lunes, 14 de enero de 2019

Te esperaba - Capítulo 25 - Dos viejos amigos

Y fue uno de los más largos fines de semana que Emma recordara.  Al contrario para Robert las horas se le fueron entre los dedos con las demostraciones y las preguntas de los asistentes a ese congreso.  Pero todo llega a su fin y también las demostraciones.
  Terminaron del congreso a media tarde, y decidieron que cenarían en un buen restaurante para celebrar el éxito del cometido que les había llevado hasta Edimburgo.  Cada uno de ellos  trataría de descansar, siquiera un par de horas, antes de reunirse para la cena.  Robert decidió llamar a su casa y charlar tranquilamente con Emma.  Se mostraba muy satisfecho y contento del éxito alcanzado por la demostración

- Cenaremos en un restaurante para celebrarlo
- ¿ Cenaréis? - pregunto Emma, a pesar de que sabía a quién se refería su marido.  Pero también pensó que lo harían con los directivos o algún amigo que hubiera asistido.  Lo que no imaginó es que fueran ellos dos solos a esa celebración

Habían mantenido una amena charla comentando las incidencias de lo vivido pocas horas antes.  Robert estaba contento y se mostraba jovial.  El volver de nuevo con su familia le hacía feliz.
  Agneta examinaba detenidamente su rostro, tratando de analizar el camino que estaba decidida a emprender.  Tenía sólo aquella ocasión, ya que tardarían mucho en verse si es que volvían  hacerlo.  Subieron en el ascensor una vez terminada la cena.  Ambos estaban cansados, pero, al menos ella, necesitaba descargar adrenalina.  Delante de la puerta de la habitación de Agneta se detuvieron.  Ella volvería a Estocolmo.  El a casa.  Le miró atentamente a los ojos y al fin se decidió a lanzar una invitación

- La noche es joven y podremos dormir en el avión ¿ Quieres tomar la última copa ?
- No Agneta.  Estoy cansado.  Todo ha resultado bien, pero no obstante, los primeros minutos fueron de nervios; deseo irme a la cama
- Yo también.  Pero la verdad no me apetece hacerlo sola
- ¿ Qué quieres decir? Mira... hemos sido buenos compañeros, pero te ruego que no sigas por ese camino.  Estoy profundamente enamorado de mi mujer; la amo con todas mis fuerzas, tengo dos hijos... Así que desecha alguna idea que tengas, , porque conmigo no sacarás nada.  No deseo perder lo que ya tengo
-Pero ella no se enterará
-Pero yo sabré que lo he hecho. Dejémoslo estar, te lo ruego.  No voy a acostarme contigo ni con ninguna otra mujer, más que con la mía.  No es justo ni para ella ni para mi.  Lo siento Agneta, conmigo no tienes nada que hacer. Sigamos siendo amigos.   Pensaré que ésto no ha ocurrido.  Que tengas buen viaje y hasta la próxima si ello es posible

Robert dio media vuelta y desapareció de su vista. Ella  se quedó mirando la alta silueta del médico y sonrió débilmente.  Era imposible saber lo que su cabeza pensaba, pero de algo estaba segura:  no tenía nada que hacer con él. Y lo más triste de todo sería que su esposa no sabría nunca que la había rechazado.¿ Qué clase de mujer era Emma para inspirar ese amor tan firme?  Sin duda  había creído que era  un ser anodino, aburrido, pero sin duda se había equivocado con ella.  Tenía algo que poseen esos seres privilegiados que pasan por la vida sin hacer ruido.  De los que te hacen pensar que como vulgarmente se dice  "son pan comido" , sin darnos cuenta que tienen unos altos valores capaces de atrapar esa clase de amor incondicional y despiertan verdadera pasión en quienes las tratan.

Robert había sido un reto para ella.  Había mirado por encima del hombro a esa mujer que le había dado dos hijos y conquistó su corazón para siempre Se le notaba excitado deseoso de regresar a su hogar junto a ella. Y sin embargo Agnetta regresaría a Estocolmo a una casa lujosa, pero vacía y sola. Había conquistado sus metas, lo tenía todo, pero la faltaba un hogar acogedor con alguien que la esperase.  Sonrió con tristeza y decidió preparar su equipaje.  había imaginado una noche muy distinta a la que estaba pasando.

- La subestimaste - se dijo y abrió la maleta y poco a poco fue organizando su equipaje.

Robert entró en su habitación se quitó la chaqueta los zapatos y se tumbó en la cama, marcando a continuación el número de su casa.  la voz limpia y cercana de Emma salió a su encuentro

- ¿ Robert ? - fue respondida
- Si amor, soy Robert ¿ Cómo estás ? ¿ Cómo están los niños?
- Todos estamos bien ¿ Estás solo ?
- Naturalmente  Con quién  crees que estoy ?  Emma estoy demasiado contento para enfadarme, pero no volvamos sobre ese tema. Sabes que me enfada mucho ¿Cuándo vas a tener confianza en mi ? ¿ Cuando vas a convencerte que tú serás siempre lo primero en mi vida?
- Tienes razón, perdóname. Te quiero y deseo verte cuanto antes
- Pues será mañana- Yo también quiero verte y estar contigo. Tomaré unas pequeñas vacaciones y estaremos los cuatro juntos.  Y cuando pase un tiempo, haremos un viaje para vivir  otra luna de miel.  Te quiero Emma.  Nunca he querido a nadie como te amo a tí.  Nunca.   A nadie
- ¿ Qué te ocurre? ¿ Ha sucedido algo ?
- No mi amor.  Las tentaciones son muchas, pero lo que siento por tí es más fuerte que todo.

Emma supo en ese instante que Agneta había jugado una carta, pero había sido de ella el triunfo.  Y amó más a su marido y siguieron hablando y él notó en su voz un tono de voz muy distinto al que había tenido durante su comunicación.  Y supo que todas las dudas que pudiera tener se habían esfumado.  Respiró aliviado y contento consigo mismo. Agneta era un plato fuerte, pero había salido airoso de la apuesta.

Y Emma acudió al aeropuerto con sus hijos a recibir a su marido.  Sólo había estado un par de días fuera de casa, pero a ella le había parecido una eternidad.  Se abrazaron como si hubiera transcurrido un siglo desde su marcha. Abrazó a sus hijos, y los cuatro felices regresaron al hogar. Robert iba durante todo el camino contándola todas las incidencias del congreso, pero ni siquiera rozó el tema de la sueca, y ella prudente tampoco lo hizo.

Fueron dos semanas de felicidad para el matrimonio, pero como  había anunciado, debía emprender un viaje largo y ésta vez la duración era mayor. Ni siquiera  dijo a qué lugar marchaba, pero debía darle algún nombre, de lo contrario la sorpresa que tenía en mente  no lo sería.  Y se inventó un viaje a centro Europa y Emma quedó completamente convencida de ello.

Pero su visita se produciría a otro continente distinto.    Faltaban dos días par emprender el viaje, cuando recibieron una llamada cuando estaban a punto de ir a la cama  Conocía aquella voz

- ¿ Agneta ?
- La misma Robert.  Creí que ya habías salido rumbo a..
- No aún no-  Estábamos a punto de hacerlo. Acabamos de acostar a los niños y ahora lo haremos nosotros - Ella,  interpretó que Emma estaba por allí y era ignorante del destino al que viajaría su marido
- Ya entiendo.  Sigue siendo una sorpresa.  No te preocupes.  Te llamo para decirte que te acompañaré.  No tengas miedo, he entendido el mensaje.  He conseguido de mi empresa una donación de aparatos que creo te van a venir muy bien
- ¿ En serio ?  Eso sería maravilloso. ¿ Pasarás antes por aquí ?
- Por supuesto.  Viajaremos juntos.  No tengas miedo.  No corres peligro - Dijo riendo en broma, pero Robert supo que lo decía en serio.  Al fin se había dado cuenta que con él no tenía nada qué hacer.

Y de nuevo la melancolía por su viaje. Y aquella noche se amaron apasionadamente.  Había dado a su mujer el plazo de una semana, pero en realidad no lo sabía de cierto, ya que la misión emprendida llevaría su tiempo en la instalación de los aparatos. Le contrarió la presencia de Agneta por lo peligroso de su visita.  Pero nada podía hacer al respecto, además de que habían conseguido una jugosa donación de material médico.  Emma debía ignorarlo, de lo contrario sería un infierno para ella y para Robert.


 o le gustó nada recibir la sorpresa de la sueca en el aeropuerto.  ya sería bastante dura la separación, para encima tener que preocuparse por ella. Los ojos de Agneta se iban tras su marido constantemente, y ella, como mujer, conocía los síntomas, aunque él no mostrara el más mínimo interés por su compañera y amiga.  Faltaba muy poco para que llamaran para embarcar. Ambos esposos se miraban profundamente.  Los niños agarrados a las piernas de su madre, no entendían por qué mamá estaba a punto de llorar.  Robert les abrazaba con ternura y amor.  Iba a tardar en volver a verles.  Quería llevarse impresa en su cabeza la imagen de su familia despidiéndole cuando entrara en el túnel.  Emma clavaba los ojos en la mujer que iba delante de él y que conocía perfectamente.  Pero no tenía duda de su marido.  La noche anterior había demostrado que seguía igual de enamorado de ella, como el primer día.  No atraería el mal de ojos con sus dudas.  Y allí permaneció tras la cristalera de la terraza del aeropuerto, tomando a sus hijos de la mano, hasta que el avión despegó y se perdió en el horizonte.

Tras largas horas de travesía llegaron a su destino.  Robert llevaba un poco el corazón encogido por haber dejado a su familia en el aeropuerto.  Sólo le consolaba que pasado un tiempo, viajarían los cuatro a ese lugar, el cual sería su destino definitivo.  En cuanto estuvieron instalados, lo primero que hizo fue llamar a Emma y hablar con ella y con sus hijos.  Después se asomó al balcón de la habitación de su hotel y recordó que hacía mucho tiempo de aquello, pero que seguía impreso en su memoria como si se hubiera producido el día anterior.  Descolgó nuevamente el teléfono y marcó un número

- ¿ Patricio ?
- Si, soy yo ¿ Quién llama ?
- Soy Robert.  Pensé que no te olvidarías de mí tan fácilmente
-  ¿Robert ? ¿ El inglés ?

Una sonora carcajada se escuchó a uno y otro lado de la línea telefónica.  Ambos amigos se saludaron cariñosamente atropellándose cada uno de ellos en preguntas por la familia y en especial por Emma. Habían hablado cuando ocurrió todo el accidente, varias veces, pero hacía tiempo que por el trabajo de Robert, habían dejado de hacerlo hasta ese preciso momento.  Quedaron en cenar esa misma noche, y le pondría al corriente de lo que le había llevado hasta allí.  Y por supuesto conocería a su amiga Agneta.  Pero ellos dos, recordarían las incidencias que tuvieron que padecer en Guatemala hacía tiempo y que afortunadamente no tuvieron que lamentar que todo hubiera fracasado, y había sido inútil.  Pero no había sido así, por lo cual su alegría sería infinita.

Y Agneta fue una simple espectadora de ellos dos, que a duras penas podían contener su entusiasmo por volverse a ver al cabo de los años.  Y al fin le explicó detenidamente el motivo por el que había viajado de nuevo a aquellas tierras Y le enseño las fotografías de su familia que llevaba siempre en su móvil.  Patricio se admiraba de la belleza de Emma que sus hijos habían heredado, principalmente la niña.  Robert se mostraba orgulloso de ellos en todo momento. Le hizo un ruego por si tuviera ocasión de hablar con Emma para ponerle sobre aviso  Ella no debía saber nada aún.

- Te ruego que no divulgues nada.  Es un secreto para mi mujer, si acaso tuvieras oportunidad de hablar con ella.  Es una sorpresa que la daré dentro de algunos meses, cuando la misión esté concluida.  Regresaré con ella y con mis hijos para que les conozcáis.  Y ahora cuéntame ¿ sabes algo de mis compañeros?

Y poco a poco le fue hablando de Albert que se había casado con Teresa, la matrona.  De Carmen que permanecía viviendo en la casa que fuera de Emma.  de Raulito que ya cursaba bachillerato... etcétera.  La emoción crecía en la garganta de Robert y Agneta les miraba entusiasma  al verles con qué camaradería disfrutaban de su charla.  Esos eran los valores de los que ella carecía.  Y en el fondo supo que envidiaba a Emma por la inmensa riqueza que tenía al contar con el cariño de todos los  que la conocían, incluyendo el amor profundo de su marido.  Ella había triunfado  profesionalmente y había recorrido medio mundo, pero no tenía nada.  Estaba sola.Yp pensó que quizá debía cambiar el rumbo de su vida.  Que con suerte conociera a un buen hombre y formara una familia.

- Son sueños de jovencitas alocadas - se dijo - .  No son para mí.

Y dirigió su mirada hacia Patricio que continuaba en su puesto de Médicos del Mundo y permanecía soltero.

- ¿ Quién sabe ? - se dijo ocultando una sonrisa para que los hombres no se dieran cuenta de lo que pensaba.



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