viernes, 4 de enero de 2019

Te esperaba - Capítulo 6 - Bienvenidos

Tenía especial habilidad para tratar con los niños.  Siempre les engatusaba con alguna chuchería para hacerles tomar sus medicinas, vacunarles o simplemente ponerles una inyección..  Cada mañana acudía al domicilio de cada uno de los pacientes que necesitaban algún tratamiento. No estaba sujeta a ningún tipo de horario.  El consultorio estaba atendido y tranquilo, así que se detenía un buen rato en cada casa charlando son los niños o con sus padres, que agradecían la visita.  Era casi mediodía cuando terminó su recorrido y regresaba al dispensario.  A una corta distancia de él, divisó un todo terreno, y supuso que Sean había llegado.  Aceleró el paso pues deseaba saludar a su amigo.  No esperaba que le acompañase Robert, pensó que llegaría días después.

Unas cosquillas comenzaron a recorrer su estómago al verse frente a él.  De golpe, a su memoria llegaron las últimas escenas vividas en las que estuvo presente, y una inmensa tristeza sacudió su espíritu.  Le recordó a su hermana y a sus padres, algo que prácticamente tenía asumido ocupada como estaba en el dispensario.  Pero la memoria es fija y traicionera, y aunque se alegró volver a verle, la tristeza de nuevo la invadió, pero no sólo por la desaparición de su familia, sino porque seguía sintiendo por él algo tan fuerte que ni la distancia ni el tiempo podían borrar.  Tragó saliva y correspondió al abrazo que los médicos la dieron a su llegada.

Las palabras se atropellaban preguntándola por cómo se había aclimatado ante un cambio tan drástico como el que había tomado.  resultaba que en vez de ser ellos los protagonistas,, era ella quién lo estaba siendo. Robert la miraba a cada instante y recorría su rostro.  El parecido con su hermana se había hecho más patente en ella ahora que no tenía tanta crispación por lo sucedido, y probablemente es lo que él buscaba:  el rostro de Lissa, y de nuevo la decepción se instalaba en ella.

Mientras almorzaban, la charla entre los tres médicos era ponerles al día de lo que esperaban con las lluvias y de la situación sanitaria de la zona.  Teresa, la matrona, y ella, sólo escuchaban asintiendo,  de vez en cuando  con la cabeza,  a las palabras del doctor Desmond.  La sobremesa se prolongó en amigable charla y distendida. Sean se asomaba a la ventana de la habitación que hacía las veces de comedor e insuflaba aire a sus pulmones con satisfacción

- Echaba de menos este olor mezcla de tierra mojada y vegetación- decía a sus compañeros
- Si es hermosa esta tierra, tanto como sus gentes - comentaba Emma

-Nunca hubiera imaginado que vinieses a parar aquí - decía Robert refiriéndose a Emma

- Pues ya ves, aquí estoy.  Creo que acerté de pleno cuando decidí dejar Londres.  Tardaré en volver si es que alguna vez lo hago.  Quizá en algunas vacaciones.  he de solucionar asuntos con mi abogado, pero por ahora no regresaré.  Mis recuerdos no son buenos .
- Ya - respondió él sabiendo a lo que se refería, e insistiendo en su mirada
- Robert ¿ por qué me miras tanto ?
- No lo sé.  Creo que me ocurre lo que a tí
- ¿ Lissa ?
- Posiblemente, no lo sé. No me había fijado en que te pareces mucho a ella
- Somos..., bueno éramos gemelas, es normal.  Perdona, aún no me he acostumbrado a hablar en pasado
- Es poco tiempo el transcurrido y has de pasar tu duelo.  Aquí encontrarás paz y cariño, justo lo que se necesita en estos casos.
- No sabía que venías por aquí hasta que Albert lo comentó al anunciar vuestra llegada
- Hace años que vengo.  No precisamente a esta zona, pero sí. Cuando terminé la carrera ejercí durante un tiempo en Médicos del Mundo, hice amigos que aún conservo. Después gané unas oposiciones para el Hospital, y bueno el resto ya lo sabes.  Yo tampoco tengo a nadie que me ate, así que decidí que durante mis vacaciones ayudaría un poco,  y aquí estoy
- Eres muy bueno Robert.  Mereces ser feliz  ¿ No te has casado ? Perdona no me respondas; he sido muy indiscreta
- No importa.  No no me he casado, excepto con mi profesión; me absorbe todo el tiempo. Tu tampoco por lo que veo.  En el hospital había un residente que le traías loco. - Robert se echó a reír ante el asombro de ella
- ¿ Qué dices ? Eso no es cierto, al menos yo no tuve noticias de nada.  Tampoco es que me fijara mucho en esas cosas.  Mi situación familiar ocupaba todo mi tiempo
- Si tuviste mala suerte, pero ahora ya todo ha pasado
- ¡ Claro !

Lo dijo de tal forma que Robert se la quedó mirando no entendiendo muy bien lo que había querido decir con esa expresión tan lacónica.  Parecía que Robert buscaba algún tipo de acercamiento a ella, probablemente buscando el recuerdo de Lissa, de la que siempre estuvo enamorado, y fue un castigo desmedido que se le quedara en la mesa de operaciones.  Le hubiera dolido igualmente su muerte, pero que fuese él quién la estuvo atendiendo lo incrementaba aún más.  Creía que no la había olvidado nunca y ese era el motivo del que aún permaneciera soltero y sin novia, aparentemente.  La sombra de Lissa se extendía sobre ellos como una losa.  El ignoraba lo que su corazón encerraba dentro  , desde que era casi una niña, soportando en silencio ese amor sin medida que él sintiera por su hermana y el que sentía ella por él.  Y sufría por ambos, ante la desatención hacia Robert de Lissa, ¡ tanto como ella le amaba y ni siquiera había tenido una mirada !  Pensaba que eso la marcó para siempre y se sentía incapaz de mirar a otro hombre, y mucho menos amar a otro persona que no fuera Robert.  Y se dió cuenta de que, eso mismo, precisamente era lo que él sentía por Lissa.  De un amor juguetón se había convertido en uno totalmente imposible de lograr debido a su muerte, pero encerrado en el corazón de ese hombre inalcanzable para ella.

Tras pasar toda la tarde reunidos decidieron que el día había sido largo y tenían que descansar.  Allí no existían ni sábados, ni domingos ni fiestas, pues precisamente en ellos era cuanta más asistencia de enfermos recibían ya que se desplazaban desde pueblos colindantes, y ninguno se marcharía del dispensario sin ser atendido.  Esa era su misión y la cumplirían todos sin excepción.

Robert acompañó a Emma hasta su casita en la que vivía con la compañía de Carmen, una nativa viuda cuyo único hogar y compañía eran las que Emma le brindó.

- Ha sido un día largo y repleto de emociones - dijo Robert al despedirse -.  Me ha encantado volver a verte.  Descansa todo lo que puedas.  Buenas noches
- Buenas noches, Robert.  Descansa tu también; el viaje ha sido largo y debéis estar muy cansados.  Si se os ofrece algo, ya sabéis donde vivo.
- Hasta mañana Emma

 Se acercó a ella y la dió un beso en la mejilla.  Se quedó inmóvil, no lo esperaba, pero ante esa caricia, su corazón se agitaba dentro del pecho.  Era la segunda vez que la besaba, la primera fue en el entierro de Lissa. Bien era cierto que ese beso era puramente fraternal, pero  ella lo imaginó de amante  , aunque el beso  segundo lo sintió diferente  muy distinto . ¿ La consideraba como a una hermana?. No quería esa clase de amor.  Ya había tenido una hermana.  Quería un beso de amor, de amante , pero estaba claro que eso no entraba en los cálculos de él.  Simplemente tenía un parecido semejante al de su hermana , y ese recuerdo es el que prevalecía.  Los rasgos de su cara eran como los de Lissa, y eso, justamente, es lo que Robert buscaba.  Creer que Lissa seguía allí en el cuerpo de su hermana, en su rostro y en su mirada.  Era una ensoñación que quizás él tuviese, aunque no le creía un hombre soñador forjándose ilusiones vanas.


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