jueves, 17 de octubre de 2019

Pobre niña rica - Capítulo 12 -Volviendo al presente

Y el único día que tenía libre lo pasé malhumorada. Aún recordaba el incidente con William. Una noche que prometía y se quedó sólo en eso:  promesas.  Mi autoestima que estaba alta, bajó de golpe a nivel del suelo.  A mi lado tenía toda la documentación que Menzies me había facilitado a la que tendría que referirme en la junta, y no me gustaba nada lo que allí había. pero lo peor de todo  comenzó en la mañana del lunes:  Ese era el día marcado para mi debut.  Los nervios se me agarrotaron en el estómago y hasta tenía náuseas.

" No voy a poder, no voy a poder ".  Me repetía una y mil veces y miraba constantemente el reloj.  Deseaba que se detuviese, que no avanzase más, pero por desgracia iba a su ritmo, y a las ocho en punto Menzies, tocó el timbre de la puerta; el coche nos esperaba abajo para llevarnos a la empresa.   Tuve que agarrarme al brazo de mi tutor, porque las piernas no me sostenían. Al verme dió su aprobación al vestuario que había elegido para la presentación:  un traje de chaqueta color gris claro,  con una blusa  color rosa palo.   Me había esmerado en el arreglo. Quizá esperarían a alguien con  algo más clásico, pero yo no era la directora de empresa al uso; además tenía poco más de veinte años. Impondría mi propio criterio, mis gustos personales.  Nada tenía que ver la elección de la ropa con que fuera inteligente y hábil para dirigir lo que me habían encomendado.

Fue una mañana que querría borrar de mi vida para siempre.  Todos muy correctos se pusieron de pie en cuanto entré en el salón de Juntas.  Todo era nuevo para mí, incluso esa habitación, como lo fue cuando me vi ante la entrada al  edificio.  Nunca había pasado, siquiera por allí. ¿ Cómo no se le ocurrió a Menzies llevarme algún día para familiarizarme con ello ?  Era imponente, no creí que fuera ni así, ni tan grande. Quizá por eso es que nunca me lo mostró.

Como prometió, mi tutor dió un pequeño discurso a modo de presentación y a continuación me dió la palabra.  Se me atascaban en la garganta, no recordaba ninguna  ni tampoco sabía cómo empezar. Nunca se me ocurrió que tendría que soltar una perorata ante estos señores que me miraban con conmiseración, pensando "esta chica ¿qué hace aquí?"  Hasta vi en algunos de ellos que sonreían ligeramente. Y como hago siempre que tengo miedo y estoy insegura, tomé aire levanté los hombros y la cabeza y comencé a hablar para aquellos venerables señores que estaban juzgando cada centímetro de mi.

Lo primero que les solté fue un jarro de agua fría.  Lo que menos se esperaban era que les dijera que las cosas iban mal, muy mal...

"  Estamos estancados desde hace tres años, y el siguiente paso será que los accionistas comiencen a ver otras opciones que no sea la nuestra.  Hemos de dar un vuelco radical en nuestra empresa, en nuestra dirección.  De ninguna de las maneras podemos seguir así..."

Hice un paréntesis y  respiré examinando a cada uno de ellos, que sorprendidos,  no esperaban un discurso en esos términos.  Ni yo misma me reconocía.  Miré de reojo a mi tutor y le ví sonreir, tapándose la boca con la mano para que no se notara.  Le veía satisfecho;  había hecho mis deberes y estaba orgulloso de mí.  Lo pronunciaba  tal y como había visto la situación en los gráficos, no me estaba inventando nada.  Cada uno de ellos abrió la carpeta con los datos que les había facilitado, y comprobaron que efectivamente, era cierto lo por mi anunciado.

Pero aún faltaba el postre y lo más duro, probablemente, que me acarrearía las enemistades de todos ellos, pero no sería posible  relanzar la empresa sin esas drásticas medidas.

" Señores, como habrán visto, no he exagerado la situación. Para mejorar he decidido  un plan de choque que estoy segura  no aceptarán, pero es una prerrogativa que tengo y que asumo con todas las consecuencias.  Desde este momento, queda disuelta definitivamente esta junta directiva... "

Los murmullos, las iras, en definitiva, se desataron los Idus de Marzo.  Seguro que se preguntarían que quién era yo para dejarles en la calle  después de tantos años, pero precisamente , ese era el problema;  llevaban muchos años viviendo a la sopa boba y sin esforzarse en lo más mínimo por salvar el barco que estaba a punto de hundirse.

 Se pusieron de pié acusando indignación.  Yo estaba, porqué no decirlo, asustada.  Nunca me había visto en algo igual.  Algunos levantaban su puño amenazante.  Todos hablaban a un tiempo y yo estaba a punto del desmayo. Menzies apretaba mi mano con cariño dando su aprobación a lo expuesto, y decidido a intervenir si aquello llegase a mayores.  De repente, dió un puñetazo en la mesa, y todos callaron sorprendidos

- Continúe - dijo con toda la calma del mundo e indicándome con la mano que siguiese exponiendo lo que tenía en mente.  Envalentonada por su apoyo, aunque me temblaban las piernas, con voz firme, inicié nuevamente la exposición de lo que iba a suceder en cuanto termináramos esa junta. Y sería, nada más y nada menos, que ninguno de ellos volvería a ese puesto en lo sucesivo.  Estaba segura que al menos, alguno retiraría sus acciones y que lo acontecido en esta junta, correría como reguero de pólvora en los foros  financieros. Eran contingencias que probablemente sucederían y por eso ya habíamos contado con ello.  Nos esperaban tiempos difíciles, que aguantaríamos como mejor pudiéramos.  Pero también tenía confianza que con la misma rapidez que corren las malas noticias, también se extenderían las buenas cuando comenzásemos con las reformas, que serían al día siguiente.

Menzies prometió estar a mi lado siempre, pero no sería visible nunca. El como los demás no tendría cargo directivo, pero sería mi consejero en la sombra.  Cuando todos se fueron, y lo hicieron rápido, él y yo comenzamos a examinar los curriculums de quienes serían mis consejeros y ayudantes.  Confíaba en Henry, y le propuse  fuese  mi asesor financiero. Y así uno a uno formamos el nuevo consejo de administración.  Era urgente debíamos inspirar confianza a la bolsa y para ello trabajamos durante todo el día y parte de la noche.  Las secretarias se encargaban de avisar a los nuevos consejeros y citarles para el día siguiente.  Tendríamos una primera entrevista y si todo era normal y aceptable por parte de ambas partes, comenzarían a trabajar rápidamente.  En las entrevistas estaría mi tutor, pero hecho ésto,
desaparecería de escena hasta que de nuevo yo requiriese su consejo.

- ¿ Te dejo en casa?  Tendrás que comprarte un coche - me dijo sonriente - ¿ Sabes ? Has  sobrepasado todas las expectativas que tenía contigo.  Has nacido para este puesto.
- Gracias señor Menzies, pero estaba muerta de miedo. Si no le importa deseo pasear un poco antes de llegar a casa.  Necesito relajarme.
- ¡ Claro, lo entiendo ! Haz lo que quieras que te haga sentirte bien, y no me llames señor, sino Thomas, sin más.

Me besó en la frente y se entretuvo durante unos instantes mirándome complacido.  Se metió en su coche, y partió hacia su casa.  Estábamos agotados, pero necesitaba tomar un poco de aire de la noche y relajarme.  había sido un día excesivamente duro.  Despacio, lentamente , pero tranquila, sin rumbo fijo, encaminé mis pasos en una dirección. Lo hice inconscientemente, y sólo cuando me ví frente a su casa me dí cuenta de ello.

¿ Por qué había llegado hasta allí?  No habíamos terminado muy bien el día de nuestra cita e ignoraba si estaría en casa, o quizá lo hiciera acompañado de alguien. ¿ Qué hago ?  Pero lo mismo que inconscientemente había llegado hasta allí, también instintivamente  adelanté mi mano y llamé a su timbre.  Abrió la puerta una señora de mediana edad. Amablemente me preguntó lo que deseaba y al preguntar por William, se hizo a un lado y me dejó pasar hasta una sala, yendo posteriormente en busca de él. Ni siquiera yo tenía muy clara la actitud que me había llevado hasta allí.  Pensé que junto a Menzies, era la persona de la cuál podía fiarme.   Se presentó de inmediato  con actitud inquieta

-¿ Te ocurre algo ? ¿ A qué has venido ?
- Lo siento. He tenido un día durísimo y salí a dar un paseo y cuando me dí cuenta estaba a tu puerta.  Te ruego me disculpes; no pensé que podrías estar ocupado.  No te preocupes, ya me voy
- No vas a ir a ninguna parte. ¿ Has visto la cara que tienes? Se te ve cansada, muy cansada. Vas a quedarte y comeremos algo ¿ has cenado?
- Ni siquiera hemos comido
-¿ Hemos ?
- Si.  Hoy ha sido "el gran día" y lo cierto es que quisiera borrarlo de mi cabeza.  Ha sido espantoso; creí que me devorarían.
- Bueno, estás a salvo. Comamos algo y tomemos una copa de vino.  Después te sentirás mejor. Habrás de disculparme un momento, he de hacer una llamada.

Atrajo mi cabeza hacia sí y depositó un beso en mi frente.  Y de nuevo esa electricidad a su contacto recorrió mi cuerpo.  Aquel era el lugar en el que quería estar.  Me sentía protegida, a salvo de todos, menos de él.  Su rostro estaba extraño como si deseara hacer algo que no hacía, y al fin me estrechó entre sus brazos y yo comencé a relajarme.  Era mi refugio seguro.  Y me di cuenta de que se estaba arreglando para salir y yo le había interrumpido ¿ Dónde iría a estas horas? Son más de las once.Le escuché hablar algo acalorado con quién fuera al teléfono.  Seguramente cancelando su  cita por culpa de mi presencia.  Me levanté del sillón en donde estaba sentada, y cogiendo mi bolso, me disponía a abandonar la casa cuando él volvió a entrar en escena

- Vamos,  la cena la están sirviendo.  Será algo ligero.  No esperaba recibir visitas
- Lo siento, ya me voy. Debí llamarte antes, pero ni siquiera se me ocurrió.  Espero que aún tengas tiempo de acudir a tu cita
- No tengo ninguna cita, ya no.  Así que relájate y cuéntame mientras cenamos lo que te ha traído hasta aquí.

Pobre niña rica - Capítulo 11 - Volver atrás

La discusión con Nora fue áspera y de algún modo,  triste.  Llevaban años con esa amistad especial que surgió una noche cuando William era muy joven, sin duda influenciado por algún amigo y por su situación familiar.
 Tenía un cariño grande por su hermano, Henry, que era el orgullo de la familia, y siempre puesto como ejemplo ante él.  Más centrado, estudioso, y formal, muy distinto a William juerguista, despreocupado y demasiado pèndiente de las mujeres.  Su padre le impuso un trabajo al dejar colgados los estudios a punto de terminar la carrera de arquitecto.  Henry comenzó a trabajar en una financiera, mientras que él no cumplía con la labor encomendada.  Por tanto, el padre a modo de castigo, le retiró la asignación mensual , algo que le dejó sin un penique.  Por ese motivo los disgustos y las peleas con el padre se sucedían casi a diario, hasta que llegó un día en que le dijo que se marchara de casa y se buscase la vida como quisiera y donde quisiera.  De nada sirvieron las súplicas de la madre y del hermano. La decisión del padre era firme y no había vuelta atrás. Sabía que era la única forma de que cambiara su forma de vivir, demasiado alegre y despreocupada.
Recogió sus cosas y en tono airado y dando un portazo salió del domicilio familiar, yendo a parar a la casa de su amigo Fred que le había hablado de un trabajo fácil y muy lucrativo.

- Yo lo hago cuando ando justo de libras, y créeme merece la pena por pasar un rato con alguien.

William no entendía nada, pero una vez sabido en que consistía, le pareció fácil de hacer y esa misma noche, se puso en contacto con la agencia de "colocación ". Tuvo que personarse en ella y le hicieron varias fotografías resultando perfectas, ya que era un hombre alto, corpulento y guapo. Con buena presencia y saber estar en cualquier situación. Provenía de una buena familia, y creyó oportuno ocultar su apellido para no perjudicarles, ya  que ignoraban el destino que estaba tomando.  A partir de ese momento en su ficha figuraría como William MacNamara.

 A los tres días recibió su primera petición:  debía acudir a un hotel y recoger a una dama que acompañaría a una cena de negocios. Figuraria como su prometido, aunque no debía intervenir en ninguna de las conversaciones de negocios que  tuvieran, pero sí en las más coloquiales.  Por eso habían pedido a la agencia un chico con educación esmerada.  Se desenvolvía en círculos  muy poderosos y no querían quedar mal.
Posiblemente todos sabrían que no era su prometido, sino su acompañante, pero a él le daba igual  el adjetivo que le adjudicasen.  Sonrió y dijo

- A partir de hoy me he convertido en gigoló.  Espero que sólo sea requerida mi presencia en la cena, aunque si he de hacer horas extras con la señora, tampoco estaría  mal, pero con precio aparte.

Se había convertido en un ser egoísta y artificial. Trabajaría en "eso" porque le gustaba vivir bien, gastar con holgura y sentir los halagos de las féminas que siempre eran recompensadas  con una noche de pasión . Se hizo habitual en  compañía de una rica mujer de negocios  mayor que él, pero sabiendo satisfacer los caprichos de ella, altamente recompensados. Y así surgió la exclusividad con Nora Foreman, acaudalada, caprichosa, y aburrida de la vida,  rendidamente enamorada de él.  Eran ya cinco años los que duraba su "relación comercial ", aún a sabiendas que en cualquier momento surgiría alguien más acorde a su edad y la dejaría plantada.

Lo habían hablado en infinidad de veces, pero él siempre lo rechazaba.  Se había acostumbrado a esa forma de vivir y a la generosidad de ella. Se veía de vez en cuando con Henry que le reprochaba el camino que había tomado, y por ese motivo, fue espaciando las entrevistas con su hermano.  No quería ni necesitaba reproches de nadie. Vivía de la forma que él quería.
Nora era fija con él, sin importar si hubiera cualquier otro de por medio. Sabía los días en que debía estar libre para ella, pero esos días fueron aumentando, hasta que prácticamente se veían casi a diario. Pero William,  siempre  se reservaba   algún día de vez en cuando para él..  Quería pasar el día o la noche, con la persona que él eligiera ajena totalmente al círculo de Nora.  Y pasó el tiempo y William se acostumbró a vivir así y a frecuentar con ella los círculos más exclusivos de sus amistades, y fue en uno de esos días cuando acudieron juntos a la ópera y allí vió a alguien por primera vez que llamó su atención

Ignoro si fue el destino juguetón, pero en él se empezaba a gestar la monotonía de esa vida.  Tenía una buena cuenta en el banco ganada con sus sacrificios, porque no siempre le apetecía salir con Nora y  tampoco hacerla el amor una vez regresaran a su casa.  Necesitaba su espacio y no el atosigamiento que ella quería.  Le costó una discusión y un par de semanas de no verla, pero al cabo del tiempo, ella le llamó cediendo de su terreno, pero ya no era lo mismo y planteó que de ahora en adelante el necesitaba algo de libertad.
Nora estaba loca por él,  a pesar de que sabía que algún día ocurriría marcharse de su lado,   le concedió esa libertad.
Se compró un apartamento y no volvió a vivir con ella,   pero seguía siendo su acompañante fijo.

Sentados en el palco, una vez más, paseaba la vista por la sala.  Precisamente ese día estaba aquejado de un fuerte dolor de cabeza y aunque le gustaba la ópera que iban a presenciar, no estaba muy cómodo.  De buena  gana se hubiera quedado en casa, pero la "jefa" mandaba.  En la platea había una pareja, que llamó su atención especialmente por la diferencia de edad entre ambos.

- Serán padre e hija - pensó . Por curiosidad, preguntó a Nora si les conocía y ésta le dió la información de a quién se estaba refiriendo.
 No podía apartar la vista de ella.  Era como un imán y a veces debía disimular para que Nora no se diera cuenta de las miradas insistentes que dirigía en una sola dirección que estaban alejadas del escenario.  En el intermedio decidió salir a fumar un cigarrillo.  Entre el dolor de cabeza y la presencia de aquella muchacha, no se estaba dando cuenta de la representación y estaba deseando  que terminara.  Y la vió como perdida, mirando a un lado y a otro del vestíbulo como buscando a alguien, aunque en realidad no lo hacía, sino simplemente se recreaba en ese ambiente.  Vió desde lejos cómo se le acercaba un camarero con  una bandeja de copas de champán y que ella le pedía algo.  Se acercó  y ambos cruzaron las miradas por primera vez.
Quería saber más sobre ella. Cómo se llamaba, quién era, dónde vivía.. Todo,,  quería saber todo.Al cruzarse sus miradas por primera vez se creó algo inexistente pero que les atraparía. Fue como un relámpago, una fracción de segundo, pero lo suficiente para interesarse por ella. Nunca le había ocurrido con anterioridad; si surgía una ocasión semejante a la vivida, siempre había reaccionado de inmediato y ni mucho menos sintió ese impulso de dejarla de inmediato.  Mientras comentaba con Nora la representación, a la que a penas él había prestado atención, no dejaba de bailar en su imaginación los ojos de aquella chica.  Era muy joven y miraba igual que un perrillo asustado, sin conocer a nadie.  En sus ojos había algo de ansiedad, pero también deslumbramiento por lo que estaba viendo. Nora le había dicho que era la huérfana de los Randall, conocidos en el círculo en que ellos se movían, no sólo por el suceso de los padres, sino porque su hija y única heredera era una de las personas más ricas de Inglaterra.

- Seguro que al presentarla en sociedad, será presa fácil de algún desaprensivo que la conquistará.  Una inocente paloma. - dijo Nora riendo, pero que a William no le hizo ninguna gracia.

Conocía por rumores lo ocurrido con ella, y en los mentideros se hablaba de que la habían recluido por tener alguna tara que no querían que se supiera, pero nada más lejos de la realidad.  Allí estaba ella, frágil, tímida y hermosa.  Trataría de averiguar algo más sobre ella. No estaba de más conocer su historia, quién sabe si alguna vez vuelven a coincidir y pudieran llegar a ser amigos, o de necesitar algún acompañante.  No descartaría ninguna posibilidad.  Pero aquella noche, cuando se acostó ya tarde la imagen algo asustada de Elizabeth Clarisse Randall, bailaba ante sus ojos

miércoles, 16 de octubre de 2019

Pobre niña rica - Capítulo 10 - Confidencias en la noche

Me llevaba casi arrastrando hacia el coche.  Le notaba como enfadado y no sabía por qué. A penas comenzaba la noche y nosotros a pasarlo bien  Algo debí decir o hacer que le molestó y quería saber por qué esa reacción tan extraña.   ¿ Me comporté fuera de lugar ? ¿ Dije algo que le ofendió ?  Estaba desconcertada ¿ Es así como se comportan todos los hombres, o es que éste es un excéntrico que hay que hablarle sopesando las palabras?   Me estaba divirtiendo y experimentando algo nuevo que me agradaba.  No pensaba renunciar a ello.  Me paré en seco antes de llegar al coche, y dije rotundamente

- No .  No quiero irme aún. Márchate tú si tienes prisa. Es temprano y además  ¿qué demonios he hecho para enfadarte tanto ?
- Aún no lo has hecho, por eso quiero evitarlo.
- No te entiendo.  Eres complicado para una chica tan simple como yo. Dímelo claramente, sin tantos rodeos. Resulto aburrida en extremo ¿  es eso ? Pues dímelo sin ambages. He de aprender a comportarme. Has sido mi primera cita, y francamente no te entiendo.  Pero también sé que no soy alguien divertido, y seguro que echas de menos a tus amigos más ocurrentes.  Yo todo lo que puedo contar es sobre mi, y no es divertido precisamente.  En fin, tienes razón.  Llévame a casa.

Aún recuerdo la mirada que me echó que no sabría descifrar ¿ era enfado? ¿ perplejidad? ¿ asombro ? No lo sé, sólo que después de arrancar el coche, dió un volantazo y cambió de ese modo la dirección del coche.  Íbamos deprisa, más de lo debido. No entendía nada, pero tampoco quise insistir más en que me explicara lo que hice mal.  Guardé silencio.  Miraba por la ventanilla mascullando para mis adentros lo complicada que es la vida aquí fuera.  Y es que hasta hacía poco había estado resguardada de todo y por todo.  Mis comienzos en esta nueva vida, no estaban siendo tan simples como creí.  Quizá fuese yo quién lo complicaba . De repente dio un frenazo y aparcó el coche. Volviéndose hacia mi, hizo que volviera el rostro hacia él.

- Escúchame.  No has hecho nada malo, pero yo no quiero hacerlo, y estoy seguro que lo haría si siguiéramos por este camino. Me has besado, te he besado y no sé tú, pero mi cuerpo ha respondido de inmediato, y no puede ser, contigo no.
- No  entiendo lo que dices ¿ qué te ha pasado?
-No insistas. No me puedo creer que seas tan ignorante hasta ese punto.  Que no sepas lo que ocurre entre un hombre y una mujer

Entonces caí en la cuenta.  Efectivamente no sabía mucho de relaciones entre los humanos de distinto sexo.  Me quedé callada mientras él ponía nuevamente el coche en marcha. Imaginaba lo que le ocurría, pero no me explicaba lo que me ocurría a mí también.  esa sensación extraña que me nublaba la cabeza y desatendía las voces interiores que me avisaban del terreno que estaba pisando, pero no me importaba.  Por primera vez en mi vida, mi naturaleza se ponía en pié y reclamaba algo que nunca había sentido y   que la proximidad suya me provocaba.  Recordé a Meredith y lamenté no tenerla cerca para que me explicara si lo que estaba a punto de suceder era correcto o no. No había recibido ninguna lección sobre sexualidad, hasta ese punto estaba desorientada. ¿ Debía dejar que mi organismo hablara por mí ?
El  miraba al frente con gesto hosco y las mandíbulas contraídas  Yo seguía  sin saber qué decir y qué hacer.  Me sorprendí a mi misma al escuchar las palabras que salían de mi boca, sorprendiendo a William que me miraba asombrado

- Nunca he estado con un hombre, si es eso lo que te preocupa. Ni siquiera me dieron alguna lección sobre ese tema. No sé qué es lo correcto.  No lo sé, pero quiero hacerlo y que seas tú mi primera experiencia.  No quiero ni pensar estar en esta situación con otra persona que no seas tú, porque en tí confío.  Se que no me harás daño, que te comportarás bien
- Pero ¿ en serio sabes lo que me estás pidiendo? Por ser tu primera vez, te haré daño físicamente y eso debieran habértelo advertido.  Estás en un peligro constante.  Puedes dar con algún desaprensivo que en verdad te lastime.  Creo que debes pensarlo antes de hacerlo, porque después ya no habrá remedio.
 Creo que mejor será dejarlo para otro momento.  Habla con alguien de tu confianza, de lo que estás sintiendo y de lo que deseas.  Infórmate y si después de ello persistes, llámame.  Quiero ser leal contigo, igual que lo has sido conmigo: no soy una persona adecuada para tí.
- ¿ Por qué dices eso ? ¿ Tan grave es lo que he dicho?
- No, no lo es.  No es nada grave si eso te tranquiliza.  Eres demasiado inocente e incauta. Hazme caso infórmate.

Me dejó a la puerta de casa. Yo no entendía nada;  algo terrible debía ser que he estado a punto de hacer porque de lo contrario no estaríamos viviendo esta situación tan anómala.  Siempre había escuchado que una simple insinuación, le bastaba a un hombre para llevarse a una mujer a la cama.  pero esté no había sido el caso; no lo insinué, sino que se lo pedí abiertamente y fui rechazada.

Esperó hasta que Else abrió la puerta,  y se despidió. Ni una palabra de más sólo " hasta pronto ". Me dejó muy confundida y le vi meterse en el coche y perderse en la noche.  pero no se fue muy lejos, aparcó para  hacer una llamada .  Y una voz respondió al otro lado

-¿Quién llama ?
- Nora soy yo.  Necesito verte
- Déjalo para mañana, hoy no me encuentro muy bien.
- Escúchame no quiero nada más que hablar contigo.  te prometo que seré breve
- No hagas promesas que no estés dispuesto a cumplir.  Habíamos quedado en pasar el fin de semana juntos y me has dado esquinazo
- Lo sé.  Debí avisarte antes, pero no he podido eludir un compromiso
- Sabes que no estoy a tu disposición, sino por el contrario tú a la mía.  Quiero que quede ésto muy claro
- De acuerdo.  Lo está. ¿ Voy o no ?
- Que no se repita, de lo contrario....   Bien, puedes venir.

Colgó el teléfono malhumorado. Sabía cuál sería el final de la entrevista, y no le apetecía nada, a pesar de todo, o precisamente por todo lo que había sucedido, en la última parte de su cita con Beth.  Tenía que cortarlo, cuanto antes y no tenía más que dos opciones ocultarlo para siempre o decir la verdad, algo que no estaba dispuesto a hacer.  Pero también tenía otro frente abierto:  Beth.   La imaginaba en la cama con un cincuentón de los que seguramente andarán detrás de ella para conquistarla, a sabiendas de que sólo buscan su posición y presumir de que se habían acostado con una de las mujeres más ricas del país y joven. No quería ni pensar en ello. No sería suya, pero tampoco de otro que no la hiciera feliz.  Tenía que cambiar radicalmente de vida. Se lo diría a su hermano, pero Henry estaba involucrado por su amistad entre ella y Meredith, no podía decirle nada.  El conocía las dos caras de la moneda y seguro que no lo aprobaría.  Tenía que pensar mucho en   lo que con tanta sinceridad le había contado aquella mujer poderosa, pero tan indefensa en su vida privada.

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