trabajo y Emma siguió con su rutina del día a día, pero el recuerdo de su reencuentro perduraba en sus cabezas a todas horas.

Y se reunió con Robert para comer juntos aunque fuese en la cafetería del hospital.  El se alegró al verla;  había tenido una mañana dura y ella representaba un bálsamo para él. Y en el poco tiempo que tenían para estar juntos en el almuerzo se sentían felices al disfrutarlo siquiera fueran cinco minutos.

Ven a buscarme esta tarde y cenamos fuera ¿ te parece ?  La dijo Robert y ella aceptó de inmediato.

Desde que estuviera en Suiza trataba de apurar hasta el último instante de estar con él.  Le había echado tanto de menos que ahora apreciaba más su unión.  Desde que ocurriera lo de su accidente en Guatemala, no habían vuelto a separarse hasta su viaje a Berna y la pareció un mundo;  no volvería a ocurrir:  siempre que viajara se las arreglaría para ir con él.  ¿ Era dolor de ausencia, o es que tenía miedo de que encontrase a otra mujer?   Agneta la tenía siempre alerta.  Nunca había sentido esa sensación, y es que ahora estaba sólo en  casa, sin trabajar,  y poco a poco había perdido la costumbre de estar al tanto de cosas de la actualidad con las que se propiciaba una conversación interesante.  No la importaba vivir sólo y exclusivamente para su familia, a la que adoraba, pero también sabía que su marido necesitaba relacionarse debido a su profesión y si ella le acompañaba, debía saber mantener una conversación con cualquier persona, de cualquier tema y de cualquier noticia de actualidad.  Procuraría en lo sucesivo empaparse de las noticias de los periódicos y de la televisión.  La compañía de sus amigas un jueves de cartas, no era suficiente, entre otras cosas porque ellas estaban en su misma situación y no le aportarían nada nuevo. Pero no por eso dejaría de frecuentarlas:  eran sus amigas y las necesitaba.  Y aquella noche, mientras cenaban en un restaurante, Robert le anunció la próxima visita de Agneta a Londres

- Me ha enviado un watsapp anunciándole la llegada para al cabo de dos días.-.    Se encontrarían en el hotel Savoy.

- ¿ Por qué no le ha llamado por teléfono a casa? - pensaba disgustada.

 No le gustaba nada que ella zascandilease alrededor de Robert de tapadillo, como si fuera algo a esconder.  Robert conocía la expresión de su mujer y sabía que no era de su agrado, pero tenía que decírselo y además estaba obligado a corresponder con ella, debido a las atenciones que Agneta había tenido con él durante su permanencia en Suiza.  Emma no dijo nada, al contrario, escondiendo su malestar, dijo


- Tendrás que invitarla y hacer de Cicerone. Es lo correcto
- Te la presentaré.  Es simpática y os caeréis bien - dijo él muy optimista, aunque en el fondo no se lo creyera.

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