sábado, 12 de enero de 2019

Te esperaba - Capítulo 21 - Agneta Karlsson

 Emma dió su conformidad, aunque por dentro  sentía todo lo contrario. Pero también comprendía que debía cumplir con ella.  Y la recibiría en su casa obsequiándola con una fabulosa comida. Era de obligado cumplimiento, ya que por ella, su marido había ascendido en su profesión y se había especializado,   enseñando a otros cirujanos el manejo de esa máquina de recién adquisición por el hospital.  Además, Robert deseaba que conociera a su familia, de la que tanto le había hablado durante su estancia fuera de Londres.

Y acudió al aeropuerto a recibirla y se dieron un abrazo, y él la condujo a su hotel, y quedó con ella en pasar a recogerla para cenar  esa misma noche, después de que descansara del viaje.  Instalados en una mesa de la cafetería del hotel, Agneta y Robert comentaban todas las ventajas de la máquina en la práctica. Charlaron de todo lo vivido durante esos días y de diversos temas. Al cabo de dos horas, Robert quedó con ella citado para cenar y para que conociera a Emma, por la que Agneta sentía interés en conocer.

Y Emma se implicaría en esa reunión y sería ella quién la invitase a visitar su hogar y conocer a sus hijos.  Por mucho que la costase, debía hacerlo y además con ello demostraría a su marido que era una perfecta anfitriona.. Tuvo especial esmero y cuidado en elegir el atuendo que iba a ponerse esa noche para conocer a esa desconocida a la que tanto admiraba Robert.  Buscó en su armario y eligió un conjunto de mucho vestir, pero que no llegaba a ser un vestido de cóctel, pero si elegante para una reunión  de protocolo.  Sabía que Agneta  era una mujer elegante y no aspiraba a competir con ella, pero desde luego no desmerecer. Emma provenía de una casa de gente bien, y por tanto no representaba ningún esfuerzo adicional para ella, aquella reunión. Sabía comportarse según las circunstancias  lo requiriesen.

A las ocho en punto, el matrimonio indicaba en Recepción del hotel que avisaran a la señorita Agneta  Karlsson.  Y ella  bajó a los pocos minutos y se reunió con ellos , y se acercó sonriendo extendiendo sus brazos.  Ambas mujeres se miraron y ambas comprobaron que eran rivales, aunque la sueca se debía  esmerar en sus intenciones, ya que Emma era una fuerte competidora porque además de ser bonita, su marido estaba locamente enamorado de ella.

Y se dirigieron al restaurante en el que Robert había reservado mesa para tres.  Mientras tomaban un cóctel a modo de aperitivo, Agneta atendía a la conversación de Robert, pero al mismo tiempo se iba trazando un plan:  tenía que encontrar el punto débil de la mujer que tenía enfrente.  Charlaron animadamente de múltiples cosas, De cosas de las que Emma no tenía ni idea, por tanto poco pudo aportar a la reunión, y eso precisamente fue el punto débil que Agneta se encargó de descubrir y aprovecharía cuando la ocasión le fuera propicia.

Emma sabía que estaba en desventaja, y por tanto llevó la iniciativa de invitarla a comer en su casa y de esa forma conocería a sus hijos.  Un día después,   por la noche, regresaría la sueca a su país, así que sólo tenía esa ocasión para tratar de ser cortés con ella y quedar bien ante su marido.  No le hacía ninguna gracia; algo la decía que no se habían caído bien ninguna de las dos.  Era como si un sexto sentido flotase en el ambiente, y ambas mujeres se median con la mirada.  La extranjera  llevaba ventaja puesto que era el alma de la conversación con Robert.  Emma, no sabía de las tecnologías que la empresa en la que trabaja Agneta y por tanto sólo podía escuchar y de vez en cuando sonreír.  Algo que la sueca explotó a conciencia, haciendo notar a Robert que su mujer no era la mejor tertuliana del mundo.  Por dos veces introdujo una coletilla a sabiendas de lo que hacía

- Estás muy callada, Emma. ¿ Te estamos aburriendo ?
- ¡ No, en absoluto   Todo lo que decís es muy interesante y por Robert conozco su eficacia.  No os preocupéis; me interesa muchísimo todo lo que decís.

Emma había descubierto la intención  de Agneta:  dejarla en ridículo ante su propio marido.  Y aunque aquello la desagradaba mortalmente, no hizo el menor gesto de desagrado, ni tampoco lo comentaría con Robert, si es que él no se había dado cuenta aún del juego de la exquisita Agneta.

Y tras la larga sobremesa, de nuevo regresaron al hotel para dejar en él a Agneta.  Emma, se sentía molesta por la sueca; eran como dos gallos de pelea, pero ¿ qué disputaban ?  Estaba claro, Agneta se había tirado en plancha sobre su marido y ella estaba decidida a defender su matrimonio con uñas y dientes.  Robert, no parecía darse cuenta de ello, aunque si es verdad que las mujeres estamos dotadas de un sentido más que nos alerta del peligro cuando está cerca de nosotras.
Hicieron el camino de regreso a casa sin pronunciar palabra, y eso extrañó a Robert, que al fin la preguntó

- ¿ Qué te ha parecido Agneta ?
- ¿ Qué te ha parecido a tí ? - respondió Emma
- Creo que es muy inteligente.  Es una mujer muy válida, que ha recorrido medio mundo. Espero que seamos buenos amigos

Ella no respondió.  Había deslumbrado a su marido y ella no podía competir. .  Todas sus salidas al extranjero habían sido como cooperante en Guatemala, y todos sabemos como terminaron.  Había renunciado a su carrera y dedicado por entero al cuidado de su marido y de sus hijos. Todo lo que podía hablar eran cuestiones de economía doméstica y de cómo llevar un hogar, algo que no entraba en la cabeza de la sueca.

Robert se extrañó del silencio de su mujer, y por conocerla a fondo, supo que algo había ocurrido que no había sido de su agrado

- ¿ Qué ocurre ?  No te ha gustado ¿ verdad ?
- No, no me ha gustado.  He sido ignorada durante toda la velada.  No sé por qué he venido contigo.  ¿Es que no había otra conversación más que los éxitos que ella logra en su trabajo ? Sé que no puedo ponerme a su altura: yo sólo he tenido hijos y los he cuidado
- Oye ¿ Lo hablamos en casa ?  No te comparo con ella y lo sabes.  Sólo he hecho una observación Jamás se me ocurriría compararte  con ella ni con nadie. .  Conozco los méritos que tienes y sé muy bien lo que vales sin que seas una mujer de negocios.  Me enamoré de ti entre otras cosas por tus valores como ser humano.  Agneta me parece muy inteligente pero fría, y esa forma de ser no va conmigo.Así que, por favor, dejemos ya este tema.

Y llegaron a casa algo enfadados entre ellos, por la observación de Emma.  No entendía  el comentario de Robert, o quizá no quería entenderlo, pero la molestaba sobremanera.  Fue derecha a la habitación de sus hijos y después a la suya, mientras Robert hacía unas llamadas.  Al menos eso es lo que había dicho

Se había sentido inferior , como si fuera  una mujer que sólo podía hablar de las cosas domésticas, mientras ella, recorría el mundo, conocía gente y hablaba con cualquiera de tú a tú.  Nunca nadie le había hecho sentir tan anodina y tan  poco merecedora de un marido tan inteligente como era el suyo.  Eso es lo que Agneta había querido significar durante toda la reunión. Y eso le bajaba la moral y le  hacía sentirse inferior, aunque por la educación recibida,  no lo fuera, ni mucho menos.
Si hubiera hecho caso a sus padres, ahora podría ser médico y discutir con ella sobre los temas  con los que dialogaba, por ejemplo con su marido. Y una bocanada de tristeza subió a su garganta.  No quería llorar, pero sentía una congoja inmensa:  no merecía a Robert, eso es lo que pensaba. Pero  ¿pensaría él lo mismo ? ¿ Por qué había estado a su lado durante tantos años ? ¿ Habían sido felices en realidad ? ¿ Robert buscaría en ella el recuerdo de Lissa nuevamente?  Y de pronto, ese pensamiento volvió a colarse en su memoria, cuando hacía años lo había desterrado. Si, habían sido muy felices y se habían amado verdaderamente, hasta que Agneta entró en sus vidas.

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