viernes, 6 de julio de 2018

Niall y Daphne - Capítulo 8 - Enemigo a las puertas

Y la noche fue perfecta. Se reunieron con sus amigos y hasta ellos se dieron cuenta de que algo había cambiado. El cansancio de Niall había desaparecido y sonreía abiertamente sin motivo aparente. Daphne tenía los ojos con un brillo especial.  En un momento que estaba cerca de Catthy, tomando su mano la dijo bajito

- Primer asalto.  Todo un éxito.  Gracias .   Ambas mujeres se rieron, y el resto se extraño de lo que les hacía tanta gracia

- ¿ De qué os reis? - preguntó Niall, a lo que ella repondió
- Cosas de mujeres
- Nunca mejor dicho - agregó Cathy.  Los hombres y Susan se encogieron de hombros y siguieron con la conversación que mantenían.

Y pasaron una noche muy agradable, en perfecta armonía.  Al día siguiente sería el último día de convención.  Ellos estarían libres a mediodía y regresarían a Dublín para seguir con sus vidas.  Niall, propuso a Daphne quedarse a pasar el fin de semana en Quebec;  ella aceptó de modo inmediato.  Necesitaban estar solos.  Ella, lo necesitaba,  lejos de las garras de esa depredadora sexual, que en cada ocasión que se le presentaba, no dudaba en acercase a su marido.  Era un duelo de titanes entre ellas dos: una por defender lo que era suyo, y la otra como un reto para conquistar al hombre que le había gustado desde la primera vez que se vieron.

No la importaba que estuviera casado, y que él estuviera enamorado hasta las trancas de su mujer:  era un reto para ella y tenía que conseguir salirse con la suya..  Pero también sabía que se enfrentaba a un enemigo fuerte, seguro, difícil de vencer.  Pero si lograba al menos durante una vez, llevarle a su terreno, sería pan comido.  Tanta seguridad en ella tenía que de su rostro brotó una sonrisa.  No regresarían juntos,  tampoco podía quedarse  el fin de semana en Canadá, tenía una operación urgente  y debía prepararse para ello.  Ese fue un contratiempo que la exasperó, aunque no la hizo desistir de su empeño.

Y pasaron un fin de semana increíble, igual que si estuvieran recién casados.   Pero todo lo bueno tocaba a su fin, y en el fondo Daphne sentía algo de prevención de volver a su casa.  Deseaba estar con sus hijos, pero sabía que el resto del día, Niall estaría junto a Margaret y eso le desagradaba, aunque no podía hacer nada por evitarlo.

Quedaban atrás los días gloriosos de Quebec y su alarma seguía al rojo vivo. Se hizo el propósito de ir a buscarle al hospital cuando no tuviera guardias, y lo cumpliría a rajatabla, adecuando su horario al de él.  Había mucho por lo que luchar; se trataba de su vida y de la estabilidad de su hogar, y por ambas cosas merecía la pena sacrificarse a costa de ir corriendo todo el día para cumplir con su trabajo y con sus deberes como esposa.  Puntualmente le recogía y volvían a casa juntos, contentos y felices, pero no bajaba la guardia.

Y ocurrió un día, en que se adelantó un poco a la hora prevista para la salida de Niall.  Algo en su interior le lanzaba señales de humo y la tenía intranquila.

- Hoy saldré un poco antes - dijo al administrador del hospital - tengo algo urgente que solventar.  Ya sabes: el colegio de los chicos y reuniones con los profesores..-  Por primera vez le había mentido, pero no podía explicar a qué se debía su salida antes de tiempo.-  -  No tienen grandes problemas,  alguno, pero me gusta estar al tanto de ellos- esa fue la explicación que dió
- Haces bien, están entrando en la edad peligrosa.  Ve cuando quieras - la respondió

Estaba nerviosa, era como si tuviera un presentimiento de que algo iba a ocurrir.  Conducía más aprisa de lo acostumbrado y llegó enseguida al hospital.  Como hacía siempre fue directa al control en la planta en que Niall tenía su despacho, y allí preguntó a la enfermera al cargo por su marido

- Hace un momento bajó a la cafeteria. Vino la doctora Margaret a buscarle para comentar algo del quirófano.
-Gracias Telma, bajaré a buscarle.  Tengo algo de prisa.  hasta mañana.

A medida que bajaba en el ascensor su corazón se aceleraba; algo le avisaba de peligro.  No se fiaba de esa mujer, aunque si estuviera muy segura de Niall, pero ya se sabe que la flaqueza de los hombres es mucha ante alguien que se empeña en llevarles al huerto.  Y Niall no sería una excepción. Se paró en el umbral de la cafetería, como hacía siempre hasta encontrarle.  A primera vista no le vio en el lugar acostumbrado y sí a los amigos  de siempre, y hacia ellos se dirigió para preguntarles por Cathy , Susan y por Niall.  Ellos se miraron y dijeron que no le habían visto

-- No ha bajado.  Creo que tiene algún problema con una operación. -la dijeron.  Pero un ligero carraspeo, la hizo sospechar que no la decían toda la verdad

Tampoco se atrevía a juzgar la situación.  Sería posible que estuviera en algún despacho, si es que en verdad el problema existía. Subiría  nuevamente a la planta de su marido.  Esperaba el ascensor; miró el reloj y comprobó que era la hora de salida y la acordada para recogerle.  Las puertas se abrieron y Niall salió causándole sorpresa al encontrarla y averiguar que iba en su busca.  Repasaba su cara y su aspecto para tratar de encontrar alguna señal que le indicara que habían tenido una conversación más jugosa que la concerniente a la operación  de la que trataban, y la encontró.  No sabía a ciencia cierta si se trataba de una discusión o de un encuentro amoroso, pero la extrañó lo alterado del rostro de Niall, y el cuello desabrochado de su camisa, algo para lo que era muy escrupuloso y cuidaba al máximo su imagen.

  El piloto rojo de la alarma estaba encendido, pero aún se atrevió a preguntarle, tratando de mostrar serenidad:

-Te andaba buscando. Fui a la cafetería y no estabas
- Pues aquí me tienes ¿ Nos vamos ?

Estaba en lo cierto. Algo había pasado. La rapidez en su respuesta deseando salir de allí, le avisó que no estaba descaminada en sus apreciaciones, y algo frío, muy frío y desesperante, recorrió su espalda, haciendo que quedará lívido su rostro

- ¿ Qué te pasa ? ¿ Te sientes mal ? ¡ Te has quedado lívida !
- No te preocupes, no es nada.  tengo el estómago algo raro
- Vayamos a la cafetería y te tomas algo
- No, vayámonos a casa
-¿ Quieres que comamos fuera, en algún restaurante que te apetezca.
- No, hoy no. Me duele la cabeza
- Está bien. Espera al menos que se te pase un poco el malestar que puedas sentir.
- No es necesario.  ya estoy mejor.  Salgamos de aquí.  Probablemente sea el calor que hace, o el olor a hospital

Niall se inclinó y la besó en la frente.  para ella ese beso fue como una cuchillada.  Estaba segura que había estado con Margaret, pero no le rechazó; no podía,   hasta averiguar la verdad.  Si sus sospechas eran ciertas, aunque en ello le fuese la vida, tomaría medidas, pero debía estar segura.
Durante todo el trayecto hacia su casa, iba muy silenciosa, y Niall presentía que algo ocurría, y como el que se siente culpable supo de inmediato que algo había cambiado;  conocía muy bien a su mujer y presentía que todo estaba relacionado con Margaret, aunque fuese totalmente ignorante de lo ocurrido en realidad. ¿ Debía hablar con ella y aclarar que no había pasado nada?  Presentía que tendrían una conversación incómoda y pensó que cuánto mejor hubiera sido quedarse en Quebec y no regresar.  El no había cambiado, pero pensaba que Daphne le había lanzado mensajes referente a Margaret desde hacía bastante tiempo, sobretodo desde que fueron a la convención.  Pero nada más lejos de la realidad.  Ella lo había intentado, pero valoraba y mucho el amor que sentía por Daphne y no había mujer en el mundo que le hiciera cambiar de idea.
La reunión con Margaret fue en el despacho de ella, y nada más entrar en él, supo que había sido una argucia para quedarse a solas con Niall.  ¿ Cómo no se había dado cuenta antes?  ¿ Obedecía ese cambio en el comportamiento de su mujer por ese motivo?  Seguramente sí; probablemente lo creía desde Quebec, porque su cambio fue total.  Se había convertido en una esposa más sensual, provocativa  y decidida que lo había sido hasta ese momento, y pensó que algo había visto en el peligro de la cercanía de Margaret.
Hablaría con Daphne en cuanto llegaran a casa y lo haría sinceramente, a corazón abierto, porque nada tenía que esconder.  Su única culpa había sido tratar a Margaret como una amistad de trabajo, sin concesiones, porque no las había.

 Pero ella iba más allá, y de eso no se había percatado.  Ahora comprendía las miradas de Daphne cada vez que le veía con ella, pero al no tener nada que ocultar, nunca pensó que su mujer fuera más allá.  Pero bien sabido es  que la mente de las mujeres ven antes el peligro que los hombres. ¿ El estaba en peligro? No, en absoluto.  Reconocía que era una mujer hermosa, elegante y atractiva, pero no le gustaba y mucho menos sintiera atractivo sexual con ella.  Tenía a Daphne y su relación era perfecta ¿ para que buscar otra cosa?  Había corrido juergas cuando era más joven, y ella lo sabía y nunca le hizo mención de ello. pero la situación era distinta: él estaba solo y además soltero.  ahora habia cambiado todo: seguía enamorado de su mujer, la amaba profundamente  y Margaret no tendría nada que hacer con él.
Conocía la fama de devora hombres que se había corrido por el hospital, ya que no había sido el primero y probablemente no sería el último.  La voz se extendió como reguero de pólvora, y algunos sacaron partido de ella, pero nunca se le ocurriría comprometerse con una compañera de trabajo, y además estando casado.  Denigraría a su mujer y a él mismo.

No se dio cuenta, pero había llegado, y tuvo que ser Daphne quién le sacara de sus propias reflexiones anunciándole la llegada.


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