sábado, 12 de enero de 2019

Te esperaba - Capítulo 22 - Un puñetazo en la mesa

Se metió en la cama y ahogo su llanto con la almohada.  Robert tardaba en reunirse con ella, lo que interpretó que la esquivaba, aunque luego le escuchó hablar con alguien que no identifico, pero por la conversación mantenida supo que no era con Agneta.  En el silencio se escuchaba alguna que otra voz y de ello dedujo que era una conversación a larga distancia.  Al cabo de un rato, supuso que había cortado el diálogo y sintió que unos pasos, sus pasos,  se dirigían al dormitorio.  Fingió estar dormida.
Robert sigilosamente se desvistió y se metió en la cama procurando no interrumpir su sueño.  Estaba dolido por los reproches que ella le hizo, de todo punto injustificados.  Y se acercó a ella como hacía cada noche, pero algo había cambiado en ese gesto tan usual en ellos. Una suave tela en el cuerpo de su mujer, le hizo comprender de algo se había roto . Dormían, ambos desnudos, piel con piel.  Tan sólo cuando surgía alguna discusión, ella amenazaba con un pijama o un camisón, pero nunca llegaba a usarlo porque él con sus arrumacos hacía que desechara esa idea.


  Pero esta noche, él había ido a hablar por teléfono. Y lo cierto era que podía haberlo dejado para el día siguiente, y de esa manera haber zanjado el rifirrafe que habían mantenido.  No lo hizo, y Emma su puso un ligero camisón de satén, que a pesar de ser muy fina la tela, era una barrera sutil entre ellos.  Y por primera vez en mucho tiempo, Robert,  sintió que no tenía ganas de seguir discutiendo sobre algo tan tonto, así que se volvió de espaldas a ella, lo que hizo que Emma perdiera las esperanzas de una reconciliación.

Se levantó a la hora acostumbrada para atender a los niños y llevarles a sus respectivos jardines de infancia.  No quería encontrarse con su marido, así que aceleró y antes de que él bajara a desayunar, ella ya había salido.

- Meredith ¿ se ha marchado mi mujer?  Es muy pronto
-Dijo que tenía que poner combustible al coche y que no quería llegar tarde.
-¡ Qué extraño ! - pensó él.  Eso es señal de que sigue enfadada.  No comprendo qué es lo que le pasa.  En fin, ya dirá lo que sea.  Lo malo es que no nos veremos hasta dentro  dos días y en el fin de semana he de viajar y estar casi una semana fuera.  No me gusta esta situación nada en absoluto.

Robert tenía guardia  de veinticuatro horas.  Haría el turno corrido, hasta mediodía, del día siguiente   por un compañero que le había pedido ese favor, con lo cual entraría por la mañana muy temprano,  saliendo al día siguiente   por la  la tarde  . No se verían,, en más de día y medio. y además tendría que decirla que tenía que hacer otro viaje, y a éste último no la diría que le acompañase.  Esperaba una buena bronca, pero confiaba en que todo se quedara en nada cuando supiera el motivo de ese viaje, pero de momento debía permanecer oculto.

Cuando llegó de dejar a los niños, Robert ya se había marchado.  En la casa reinaba el silencio más absoluto, ni siquiera Meredith parloteaba como hacía cada mañana.  Era como si temiera que de repente estallara una tormenta;  la tormenta que ellos interiormente mantenían entre sí.

Estaba aburrida, le faltaba algo y supo que era sus despedidas al marchar Robert. No le apetecía llamar a ninguna amiga, ni salir de paseo, ni hablar con nadie. Sola en el despacho de Robert, rumiaba algo que la intranquilizaba.  No tenía la conciencia tranquila, así que tomó una decisión:

- Ya que la montaña no viene a mi, yo iré a la montaña.

Se cambió de ropa.  Se puso un vestido más atractivo y salió dispuesta a encontrarse con Robert.  Comerían juntos aunque fuera en la cafetería del hospital.  Miró su reloj y comprobó que era casi mediodía, y que hasta las dos, él no bajaría a almorzar, eso suponiendo que no tuviera alguna intervención.  Contaban con casi media hora   de descanso y podrían estar juntos al menos durante un buen rato.

- Casi dos  días son muchos días para no verle.- Sonrió al escucharse ella misma y salió de su habitación en dirección a la cocina

- Meredith, no prepares comida para mí.  Lo haré con mi marido en el hospital.  Si me retraso, por favor recoge a los niños
- No se preocupe.  Vaya tranquila y tarde lo que quiera

Se metió en el coche, conecto la radio y puso una melodía que la gustaba mucho, y que había bailado con Robert bastantes veces.  Y recordó su título : <Only you .>   Ella le había conocido ,
 en el instituto, pero desde entonces, su imagen, nunca se había separado de ella.  Aparcó el coche frente a la cafeteria y vio que aún tardaría en bajar.  Decidió sentarse a esperar en una mesa en la que él pudiera verla cuando entrase, pero su sorpresa fue al verle que charlaba animadamente con Agneta .

-  ¿ Agneta aquí ?

 No le había dicho nada, seguramente para no incomodarla.  Pero se quedó parada al ver que ella tomaba la mano de Robert con más familiaridad de la acostumbrada y que él reía  contento.  No esperó  más, dio media vuelta y salió rápidamente de allí.  Se introdujo en el coche y puso rumbo a su casa

Meredith se extrañó que  llegara tan pronto, y ante sus preguntas, Emma respondió que tenía una fuerte jaqueca y que él estaba operando, así que dio media vuelta y regreso a casa para tomar un calmante.

- Acuéstese.  Cuando esté la comida lista la despierto
- No te molestes, Meredith.  No tengo apetito

A la mujer, aquello le sonó a excusa pero no dijo nada. y así transcurrió el mediodía y los niños regresaron a casa.  Cuando les vio se le pasó en parte el malhumor;  no quería que ellos percibiesen su malestar, sobretodo Liam, que era el mayor. Les dio la merienda y se sentó junto a ellos en su cuarto de juegos.  Al menos ellos le harían olvidar la escena que había contemplado en el hospital.

El teléfono sonaba y Meredith atendió la llamada

- ¿ Quién llama?
-Meredith ¿ está mi mujer ?
- Si señor. No se encuentra muy bien.  Salió esta mañana y volvió al poco rato con una jaqueca muy fuerte
- ¿ Está enferma ?  Voy en un momento.

Antes de que Meredith respondiese, Robert colgó el teléfono y en menos de veinte minutos subía escaleras arriba a grandes zancadas.  Abrió la puerta del juego de los niños, al escuchar sus risas, lo que hizo asustar a Emma

- ¿ Qué te pasa? ¿ Qué te ocurre ? - la pregunto preocupado
- No me ocurre nada.  Estoy bien


Pero por el tono de voz, supo que algo había pasado.  Se sentó también en el suelo, y puso su mano sobre su frente para comprobar que no estuviera febril.  La tomó el pulso y la miró fijamente, buscando algún signo que le indicara lo que la ocurría

- ¿ Qué demonios te pasa ?  ¡ Estamos jugando !
- Meredirh me ha dicho que estabas con un fuerte dolor de cabeza.  No suele dolerte y ya sabes lo que nos dijo el médico, que al menor dolor extraño acudiéramos de inmediato a la consulta o al hospital
- De eso hace mucho tiempo y la cabeza me duele de vez en cuando.  A todos nos duele la cabeza
- No a t.   No  tiene que dolerte  la cabeza.
- De cualquier manera estoy bien ¿ Qué haces aquí, y con el pijama puesto ?
-He llamado y Meredith me ha dicho cómo estabas-.
- Estuve en la cafetería. Pensé que anoche discutimos por algo intrascendente y que íbamos a estar  mucho tiempo sin vernos.  me arreglé y pensaba darte una sorpresa, pero he sido yo la sorprendida
- ¿ Por qué dices eso ?
- Os he visto.  A ti y Agneta. Y cómo te tomaba de la mano y como tú la sonreías satisfecho. Así que dí media vuelta y no quise interrumpir vuestro diálogo
- ¿ Qué ? ¿ Todavía estamos con esas ? Te he repetido mil veces que somos amigos y ella me ha hecho algunos favores, nada más. A estas horas debía estar en quirófano y sin embargo estoy aquí muerto de angustia por si te pasaba algo. Vas y me vienes con esas. Estoy harto de tus desconfianzas.  Estoy cansado de tus dudas y por ese camino no vamos a ninguna parte, te lo aviso
 ¿ De qué me avisas=?
- No quiero seguir con ésto.  Los niños están delante y se asustan. No es un juego ¿ sabes ? La vida de una persona está en vilo por tu causa, y yo expuesto a una sanción grave.  Y todo debido a tu irresponsabilidad.

Dió media vuelta y salió de su casa hecho una furia.  Mientras conducía de regreso al hospital, daba palmotazos fuertes sobre el volante, farfullando algo ininteligible, sólo él sabía la furia que sentía  por la actitud de su mujer.

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