martes, 3 de noviembre de 2020

Alex y Fionna - Capítulo 17 - El laberinto Amy

 Los días corrían veloces para ellos, pero no era más que la impaciencia que sentían por estar juntos otra vez, y terminar con los trámites pertinentes. Alex encontró una casa con jardín no lejos de la de su ex. Tenía dos plantas. En la de arriba estaban los dormitorios, y en la de abajo, la cocina, el salón y otra habitación que Alex la dedicaría para su despacho. La cocina tenía una salida al jardín trasero, y  a la entrada principal, había otro con parterres de flores. Esperaba a que Fionna llegase para, si a ella la gustaba, comprarla para formar su familia en ella.  Era un urbanización integrada por matrimonios jóvenes, como ellos, con niños pequeños, pero totalmente segura y sin problemas.  Alex quedó encantado, pero la última palabra la tendría Fionna.  Quería todo lo mejor para ella. Sabía que  gran parte de los ahorros de todos esos años de trabajar duro, se irían en la compra de esa vivienda, pero no le importó. Comenzarán su nueva vida con poco remanente monetario, pero sin deudas. Volverían ahorrar poco a poco. Alex era totalmente feliz y estaba nervioso.

 Después de hablar con ella,  cada noche, lo dedicaba a estudiar el caso que le traía de cabeza. A veces le daban ganas de tirar la toalla, pero su amor propio no se lo permitía. Pero parecía que había un dato, que había pasado por alto, poco relevante, pero es sabido que la menor insignificancia a veces no tomas en cuenta  y resulta ser el hilo conductor de la solución del problema.


Llegó el momento en que Fionna tuvo que integrar la plantilla de urgencias  del hospital, y por tanto vivir a partir de ese momento en Maryland.  Al despedirse del parque de bomberos y de sus compañeros, sintió una punzada en su pecho: habían sido bastantes años, y muchas odiseas vividas junto a ellos como para no sentir la marcha.  Ellos habían sido su familia durante todo ese tiempo, pero ahora había elegido otro camino y no sólo el de ser médico de hospital, sino compartir la vida con alguien al que amaba, y que tenía una hija a la que debía  "conquistar", y una nueva familia a la que convencer. Entre Alex y ella todo marchaba a la perfección.

El día de su definitivo traslado a Maryland, la sangre la golpeaba fuerte en el pecho. Se casarían al cabo de un breve espacio de tiempo.  Su vida iba vertiginosa de un tiempo a esta parte y todavía tenía miles de dudas por despejar. No habían convivido lo suficiente como para conocerse en profundidad, no como amantes, que eran perfectos, sino como pareja  con la que tendrían que vivir  para el resto de su vida, porque con esa intención era que se unirían.  Iba por la carretera rumbo a su nuevo hogar y hacía cábalas de todo cuanto tenía que hacer. Al casarse apenas tendrían luna de miel; tan sólo un fin de semana, puesto que acababa de entrar en el hospital, pero con ser importante, eso no era lo que más la preocupaba, sino el "ganarse" a Amy.  Sabía que Alex también estaba nervioso por ello.

Hacía poco que la niña había asimilado la presencia del padre siempre ausente, y ahora venía la segunda parte. No pretendía que la llamara mamá o mami, sino que lo hiciera como ella quisiera.  Deseaba ser su amiga y compartir con ella sus juegos cuando estuviera en casa con ellos. Porque ahora ocurriría lo que tanto deseaba Alex: tener a su hija el mayor tiempo posible, y eso era pasar algún fin de semana juntos. Ir a merendar, sacarla de paseo... etcétera.  Aún era pequeña, pero, precisamente por eso, tendrían un paréntesis hasta que se fuera dando cuenta de que su padre no estaba casado con su madre, sino con otra persona a la que llamaría, seguramente por su nombre.

No tenía ninguna experiencia con los niños, tan sólo si alguna vez atendió a alguno por algo sin importancia. Eso la impacientaba. No podía recurrir a Alex, porque él acababa de sumarse a la vida de Amy. Procuraba no pensar más, para no distraerse en la carretera.  Deseaba llegar y al mismo tiempo lo temía.  Puso la música para de este modo distraerse y no pensar en nada más. Iría viendo sobre el terrero cómo sucedía todo.

— Seguramente me estoy preocupando por nada. Según Alex, Rosalind quiere que seamos amigas, y ella será la que me oriente.  Deseo con todas mis fuerzas que todo salga bien, para estar tranquilos y sobre todo porque Alex sea feliz con nosotras.

Desconocía totalmente la dirección de la casa en la que vivía Alex y por eso quedaron citados a la entrada de la ciudad, en una gasolinera emblemática y de difícil pérdida a una hora determinada. Y allí estaba Alexander, paseando por la acera impaciente porque llegara. El sonido del claxon, le sacó de su abstracción, y girándose se encontró que Fionna aparcaba el coche. Corrió hacia ella y se juntaron en un abrazo y un largo beso.  Pareciera que habían sido siglos los que no se vieran, pero ese encuentro sería muy importante para ellos: era el comienzo de su nueva vida. 

Atropelladamente hablaban a un tiempo los dos, haciéndose preguntas poco importantes e irrelevantes, pero lógicas ante una tensión nerviosa como la que estaban viviendo. Esa situación era nueva para ambos, y todo se les venía encima de repente. Entraron en la cafetería y tomaron un café, más para serenarse que por necesidad

Alex la explicaba lo que harían ese día: comer en familia, quizá la prueba más difícil para Fionna, pero al menos cubrirían ese trámite de una vez.

A la mañana siguiente la entrevista en el hospital, que a pesar de ser importante, ella estaba segura de su valía como profesional y le daba menos miedo que la comida en casa de Rosalind, que en realidad era miedo a conocer a Amy.

—¡Por Dios, se trata de una niña! —se decía ella misma, pero no era suficiente para calmar su incertidumbre

— ¿Y si no les gusto,?¿Y si me rechazan? Va a ser un paso muy difícil. Deseo pasarlo cuanto antes o no viviré tranquila.

Con toda la ilusión del mundo, Alex la condujo hasta el emplazamiento de la que sería su futura casa. Él la miraba nervioso observando las reacciones en la cara de ella. Y Fionna estaba asombrada. Era un pequeño palacio para, acostumbrada a su apartamento no muy grande. Tomados de la mano, entraron en la casa y Fionna abrió los ojos de admiración.  Recorrían impacientes cada habitación; él la explicaba para lo que había destinado cada lugar y ella aceptaba palmoteando nerviosa.  Alex respiró aliviado al comprobar la alegría y entusiasmo que Fionna expresaba yendo de una habitación a otra  con nerviosismo. Sólo faltaban algunos detalles personales que cada uno de ellos pondría, como fotos, cuadros, algún reloj de pared o, alguna figura. Lámparas  y cualquier otra cosa que a Fionna se le ocurriera.  Ya estaban juntos, ahora podrían ir de compras para terminar con los últimos detalles de su casa, de su hogar.

La presentación en familia, sucedió el mismo día de su llegada, en una comida familiar.  Amy se sentó frente a ella, al lado de su madre, con el fin de vigilar que comiera y no se entretuviera mirando descaradamente a Fionna.  

— Seguro que se preguntará ¿Quién es esta mujer que ahora está junto a mi papá?— se repetía mentalmente Fionna.

Procuraba estar tranquila y relajada, mostrándose natural como era ella. Se mentalizó como si fuera una comida junto a sus compañeros del parque, aunque era difícil hacerse a esa idea.

 Alfred y Rosalind, se mostraron extremadamente cariñosos con ella y, Fionna poco a poco, se fue relajando y sacó su vena simpática y ocurrente, ante la satisfacción de todos, especialmente de Alex.  Ambos contaban anécdotas de sus respectivos trabajos, las anécdotas agradables, que eran las menos, pero al final lo consiguieron y la comida terminó entre risas y sin nervios.  Había ganado el primer round. Pero la quedaba el más difícil: Amy, que no había despegado los labios durante la comida.

Estaba nerviosa por muchas cosas: por su cambio de residencia, por el nuevo trabajo, por la integración en la familia de Alex, por su próxima boda y por la niña, a la que veía como un enemigo a  vencer.  Era importante ganarse su amistad, no sólo para su vida y la de Alex, sino por su bienestar como pareja.

 Influiría en sus vidas, aunque no lo quisieran. Además tenían un trabajo que les separaba por muchas horas, y que ambos debían cumplir a la perfección, porque ambos era nuevos en él y debían causar buena impresión, además de ser eficientes en lo que les encomendasen.

Se hospedaría en el apartamento de Alex, con lo que se iniciaba otra nueva etapa  pre matrimonial. Sería un adelanto de lo que sería su vida en común; también eso la ponía de los nervios. Pensaba que una cosa era dormir una noche juntos y después cada uno a su casa.  Ahora  sería mañana, tarde y noche.  No era muy buena ama de casa.  Nunca se había tenido que ocupar de otra persona más que de ella misma. Apenas sabía cocinar ni de la organización de la casa.  Era una prueba por la que pasaría y pedía al cielo que supiera hacerlo bien. Sabía que contaba con la ayuda de él, no obstante, la libertad que había tenido hasta ahora se vería truncada.  Tendría que anteponer a su propia comodidad la de Alex y la de Amy cuando estuviera con ellos ¿ Podría hacerlo? ¿Sería capaz?

 RESERVADOS DERECHOS DE AUTOR / COPYRIGHT
Autora>  rosaf9494quer
Edición< Noviembre 2020
Ilustraciones Jamie Dornan < Dakota Johnson < Cincuenta sombras de Grey



lunes, 2 de noviembre de 2020

Alex y Fionna - Capítulo 16 - Cara a cara

 No la soltaba de la mano en ningún momento. Es como si tuviera miedo de que saliera corriendo. Enseguida llegaron a la habitación que habían reservado para él. Introdujo la tarjeta en la cerradura y de inmediato se abrió. Permanecieron en silencio durante unos instantes, pero que a Alex le parecieron eternos y  Fionna sintió una especie de miedo a no sabía qué .

— Entremos —dijo solemne

Ella obedeció sin emitir palabra alguna. Miraba  su entorno. Era la habitación clásica de un buen hotel, confortable, amplia y musical, ya que al encender las luces, se conectaba una música que, suavemente  les daba la bienvenida.

 No sabía cómo, ni de dónde había sacado las fuerzas que había estado conteniendo durante toda la tarde, pero tenía necesidad de hacerlo. Y lo hizo. Sin poder reaccionar, Fionna se vio empujada hacia la puerta de entrada que daba acceso a la habitación, y aprisionada entre ella y el cuerpo de Alex que la sujetaba  y buscaba su boca con ansiedad. No decía nada, ni siquiera la sorprendió la actitud de él.  Probablemente lo esperaba o más bien, lo había estado deseando desde que le viera esa tarde.  Y no protestó, ni opuso resistencia cuando él la besó estrechando más el abrazo contra su cuerpo.

Al cabo de un rato, él se separó de ella sin dejar de mirarla. Jadeaba y su mirada gris la taladraba. No sabía qué hacer, ni qué decir. Además de sorprenderla esa  actitud, las piernas la temblaban y sus manos también.  No era por miedo en absoluto. Entonces supo que eso lo había estado esperando desde siempre. En verdad la quería.  En esos instantes tan íntimos no cabían disimulos. 

— ¿ Te das cuenta lo que provocas en mi ?— la dijo aún jadeante— Vas a volverme loco, si es que ya no lo estoy ¿Por qué no me has dicho algo?  ¿Acaso no te acordabas de mí, ni siquiera por un instante? ¿Siempre tiene que ser el hombre quién  dé los primeros pasos? ¿Por qué? ¿Acaso tú, no has sentido lo mismo que yo, ahora, en este instante?

No sabía qué decir y las palabras se negaban a obedecerla. Sentía que le ardía la cara.  Los brazos de él aún la retenían.  

Alex, no deseaba que ese contacto se perdiera, se difuminase en el momento, y volvió a acercar su rostro al de ella y volvió a rozar sus labios con los de ella. Volvió a decirla que la quería, que a cada minuto la recordaba y que sabía que nunca sería feliz si ella no estaba 

 Entonces surgió el milagro, la chispa que había ocultado, quizá sin saberlo, durante todo este tiempo. Levantó una de sus manos y abrazó con ellas la nuca de él, y adelantó su boca a la de él, y se fundieron de nuevo en un beso intenso, muy intenso, que les hizo perder la cabeza, la noción del tiempo y del sitio en el que se encontraban. Los besos se sucedían salvajes apremiantes, como si el mundo estuviera a punto de estallar y esa fuera su despedida. Los sentimientos de ambos, sus sensaciones, sus deseos, explotaron a un tiempo entre ellos y comenzaron una carrera frenética, pero Alex no quería avanzar si ella  acaso no lo permitiera. Y posando sus manos sobre los hombros, y agarrando suavemente el vestido, la preguntó:

— ¿Puedo? ¿Das tu consentimiento? No iremos más allá si tu no das el permiso, pero necesito saberlo ya.

  Fionna movió pausadamente su cabeza aceptando el reto.  Al fin,  los sentimientos que sentían ambos se harían presentes , y algo más fuerte que ellos surgió. Por eso  fueron creados por la Naturaleza.

Alex fue hasta la cama, y de un tirón descorrió la suave colcha junto con la sábana, Después volvió hacia ella y suavemente mientras la besaba, abrió la cremallera del vestido, que cayó a sus pies. Se miraban intensamente , él viviendo un sueño durante tanto tiempo deseado, y ella sin comprender muy bien que era lo que pasaba  en su cabeza y en cómo dejar de reprimir sus más íntimos deseos. Porque deseaba a aquel hombre que con tanta ternura la estaba tratando, demostrándola su amor, ese verdadero amor tranquilo, sosegado, con calma, que nada atropella y acompañando los deseos de la otra persona, y no imponiendo los suyos propios.

Alex sólo podía pronunciar su nombre como si fuera una plegaria. La tenía entre sus brazos y el amor que sentía le desbordaba.  Había pensado que sería una tarde de desencuentros, esquivándole para no decirle que no a lo propuesto y, sin embargo allí estaban amándose con verdadera pasión, sin ocultar ninguno de los dos lo que de verdad sentían.  No sería un encuentro más, de esos ocasionales que suelen surgir después de una fiesta en que los vapores de las bebidas desatan las pasiones.  A penas habían bebido, y la verdad de sus caricias hablaban por ellos. Se amaban sin concesiones, y eso cambiaría el rumbo de sus vidas.

Permanecían uno al lado del otro, con las manos enlazadas, sin hablar.  No querían que la magia que acababan de vivir se desvaneciera. 

Al fin Fionna se puso de lado, recostando su cabeza en el pecho de él:

—Tenemos que hablar— dijo

— Por favor, ahora no. Déjame que disfrute el momento que estamos viviendo. Que se quede grabado en mi memoria para siempre. Que cuando esté solo lo recuerde una y otra vez. Me aferraré a esa imagen para seguir adelante sin que me haga tanto daño el haberte perdido.

— ¿Quieres hacer el favor de escucharme? Ésta no ha sido una noche más, tampoco para mí.  Me he dado cuenta de que he vivido todo este tiempo engañándome a mí misma, y no deseo que así sea. Si sigues pensando lo mismo, te seguiré a donde vayas. No quiero volver a separarme de tí nunca más.

Él se incorporó de golpe y tomando su cara  la miró fijamente a los ojos, incrédulo por lo que acababa de escuchar:

— ¿ Quieres decir que te casarás conmigo y viviremos en Maryland? ¿Es eso?

— Sí amor mío, eso exactamente es lo que te he querido decir.

Lo que hacía a penas una hora, había sido una explosión de amor irrefrenable, ahora, con esa declaración, fue otra pero de emoción. Se le empañaron los ojos y los de ella también y abrazados volvieron a besarse y se dijeron cuánto se amaban, y comenzaron a hacer planes de futuro inmediato, porque tenían prisa por volverse a reunir, y esta vez para siempre.

Él tenía que regresar a Maryland y la despedida, aunque fuese por pocos días, sería difícil por su gran amor descubierto, pero debían seguir adelante con los planes que se habían trazado. 

Fionna solicitó trabajo en varios hospitales de Maryland y mientras seguiría en el parque de bomberos. Pero la respuesta se dilataba y cada vez era mayor la impaciencia que sentían. Procuraban estar juntos los fines de semana que tuvieran libres, y ahora la impaciencia era  de ella, y sería Alex quién aplacara sus prisas por estar ya conviviendo en Maryland y conocer a su familia, y sobre todo a Amy.  Eso la ponía nerviosa, porque aunque era un trámite que debían pasar, su aceptación por ellos era importante.

Por fin un día llegó una carta con el membrete del Holy Cross Hospital. Le daba miedo abrirla por si fuera una negativa.  Le llamó por teléfono nerviosa y dudando:

— ¿Aún no la has abierto? Hazlo ¿A qué esperas?

Nerviosa rasgó el sobre y no tenía paciencia para leerla, aunque no era muy extensa.  Buscaba en su texto algo que la diera una pista, y la encontró

..." por tanto, rogamos se persone en la dirección de este hospital a la mayor brevedad posible para una entrevista..."

— Siii. He de ir a entrevistarme con ellos, urgentemente — le dijo apretando la carta contra su pecho

— ¿Te das cuenta? Todo va a salir bien, cariño.  Todo va a salir bien. La suerte está de nuestra parte. A veces pienso que el destino se alió con nosotros, porque debíamos estar juntos

 —¿También eres supersticioso?— le dijo riendo

—No lo soy, pero haz memoria desde el comienzo: todo se conjuraba para que  de una manera o de otra nos conociéramos y al final...

El final, al menos de ese día, fue que de nuevo reían haciendo planes  como dos chiquillos.  Tenían  prisas por las cosas que hacer para enfrentar su nueva vida.  De momento Alex buscaría una casa mayor para vivir. Organizar la presentación a su familia y especialmente el primer encuentro con su hija.  Y ella prepararse para la entrevista que haría en unos pocos días.  Todas las noches hablaban por teléfono si es que coincidían. Alex estaba feliz con su trabajo que era bastante más tranquilo que el de Nueva York, pero también se ocupaba, fuera de horario laboral, en volver a reconstruir el caso que les unió.

Mientras organizaba nuevamente su informe, sonrió y pensó feliz:

—¿ Aún piensas que el destino no ha jugado a nuestro favor ?

  Se rascó la nuca como afirmándose en sus pensamientos. Tenía que acelerar la solución del caso, para así comenzar su vida con Fionna tranquilamente.


RESERVADOS DERECHOS DE AUTOR / COPYRIGHT
Autora>  rosaf9494quer
Edición< Noviembre 2020
Ilustraciones Jamie Dornan < Dakota Johnson < Cincuenta sombras de Grey


domingo, 1 de noviembre de 2020

Alex y Fionna - Capítulo 15 - Enlace

 Fionna, nerviosa, ayudaba a Gladys a dar los últimos toques en su vestido de novia. Sentía, en su interior una punzada extraña. No sólo se casaba su mejor amiga, sino que probablemente se volvería a encontrar con él y, eso la mantenía intranquila. Aún sopesaba la proposición que le hizo, y que seguramente ya no tendría. ¿Había hecho bien rechazándole?

La ceremonia tendría lugar civilmente en los jardines de un gran hotel que habían contratado y allí mismo celebrarían el ágape. Todo estaba previsto; la pareja, como se suele decir, habían echado la casa por la ventana. No tenían muchos invitados. Sólo la familia de ambos contrayentes, y amigos más íntimos de la pareja. El banquete sería a partir de las siete de la tarde, y previendo que terminaría tarde, habían contratado también algunas habitaciones para que pudieran pernoctar los invitados que llegaran de fuera de Nueva York.  Todo estaba organizado al milímetro.  La compañía encargada de organizar eventos, se había esmerado muchísimo en complacerlos, dado que la maestra de ceremonia, había sido ayudada por Gladys en una ocasión muy comprometida para ella que podría haber salido mal parada, y con la ayuda de la policía, todo se resolvió satisfactoriamente.

 Alex tenía una habitación. Fionna  la rechazó ya que vivía en la ciudad y además, presintiendo la presencia de él, se retiraría temprano a su casa,. No tendría peligro, ya que no bebía en exceso y por tanto podría conducir su propio coche, y en todo caso, algún compañero del parque se ofrecería a acompañarla.

- No, Gladys, para mi no reserves.  Es absurdo: yo vivó aquí.

Ya estaba todo listo. La novia arreglada y las damas de honor nerviosas:  Fionna sería su dama principal, y ambas se abrazaron emocionadas.

- Ya es la hora, Gladys. Todo lo mejor del mundo os deseo. Te llevas un gran marido y tu eres... eres... especial. Mi mejor amiga.Seréis felices. 

 Volvieron a abrazarse y se dispusieron a salir rumbo a los jardines. Resonaban los acordes de una música clásica suavemente entonada por un cuarteto de cuerda situados a un lado del templete en donde los novios se jurarían amor eterno.  

El novio ya estaba en su lugar esperando a su futura esposa, y a su lado, una figura alta, impecablemente vestida con un esmoquin color gris perla oscuro:  Alexander Sandeep, que nervioso no dejaba de mirar en la dirección por donde aparecería la novia.  No sabía, aunque lo imaginaba, que su dama de honor sería Fionna, ya que era lógico, después de convivir juntas durante tanto tiempo. Lo que no imaginaba era la impresión que iba a causarle:  Estaba imponente, con un vestido gris claro de gasa totalmente cerrado, pero que a la vez transparentaba su escote y espalda. El cabello recogido, con un sencillo adorno de muguet blanco, que hacía juego con el que portaba el ramo de novia.

Nada más entrar en el paseo que les conduciría al templete, Fionna, lo primero que vió, fue el rostro de Alex, que no dejaba de mirarla.  Se puso nerviosa, y un rubor subió hasta sus mejillas.  Los ojos impenetrables de él era como si quisieran leer dentro de ella.

Estaban cada uno de ellos a los lados de la pareja que estaba uniendo sus vidas. Alex no dejaba de mirarla; Fionna a penas escuchaba la plática del juez que les casaba.  Y al fin los votos y el intercambio de anillos; todo se había realizado paso a paso a la perfección.  Era un ritual ensayado y repetido en cada ceremonia, pero al mismo tiempo era una incógnita de esa nueva etapa de la vida que se abría ante los contrayentes.

Fionna deseaba que todo terminara rápidamente y poder desaparecer entre los setos del jardín. No quería hablar con él; era una situación muy violenta. Nunca le había dado una respuesta y seguramente sería el objeto y el motivo de los reproches que  la  diría.  Pero algo llamó su atención:  en lugar de buscarla y dirigirse a ella directamente, había formado un corrillo
 con algunas personas, entre ellas había una chica que le trataba bastante familiarmente.  Pensó que eran compañeros de la jefatura, pero lo que no dejaba de llamar su atención era la familiaridad de una de ellas.

No quiso seguir presenciando nada, en el fondo se sentía dolida. Si en verdad la amara en serio, no estaría ahora retozando con otra mujer sin haberla dado algún aviso sobre su elección. Si es que había encontrado la felicidad a su lado, se alegraba por él. Ella había tenido esa oportunidad y la había desperdiciado, así que no debía quejarse.  Desde la lejanía del tiempo, estaba segura de que podría haber encontrado una solución y ahora sería ella quién estuviera en ese círculo colgado de su brazo, y no esa estúpida mujer que le sonreía y a la que él correspondía de vez en cuando.

El camarero se acercaba portando  una bandeja con copas de champán, cogió una y dando media vuelta, tomó la dirección contraria a la que el grupo de Alex tenía.  Se alejaría de allí, tenía  ganas de salir corriendo, pero debía esperar a que los novios regresaran de hacerse las consabidas fotografías y al menos simular que degustaba el menú preparado.  Sentía malestar y agradeció  que uno de sus compañeros del parque de bomberos, se acercara a ella y charlar durante unos instantes.
  En el centro del jardín había una mesa dispuesta con una gran tarta de boda esperando a los novios para cortarla. Estaría atenta a la hora en que más o menos llegarían, ya que todo estaba medido al minuto, mientras tanto permanecería semi oculta para no toparse con Alex.

Comenzó a sonar la marcha que precedía a los novios que avanzaban tomados de la mano por el pasillo de flores que les conducía directamente hasta la tarta.  La música acompañaba a los aplausos de los invitados, y entonces fue cuando Fionna salió de su escondite y se posicionó en la última fila camuflada entre ellos.  Desde su sitio podía ver perfectamente cómo Alex la buscaba.  Las risas y los aplausos estallaron al cortar el pastel, que posteriormente un camarero distribuiría entre los invitados. Aprovechó un breve momento de distracción y se acercó hasta Gladys y su ya esposo Murray, les abrazó y se despidió de ellos.

-¿ Te vas? - le preguntó la amiga

-Gladys he de irme. Estoy nerviosa y será mejor que regrese a casa. No quiero tener una escena delante de todos, y estoy segura que podríamos tenerla. Creo que tiene novia y por lo pegajosa que se ha mostrado durante la ceremonia, pienso que no le gustará nada que estemos frente a frente.  Así que me voy.

Se abrazaron de nuevo y ella, lo mismo que entró, salió. Pero los ojos grises, profundos y ansiosos por mirarla, no la perdieron de vista y salió tras ella.. dándola alcance a la altura del ascensor.

- ¿ Estás huyendo de mí?

A su espalda escuchó la voz algo ronca de Alex. Ella alzó la cabeza girándose y posicionándose frente a él

- ¿ Por qué había de huir de tí, o de alguien? No tengo cuentas pendientes, así que no. No huyo

- Creo que tenemos una conversación pendiente, y ahora es un excelente momento para hablar. Ven conmigo.

La tomó de la mano y se dirigió con ella hacia el ascensor.  Pulsó el botón de un determinado piso, que ella ni siquiera miró.  No tenía miedo de él, pero sí temor por sus reproches. Seguro que tendrían una charla tensa y con toda la cantidad de reproches que le viniera a la cabeza.


- No tengas miedo, no voy a agredirte. Sólo tengo curiosidad por algo y como no tendremos ocasión para volver a vernos, deseo que me lo aclares ahora, aquí. Subimos a mi habitación, y en ella podremos hablar sin temor a interrupciones.  No tengas miedo, conmigo estás a salvo. No voy a hacerte ningún daño.  Sólo quiero saber por qué no he tenido ni una sola comunicación tuya.  Te propuse algo y quedaste en llamarme. Creo que ha pasado suficiente tiempo para haberlo hecho. Me pediste que no te llamara, que no te viera para no presionarte, bien lo he hecho. Por tanto necesito tener algo que me diga que no estaba equivocado cuando te propuse que te unieras a mi.

Apretaba su mano fuertemente, y al mismo tiempo notaba que los dedos de ella se aferraban a los suyos. Por la experiencia con las mujeres, conocía esos síntomas:  no le era indiferente; aún tenía una ligera esperanza. 
Durante el corto trayecto no habían tenido más palabras, pero el corazón de Alex se alteraba por momentos, y en sus sienes, la sangre se agolpaba  latiendo con fuerza. La proximidad de ella le impacientaba y le alteraba. A pesar del tiempo transcurrido y la distancia entre ellos, no había aplacado su interés por Fionna. 

 Y de repente el ascensor se abrió.

RESERVADOS DERECHOS DE AUTOR / COPYRIGHT

Autora< rosaf9494quer

Edición < Octubre 2020

Ilustraciones< Internet < Jamie Dornan < Dakota Johnson


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