viernes, 6 de noviembre de 2020

Alex y Fionna - Capítulo 20 - Viejas amistades

 Había contratado en una agencia de viajes, una semana, que era lo que tenía libre, en un pueblecito no muy lejos de Maryland, pero lo suficiente para tomar distancia.  Era pequeño, de esos lugares perdidos en el mundo con apenas habitantes y, en su mayoría gente mayor que no tenía otra cosa que hacer, mas que sentarse en el porche de su casa y ver pasar el tiempo.  Era lo que necesitaba, paz y sosiego.  Pero no se olvidaba de lo que había dejado atrás con todo el dolor de su corazón.

Sin querer, echaba la culpa a Amy, pero muy probablemente lo que les ocurría era que se habían complicado la vida muy apresuradamente. Apenas se conocían cuando decidieron casarse, y seguro que lo que les había cegado era su conexión sexual que era  excelente, pero que eso no era suficiente para pasar la vida juntos, aunque fuera muy importante.  Pero había algo más que echar un polvo; querían formar una familia, estar juntos, hablar y participar de la vida tomados de la mano.  Pero no contaron con la presencia de Amy que lo perturbaría todo.


Se había hospedado en una casa particular que, en vacaciones alquilaba alguna habitación para los forasteros que buscaban tranquilidad en el campo. No era lujosa, pero sí tenía las comodidades requeridas y era limpia y ordenada. Sus dueños eran un matrimonio pasado  de edad media,  acompañados de una mujer, más joven que ellos, que les ayudaba en el cuidado de la casa y hacía las veces de cocinera,.
Los dueños eran amables y se les notaba que estaban contentos con Fionna: al fin alguien más joven para charlar con ella, y además ¡era médica!  algo que les tranquilizó en extremo, dado que al ser mayores, no estaban a salvo de cualquier percance.  La tenían en palmitas por ese motivo, y porque les cayó muy bien.  Notaron que una joven como ella no fue a parar a aquél lugar por descanso solamente, sino que necesitaba alejarse del mundanal ruido que sólo ella sabía.

Daba largos paseos por el campo sin fijarse muy bien en el paisaje. En su interior rugía una tempestad y pasaban los días sin saber qué decisión tomar. Amaba a su marido, y le constaba que él también la quería, pero... ¿Tendría calma hasta que la niña creciera y tomara consciencia de que no era su enemiga, sino al contrario, buscaba su amistad porque con ello harían felices a Alex? ¿Quién había fallado, ella o las circunstancias?  Lucharía hasta el final por el amor de su marido, pero nunca le pondría en la tesitura de elegir, porque nunca se lo perdonaría y sería una barreara infranqueable entre ellos.

No tenía ganas de regresar a casa y siguió andando hasta llegar al pueblo. Allí entró en la cafetería: tomaría un café, y después regresaría al hotel.  La semana pasaba rápidamente y se daba cuenta de que cinco o seis días no eran suficientes, pero también  que le necesitaba y la angustia que él expresaba  decía lo mismo.

Alex no quería presionarla. La echaba mucho de menos, pero reconocía que debía darla espacio para pensar. Y no quería ni imaginar si a su regreso le dijera que todo había concluido, que la experiencia había sido fabulosa hasta llegar a ese punto. Que regresaría a Nueva York y que trataría de retomar su vida en donde la dejó. 

Cuando estos pensamientos llegaban a su mente, se pasaba las manos por los cabellos desesperado.  No podía concentrarse en nada, y optó por dejar a un lado la investigación de "Fuego", porque daba un paso adelante y otro atrás. 
 No podía centrarse más que en el problema que tenían con lo sucedido. Tampoco  hablaba con Rosalind sobre la ausencia de Fionna. Había dado la excusa de que había viajado para ver a su familia; no quería que se sintiera responsable por la actitud de Amy, porque nadie lo era.  Pero lo cierto es que su matrimonio estaba a punto de saltar por los aires, y nada ni nadie podía hacer nada por remediarlo. Sólo había una manera, pero ni siquiera deseaba pensar en ello. 
Eso significaba que había tomado parte por una de las dos, aunque eso le partiera el corazón en mil pedazos.

Estaba absorta en su problema cuando algo llamó su atención: unos saludos eufóricos de algunos de los clientes con la entrada de alguien en la cafetería. Giró la cabeza para ver de qué se trataba, y al momento reconoció al hombre que acababa de entrar. A su cabeza acudieron imágenes de otro tiempo ya lejano, pero que en su día fueron importantes.  Parecía que el destino seguía jugando con ella y trató de salir de allí, pasando desapercibida y aprovechando la circunstancia de los saludos que daban a la persona recién llegada.  Pero esa persona giró la cabeza y al verla, también quedó sorprendido y se encaminó hacia ella.

— ¡ Fionna ! ¿Qué haces por aquí?  Te hacía en Nueva York

—¡Hola William   Así era hasta hace poco. Estoy de vacaciones

— ¿De vacaciones, aquí?

— Necesitaba descansar y salí huyendo de la ciudad

— Oye, tenemos que hablar. Ésta ha sido una sorpresa inesperada y muy agradable. Te invito a comer y charlamos mientras ¿Cuánto tiempo ha pasado? Bueno, mucho. Te he recordado en muchas ocasiones ¿Terminaste la carrera?

— Si William, la terminé y la ejerzo.


— Deseo saber de ti. Cuéntame

— Poco que contar. El trabajo me absorbe por completo. Trabajé como médico en un parque de bomberos en Nueva York, pero era muy estresante y me mudé a Maryland y ahora ejerzo   en un hospital. Estoy pasando unos días de tranquilidad. Y eso es todo. Fin de la historia.

—  ¡Vaya! ¿Eso es todo?  No te creo, pienso que hay algo más que no quieres contarme.  Sabes que sé leer en tu pensamiento. Siempre te he conocido muy bien.

— Lo sé, pero no fue suficiente ¿Verdad Willy? Nunca es suficiente para los hombres. Os creéis que nos conocéis, pero las mujeres somos un mundo sin fin, y nunca os esforzáis por conocernos.

— ¿Me estás regañando?

— Nada más lejos, pero es cierto: no nos tenéis en cuenta, o quizás es que nunca llegáis a conocernos ni os esforzáis tampoco por hacerlo.  Y ahora lo siento, pero he de regresar a casa. He de hacer algunas llamadas.

— ¿Rechazas mi invitación?

— No, en absoluto. Pero de verdad, he de irme.  Me ha encantado volver a verte.

William altamente sorprendido por ese giro tan radical que había dado su charla, no hizo ningún comentario. Se saludaron nuevamente como despedida, y pensativo la dejó marchar, siguiendo sus pasos con la mirada.

Iba nerviosa y aceleró su caminar para perderse en el paisaje.  Sabía que la miraba ir, y eso la alteraba.  De repente habían aparecido unos fantasmas que tenía ya superados, pero su estado de ánimo, altamente delicado, había hecho que aflorasen viejos sentimientos, rencores y reproches que no había querido expresar. No tenía el ánimo para montar una escena, además no era su estilo. Pensó que debiera adelantar su regreso antes de que los recuerdos la vencieran.

Caminaba deprisa, no era porque se la hiciera tarde, pero sí deseaba alejarse de allí cuanto antes.  Lo que menos esperaba era encontrarse en ese lugar con un viejo amigo, que fue algo más. Ni siquiera le había preguntado qué hacía allí;  no la interesaba saberlo. Eso pertenecía a  una época ya pasada. Ahora otra persona ocupaba su corazón y otras preocupaciones la perturbaban.


RESERVADO DERECHOS DE AUTOR / COPYRIGHT

Autora< rosaf9494quer

Edición <Noviembre 2020

Ilustraciones<  Jamie Dornan < Internet

jueves, 5 de noviembre de 2020

Alex y Fionna - Capítulo 19 - Tu , yo y Amy

 Después de sus cortas vacaciones por su casamiento, se reintegraron a la normalidad del día a día, aunque para ellos seguía existiendo la luna de miel. Cada día era un poco mejor que el anterior y se complementaban perfectamente.  Habían acoplado sus trabajos a su actual vida de casados, de hogar, pero sobre todo el amarse cada día más. Los defectos de uno se suplían con la comprensión del otro y así sucesivamente hasta ponerse de acuerdo.

Hacía dos meses que habían contraído matrimonio, e integrado en sus respectivos puestos laborales. Alex entraba muy temprano a trabajar,  con el fin de dedicar las tardes al caso "Fuego",  como le había puesto de nombre. Fionna en el hospital, se estaba haciendo amigos y seguía en urgencias y en sus turnos correspondientes.  Todo normal.

  

Alex habló con Rosalind para que le permitiera en algún fin de semana que Amy durmiera en su casa, a lo que ella accedió gustosa. Era bueno que poco a poco la barrera que la niña sentía respecto a su padre, se fuera derribando. Ella y Fionna se habían hermanado y la aconsejaba acerca de la vida de casada : era una mujer trabajadora con un empleo muy difícil que tenía que compatibilizar con su vida como ama de casa, por mucho que Alex la ayudara.

Las amigas de Rosalind también fueron amigas de ella y sus maridos de Alex.  En definitiva se habían integrado perfectamente en esa pequeña comunidad. Eso contribuyó grandemente a su estabilidad; las dudas que tuvieran antes de casarse, se habían disipado por completo. Se querían de forma rotunda y extrema.  Nadie diría con los cimientos tan frágiles con los que comenzaron su relación y el resultado tan extraordinario que habían conseguido.  Hasta habían pensado que, después de su primer año de casados, buscarían convertirse en padres. Eso le  vendría bien a Amy.  La idea de un hermano o hermana, fraguaría favorablemente en la mente de la niña y probablemente sería el camino adecuado para llegar  hasta ella definitivamente.

La actitud de la pequeña preocupaba a Fionna. Sabía perfectamente lo que esa niña representaba para su padre, lo que había representado siempre. y lo importante que era que, cada vez que estuviera de visita en su hogar, se mostrara alegre y feliz, que estuviera a gusto, como en su propia casa. Alex nunca decía nada, pero le preocupaba que persistiera en el rechazo hacia Fionna que no sabía lo  qué hacer para agradar a la niña, sin conseguirlo.  

 Sin darse cuenta, y poco a poco, iba perdiendo las esperanzas de llegar a hacerse amiga de ella, y cada vez que Alex la llevaba a casa de su madre de regreso, al volver a casa, Fionna ya estaba en la cama, llorando, a pesar de no ser hora para ello. Él no decía nada, pero se daba cuenta de la frustración que sentía su mujer y le dolía en el alma. No podía permitir que sufriera por los desaires de una niña excesivamente caprichosa y, aunque le rompiera el alma tomaría una decisión. Primero hablaría con Fionna, y después con Rosalind y Alfred, quizás ellos les indicaran lo qué hacer.

De nuevo tendría que dividirse, porque una, era cierto, que había estado ausente de su vida durante mucho tiempo, y era lógico que, ahora, la niña, quisiera recuperar su sitio, que lo tenía, pero que ella no lo comprendía.  Por otro, estaba su mujer, que lo había dejado todo por él; había renunciado a una vida estable para seguirle a donde fuera. Pensaba que se merecía un sacrificio de su parte.

Cuando Amy no estaba en casa, su vida volvía  a serenarse, pero eso no gustaba a ninguno de los dos.  Debería ser normal que la niña se encontrase feliz en la casa de su padre, pero no podía evaporarse cuando eso sucedía, sólo por el capricho de una niña.  Para evitar eso, Fionna había cambiado sus turnos, siendo un  sacrificio de ambos, y creyendo además que eso aliviaría la situación, pero en algún momento debía volver a su casa y verse con ella.  Cuando eso sucedía, dejó de hablar con la niña, como si no estuviera, y a Amy también le agradó ese cambio: así estaría sólo con su padre.

Pero esa no era la fórmula.  Les constaba que tanto Alfred como Rosalind, habían hablado con su hija, pero se quedaron sin palabras y de una pieza cuando, al reclamarle su madre esa actitud, les respondiera como la cosa más natural del mundo:

- No me gusta Fionna

El matrimonio se miró sin saber qué decir, preocupados por lo expresado por su hija. Ese era un escollo muy importante y difícil de solucionar, a pesar de que Fionna hacía todo lo posible por agradar a la chiquilla.

 Un día se la llevó al parque y después a merendar en una cafetería; sabía que la gustaban los batidos de chocolate; ella también tomaría otro, buscando un acercamiento.  Pero la niña apenas lo probó:  Fionna no sabía  qué hacer, porque ni siquiera la miraba, así que optó por regresar a casa. Era el fin de semana que estaría con ellos, pero con ese panorama sería difícil la convivencia.

Alex se extrañó de que llegaran tan pronto, pero la excusa que dio es que estaba cansada y le dolía la cabeza. No le quiso decir, que ni siquiera podía tomarla de la mano. Él se dio cuenta de que no había funcionado y decidió hablar con su hija y hacerla ver que había entristecido a Fionna y que debía pedirla perdón.  Pero la niña no respondió, sino que salió corriendo a su habitación y se puso a jugar. Su corazón estaba dividido entre las dos, y no podía renunciar a ninguna. Con optimismo pensó que cuando se acostumbrara a ella, pasado algo más de tiempo, cedería y al fin se convertirían en amigas. Hablaría con Rosalind del tema a ver si entre todos encontraban la solución a este problema que de improviso se había presentado.

Pero Rosalind tampoco se lo explicaba y la actitud de su hija la confundía y disgustaba.  No era una niña agresiva, más bien confiada, pero lo ocurrido con Fionna no tenía explicación, porque siempre estaba tratando de agradarle y era cariñosa con ella, pero poco a poco, dejó de hablarla
 y evitaba  todo contacto con ella, sólo lo imprescindible.

  Alex tampoco estaba tranquilo cada vez que pernoctaba  en su casa. Decidió que los fines de semana que tocara estar con él, se la llevaría a algún parque de atracciones, sin Fionna, sólo ellos dos, para ver si su relación mejoraba.  Eso no le gustaba, porque se ponía de una sola parte que era la niña, y no era justo porque Fionna se desvivía por ella. Pero la mente infantil es compleja y de difícil comprensión.

 De este modo, el día que podían estar juntos, casi siempre tocaba la estancia de Amy en casa, de manera que la comunicación entre el matrimonio dejó de existir. Poco a poco, la falta de comunicación,  se fue haciendo  más habitual. 

La dolía comprobar que ese problema, hubiera acercado la niña al padre, pero alejado de  ella. Fionna se daba perfecta cuenta de eso, pero no sabía qué podía hacer para dar solución a este grave problema, que lejos de ceder, se incrementaba aún más.

Pensó que quizá alejándose por unos días, al menos ellos, recobrarían  su equilibrio. Alex parecía no darse cuenta de que su mujer sufría; habían dejado de hablar de ello. Era como si no existiera, y coincidió que estando presente Amy, tampoco sus muestras de cariño eran como antes ¿Estarían llegando a ser extraños? Ella lo pensaba cada vez más a menudo y eso hacía que se desesperase más, así que, aprovecharía unos días libres para ir a cualquier lugar, pero fuera de su casa. Una lástima porque podrían disfrutarlos los tres, pero con la chiquilla era imposible, y no haría más que agrandar el problema.

Al regresar Alex,  de dejar a Amy en casa de Rosalind,  le planteó  la decisión que había tomado.  A él no le gustó nada lo que Fionna le pedía, pero comprendía que tenía razón, y surgió la discusión agria y rotunda:

— No me gusta nada que te vayas ahora. Tengo mucho trabajo con el caso "Fuego".  Creo que estoy cerca. Ahora no es bueno; decididamente no puedo acompañarte. Espera unos días...

—¿Más? ¿Hasta cuando he de esperar que al menos, por un rato, me prestes atención. ¿Sabes lo que creo? Que te has centrado en Amy; es natural , ella es tu hija, y  yo no soy nada.

— No digas más tonterías.  Eres mi mujer y te adoro, solo que este problema me ha cogido por sorpresa y no sé cómo abordarlo. No me des a elegir, por favor. Siempre te lo repito, pero es cierto.

— Está bien, lo entiendo. No te preocupes, en otra ocasión será, pero yo necesito tomar aire y distanciarme de todo esto que nos ha caído encima. Tú ya te la has ganado, pero por ese mismo motivo, siente unos celos horribles hacia mí. Soy una extraña para ella que usurpa el cariño de su padre al fin conquistado. Es una niña muy pequeña y no sabe nada de las complejas relaciones entre un hombre y una mujer. Mañana cuando salga de trabajar me iré y pasaré unos días fuera.

— ¿ Me lo estás diciendo en serio?

— ¡Claro que te lo digo en serio! No te das cuenta de ello, pero nos estamos separando.  No te pido que no la traigas, al contrario, ambos lo necesitáis, pero yo también. Quizás a mi regreso, una vez haya descansado, todo vuelva a su ser.

Iba a perder a una de las dos ¡Con lo que le había costado conquistar a Fionna! Ahora por unos celos absurdos de una cría, la estaba perdiendo. 

Se daba cuenta que cuando estaban los tres, ella tenía que salir de la habitación, para evitar las miradas de reproche de la niña.  No estaba acostumbrada a tratar con niños.  Esa era la respuesta que ella misma se daba, pero que la estaba desquiciando. Por eso prefirió desaparecer durante unos días para ver si mejoraba algo.

Y aquella noche, Alex la hizo el amor con desesperación, distinto, más brusco, poco habitual en él, pero sabía cuál era el motivo. Los ojos se la llenaban de lágrimas ¡Qué tristeza perder un amor tan avasallador como el que ellos tenían !! Pero la decisión estaba tomada. Quizá eso fuera lo mejor que podía hacer.

RESERVADO DERECHOS DE AUTOR / COPYRIGHT

Autora< rosaf9494quer

Edición < Octubre 2020

Ilustraciones< Jamie dornan < Dakota  Johnson < Internet


miércoles, 4 de noviembre de 2020

Alex y Fionna - Capítulo 18 - El gran reto

 Se levantó temprano. No había dormido bien, quizá a causa  de la noche más amorosa que habían tenido en mucho tiempo. Al fin estaban juntos, iniciaban una etapa nueva en sus vidas, y aunque aún no eran esposos,  en aquella primera noche de unión, si lo fueron.  Pero a pesar de todo ello, las novedades vividas durante el día,  la mantenía en  duermevela y nerviosa.  Sin embargo Alex, abrazado a ella, dormía como un tronco, y hasta a veces en su rostro aparecía una leve sonrisa ¿ Con qué soñará? se preguntaba.

Miró el reloj, deseando de que ya fuera la hora de levantarse, no por salir huyendo de él, que muy al contrario se quedaría a su lado, como ahora estaban, para toda la vida. Pero debía estrenarse como cocinera y no sabía por dónde empezar.

— No seas tonta— se decía— Unas tortitas las sabe hacer cualquiera.

Pero no eran las tortitas lo que le preocupaba.  Estaba segura que Alex se comería todo lo que le pusiera aunque no estuviera bien cocinado. Nunca se había preocupado de eso; normalmente  se comía un bocadillo, o pedía comida a domicilio.  Pero ahora era diferente. No podía mantenerlo a base de bocadillos ni de pizza.  Era un hombre con un apetito excelente y de buen comer. Ni se le había pasado por la cabeza ese detalle. Ahora no era una mujer independiente, sino que estaba unida al hombre más especial de la tierra y no podía defraudarlo. Quizá fuera algo sin importancia, pero al no haber descansado bien, todo lo magnificaba.

Pensó que nadie mejor que Rosalind para orientarla. La preguntaría por sus comidas  preferidas y cómo hacerlas, y también por las de Amy, para estar lista para cuando viniese a casa. 

 Era muy temprano, pero Alex debía ponerse en  marcha para acudir al trabajo.  En la mesa del salón estaban todos los papeles correspondientes al dichoso  caso que le traía de cabeza, pero que fue el motivo de que se conocieran, por lo que sonrió al pensarlo.

Amorosa se dirigió a la habitación y a base de arrumacos, despertó a su amor, y él se hacía el remolón para que ella siguiese con esas tácticas que le gustaban. Con los ojos aún cerrados por el sueño, sonreía y ronroneaba de satisfacción y ella también disfrutaba al verle. Comenzó a hacerle cosquillas para que se levantara de una vez.  Él reía feliz como si de un niño se tratara, y ella insistía una y otra vez, hasta que Álex de un sólo movimiento la puso debajo de él.

— Me gusta este despertar— la decía riendo— Y ahora, me toca a mí.  Has sido implacable con tus cosquillas, así que prepárate porque voy a vengarme.

— No, no Alex. Se te hará tarde para ir a trabajar

— No importa.  Pondré cualquier pretexto ¿Crees acaso que voy a dejar pasar de largo esta oportunidad? No señorita. Ahora me toca a mí

Con un rápido movimiento se deshizo de la camiseta que Fionna llevaba puesta y paseo sus manos por sus piernas.  Ella dio un grito sin parar de reír, hasta que la boca de él, hizo callar la suya con un largo beso.

— No se te ocurra volverme a despertar de esa manera si no quieres que me echen del trabajo— dijo jocoso Alex— Eres una mujer muy provocadora y eso me encanta.

— Te lo avisé—dijo ella— pero ¿Sabes qué? Me has disipado una duda que tenía.

— ¿Puede saberse cuál?— la respondió él

— Nada importante, sólo que no me he levantado muy despierta, que se diga, y la culpa la tienes tú. Me has tenido entretenida demasiadas horas. Luego el viaje, la presentación a la familia...  Se me han desatado los nervios, pero ya te has encargado de destensarlos, así que levanta, dúchate y vete al trabajo.  Pero antes has de desayunar:  mis primeras tortitas

- ¿ En serio es la primera vez que haces tortitas?

- ¡ Claro ! Para mi sola con un café y unas galletas suficiente. Así que no quiero protestas si soy fatal en la cocina.

- En la cocina lo serás, pero en otras cosas eres de matrícula de honor.

- ¿ Vendrás a comer?

- Si, aunque tarde. De esta manera tendré la tarde libre, pero he de trabajar, así que como si no estuviera en casa.

- Está bien. Llamaré a Rosalind a ver si puede darme lecciones de cocina.

- ¿ En serio vas a hacerlo?

- ¡ Claro ! Ella se brindó y yo no tengo ni idea.

Una vez tomado el desayuno, se volvieron a besar y Alex partió hacia su trabajo.  Ella llamaría a Rosalind para ver si podía contar con ella.

Se mostró encantada en  darla sus primeras lecciones como ama de casa. Hicieron una relación de los gustos culinarios de Alex y su manera de hacerlo. También los de Amy,. que eran bastante más sencillos.  Ambas mujeres quedaron en verse a lo largo de la semana. Ninguna de las dos tenía mucho tiempo libre: una por tener un niño muy pequeño que la ocupaba mucho tiempo, y la otra porque si todo salía bien, comenzaría a trabajar y también estaría ocupada. Pero decidieron encontrar un día en que ambas se vieran.  Era un comienzo increiblemente bueno que Fionna, nunca imaginó. Y pensó que era un buen augurio, además de contar con una buena amiga.

Suspiró aliviada y se puso a anotar todo lo que debía comprar para abastecer el frigorífico.  Alex no tenía demasiadas cosas en él.

- Por lo visto come fuera de casa, y no me extraña, yo misma lo hacía.  Pero de ahora en adelante lo hará en casa y como Dios manda.  Se acabó la comida rápida y de mala manera.

Y contenta se dirigiría  al supermercado en el que Rosalind hacía su compra. Cogió las llaves del coche y tarareando una canción se dispuso a convertirse en ama de casa. Nunca había estado más contenta que ahora con una responsabilidad nueva para ella, pero que la encantaba y pondría sus cinco sentidos en que todo saliera bien.

En ese fin de semana Alfred y Rosalind harían una barbacoa y por lógica, ellos estaban invitados a ella. Y aceptaron de buen grado. Si, en eso consistía la vida familiar, y la aceptaría encantada. No estaba acostumbrada a ello, y todo era una novedad, pero reflexionó pensando que en eso consistía tener una familia.

Tuvo su entrevista en el hospital y también su puesto en urgencias; comenzaría a trabajar de inmediato. Casi no le daría tiempo para hacerse a la idea de su nueva vida, cuando también tendría que acostumbrarse a las prisas de ese departamento del hospital. No sería muy distinto a acudir a un incendio, en que los nervios te estallaban ante lo inesperado. Estaba segura de que se haría con la situación.

Era su primer día de trabajo y por la noche. Alex la acompañó hasta la puerta del hospital, del imponente hospital que miraba algo asustada. Él, sabedor de lo que pensaba en ese momento, apretó ligeramente su mano para animarla. Ambos se miraron, ella algo pálida y nerviosa, en los ojos de él, había confianza y una sonrisa  que la decía:

- Vamos, lo harás bien. No es tu primer trabajo, bien que lo de los incendios es distinto, pero también trabajabas a velocidad de vértigo. No me digas que estás asustada. Cuando salgas, mañana, estaré aquí también; desayunaremos juntos y me contarás tus experiencias de la noche. Yo me iré a trabajar y tú serás la mujercita feliz que me espere a mi llegada. Es lo que deseábamos y lo estamos consiguiendo. Sólo nos falta una cosa: casarnos, y no tardaremos mucho en hacer oficial lo que ya estamos practicando: nuestra vida juntos.

Y comenzaron una nueva vida muy distinta a la que hasta ahora habían llevado, y parecía que todo se había encarrilado.  Despejadas las dudas, y poniendo cada uno de ellos su mejor buena voluntad para salir adelante. Y pasó esa  semana con la rutina consiguiente, pero ellos encontraban siempre algo que fuera diferente en su día a día. 
Y se casaron. A su enlace acudieron los compañeros actuales de Alex y alguno de los antiguos, entre los que se encontraban Gladys y Murray; ellos no podían faltar. Y fue muy emocionante. La ceremonia fue sencilla y Amy, vergonzosa portaba una cestita con los anillos de boda. El ágape se celebró en los jardines de un hotel y todo parecía un cuento de hadas.
El momento más emocionante fue cuando Alex depositó su anillo de casada en el dedo de Fionna. Sus votos fueron tan sentidos, tan amorosos, que la hicieron  emocionarse. Pasarían su primera noche en la nueva casa, y sería la primera vez que hicieran el amor en ella, ya que hasta no estar casados no quisieron realizar su unión.  Saldrían de viaje de novios dos días después  a una playa exótica no muy concurrida por el turismo.  Necesitaban estar solos, deseaban estar solos. Todo su mundo estaba condensado en ellos, el uno para el otro. ¡ Quién lo diría ! Habían tenido una especie de noviazgo de tapadillo y sin esperar el buen resultado que en ese día habían conseguido, pero ahí estaban: Alex con ella en brazos traspasando el umbral de la casa.


RESERVADO DERECHOS DE AUTOR / COPYRIGHT

Autora< rosaf9494quer

Edición < Octubre 2020

Ilustraciones< Jamie dornan < Dakota  Johnson < Internet


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