miércoles, 16 de octubre de 2019

Pobre niña rica - Capítulo 9 - William Mortimer

Quería una cita conmigo, para esa misma noche. No, yo no la quería.  me ponía nerviosa su sola presencia, con esa seguridad que irradia su figura, siempre con la sonrisa puesta que no sé si es que es su forma de comportarse o que se burla de mi inseguridad. ¿ Asunto de qué  venía esa cena ? ¿ Cómo suspenderla?  Giré la tarjeta, pero no había número de teléfono, entonces recordé que era hermano de Henry.  El me lo daría, y llamé a Meredith, pero no estaba,  ni Henry tampoco. ¿ Qué hacer?  Y decidí que alguna vez tenía que ser la primera ¿por qué no ?  Había sido siempre muy correcto.  No tenía porqué rechazarle, y decidida me puse manos a la obra. ¿ Adónde me llevará ? No tenia ni idea de por dónde se movía y otra vez repasé mi guardarropa; era una cita en la tarde avanzada, así que mejor con un traje  informal.

Cuando llamó al timbre, ya estaba arreglada y creo que perfectamente, y debió ser así, porque al verme se quedó parado, sin hablar, y sin sonrisa.  Entonces en ese momento comprendí que era yo la que le había descolocado  ¿ Qué esperaba ? hubieron unos segundos, pocos, en que los dos nos mirábamos sin pronunciar palabra, y fui yo quién corto ese paréntesis silencioso

- Gracias por las rosas, son preciosas e inesperadas ¿ Por qué las enviaste? ¿ Por que esa disculpa ?Fue simplemente una casualidad el encontrarnos, nada más. Creo que fuí yo la incorrecta porque debí saludar a tu prometida
- ¿ Mi prometida? Ni siquiera es mi novia.  Es una antigua amiga  con la que salgo algunas veces. He de confesarte que estaba deseando hablar contigo, porque ella te conoce, aunque solo por referencia.   Picaste mi curiosidad  Eres bastante popular en los corrillos financieros, y he de decirte que esperan tu aparición en escena con bastante curiosidad  e interés
-¿ Cómo sabes eso ?
- Mi hermano se mueve entre ellos y tú le conoces, ya que tontea con tu mejor amiga
-¿ Tontea? ¿ Es eso lo que hace ?
-Es sólo una expresión. Está enamorado de Meredith hasta los huesos.  Creo que terminarán en boda

No quiso tomar nada, lo prefería en el restaurante, y hacia allí nos encaminamos. Me llevó al restaurante del hotel Savoy

- Aquí nos conocimos un poquito más. Era la segunda vez que nos veíamos y bailamos por vez primera.  esta noche espero sea la segunda.

Me iba relajando. Probablemente porque le veía como a cualquier ser humano, o porque él se mostraba más natural sin aires de superioridad, sin esa sonrisa que indicaba " te estoy ganando ".  Pero he de reconocer que es un hombre  capaz de hacer perder los nervios a cualquier mujer; seguro de si mismo, y de haber recorrido el mundo.  Yo, pobre de mí, lo más lejos que he ido ha sido a Irlanda, y sólo para reflexionar.  Espero que con mi nueva situación ésto cambie.
No sé en qué momento mis hombros se distendieron y pude recuperar el aplomo que me hacía falta.  Y no sé en qué momento me vi relatando mi vida, que aunque no había nada secreto, no tenía tanta amistad como para hacerlo.

El me escuchaba atentamente y hasta creo que con cara demasiado seria a veces, según el pasaje que fuera narrando.  le estaba descubriendo mi gran secreto, que muy pocas personas conocían, y no sabía si estaba haciendo lo correcto.
Pero algo había ocurrido que me impulsaba a hacerlo.  No tardaría mucho en averiguar por qué lo hice.  De vez en cuando, William,  bebía un sorbo de agua; como para  asimilar todo lo que le contaba, o quizás es que le parecía demasiado tremendo  para alguien de tan corta edad y destinarla a un mundo tan fiero como era el de las finanzas.  Creo que pensaría que no estaba preparada para ello, y que iban a devorarme  a las primeras de cambio
Cuando terminé de hablar, él suspiró profundamente y se pasó la mano por la frente. Creo que no sabía qué decir o si  creerse  todo lo contado. Sólo pronunció una corta frase

- ¡ Vaya !  No tenía ni idea.  Estás causando bastante impacto desde que te vimos en el Savoy. Creo que tienen miedo. Alguien tan misterioso y desconocido, les tiene impactados.  No divulgues tus debilidades a nadie.  Ni siquiera a mi debiste hacerlo. No te preocupes, no lo divulgaré. Pero te daré un consejo.  Conozco cómo piensa y como actúa esta gente, y si descubren que eres tan vulnerable, no pararán hasta aniquilarte.  Tienes una misión importante y nada sencilla.  Te crearás enemigos, pero si me necesitas, siempre estaré ahí.  Y ahora dejemos todo a un lado y vayamos a divertirnos
- Yo creí que ya lo estábamos haciendo - respondí
- ¡ No, angel mio! Esto ha sido una charla entre amigos
-¿ Somos amigos ? -pregunté
- Yo así lo creo, si tu lo deseas- respondió
- Desde luego.  No tengo más amigos que a Meredith y a Henry.  Bueno y  también a tí ahora.
- ¿ Y Menzies ?
-El es diferente.  Es mi tutor, o más bien mi protector. El me ha creado, para bien o para mal.
- Está bien.  me has dado mucho en lo que pensar.  Despejemos la cabeza

En aquél momento no sabía a qué se refería,  después lo supe, mucho tiempo después.  Por primera vez , estaba disfrutando de mi salida, con alguien atractivo  y envidiada por todas aquellas damas que nos cruzábamos por la calle.  Aunque he de decir,  que yo también despertaba admiración entre los caballeros, pero nosotros no hacíamos caso de nada ni de nadie.  estábamos contentos y disfrutábamos del momento.  Me tomaba de la mano, lo mismo que hiciera con una niña pequeña. Me sonreía constantemente, pero no con esa sonrisa prepotente que  me desquiciaba sino distendida como la mía, sin artificios.
Me llevó a una discoteca y allí bailamos una pieza y otra sin descansar, y la mayoría sin a penas hablar.  Juntábamos nuestras mejillas y el susurraba a mi oído palabras cálidas, no de amor, pero sí de cariño ¿ o lástima?
Posiblemente sintiera compasión por mi.  Le había abierto mi corazón de par en par, conocía mi vida tan solitaria, carente de amigos y de afectos, en definitiva todos mis secretos más profundos. Eso era : le daba lástima ¿ estaba esta noche conmigo por eso? Tenía que saberlo antes de que fuera demasiado tarde, porque a cada minuto que pasaba sentía que algo estaba cambiando rápidamente, algo totalmente desconocido del que nadie me había hablado, excepto Meredith, y eso me asustaba porque sólo era un amigo recién descubierto, pero lo otro que me estaba pasando era demasiado grande para que fuera una farsa.
Tengo muchos defectos, pero si puede considerarse como una virtud, es que soy muy clara y cuando algo me preocupa, voy directa  para averiguarlo.  Y a él le pillé desprevenido cuando le formulé la pregunta que llevaba preocupándome desde hacía rato

- Sientes lástima de mí ¿ verdad ? - le dije
-Naturalmente que no ¿ Crees que eres digna de lástima?  Acabo de conocerte y tienes un alma cándida y pura, pero si me apena que no hayas tenido una vida más normal, menos agresiva y aislada como la que tuviste, nada más. Me gustas Beth y creo que vamos a ser buenos amigos. No sabes nada de mí, y a pesar de todo me has confesado lo que nadie debiera saber, porque pueden hacerte daño. Conmigo estás a salvo, siempre lo estarás.

¿ Cómo sucedió? ¿ Cómo me atreví ? ¿ Cómo se atrevió ? No lo sé. No quiero saberlo y nunca he tratado de averiguarlo.  Lo que sucedió después ignoro si fue un impulso de ambos o de él por protegerme.  No lo sé. Sólo recuerdo que no rechacé nada y me sentí como una reina.

Cuando le escuché decir que me protegería siempre, me alcé sobre los pies,  y aún me pregunto cuándo y cómo le besé suavemente en los labios.  El estaba tan sorprendido como yo, pero no lo rechazó, muy al contrario me apretó más fuerte contra él, y me besó largamente.  Al terminar el beso me miraba ; tenía los ojos cerrados, reteniendo la sensación maravillosa que acababa de recibir.  Su proximidad, su boca contra la mía, su brazo sobre mi espalda, y entonces sentí que aquello indescriptible era el amor ¿ Cómo había sucedido?  Creo que lo sentí al verle aquella noche en la ópera, pero lo de entonces ¿ fué flechazo?  Estaba segura que lo que sentía ahora era amor, limpio y crudo.
El sólo me miraba, no sé si con extrañeza, duda o admiración. No conseguí descifrarlo debido a mi inexperiencia.  Sólo sé que esos instantes deberían durar siglos y no unos breves instantes.

- Vayámonos - me dijo, y noté que su cara se había crispado
- ¿ A dónde ? ¿ Es que no estás bien aquí ?- le dije extrañada de su repentina prisa por salir de allí
- Estoy más que bien.  Pero es tarde y he de llevarte a casa

¿ Qué había pasado ? ¿ No le gustó que le besara ?  Era todo un enigma para mí. Mi inexperiencia no me avisaba de que estaba yendo por un terreno resbaladizo y peligroso. No lo sabía, nadie me había enseñado lo que se debía hacer, o no, en una situación como esta, y en lo que podía desembocar si iba a más.  Fue muy legal conmigo; se daba cuenta de que hasta en eso, era una recién nacida.

martes, 15 de octubre de 2019

Pobre niña rica - Capítulo 8 - Pensar y proyectar

Y efectivamente, no dormí aquella noche. Todo lo escuchado tenía que digerirlo, pero las palabras se mezclaban y lo explicado, formaba una amalgama de ideas, proyectos y situaciones a vivir que me impedía pensar con claridad y ordenar las ideas con las que proceder en primer lugar.  Decidí que debía estar sola, en algún lugar en el que pudiera concentrarme y dedicarme por entero al futuro que estaba próximo, en definitiva deseaba aislarme.  Y para ello elegí la casa de verano familiar situada  en Irlanda .  Ese lugar era el preferido de mis padres, aunque después de que ellos murieran no tuve a penas oportunidad de regresar.  Pero recordaba los juegos en la playa desierta corriendo mi padre tras de mí tratando de alcanzarme y a mi madre observando la escena.  A pesar de que tenía corta edad, ese recuerdo se fue acentuando con el transcurso de los años. Posiblemente fuera uno de los pocos  que conservaba de ellos, y lamenté ir olvidando poco a poco, hasta quedar solamente en algunas escenas sueltas.

Por ella pasearía acompañada del murmullo del ir y venir del mar y alguna que otra gaviota revoloteando por el cielo.  Era un paisaje idílico. Ni siquiera quise que me acompañara   Else.  No la necesitaba allí, y en todo caso ya contrataría a alguna mujer que me ayudase. No podía estar muchos días ya que me incorporaría a la empresa en menos de una semana.
Provista de un cuaderno y un bolígrafo, sentada en la arena, iba trazando el esquema de los que serían mis ayudantes y asesores., teniendo también a mi lado, la carpeta con los curriculums de cada uno, que repasaba una y mil veces.  Era importante no equivocarme en la elección; me jugaba algo más que mi propio prestigio y facultades para dirigir una empresa de tal envergadura como era la nuestra. Pero, a pesar de todo, contaba con las críticas y la disconformidad.  " ¡ Qué locura !" , dirían al comprobar que iba a deshacerme de todos los componentes de la junta, gente sesuda y con experiencia y poner en su lugar a unos niñatos recién llegados, empezando por mí, claro.

  Pero ya estaba avisada y no me intimidarían.  Iría adelante con lo que me había propuesto.  Sabía que sería poco menos que una revolución, pero todas las grandes cosas comienzan con grandes cambios, y mi empresa había que ponerla al día, siguiendo la marcha de la vida pues permanecía anquilosada .  Y el plazo se agotaba y regresé de nuevo a Londres, a mi vida diaria que se había visto alterada por todo lo que tenía en mente.  Me quedaban dos días de asueto y quería vivirlos a mi aire.  Sería una especie de prueba que me había impuesto yo misma. Deseaba saber si sería capaz de desenvolverme en un círculo para el que  no estaba preparada, pero que a partir de ahora sería algo cotidiano para mi. Aprovecharía el poco tiempo que tenía para hacerlo y sería hoy, ahora mismo.

Nerviosa,  entré en el vestidor y revisé uno por uno el vestuario que tenía.  Elegí un vestido de los más elegantes  con zapatos y bolso acorde. Vestida, maquillada y con un perfume exquisito puse en mi bolso algo de dinero y la tarjeta que acaban de proveerme. Y pisando fuerte, con los hombros erguidos y segura de mi misma paré un taxi y le dí la dirección de uno de los restaurantes más exquisitos de Londres.  Comería allí,  sola,  sin nadie que me echara un capote si surgía algo.  Ya lo resolvería; tenía que acostumbrarme a tomar mis propias iniciativas.

Cuando me vi a la entrada del Sky Garden, en la City, un nudo me atenazó el estómago. Quizás fui imprudente al empezar mi propio examen picando tan alto, pero ya no podía retroceder, tenía que entrar porque si no lo hacía ahora, nunca sería capaz de hacerlo.  Además un educadísimo relaciones públicas del restaurante se acercó hacia mí para atenderme.  Noté que se extrañó un poco  cuando le dije que sería una mesa para mi sola.  Me situó en una zona ideal junto a un gran ventanal que tenía una extraordinaria vista.  Observé que alguna que otra mesa cercana a la mía, me miraba con curiosidad, porque lo cierto es que chocaba un poco:  una mujer joven, elegantemente vestida, en un restaurante exclusivo y tan solo un solo cubierto.

Me dejé aconsejar por el maitre, porque tampoco entendía de vinos y nunca había estado allí.  No tenía apetito, pero dejé que él me recomendara algo. Me sirvió un martini mientras me traían lo pedido y comencé a tranquilizarme algo, no obstante, estaba deseando que aquello terminara y salir corriendo.
A medida que la comida avanzaba  me iba relajando y hasta disfruté del lugar y de las hermosas vistas que tenía frente a mí  Ignoré  a todo mi alrededor y yo misma trataba de convencerme de que no era para tanto y que estaba perfectamente capacita para lo que estaba haciendo.  Tan inmersa estaba en mis pensamientos que no me dí cuenta de que alguien había llegado hasta mí.  Fue al girar la cabeza cuando vi que una alta figura estaba  a mi lado, de pie, quizá preguntando algo.  En un principio creí fuera el maitre ofreciéndome algún postre, pero al levantar la vista, vi con asombro que la alta figura correspondía a William Mortimer. ¿ Me espía ?, pensé de inmediato ya que eran demasiadas casualidades el encontrarnos siempre en los mismos lugares, claro, pensé después, nos movemos en los mismos círculos, ¡ lógico !
Me estaba hablando y con su clásica sonrisa, que no sabía si es que era su costumbre o es que se burlaba de mi,  al verme tan nerviosa como me ponía. Al fín presté atención y me indicaba una de las mesas en que estaba la misma mujer de la ópera, y entonces ya no tuve ninguna duda:  era su novia

Se que me estaba hablando, pero no le escuchaba, hasta que impaciente me preguntó si aceptaba ¿ Aceptar qué ? No sabía lo que me estaba ofreciendo y se me ocurrió decir que tenía que irme.  El levantó una mano al tiempo que extendía la suya para despedirse, pero retuvo la mía entre las suyas por unos instantes, sin dejar de mirarme  a los ojos.
¿ Por qué has sido tan tonta ? Mi yo interior me estaba reprochando el que me despidiera tan rápidamente. A todas luces él me invitaba a compartir su mesa con la otra persona y estaba desperdiciando una oportunidad única de entablar una conversación, aunque fuera a tres bandas, pero al menos le podría conocer mejor.  Pero no fue así, y salí del restaurante a toda prisa; había pretextado una cita inexistente a la que llegaba tarde, algo que él se dió perfecta cuenta de que no era cierta.  Al verme en la calle respiré aliviada. "Suspenso, suspenso·," repetía mi otro yo: "no has pasado la prueba.  Tienes que estar más segura, no iba a comerte "

Era algo que no entendía. Nos habíamos visto ¿ tres veces? pero me turbaba mucho delante de él. Seguramente era mi inexperiencia ante los hombres, pero alguna vez debía romper ese bloqueo, o de lo contrario seguiré sola el resto de mi vida. Traté de tranquilizarme dando un paseo antes de llegar a casa. Había hecho el ridículo más espantoso, me había mostrado como todo lo contrario que quise aparentar: seguridad en mí misma, pero la sonrisa de él, me indicaba que no lo había conseguido.

Al día siguiente me levanté malhumorada y decepcionada de mí misma.  Me encerré en mi habitación después de desayunar. Sería mi último día de asueto y  no tenía ninguna gana de repetir la experiencia del día anterior.  Unos golpes en la puerta  me avisaban de algo.  Abrí de mala gana pues me había acostumbrado, a lo largo del tiempo, a estar siempre sola y me encontraba  algo deprimida

- Señorita Beth, han traído esto para usted

Abrí la puerta intrigada y Else portaba un gran ramo de rosas blancas.

- ¿ Para mi ? Sin duda se trata de una equivocación
- No lo creo.  Eso mismo le he dicho yo al empleado de la floristería y me ha repetido el nombre y la dirección, y efectivamente son para usted

Extraje la tarjeta  y leí intrigada lo que en ella ponía. Era una letra desconocida para mí, de rasgos firmes y seguros a todas luces  corresponderían a algún hombre que no era Menzies, pues  si conocía su forma de escribir. Todo quedó aclarado en cuanto comencé a leer

Señorita Randall
Creo que ayer fui inoportuno al presentarme ante usted, le ruego disculpas.  Espero me de una oportunidad para charlar  con tranquilidad y no a saltos como lo hemos venido haciendo hasta ahora.  Le ruego me conceda la velada de esta noche para conocernos mejor. Pasaré a las siete a recogerla-   William Mortimer


Pobre niña rica - Capítulo 7 - El secreto de Menzies

Y ya tenía mi título en Economía y Finanzas, lo había conseguido.  Y ahora ¿ qué ?  Distaba mucho de estar feliz, pues sabía a lo que tenía que enfrentarme que sería bastante más duro que acudir a la universidad.  Debería estar concienciada, pero no lo estaba. Me emocioné un poco cuando el señor Menzies, por primera vez en su vida, me abrazó y comprobé que sus ojos estaban demasiado brillantes.  Me dí cuenta en ese momento que él también se había sacrificado en su vida privada por darme la educación que le encargaron mis padres.  Henry y Meredith también me abrazaron y yo  no pude contener las muestras de cariño que me demostraron y retuve a Meredith en el abrazo más tiempo del debido, porque no podía contener las lágrimas y me daba vergüenza que me vieran llorar

Por mi cabeza pasaron  rápidamente todos los años,   desde que quedé huérfana hasta el día de hoy. Repasé en mi memoria los momentos más importantes de, por qué no decirlo, mi triste y solitaria vida. Hoy debiera ser la culminación de todo.  Sólo tenía cuatro o cinco días para hacerme a la idea de mi nueva situación.  Tendría una semana libre para hacer lo que quisiera y transcurrida, debía incorporarme a mi nueva ocupación , a un mundo totalmente desconocido por mi, que sabía iban a mirarme con lupa y a clavarme cuchillos en la espalda en cuanto me diera la vuelta.  Pero no les daría ocasión para ello;  me lo juré a mi misma.

Meredith y Henry salieron a dar un paseo,quedándonos a solas Menzies y yo.  Le notaba extraño demasiado emocionado, posiblemente por el vino que tomamos durante la comida y el licor de la sobremesa, cuyos vapores nos hacían soltar la lengua, y mi tutor, hasta ahora,  la soltó sorprendiéndome de repente.

- Te habrás preguntado muchas veces  el porqué de mi dedicación a tí - la primera sorpresa: me tuteaba -.  La amistad entre tus padres y yo, data de hace muchos, muchos años.  Éramos muy jóvenes.He estado durante toda mi vidas enamorado de tu madre, que conocimos a un tiempo tu padre y yo, cuando estábamos en el instituto.  Fue un amor sano y fiel.  Jamás la insinué nada, pero tu padre se dió cuenta , aunque nunca dí motivo para ningún reproche.  Llevé mi amor en silencio y cuando ellos murieron creí que no podría soportar tanto dolor:  había perdido no sólo al amor de mi vida sino a mi mejor amigo.

 En su testamento dejó la disposición de tu educación que me involucraba totalmente.  Me lo pidió como un favor especial, puesto que eras su única hija, y nadie mejor que yo para cuidarte si a ellos les ocurriera algo.  Sabía que conmigo estabas segura y que haría lo mejor para tí.  Estaban sanos, felices y se amaban con locura, y aunque parezca mentira, yo me alegraba al verles como se querían y la felicidad que reinaba entre ellos con su hijita. Pero un año después de hacer testamento  ocurrió el accidente, dejándome sumido en la más profunda tristeza y con miles de dudas:  sin buscarlo, me había convertido casi en padre tuyo, porque lo a mi encomendado me otorgaba ese papel.  Ahora ya sabes el porqué he sido tan severo contigo, porque deposité en ti el cariño que tuve a tus padres;  te habías convertido en mi responsabilidad, en la casi hija que hubiera deseado tener con tu madre si ella hubiera estado libre.  Pedro a veces la vida te da esas sorpresas y te compensa dándote lo que por otro lado te quita.
Juré ante la tumba de tus padres que así te cuidaría y protegería siempre, y que la verdad te sería revelada el día que ya no me necesitaras.  Y ese día ha llegado, ha sido el día de hoy, y aunque ya no me necesites, siempre estaré cerca para ayudarte si lo precisaras

Acaba de destapar el tarro de las esencias. Esa persona rígida inflexible, resultaba que había sido, durante todos estos años, más que mi tutor.  Ese amor callado por mi madre me lo había transmitido a lo largo de los años, y seguro que le hice daño cada vez que me quejaba de que nadie venía a visitarme ni tenía cariño de nadie.  Imaginaba  el dolor que sentiría y el no poder declarar la verdad.
Me levanté de donde estaba sentada y no pude evitar darle un abrazo  y fundir sus lágrimas silenciosas con las mías, dándole un beso en la mejilla y dándole las gracias por tantos desvelos. Fue un momento de intensa emoción en el que éramos casi padre e hija.
El,  pacientemente aguardó hasta que la emoción  remitiera.  Aún no había terminado con su tutoría.; faltaban un par de consejos a los que debía prestar mucha atención, porque, aunque él no estuviera a mi lado, se quedaba tranquilo porque sabía que me cuidarían.  Las sorpresas aún no habían terminado
Estaba resultando un día de lo más intenso, que jamás sospeché.  Necesitaría tiempo para asimilar los cambios  que, a velocidad de vértigo,  estaba viviendo.  Volví a sentarme esta vez junto a él.  Tomó una de mis manos, que apretó cariñosamente y me sonrió dulcemente, como si ese gesto tan entrañable lo hiciera mi padre en lugar de mi tutor.

- Lo que voy a decirte es sólo un consejo, pero pienso que será muy conveniente en tu futuro y en el de la empresa a la que deberás defender de las aves de rapiña que seguro van a dar la cara, porque te creen débil y desprotegida aún a sabiendas que siempre estaré detrás tuyo por si me necesitas. Tenlo muy en cuenta.
De las primeras cosas que deberías hacer  sería renovar totalmente la junta directiva porque te harán la vida imposible.  Será un momento difícil, pero pasarás el trago de una vez por todas. Son buena gente, pero algo aprovechadora de las circunstancias y eso puede derivar en hacerte fracasar, es decir quítate y me pongo yo
A  continuación forma la nueva junta.  Y para ello he confeccionado una lista de gente nueva, capacitada, con ideas nuevas y renovadoras como deseas y necesitarás si quieres llevar a cabo las reformas que has ideado.  He investigado a todos profundamente y son todo lo que necesitamos:  honrados, trabajadores y están capacitados.  Algunos de ellos estaban en tu presentación, ignorando el por qué se les había invitado.  pertenecen a familias  honradas y de tu mismo nivel socialmente hablando.
 Y entre ellos está Henry  Klarston.  Le he observado muy de  cerca , y no sólo por la proximidad a Meredith, sino porque es un economista muy bueno y con ideas muy renovadoras.  había pensado para él que fuera tu mano derecha:  es próximo a tí, trabajador y buena persona.  Me sentiría más tranquilo teniéndole a tu lado, si a mi me ocurriera algo. El resto de la lista habrás de examinarla tu de acuerdo a sus curriculums y adjudicarles el puesto de acuerdo a sus condiciones. Estaré a tu lado el día que plantees todo porque vas a necesitar ayuda : van a atacarte por todos los flancos, pero confío en que podrás con ellos.  Y por ahora no tengo más que aconsejarte. ¿ Se te ocurre algo más?
- ¡ Dios mio ! ¿ Aún más ? Me has dejado sin gota de sueño.  Presiento que esta noche la pasaré recordando nuestra conversación. Por nada del mundo sospeché que esta noche iba a ser tan ... ¡ tremenda ! ¿ Crees que seré capaz de hacerlo todo?
- Desde luego que sí. De no creerlo no te lo hubiera dicho; todo habría seguido como hasta ahora.  Sé que eres valiente, atrevida e inconsciente, por tanto tienes todo para llevarlo a cabo. Te he abierto una cuenta corriente a tu nombre independiente de la de la empresa .  Esa será exclusivamente para tí, para tus gastos o lo que quieras hacer con ella.  Esto incluye también una tarjeta de crédito platino que te dará acceso a lo que quieras emplearla

Después de apurar su copa, se despidió besando mi frente y deteniéndose por un instante en observar mi rostro.  Pasó uno de sus dedos por mi mejilla y sonriendo me dijo: "eres igual a tu madre"
Todo lo vivido en un día tan intenso, cabría en una vida entera, y yo había recibido todo en a penas unas horas ¿ Dormir ? ¿ Cómo hacerlo con todo lo que acabo de saber?



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