martes, 8 de enero de 2019

Te esperaba - Capítulo 13 - Un grito de ayuda

Se desplomó en una silla. No podía ser verdad.  he ahí su sueño y la extraña sensación que había sentido durante toda la tarde-noche. Ahí estaba la realidad cruda y dura:  la había perdido.  Y en ese momento comprendió la magnitud de lo sucedido y de lo que en realidad significaba Emma para él.  De nuevo la historia se repetía, y tampoco había podido hacer nada por ella. Y su rostro sonriente y feliz de la última vez que estuvieron juntos, saltó a la memoria.  Comenzó a dar vueltas por la habitación sin saber qué hacer ni a quién dirigirse.  Volvió a conectar la emisora y esta vez habló con Médicos del Mundo.  Ellos ya estaban enterados de lo ocurrido, y trataron de calmarle

- Tranquilízate; tengo a cuatro chicos cerca de allí que están en la misma situación y están vivos.  las comunicaciones son difíciles, pero al final la encontrarán
- Me han dicho que había acudido a una casa que se ha derrumbado por un deslizamiento de tierra ¿ de verdad crees que puede estar viva ?  Tengo que ir hasta allí
- Ni lo sueñes.  No hay modo de llegar  desde Europa.  Los vuelos han sido cancelados, muchas de las carreteras no existen. No podrás llegar aunque lo intentes ni siquiera desde aquí.
- Soy médico y podré ayudar.  Supongo que todas las manos serán pocas. Y ahí entras tú: reclámame en la central .  Yo llamaré a la embajada a ver cómo puedo llegar.  Esa chica me importa mucho y no puedo permanecer aquí de brazos cruzados.  Quiero estar allí para lo que pase, y quiera Dios que no le haya ocurrido lo peor.

Su compañero de Médicos trataba por todos los medios de disuadirle porque pensaba que era una locura, pero en vista de que nada le hacía desistir quedó en llamar a  la embajada y por ese medio a ver si conseguían algo positivo.  Por su cuenta Robert acudió para hablar con el embajador, que también se negaba a facilitarle un salva conducto que le facilitara la entrada en el país. En vista de ello, Robert esgrimía que era médico y allí era necesario,  y no aquí

- Habrán infinidad de heridos, incluso fallecidos que han de ser identificados ¿ En serio creen que lo van a poder hacer todo ustedes? Tengo especial interés en Santa Rosa; allí voy a ofrecer mi ayuda todos los veranos, de hecho hace poco que he regresado. ¿ Cree que no merezco este favor ahora que yo lo necesito ?  No permaneceré quieto a verlas venir, ayudaré en lo que sea

El embajador le escuchaba.   Por un lado creía era una locura tal y como estaba el terreno  ¿Cómo iba a llegar hasta Santa Rosa? Pero Robert hizo una pregunta que no supo responder

- Están mandando a militares para el rescate y auxilio, bien, pues si ellos pueden llegar, yo también. Inclúyanme en uno de los equipos.  iré con medicinas además de mi ayuda.  Señor embajador creo que lo que le propongo es digno de tener en cuenta.

Y el embajador, al fin se rindió y le respondió

- Espéreme fuera un instante, voy a tratar de ayudarle, pero no confíe en que pueda solucionar nada.

Llamó a su secretaria y la dictó un documento y después descolgó el teléfono para hablar con alguien en Guatemala.  Cuando Robert salió de la embajada, llevaba en su bolsillo una autorización para desplazarse por el país y viajar con el contingente de soldados que saldrían de la capital en ayuda de los damnificados.  Al fin, podía respirar más tranquilo.  Trataría de hablar nuevamente con sus amigos y con Médicos para anunciarles que salía inmediatamente para allí

- ¿ Cómo lo has conseguidos?  Le preguntaron
- Con la valija diplomática. Salgo ahora mismo para el aeropuerto.  Nos veremos pronto.

Cuando llegó a Guatemala, a medida que avanzaba el convoy de los militares llevando  a Robert, la desolación  se hacía presa en todos.  No quería ni pensar en qué encontraría al llegar a Santa Rosa.  Al menos ya no llovía y el huracán se había alejado lo suficiente para que dejara de afectar a  aquellas tierras. Pero a medida que avanzaban veían desolados los daños producidos.  Robert miraba al frente sin detenerse en lo que  pasaba a su alrededor; cada vez le ganaba el desánimo y el rostro de Emma no se le borraba nunca.  La imaginaba sepultada, herida, llena de barro y sin ayuda.  Esa imagen le torturaba y la angustia no le dejaba ni respirar.

Y al final respiró aliviado cuando entraron en Santa Rosa tras un largo y tenso viaje, sorteando carreteras destruidas y pueblos arrasados.  Todos iban con el corazón encogido y pensando en lo que les aguardaba aún por ver.  Se apeó del Jeep casi en marcha frente a la puerta del dispensario.  Iba sucio, lleno de salpicaduras de barro y tremendamente preocupado.  Esperaba que durante las últimas horas transcurridas sin contacto con ellos, tuvieran alguna novedad  que anunciarle, pero, no fue así.  Se fundieron en un abrazo  Albert y él, agobiados por el mismo asunto  - Estamos buscándola incansablemente.  Hemos establecido turnos, pero no tenemos a penas medios; sólo nuestras manos y unas palas.  hace mucho que no se oye nada, ningún ruido o queja.  Hay que estar preparado para lo peor.  Yo permanezco aquí y el resto están ayudando;  hay bastantes heridos no sólo de Santa Rosa, sino de los pueblos colindantes también
--Voy a acercarme hasta donde esté .  Indícame donde ha sido.  Después volveré y te reemplazaré para que descanses. Los militares tomarán posiciones y aquí hacemos más falta. Indicame donde es.  Vuelvo enseguida..



Y así lo hicieron.  Cuando Robert llegó al lugar del suceso, ya los militares estaban operando y dirigiendo a los voluntarios que ayudaban.  Los zapadores procuraban asegurar que no hubieran más deslizamientos.  Mientras los otros ayudados por lo hombres del pueblo, desescombraban la casa con mucho cuidado y escuchaban en silencio si se produjera algún sonido que les indicara que estaban cerca de Emma.No se escuchaba más que los ruidos `producidos por el trabajo y la voz de algún militar dando órdenes a los subalternos; nada más.

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