domingo, 9 de junio de 2019

El diario de Fiona - Capítulo 13 -Con un folio delante

Mientras se dirigían en busca del coche, tomo una tajante decisión.  No haría más averiguaciones. Maxwell era quién debiera dar una explicación.  No había sido ella quién faltara a su promesa de matrimonio.  Cerraría su corazón y comenzaría de nuevo desde el principio, como hizo cuando escribió su primera   novela.  Pero ésta sería una narrativa semejante a lo ocurrido  en su vida, adornada con algún romance e intriga,   sin desvelar detalles, estaría basada en su propia experiencia,  que   tuviera al menos, un tinte rosa y nadie pudiera identificar a sus protagonistas.
  Si por casualidad él lo leyera, si podría saber a que se refería toda esa narración, pero nadie más.  Aceleró el paso seguida por Aisling, que extrañada no dejaba de preguntarla el por qué de ese paso tan acelerado de improviso

— Quiero irme de aquí cuanto antes. Londres me ahoga.  Deseo llegar a casa.  Cuando estemos allí te contaré los planes que tengo para el futuro

—¿Cuándo los has pensado?  No me digas que ha sido ahora, aquí.

— Si, así ha sido. No te equivocas. Tienes razón he de empezar de nuevo y dejar atrás todo esto; en definitiva él ha rehecho su vida y yo he de hacer lo mismo.  Mañana mismo comenzaré otra narrativa que no será muy extensa, ya que se me acaba de ocurrir ahora y deseo lanzarla cuanto antes.  Esta misma noche, en cuanto lleguemos. Además estoy desentrenada;  llevo mucho tiempo sin hacerlo, pero me servirá de entrenamiento.

— De todo esto me alegro mucho, pero te encuentro demasiado excitada.  No te precipites; te has creado un nombre, no lo eches a perder por tu impaciencia.

— No te preocupes.  Será sencillo, ya que el tema lo tengo muy pensado. Deseo volver a ser famosa, que se hable de mí, de mi regreso, de mi presencia en los medios

—¿ No te estas precipitando? Estás muy alterada.  Quizá mañana cuanto despiertes lo pienses mejor y...

— No, Aisling. Es una idea fija. Llámalo revancha o como quieras, pero  de cualquier forma se va a enterar.

 Aisling no se atrevió a contradecirla.  Por un lado le alegraba que de nuevo se sintiera  animada a volver a escribir, pero no terminaba de estar de acuerdo con ella, en  el sentido como quería hacerlo.  Era refregarle su venganza, que supiera que ella también tenía su público.  Le daba un poco de miedo, porque si no tuviera el éxito que ella pensaba alcanzar, la caída iba a ser devastadora para ella.  Pero también sabía que era de ideas fijas y que, cuando se le metía algo en la cabeza, no lo dejaba fácilmente.  Suspiró y se puso a disfrutar del paisaje y ninguna de las dos habló hasta llegar a su destino.

Fiona dejó a Aisling en su casa y al despedirse la dijo:

— Descolgaré el teléfono mañana. No me llames, yo lo haré . Gracias por todo, te quiero

Arrancó el coche, dejando a su amiga más preocupada de lo que estaba cuando iniciaron el viaje.  La notaba extraña.  Como si la faltara tiempo para hacer lo que pensaba, cuando tenía todo el tiempo del mundo para realizarlo.
   Si Maxwell se había casado, daría lo mismo si se hacía famosa rápidamente o si tardara siglos en conseguirlo.  Tal y como estaban las cosas, posiblemente él, no se enteraría.  Movió negativamente su cabeza y le dio mucha lástima la situación que vivía su amiga a la que había tomado mucho cariño.  La veía descentrada y muy infeliz.

Durmió a ratos esa noche excitada por el nuevo enfoque que daría a su vida.  A ratos pensaba en cómo planificar su trabajo. Otros dormía, pero también lloraba, porque reconocía que  lo  haría porque deseaba notoriedad a modo de venganza.  Y esa sensación era muy difícil para ella ya que por mucho que lo intentara, sabía que no lograría olvidarle nunca, y si alguna vez lo consiguiera, no podría borrarle de su vida.  Había sido alguien muy importante para ella, y aún lo seguiría siendo por mucho tiempo.  Los propios nervios la rindieron y consiguió quedarse dormida.

Se despertó pronto.  Nerviosa comenzó a preparar su estudio,  como si fuera una principiante que escribiera su primera novela.  Lo cierto era que sólo tenía una en el mercado, pero recurriría a su diario y de él extraería retazos, sobre todo de los últimos tiempos, cuando volvió a retomar su escritura tras la marcha de Maxwell a la guerra. 
 Abrió el ordenador, puso a su alcance un cuaderno, bolígrafos, lápices, etcétera.  Todo lo repasaba mil veces, y lo acariciaba como una colegiala el primer día de clase.    Con una taza de café y una tostada, se sentó en el escritorio; estaba impaciente por comenzar y lo haría al tiempo que desayunaba.  Después iría a recoger a Chimbo que lo había dejado al cargo de una vecina.  Le había echado de menos pero prefirió dejarlo allí antes que tenerlo encerrado en el coche durante el tiempo que permanecieran en Londres

 Mientras desayunaba, iba apuntando  en el cuaderno el título de lo que sería la novela.  Imaginó el escenario y a los protagonistas, busco en internet el lugar elegido como residencia y poco a poco la imaginación le iba dictando lo que precisaría para dar vida a su proyecto.  Hecho estos primeros pasos, sus deseos volaban en el teclado y, las palabras, las frases, la historia, iba saliendo de su imaginación con fluidez.  Estaba contenta, excitada y nerviosa. No quería parar ni siquiera para descansar por un rato.  Nunca había tenido tanta facilidad para plasmar una historia 

 Interrumpió su labor; tenía que recoger al perro y darle una vuelta.  Después de ello iniciaría en serio su relato.  Estaba impaciente por continuar, ahora que la inspiración y el hilo conductor de la historia se iba hilvanando poco a poco

— Sé que en algún momento me detendré— se repetía en voz alta, asombrada ella misma de la rapidez de sus ideas con que iba  plasmando la trama. 

 Ni siquiera se detuvo para hacer la comida.  Había desconectado el teléfono para que nada ni nadie la interrumpiese.  Eso no era normal en ella. Cuando escribió su primer libro, se detenía para dar algún paseo y descansar la cabeza, pero ahora no se sentía cansada y, si por algún motivo  paraba, apuntaba en el cuaderno lo que se le había ocurrido, para después retomarlo.  No quería que se la olvidara nada, perder nada.  Aunque tendría que releerlo al final de la jornada. A buen seguro que tendría que borrar cosas e integrar otras.
  Hasta darlo por terminado, debería corregirlo cientos de veces, pero no la importaba, tenia que ser un libro  extraordinario del que sentirse orgullosa, mucho mejor que su primera novela que aún era demandada por los lectores, a pesar del tiempo que hacía haber sido publicada.  Se reclinó hacia atrás, con la vista fija en las últimas líneas  en la pantalla, y sonrió satisfecha, al tiempo que levantando ligeramente sus puños dijo:

— ¡Siii...!

Rompió a reír con una risa algo catártica, mezcla de satisfacción y de nervios.  Haría un descanso y se prepararía un bocadillo.  Miró el reloj de sobremesa que tenía encima de su escritorio y se dio cuenta de que el mediodía había pasado hacía rato.  La mañana se le había ido entre los dedos sin darse cuenta.  Estaba segura de que Aisling  habría llamado, así que conecto de nuevo el teléfono y llamo a su amiga.  Tenía que contarle lo contenta que estaba y lo bien que había salido todo.  Cuando terminó de hablar con ella. se fijó que allí estaba su viejo amigo, gastado pero que para ella encerraba un tesoro de ideas, que, poco a poco salían a la superficie algo disfrazadas y que sólo ella y, quizás Maxwell, si algún día lo leyera, sabrían  que eran absolutamente reales vividas por ella.  Decidió que tendría que dar un repaso a lo allí escrito para aprovechar las ideas que desde hacía tanto tiempo había plasmado en él.

Su amiga la encontró contenta y deseosa de contarle el avance extraordinario que había dado a su futura narración. Había estado casi todo el día trabajando y le parecía que sólo habían  transcurrido cinco minutos.  Pero a pesar de mostrarse tan contenta, esa excitación tan anormal,  preocupó a Aisling, presintiendo que en cualquier momento tendría un bajón, cuando no de depresión.  Quería calmarla a  como diera lugar, pero estaba tan exultante que ni siquiera la dejaba hablar. Hasta que al fin encontró la excusa para vigilarla más de cerca

— Oye Fionna.  Me deben unos días de vacaciones.  Me prometiste que yo sería tu correctora ¿Quieres que lo proponga en el trabajo y los pasemos las dos juntas? Tu escribes y yo corrijo;  de este modo lo terminaríamos a un tiempo en el día a día y no retrasaríamos la corrección final ¿Qué te parece?

— ¡Genial!  Así lo podríamos hacer a un tiempo y al final de cada día  conversar sobre ello y ver si a alguna de nosotras, una vez leído lo escrito,  vemos que alguna frase podría enfocarse de otra manera que quedara mejor una vez plasmada en el papel.  Has tenido una idea genial.  Si puedes hacerlo hazlo. 
 Estoy ¡tan contenta! ¿Sabes?  Pensé que las ideas habían huido de mí, pero en realidad sólo necesitaba un poco de distancia, olvidar mis problemas y centrarme en la novela

— Pero dijiste que sería tu propia historia ¿Es que ya no lo es?

— A medias.  En un setenta por ciento lo es, pero he darle otros matices para que no parezca un culebrón, sino una vida real. Aunque ciertamente lo mío es un culebrón. Pero así son las cosas.  Ahora te dejo.  Deseo terminar un capítulo antes de ir a dormir. Haz la gestión en tu trabajo, siempre y cuando no te perjudique  y ven a vivir conmigo.  Un abrazo, adiós.

Y con la misma excitación que había tenido durante el día, se despidió, dejando a su amiga atónita y preocupada. ¿Qué la estaba ocurriendo?

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Autora< rosaf9494quer
Edición < Junio de 20219
Ilustraciones< Internet< Dakota Johnson

sábado, 8 de junio de 2019

El diario de Fiona - Capítulo 12 -Dos amigas

Se levantaron y en menos de una hora, ya estaban en carretera de regreso a Bockley.  Iban calladas, con los semblantes pálidos, sin duda por la mala noche pasada.  Ni siquiera habían desayunado:  lo harían por el camino.  Atrás dejaban a Maxwell, a su hija, y la pesadilla del encuentro. Fionna bajó la ventanilla del coche para que el aire frio de la mañana la diera en el rostro, que ella sentía ardiendo.

  No dejaba de pensar ni un momento en el encuentro inesperado y todo lo sucedido en a penas  los cinco minutos que duró . ¿ Había tenido un mal sueño ?  ¿En realidad había ocurrido ?  Notaba que los ojos se le llenaban de lágrimas.  Una de las más grandes decepciones que sufriera en su vida, había tenido lugar en la tarde el día anterior.  No paraba de darle vueltas a la cabeza ¿Cómo había cambiado tanto? ¿Es que la vida compartida por ambos en otros tiempos había sido una farsa?  En ningún momento de su convivencia  lo había sentido así.

  Entonces comenzó a pensar que algo  había ocurrido para terminar de esa forma ¿Tendría razón Aisling y debió dejar que se explicara? No. No cabían explicaciones; tenía una hija y eso sólo se debía a una relación con otra mujer, con la que posiblemente estuviera casado.  No quería pensar más, no quería saber más.  Las pruebas de todo ello, eran evidentes: la niña le llamaba papá.  O sea, que en verdad era su padre
 ¿Cómo es que nadie le había dicho nada? Ni sus jefes en el periódico, ni sus compañeros, ni algún amigo.  Nadie le advirtió de su otra forma de vida.  Y estuvo dispuesta a ir en su búsqueda, y nadie le dijo nada, pero está claro que ha tenido comunicación con alguno de ellos, puesto que le han repatriado. ¿Por qué nadie la advirtió de ello?

Aisling la miraba de reojo imaginando que su silencio se debía a sus pensamientos que no paraban de buscar alguna explicación, algo que sólo podía dar el mismo Maxwell y, que de momento, sería imposible, puesto que desconocían donde vivía cada uno de ellos.  Pero sí podía ir al periódico y hablar con el director.

— Creo que sería lo más acertado.  Será allí donde encuentre la respuesta, pero líbreme Dios de sugerírselo ahora. Ha de tranquilizarse y con la cabeza fría hacer las indagaciones. Estaré más a su lado.  Me da ¡tanta pena! ¡Qué escena más terrible por inesperada!

Ella también iba sumida en sus reflexiones  y poco a poco se iban acercando a los costwolds.  Allí se sentirían a salvo, en casa. Esa noche se quedaría a dormir con Fionna;  no la dejaría sola en ningún momento.

— ¡ Ay Señor, Señor! ¡Qué cosas ocurren a veces! 
 
 Suspiró cuando ya enfilaban la dirección de la casa de Fionna.

Ninguna de las dos quiso cenar, a pesar de no haber comida nada en todo el día. Fionna sólo quería quedarse a solas y repasar mentalmente todo lo acaecido.  Los nervios los tenía desatados y un regusto amargo, de bilis, en la boca.. Pidió a su amiga que se acostara con ella; no quería quedarse sola porque sabía que pensaría una y mil veces en el encuentro y, ahora no quería verle, ni siquiera en el pensamiento.  Pero le costaba conciliar el sueño y daba vueltas y vueltas intentándolo .  Al fin fue Aisling, que estaba en idéntica situación, quién encendió la luz y dijo a su amiga

- Creo que debemos hablar sobre ello.  Ni tú ni yo podemos dormir, así que planteemos la situación.  Hay algo extraño que no me encaja en todo esto.  Creo que   algo  no sabemos y que lo aclararía todo. Si te ha amado como me has contado, es imposible que te haya olvidado, casado y tenido una hija , olvidándose de tí.  No me cuadra. Hemos de averiguarlo, porque mientras no lo hagas, no tendrás tranquilidad.  Habla con su jefe, con algún compañero.  Pienso que ellos deben estar al corriente de todo.

Fiona se quedó pensativa por lo que su amiga la decía.  Tenía razón;  ahora que habían pasado algunas horas, fríamente, también ella veía algo que no comprendía. Y seguiría los consejos de Aisling.  El director del periódico le había traído de vuelta a casa, se había ocupado en indemnizarle y debía estar al corriente de lo ocurrido. Iría a hablar con él en cuanto pasara el día de Navidad..  Tenía muchas preguntas y algunas respuestas ilógicas que quería aclarar..  Lo normal hubiera sido que ambos se hubieran sentado y hablasen todo lo que hubiera ocurrido  que llevó a la situación que tenían, pero todo había ocurrido muy rápido, y la rabia, la angustia y el saber que tenía una hija, le habían pillado por sorpresa y su reacción no dio lugar a alguna explicación que lo  solucionase.

Aisling seguía hablando, pero ella no la prestaba atención, hasta que la amiga la llamó la atención al darse cuenta de que no la hacía caso

- ¿ Me estás escuchando ?  No me haces caso y es lo que tenías que hacer
- Perdona, estaba en otras cosas ¿ Qué me decías? ¿ Qué es lo que tengo que hacer?
- Te decía que debías volver a lo tuyo, a escribir y recuperar el tiempo perdido.  Eso es lo que te decía, y lo que debes de hacer. Basta ya de refugiarte en tu tristeza, porque te habrás dado cuenta de que el tiempo sigue andando y tú estás anclada en los años pasados.  Reacciona de una vez. Vuelve a hacerte famosa y si te ha dejado por alguna razón no justificada, refriega por la cara tu triunfo,  que se de cuenta de que no le necesitas, ni a él ni a nadie.
- Aisling, pero es que sí le necesito.  Le sigo queriendo aunque me haya roto el corazón.  No puedo evitarlo
- Pues muerde tu  alma si es preciso y sigue con tu vida

La amiga se abrazó a ella cuando Fiona rompió a llorar nuevamente. Le partía el corazón  verla sufrir de esa manera y la ayudaría en todo cuanto pudiera. Quería hacerla sentir que no estaba sola, que siempre estaría de su parte.
 Y ambas abrazadas se consolaron mutuamente y así consiguió que se quedara dormida siquiera por unas horas.  Mientras desayunaban sugirió a Fiona ir a Londres y aparecer por sorpresa en el periódico donde Maxwell trabajaba.  hablar con el director y averiguar lo que realmente había sucedido durante el tiempo que él estuvo ausente, para que ocurriese ese cambio tan radical.
Y así lo hicieron, pero no obtuvieron ningún resultado, ya que con quién querían hablar estaba de viaje y no había otra persona que les informara.  Tenía miedo de encontrarse con él por los pasillos, y rezaba interiormente para que eso no ocurriera, porque sabía de antemano que no podría resistirlo organizando un conato de escándalo, algo que no deseaba .  No quería verle. Nada importaba su comportamiento .  Pero lo que estaba claro es que necesitaba saber la verdad de lo ocurrido ,  tratar de olvidarle, de cerrar esa página de su vida, y seguir adelante. Resolvió que su amiga tenía razón, debía escribir lo que fuera, pero había de romper ese hielo que la había atenazado durante demasiado tiempo.  Le había costado mucho esfuerzo y trabajo llegar hasta donde había llegado, y a penas media hora en destruirlo todo.
Se quedó paralizada cuando supo la noticia al ser herido, y ahí se detuvo el mundo, se detuvo su vida que debía poner en marcha lo antes posible.


RESERVADOS DERECHOS DE AUTOR / COPYRIGHT
Autora< rosaf9494quer
Edición Junio 2019
Ilustraciones < Internet <Dakota Johnson < Jamie Dornan

viernes, 7 de junio de 2019

El diario de Fiona - Capítulo 11 - Diciembre en fiestas

Los días, los meses, transcurrían veloces en sus vidas.  Nada había cambiado, salvo la añoranza de Maxwell por no haber podido encontrar el rastro de Fionna.  Se había resignado a perderla, al igual que hizo con Ana y, mientras veía pasar la vida por su hija que poco a poco iba creciendo. Al menos ella era feliz.  Llegó el Otoño y  con él, la antesala del invierno. Diciembre irrumpió en el calendario con su cúmulo de fiestas.  Los comercios comenzaban a engalanarse.  Sería la primera Navidad que Jasna pasara con adornos, músicas y algarabía por las calles.  Tenía vacaciones así que, Stephanie, la llevaba cada día a visitar algún establecimiento en el que anunciaran la visita  de algún emisario, elfo o duende de algún cuento dedicado a la Navidad. Los fines de semana lo hacía con su padre y así Stephanie podía dedicarse a su vida privada.  El amor existente entre padre e hija, era sin duda fácil de comprobar a simple vista.  Se sentían unidos ya que ellos dos, y también Stephanie, eran toda su familia.

Era sábado y faltaba una semana para la gran fiesta del año. Stephanie había acudido a visitar a una amiga que estaba con gripe en cama, así que padre e hija decidieron pasar esa tarde yendo a Harrod's y ver los regalos que recibirían en la noche de Nochebuena.  Estuvieron merendando en la cafetería de ese gran comercio y ya,  de regreso a casa, mientras bajaban  por las escaleras mecánicas,  la niña vio algo que la llamó la atención y su padre, por complacerla  decidió bajarse en esa planta para que viera con detenimiento eso que le había gustado tanto.  Era un perrito de peluche que daba ladridos y movía el rabito.  Decidió que se lo compraría.   Mientras Maxwell abonaba su importe, Jasna se alejó de él, atraída por  otro juguete.  Todo llamaba su atención y fue de un lado a otro  disfrutando de todo lo allí expuesto.

Cuando decidió volver al lado de Maxwell, comprobó   que no sabía donde estaba.  Que papá no estaba allí, y comenzó a ir de un lado a otro llorando. 
 Habían dos chicas  que, al escuchar el llanto de la niña, volvieron su mirada hacia ella.  Eran Aisling y Fionna, que acudieron prestas a auxiliar a la pequeña

— Eh, eh... ¿Por qué lloras? ¿Te has perdido? — la preguntó Fiona arrodillada ante ella

— Quiero a mi papá— respondía la niña asustada

— No llores, cielo. Vamos a buscar a  tu papa.  Verás que enseguida viene a por tí

Con ella de la mano se dirigió hacia un guardia de seguridad y le dijo lo que ocurría

— No se preocupe señorita, enseguida daremos nota de lo sucedido y sus padres estarán aquí en un momento

Maxwell, desesperado buscaba por todos lados sin encontrar a Jasna.  Se dirigió a información y dio el aviso de su pérdida, al mismo tiempo que en otra parte alertaban   que habían encontrado a la niña.  Con el alma en vilo se dirigió hacia el mostrador  que le indicaron  en el que la niña aguardaba su llegada. No vio más que a su hija y a una muchacha de rodillas ante ella que la secaba el llanto que derramaba asustada.  Fue derecho hacia la pequeña abrazándola asustado tanto como lo estaba  ella.  Entonces reparó en lo que el guarda de seguridad le indicaba

— Esta señorita la encontró y nos dio el aviso.

Entonces ambos repararon  en ellos mismos.  Fionna abría los ojos con asombro y Maxwell no podía creer lo que estaba pasando

— ¡ Fionna ! ¿Es posible?

— ¡Maxwell! ¿Es tu hija?  ¿En serio es tu hija?

-—Si ¿A qué es preciosa?

Él, después del susto y al ver a Fionna, estaba radiante de alegría, pero ella, lejos de alegrarse, le frenó en seco:

— No se te ocurra acercarte a mi

—Pero ¿Qué dices? Te he buscado y nadie sabe nada de tí.  No tienes ni idea de lo que te he echado de menos

— ¡ Oh, si ! Ya lo veo. Estás casado y con una hija.  Ya veo lo que te has acordado de mi.  Otra vez ten más cuidado con la pequeña.

Dando media vuelta, comenzó a alejarse de Maxwell, que estaba  totalmente sorprendido por la reacción de ella.  La agarró de un brazo para que se detuviera.  Tenía que hablar con ella, saber dónde vivía y cómo es que nadie podía localizarla

— No se te ocurra ponerme las manos encima— le dijo secamente.

No sólo él estaba asombrado, Aisling la miraba sin pestañear, no entendiendo lo que estaba presenciando

— Tenemos que hablar.  He de contarte muchas cosas

— No Maxwell.  Nada tenemos que hablar; está todo claro y evidente.  Tu hija es preciosa.  Adiós

A toda prisa, se alejó de allí ante el asombro de Maxwell que intuía lo que estaba imaginando.    Aisling corrió detrás de su amiga, sin entender nada

— Pero ¿Qué ha pasado? ¿Por qué salimos corriendo? ¿Quién es ese hombre?

— Ahora no puedo explicarte nada.  He de tranquilizarme primero.  Quiero irme de aquí inmediatamente

— Está bien, está bien. Me imagino de quién se trata ¿Pero no dijiste que había desaparecido?

— Eso es lo que todos creíamos, pero ya ves que no ha sido así: está casado y con una hija

—Pero tendrá su explicación Quién sabe lo que vivió allí

— No me digas nada.  Ahora dudo de que siquiera fuese a Bosnia, Croacia o a donde quiera que dijera que se iba.  No me preguntes más. Te lo explicaré cuando esté más tranquila. Ahora los nervios me traicionarían.  Sólo sé que quiero perderle de vista.  No deseo volver a verle más en mi vida.

Ni siquiera esperaron al ascensor.  Bajaron por las escaleras mecánicas deseosas de salir de allí cuanto antes. L legaron al aparcamiento y allí Fionna se derrumbó;  no podía contener más su angustia.  Le había esperado durante tanto tiempo, Estuvo dispuesta ir a buscarle.  Había llorado su muerte...   Y resultó que estaba vivo, seguramente casado y ciertamente padre de una niña.  Ni siquiera se  había comunicado con ella en ningún momento ni por ningún medio, a pesar de que imaginaría que estaba como loca sin saber de él.  Todo había sido mentira; los años que estuvieron juntos habían sido una tremenda mentira, un tremendo error.

Se abrazó a su amiga y así estuvieron durante un buen rato, hasta que consiguió calmarla y pudieron salir de allí.  Pero estaban como al principio: Fionna no sabía dónde vivía  él y Maxwell tampoco donde habitaba ella.  Todo era muy confuso e increíble.  

Imposible de poder aclarar todo lo vivido en aquella planta de juguetería.  Sólo un desgraciado encuentro y unos rostros demudados por la sorpresa.  La metió en el coche y partieron de allí hacia el hotel en el que estaban hospedadas.  No tenían ganas de pasear, ni de nada.  Sólo deseaban alejarse de allí y regresar a casa cuanto antes.  Estaban viviendo una pesadilla de la que Fiona quería despertar cuanto antes  sin conseguirlo.

Era noche cerrada. Aisling aconsejó el regreso a casa, a la mañana siguiente en cuanto despertaran.  En la situación de nervios que ahora  sentían, no era aconsejable conducir y, además de noche.  La dio un tranquilizante que la hizo dormir a ratos. Pero al menos dormía.

No dejaba de pensar en el suceso. Había algo que no la encajaba.  Siempre le había dicho que iban a casarse en cuanto él regresara.  Luego las cosas surgieron de otra forma y...

— Quién sabe si pasó algo en su vida que le hizo torcer el rumbo.  Las cosas no son tan sencillas como parecen, pero tampoco tan complicadas como las hacemos.  Si al menos pudiera explicarse, todo  quedaría más claro.  Pero ni siquiera saben donde viven ninguno de los dos.  Y por otra parte él iba solo, sin su mujer, si es que estuviera casado.  Todo es muy extraño, pero ha de tener una explicación.  Creo que de momento he de dejar las cosas como están.  Me siento incapaz de abrir heridas.  Está desquiciada, y no seré yo quién vuelva a alterarla.

Pero Aisling no pudo conciliar el sueño en toda la noche.  Le dolía la situación por la que atravesaba su amiga, a la que quería.  Pero debía hacer algo para tranquilizarla.  No sería una buena amiga si, al menos, no lo intentara..


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Autora< rosaf9494quer
Edición < Junio 2019
Ilustraciones< Internet < Jamie Dornan < Dakota Johnson

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