martes, 8 de enero de 2019

Te esperaba - Capítulo 14 - Sin esperanza alguna

Robert estaba a un lado para no estorbar y contemplaba las tareas de rescate que se estaban produciendo, pero cada vez cundía más el desánimo de encontrarla con vida.  El lo sabía, que era muy difícil que sobreviviera debajo de todo lo que la aprisionaba.  Además era muy posible que estuviera herida, o asfixiada por la tierra de la montaña.  Pero sus ojos eran como un imán del que no podía dejar de mirar el hueco por el que habían entrado dos militares dentro de la casa.
¿ Por qué se le ocurrió ir a rescatar al perro?  Porque es un alma caritativa, y especialmente con los niños.  Él mismo se preguntaba y respondía, lamentándose de su pérdída, que daba ya por hecho.  Decidió hablar con el capitán  con el que había entablado una ligera amistad durante el largo viaje

- ¿ Qué opina ? - le preguntó
- No sé, doctor.  Es difícil que haya sobrevivido, pero los milagros existen y no puede ser que una buena causa tenga un final que no es el deseado. Siga mi consejo. Aquí no hace nada, y en el dispensario si.  Descanse al menos un poco del largo y penoso viaje que hemos realizado hasta llegar.

Robert dirigió sus pasos de vuelta  y Albert le esperaba con impaciencia, pero nada más ver su cara supo que la situación no había cambiado.  En un rincón de la sala, estaba acurrucada Carmen, que no paraba de llorar. Se dirigió hacia ella y la buena mujer se abrazó a él, sabiendo lo que significaba para su niña que seguía desaparecida.  La quería como a una hija, a pesar del poco tiempo que se conocían, pero no había consuelo para ella.  Robert la abrazó también y dejó que llorara todo cuanto quisiera.  Eran momentos de angustia y dolor, y nadie debía reprimirse  en  expresar sus sentimientos.

No sabía calcular el tiempo que había transcurrido desde su llegada.  Atendía a todos los enfermos y había obligado a su compañero, a que se recostaran .  También Albert estaba extenuado de los días tan horribles que estaban pasando.

Era de noche y el silencio reinante en la zona, era más patente que por el día.  Salió al porche y se sentó en los escalones, como hiciera algún día con ella compartiendo alguna charla.  Vió a lo lejos venir una silueta corriendo en su dirección.  Se levantó de un salto y salió al encuentro.  Sólo podía ser una cosa:  habían llegado hasta ella.

 Robert volvió a entrar diciendo a Carmen que se ausentaba porque había novedades, cogió su maletín,  y salió corriendo siguiendo a quién le había avisado.  Llegó en un instante jadeante y nervioso.  El capitán salió a su encuentro y le dijo que la habían localizado pero que no se habían atrevido a moverla hasta que él estuviera allí

- Entraré con vosotros
- No puedo permitirlo, es muy peligroso
- Lo sé, pero no sabéis en qué circunstancia se encuentra y  cómo se la puede sacar sin causarle un daño mayor.  Yo sí.  Así que está decidido.    Entraré de todas, todas..  Y el militar dió su autorización; tenía razón podrían causarle un daño más grave si la movían de forma inadecuada.

- Tendrá que ponerse un casco - le dijo, tendiéndole uno- Tiene una luz en su frontal.  No tiene más que apretar este botón y se encenderá.  La pila es limitada, así que si tardaran, la luz podría apagarse
- ¿ Nada más ? Pues ¿ a qué esperamos ?  Resuelto Robert, se incorporó  al trío de hombres que se disponían a entrar hasta donde Emma estaba.  Al llegar, Robert se sobresaltó.  Estaba quieta, sin quejidos, ni ningún signo que les hiciera constatar que estuviera viva.  La tomó el pulso nervioso,poniendo su mano en el cuello de Emma.

- ¡ Está viva ! pero muy débil.  Hemos de actuar rápido y bien

Procedieron a retirar con cuidado los escombros y tierra que aprisionaban su cuerpo.  Lo hacían a mano; tenían que, al menos liberar parte de su cuerpo para poder examinarla y ver la forma de sacarla de allí

Abrió su maletín y extrajo de él, un collarín.  Era lo primero para evitarle daños en la columna.  Observó su rostro que a través de la luz de la linterna se veía macilento.  Ninguna queja  al revisar si tuviera heridas, y comprobó que tenía dos, una de ellas de importancia en una pierna y una segunda,  en la otra, menos grave.  Pidió a uno de los soldados que le ayudara a ponerla de lado para revisar su espalda

- Con sumo cuidado, por favor.  Despacio.  A la de una cuando yo le diga . le ordenó

Con el máximo cuidado comprobó que en la espalda también tenía  otra herida por la que había sangrado. Y toco su sangre coagulada.  La examinaba cuidadosamente, pero ni siquiera se estremeció por algún dolor que pudiera tener.  Con los ojos cerrados y los labios entre abiertos, Robert la  reconocía  meticulosamente buscando algún indicio de su estado.  Tomó uno de sus brazos y comprobó que estaba deshidratada.  Otro de los militares, movía cuidadosamente los escombros que  impedían su salida de allí.

- Avíseme cuando haya espacio suficiente para poderla sacar sin hacerla daño - le indicó a Robert

Otro de ellos  apartaba la tierra que llenaba el espacio y retiraba la mesa que quizá la salvara de ser devorada por la tierra del desprendimiento.  Se asombraba de cómo un objeto tan pequeño y frágil, había evitado que quedara sepultada sin remisión

- Existen los milagros - exclamó.  Pero ninguno de ellos escuchó su comentario.

Entre los cuatro y con sumo cuidado la portaron hasta la salida, en que fueron aplaudidos cuando aparecieron.  No podrían soltarla no tenían camilla, así que la llevarían hasta el dispensario que no estaba muy lejos.  Cuando entraron, Carmen llorando miraba al cielo y daba gracias a Dios por el milagro ocurrido.  A las voces, Albert salió de la habitación acudiendo presuroso para ayudar a Robert que freneticamente comenzó a atender a Emma.

- Necesita suero de inmediato.  está deshidratada y no reacciona - le decía a su amigo
- Bueno.  Ten calma. ya está fuera; el resto corre de nuestra parte.  Y como que hay cielo la salvaremos
- No lo sé Albert.  Me preocupa su estado de inconsciencia.  No tenemos los aparatos necesarios para controlar su cerebro.
- Ahora lo más importante es sanear su cuerpo lleno de tierra y escombro.  Su cabello.  Mientras limpiaremos las heridas y después...   Dios dirá .  ¡ Carmen !

Llamó a voces a la mujer que seguía llorando pero con algo de esperanza

- Hay que limpiarla, así  que, con una jofaina, lave cuidadosamente su cabello.  Robert ve cortando su ropa

Albert le daba instrucciones enérgicamente, al comprobar que su compañero estaba como paralizado.  No se podían permitir ni uno sólo de los segundos que pudieran perder.  Lo  poco que pudieran hacer, lo harían de inmediato  y sistemáticamente.

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