viernes, 27 de abril de 2018

Las necias ilusiones - Capítulo 15 - Complicidad

Y no desistió del empeño y al día siguiente volvió a tocar el timbre de la puerta del matrimonio Hudson, con la remota idea de que fuera Ada quién le franqueara la puerta.  Pero no sucedió así, fue la madre quién abrió y le hizo pasar a su casa.  Le hizo sentar en una salita y le ofreció algo para tomar, que Brendan rechazó.  Estaba ansioso por saber lo que había pasado en el transcurso de las horas desde que les visitó en el día de ayer, hasta esta mañana.  Estaba crispado, no así la señora Hudson, que se la veía más relajada y segura de sí misma.

- Y bien señor  Miller, como le prometí, anoche hablé con mi hija y su respuesta ha sido tajante: no desea verle.  No he podido convencerla y tampoco puedo hacer otra cosa, más que lo que le indiqué ayer: viva su vida y deje que ella haga lo mismo.
- ¿ Seguro que le ha explicado todo bien ? - dijo él  totalmente vencido
- Si, tal y como usted me lo dijo.

Hubo una corta espera , un silencio que ninguno de los dos se atrevía a interrumpir,.  Era lo último, el final de todo, crudo y real.  El paréntesis fue interrumpido por los pasos firmes del padre de Ada que se incorporaba a la reunión.  Brendan se presentó y estrechó la mano del hombretón que tenía frente así.

- Mujer . dijo refiriéndose a su esposa - ¿ Puedes dejarnos a solas un momento ?  He de hablar con el señor Miller - Ella aceptó con la cabeza y salió de la estancia
- Bien, señor Miller.  Como ha indicado mi mujer, anoche hablamos con Ada, y efectivamente , no quiere saber nada del asunto.  Y me pregunto ¿ qué demonios la hizo para ser tan rotunda ?
- Señor Hudson, por eso es que deseo hablar con ella.  Siempre la traté con respeto, aunque también he de confesar que fui torpe al no darme cuenta de lo que verdaderamente sentía por ella.  Lo supe demasiado tarde.  Por eso quiero verla, para pedirle perdón si algo hice mal, y dejar zanjado de una vez este asunto tan desagradable.  No la falté al respeto, puedo asegurarlo.  Nunca sospeche que pudiera enamorarme de ella;  es más,  desechaba esa idea de la cabeza, no porque se tratara de ella, tampoco de ninguna otra.  No puedo negar que salía con alguna mujer de vez en cuando, pero nuestra relación entre Ada y yo,  era exclusivamente de jefe y secretaria.  Ni siquiera imaginé que ella pudiera tener otros sentimientos hacia mi.  Yo también los tenía, pero fatalmente los descubrí tiempo más tarde y cuando ella ya se había marchado.  Ahora comprendo que la debió doler que fuera ella quien enviase las flores a la cita de turno y no yo mismo como hubiera sido lo correcto.  Los hombres no nos fijamos en esos detalles y somos torpes, muy torpes, porque siempre herimos a quién amamos.  No lo hice con mala intención, sólo que no lo sabía.  Si hubiera captado las señales, otra cosa hubiera sido, pero no fue así y ahora estoy pagando las consecuencias de mi torpeza.  Pero lo malo es que no encuentro ningún resquicio por el que poder justificarme.  Como le dije ayer a su esposa, si ella se niega a verme, la dejaré tranquila no insistiré, deseándola que encuentre a alguien que sepa valorarla y la ame, porque lo merece
- ¿ Y ya está ?  Verdaderamente no ha captado el mensaje. Ni las mujeres ni los hombres nos conocemos e ignoramos que cuando nos dicen" vete, no quiero verte más ", nos están pidiendo todo lo contrario.  En este papel está la dirección de donde vive.  Vaya, disculpese o haga lo que tenga que hacer y arregle lo suyo.  A ver si de una vez nos quedamos tranquilos.  Pero de esto, ni una palabra a mi mujer.  Como termino de decirle, ni las mujeres nos conocen, y nosotros a ellas tampoco.  Vaya cuanto antes no pierda tiempo, no sea que me arrepienta.

Brendan no podía dar crédito a lo que acababa de ocurrir.  Entre sus manos estaba la posibilidad de terminar con este mal entendido y sobretodo de verla, algo que deseaba ardientemente.  El señor Hudson fue hasta la puerta, indicando a su mujer que ya podía pasar.  Brendan se puso en pié y dando las gracias por la atención prestada, salió de la casa sin descubrir lo que había ocurrido entre esos dos hombres.

Ya en la calle desdobló el papel que guardaba en su bolsillo y leyó, con una esperanza en su corazón

 Ada Hudson / Cirencester
  Calle de Black Jack
Boutique

Sin dudarlo un momento preguntó a la primera persona que se encontró por las paradas de taxis.  No había mucha distancia hasta  Gloucestershire, al que pertenecía Cirencester.  Ilusionado y palpitndole fuerte el corazón, contrató el taxi que le llevaría hasta ella.  Leía y releía el papel .  ¿Trabajaba en una tienda de ropa ? ¿ Leía bien ? También cabía la posibilidad de que fuera su propietaria.  Pero no.  No había pasado el tiempo suficiente como para adquirir un negocio; sin duda trabajaba allí

- ¡ Vendiendo ropa ! Una persona tan cualificada como ella, vendiendo ropa.  No me lo puedo creer- se repetía impaciente

Y se vio frente a la tienda que tenía buena apariencia. Trató de ver a través de los cristales , si en su interior divisaba la presencia de Ada, pero solamente un par de señoritas mostraban a sendas clientas las últimas novedades acabadas de recibir.  El corazón le palpitaba fuertemente.  Estaba a un paso de poderla ver .  Pero ¿ dónde estaba ?  Y se decidió a  entrar en el establecimiento.  Solícita y extrañada por la entrada de un hombre en una tienda exclusivamente de señoras, , una de las señoritas se le acercó para atenderle.  Pensaba deprisa para dar  la respuesta a la pregunta  que la muchacha le hiciera

- ¿ Puedo ayudarle en algo ?
- Verá - la dijo mientras buscaba en su cabeza qué decir - Se trata de mi novia; quiero algo especial.
- Tenemos cosas maravillosas. Sólo dígame algunos datos de ella y enseguida encontraremos algo que le guste

Un tanto nervioso, Brendan comenzó a detallar la talla aproximada, la estatura... en fin, todo cuanto requería para acertar con la elección.  Mientras la chica buscaba algo , el no paraba de pasear la mirada por el entorno ¿ dónde estaba?  En vista de que no podía localizarla, se decidió a  preguntar por ella directamente a quién le estaba atendiendo

- Dígame ¿ trabaja aquí Ada Hudson ? - preguntó a la dependienta
- ¿ Ada ? Si es nuestra contable, está en la oficina
- ¿ Podría decirla que saliera un momento ?  En realidad venía en su busca.  Ella conoce bien a mi novia y sabe de sus gustos
- Desde luego; ahora mismo la aviso

¡ Al fin !  En cuestión de segundos la tendría frente a él. ¿ Cómo sería su reacción ?  Conocía el carácter de Ada y debía estar alerta por si se le ocurría salir corriendo.  De nuevo la puerta de  "Privado"  se abrió dando paso a la silueta de Ada, que sorprendida le miraba sin pestañear.  Brendan avanzó hacia ella, que no podía articular palabra.  El aprovechó,  para con su mutismo, quedar lo mejor posible delante de la dependienta que les miraba extrañada de la reacción de su compañera de trabajo

- Querida Ada.  No estaba muy seguro si era la dirección correcta que me dieron para encontrarte.  Tengo que hacer un regalo muy especial, ya sabes para quién - dijo sonriendo y disimulando a la vez, mientras la dependienta les dejaba solos.  Y entonces fue cuando Ada y Brendan, se miraron fijamente en silencio

- ¿ Puede saberse lo que haces aquí?   Te dejé muy claro que no quería saber nada de ti- le replicaba Ada
- Por favor, no te alteres y escúchame.  Tenemos que hablar.  Todo ha sido un mal entendido, que hubiera aclarado inmediatamente si tú no fueras tan tozuda
-¿ Yo tozuda ? He sido tu emisaria en los lios que te traes, y encima soy yo la tozuda.
-No he querido decir eso... Por Dios Ada, ¿ por qué haces las cosas más difíciles de lo que ya son ?He querido aclararlo todo  nada más conocer tu dimisión.  Volví al dia siguiente cuando Morgan me lo dijo, pero ya te habías ido de casa y no había forma de encontrarte.  Creo que este no es el mejor sitio para hablar de nuestras cosas y tengo mucho que contarte.
- Yo sin embargo no tengo nada que decir, y además estoy trabajando,. Así que creo que debemos cortar la conversación.
- Por favor, tienes que escucharme. Se lo que quieres oir y si, es cierto:  yo también te quiero. Me enamoré de ti enseguida que comenzaste a trabajar para mi, sólo que he sido un bruto y no me dí cuenta de ello hasta que te marchaste.  Y ahora te esperaré fuera de esta tienda hasta que termine tu jornada.  Después iremos a algún sitio en el que podamos hablar con tranquilidad.  explicar las cosas como han pasado y olvidar de una vez si es que puedes.  Eso es todo.  Si después de escucharme no deseas tener nada conmigo, lo aceptaré, aunque me destrozarás por dentro, pero  lo aceptaré.  Si por el contrario llegamos a un acuerdo, me harás el hombre más feliz de la tierra

- ¿ Pero te das cuenta de que estás tratando todo esto como si fuera una transacción comercial ?
- No, no lo eres. Ni mucho menos.  En todo caso sería la transacción más importante que hiciera nunca, porque en ella va mi felicidad y el futuro contigo.

Ada no sabía qué decir.  Estaba escuchando lo que tantas veces había deseado escuchar.  El estaba allí, había venido a buscarla y estaba decidido a que escuchara sus disculpas y le otorgara el perdón por su torpeza. Y sabía de antemano que todo ello estaba dispuesta a dar.  Y de pronto todas  las dudas, y sinsabores sufridos, se habían desvanecido como por arte de magia, ante el rostro anhelante del hombre del que estaba profundamente enamorada.  Sólo le quedaba ponerse de rodillas pidiendo perdón. Algo que no insinuaría porque le creía capaz de hacerlo.  Pero también se lo haría desear.  Le pondría cualquier excusa para dilatar su conversación a solas; ignoraba de que forma pero quería seguir escuchando todo lo que tuviera que decirla para que le otorgase el perdón y comenzar una etapa nueva en sus vidas.

- Está bien, te escucharé.  Pero ahora debo seguir trabajando.  Estoy segura que voy a llevarme una regañina por tener asuntos privados en horario laboral.  Desde que apareciste en mi vida, no has hecho más que crearme complicaciones. Vete de una vez
- De eso nada. Aquí te espero. No me fio de tí. Por si sales corriendo, ya sabes
- Como quieras, pero hasta las doce no termina mi turno, así que tú verás
- No hay problema.  Aquí seguiré hasta que salgas

Ada no pudo por menos de sonreír.  En su interior sonaban campanitas alegres y las mariposas revoloteaban en su estómago.


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