jueves, 18 de octubre de 2018

La Dama de la rosa - Capítulo 6 - Extrañas cosas

Las notas de esa maravillosa melodía, se esparcían por toda la casa. Ella apoyada en el piano estaba frente a él, que la miraba de vez en cuando.  Algo flotaba en el aire de difícil definición, pero de ellos dos, sólo uno percibía esa sensación. Estaba extasiada al escuchar esa música que ni siquiera imaginaba había sido compuesta  para ella.  Ni siquiera se había parado a pensar en la dedicatoria de la foto.   Cuando terminó de interpretarla, él cruzó los brazos sobre el teclado y se quedó mirando el rostro de ella, pero no dijo nada

- Eres un músico extraordinario. ¿Por qué no das conciertos ?
- Cuando terminé la carrera, esos fueron mis principios.  Pero después surgieron las películas y me permitían un trabajo más relajado y cómodo.  Los conciertos te dan nombre de prestigio, pero hay que estar constantemente viajando de un lugar a otro y no te permite tener una vida estable.
-¿ Has estado casado ?
- No llegue a eso.,  estuve a punto, , pero nos dimos cuenta a tiempo de que eso no era para nosotros.  Así que lo dejamos y ahora somos excelentes amigos. ¿ Y tú ?
- Tuve un novio durante dos años, . Pero eligió a otra chica y ese fue el final de la historia
- ¿ Se trata del muchacho con el que hablabas el día que fuiste al pueblo?
- ¿ Me viste y no me dijiste nada ?
- Primero estabas hablando con él, y después te noté algo enfadada y no quise inmiscuirme en tus cosas. Dime ¿ era ese el muchacho ?
- Si.  Ese era.  pero no quiero hablar del tema
- Esta bien. Cuéntame ese proyecto que tienes en mente sobre las fotografías.

Y Anya fue desgranando lo que quería hacer; el la escuchaba atentamente, hasta que de repente las luces se apagaron

- ¡ Vaya ! Habrá saltado el diferencial. Enseguida vuelvo, está en la cocina.  pero a tí qué voy a decirte, ya lo sabes.-.  Al cabo de un instante volvió algo perplejo

- ¡ Que raro!, cuando he llegado ha vuelto la luz, y el aparato estaba correctamente.. En fin solucionado el problema.  Sigamos con nuestra charla me interesa mucho escucharte.
- No sé qué mas contarte.  Mi vida es como la ves.  No hay variación, ni antes ni ahora.  Antes porque el trabajo me estresaba y tenía poco tiempo para nada.  Y aquí vivo tranquila.  Al principio me costó un poco, acostumbrada a la lucha con el trabajo; lo echaba de menos.  Mis vacaciones, todas, las pasaba aquí, con mi tía.  Luego cuando ella faltó, estuve una temporada sin venir, hasta que me decidí a vivir aquí. Y puedo asegurarte que estoy encantada.. En el pueblo casi todos me conocen; somos muy pocos, casi una familia.  Nunca he tenido problemas con nadie, así que vivo feliz

Y volvió a pasar. Fue como una ráfaga de aire que se colara por algún sitio.  Ninguno de los dos dijo nada, pensando que sólo lo había sentido uno de ellos, pero no fue así, aunque no lo comentaran.  Nunca, durante el tiempo que vivió aquí, tuvo esas sensaciones ni sintió nada parecido.  No sabía cómo explicarlo

- En fin, es tarde. Debo irme
- ¿ Nos veremos mañana ?
Posiblemente, si te asomas a la ventana nos veremos.  Estamos ¡ tan cerca ! que es difícil no vernos.  La próxima vez invitaré yo. Es lo que corresponde. Tu me invitaste hoy, yo otro día
- ¿ Y será ?
- Pues eso depende de ti.  Tengo todo el tiempo del mundo libre. En primavera es cuando más trabajo, pero ahora, ya ves está todo en calma, Así que tu decides
- ¿ Qué tal el domingo?
- El domingo. No creas que cocino muy bien
- Estará bien. No te preocupes, lo que sea me gustará.
- Buenas noches Connor
- Te acompaño

Y lentamente se dirigieron hacia el pabellón.  Allí se despidieron nuevamente dándose un beso en la mejilla. Se levantó una suave brisa que los dos sintieron
- Entra. Vas a resfriarte
- Hasta mañana - Entró y él esperó hasta que cerró la puerta.

Connor miró hacia arriba y de repente, la brisa había cesado.  la noche era tranquila .  Lentamente llegó a su casa y decidió acostarse.  Había pasado toda una tarde cerca de ella que ni siquiera se había dado por aludida.  Quizá no recordase lo que era sentir atracción por alguien al que a penas conoces.  Ella había cerrado sus sentimientos a otra relación.  No se acostó de inmediato.  Buscó un libro en la buena biblioteca y tras repasar varios títulos, encontró uno que le interesó.  Lo abrió ojeando sus páginas.  Comprobó que era antiguo; miró la fecha de su edición y era de 1912.  Se notaba que había sido  muy usado por quién fuera su dueño.  Por la fecha pensó que pertenecería a la tía abuela de Anya. Debía de ser romántico por la época, puesto que era lo que estaba más en boga.  Subió lentamente las escaleras y antes de entrar en su habitación se dirigió a la galería de los retratos. Se plantó delante de la Dama con la rosa y la miró fijamente a la cara.  Seguía sonriendo.  Como si pudiera escucharle, la mostró el libro, dió media vuelta y salió de allí

Anya se parecía a ella, no mucho, pero su sonrisa era la misma. Sabía muy bien lo que le ocurría.  No había sido un flechazo, pero tampoco fue algo inesperado, sino lentamente se fue fijando en ella.  Pero Anya no quería ni oír de relaciones y menos de amoríos, así que lo guardaría en su interior, al menos mientras pudiese.  Lo ideal sería irse de allí, precisamente en el momento que se iniciaba su enamoramiento, pero no quería separarse de ella ni de ese entorno.  Es como si una fuerza extraña le retuviera allí. ¿ Por qué ?  No sabría explicarlo, sólo lo sentía.  Movió la cabeza como diciendo " has perdido el juicio " y entró en su habitación. En realidad estaba cansado. Miró el reloj y marcaba casi las dos de la madrugada.  La tarde había sido placentera, pero se sentía cansado, y sin embargo no lo estaba cuando tocaba para ella.  Se conformaría con verla a través de la ventana de su habitación que da a su pabellón. No quería declararse rendido admirador para no asustarla, pero era lo que en realidad quería. Sentía un impulso de difícil control hacia ella; mantenía una batalla constante para no delatarse, y de esta manera se sintiera presionada y cortara la poca comunicación que tenían.

Al fin le rindió el sueño mientras leía las primeras páginas del libro.  Dormía profundamente, pero un sueño comenzó a hacerse visible en su subconsciente. Una figura femenina le sonreía. Se parecía a Anya, pero no era ella.  Al día siguiente cuando lo recordó le encontró la explicación: el libro, el retrato y ..  Anya.  Se estaba obsesionando y eso no le gustaba.  Se puso al piano y de sus manos salieron unas notas bruscas,  desgarradoras,  que le decían muchas cosas y que sabía a qué se debían.

La Dama de la rosa - Capítulo 5 - Fiesta

Llamó a su puerta y Anya le abrió. Sólo podría ser Connor, y sin embargo la pilló desprevenida. Sonrió al verle y él se fijo en su sonrisa: era espectacular. En un principio se quedó sin palabras, pero de inmediato reaccionó.

- Hola Anya ¿ Está ocupada ?
- No, estaba revisando unas fotografías, pero nada importante.  pase por favor ¿ Ocurre algo ?
- Nada en especial, sólo que mañana recibiré a unos amigos, una cena informal, ya sabe.  Me gustaría que asistiera a ella.  Somos vecinos y sin embargo casi no nos vemos ¿ qué le parece ?

- Gracias Connor, pero me sentiría incómoda.  No conozco a nadie, y seguro que ustedes tendrán que hablar de sus cosas, relacionadas con su profesión y yo no sé nada de ello ni pertenezco a su mundo.  Creo que por esta vez paso
- Me conoce a mi y soy yo quién la invito.  Son gente de nuestra edad y no todos son músicos. Unos son actores, otros músicos, en fin de diversas profesiones. ¿ No dice que trabajó para alguna revista ? pues es posible que si conozca a algún famoso de los que vienen. Nada, cuento con usted
- Pero es que...
- No admito peros. Como le he dicho es algo informal. Le daré el día libre a Madelaine y serán unos camareros quienes organicen todo.  A las ocho, no faltes  -.  Era la primera vez que la tuteaba y no admitió la réplica de ella.

 Al salir vió sobre una mesa, la serie de fotografías que Anya estaba seleccionado para el trabajo que tenía en mente

- ¿ Son tuyas ?
- Si.  Son para una idea que tengo
- Pero son extraordinarias. ¿ Lo ves ? Tú también eres artista. Como hablaste de bodas... creí que serías una fotógrafa normal, pero ya veo que estaba equivocado.  ¿ Puedo verlas ?
- Si, si.  Claro

Connor comenzó a verlas una por una asombrado de la belleza que reflejaban y los matices de luces que había conseguido.  No le había mentido era una extraordinaria fotógrafa.  Estaba terminando de verlas, cuando ante sus ojos salió una de él mismo.  Se detuvo ante ella.  Anya no se había dado cuenta de que allí estaba; de inmediato le miró a la cara para analizar su gesto de conformidad o de todo lo contrario.  Esperaba una reprimenda, pero no fue así

- ¿ Cuándo la has hecho ?
- De verdad que no fue con intención.  La hice desde aquí. Había en la tarde unas luces preciosas  y la postura era ideal, así que disparé.  Puede quedársela.  Deseaba tener una foto suya como recuerdo de su paso por casa.  Una batallita para contarles a mis nietos de que un extraordinario y célebre músico se hospedó aquí.  Una tontería porque pienso que nunca tendré nietos.  Le doy mi palabra de que no voy a publicarla, es más la romperé ahora mismo
- ¿ Qué haces ? No me importa si la publicas o no.  Simplemente no me lo esperaba, y es cierto es muy bonita.
- ¿ En serio que no se ha molestado ?
- ¿ Por qué me llamas con tanta ceremonia?  Yo te tuteo.  haz tú lo mismo.  Observo que tienes las ventanas abiertas y va haciendo frío, además hay corriente de aire
- Las abro cuando estoy en casa, para escuchar la música.  Es una melodía bellísima dulce y suave.  Me ha encantado
-Aún no está terminada.  Me la ha inspirado una mujer y sólo para ella será
- Pues debe estar muy enamorado  para inspirarle esos acordes tan bellos
- Aún no creo estar enamorado, pero sí siento curiosidad por ella, por conocerla mejor
- Pues es todo un preludio de lo que vendrá después.  ¿ Ella lo sabe ?
- No, no lo sabe. - Hubo un silencio entre ellos y una ligera mirada.  Al fin Connor decidió marcharse
- Bueno me marcho
-Espere ya que está conforme con la foto ¿ por qué no me la firma?  Así tendrá más valor
- De acuerdo. ¿ Qué pongo ?
-Con solo su nombre bastará, gracias

Pero él fue más allá y escribió :  "  A mi musa "  Connor .  Sonrió al ver el rostro de asombro de ella y antes de cerrar la puerta la dijo

- Y tuteame
-¿ He de llevar algo , vino o algún postre?
-Eso quiere decir que vendrás.  Muy bien.  No tienes que traer nada. Sólo tu persona.  Y controla las corrientes de aire
- Pero si he cerrado las ventanas ¿ Cómo puedes sentir corriente?
- Pues lo siento.  Seguro que estoy pillando un resfriado.  El cambio de estación; siempre me ocurre.  Bueno hasta mañana
- Hasta mañana y gracias

El giró la cabeza sonriendo y fue en dirección a su casa, pero antes de llegar a ella, volvió un par de veces la cabeza; ella permanecía en el umbral de la casa.¿ Qué había ocurrido ?  Porque algo había pasado entre los dos, aunque no se percataran mucho de ello.  Había sido un instante, un pequeñísimo instante, pero sucedió.

Anya cuando fue a vivir a Castlefin, acababa de perder su empleo y una relación amorosa que había calado en ella muy profundamente. Ese desconocido que encontró en el pueblo llevando de la mano a un niño, había sido un gran amor, pero él, después de dos años de relaciones, prefirió a otra mujer, sin duda la madre de ese niño que llevaba de la mano.  Pero tuvo la impresión de que no era muy feliz.  ¿Insinuó que quería volver con ella?  ¿ De ahí su despedida tan fría y brusca ?
Pero esa historia estaba superada y ni siquiera pensaba en tener otra relación, pero la franqueza, la educación y la amabilidad de su inquilino, habían calado en ella.  En nada se parecía a lo que sintiera por Philip que así se llama su antiguo amor.  Era quizá demasiado joven.   Lo que tenía seguro es de que no volvería a querer a ningún hombre. Mientras todo esto pensaba, sintió un escalofrío por la espalda

- Es cierto ,lo que dice Connor.  Hay corrientes de aire, pero todo está cerrado.  Tendré que poner burlete; seguro que el aire se cuela por cualquier rendija.  Pero el caso es que no hace aire.  Bueno, está bien. Y ahora he de preocuparme por lo de mañana ¿ qué me pongo? ¿ Por qué ha tenido que invitarme?  Lo cierto es que me estoy volviendo una ermitaña, y eso no me gusta.  Lo ha hecho con la mejor intención y con la máxima educación; tengo que corresponder a ello.

Y al día siguiente se vió llamando a la puerta y fue el mismo Connor quién la abrió, y la recibió con una amplia sonrisa y quizá un exagerado halago

-¡ Vaya ! Estas muy bella.  Gracias por venir.  Ha llegado una pareja.  El resto no tardarán en llegar.

Entraron en el salón tan conocido para ella e hizo las presentaciones.  Se trataba de una pareja que estaban esperando su primer hijo.  El era violinista y ella también, aunque ahora debido a su estado, estaba retirada.  Eran extraordinariamente simpáticos y enseguida entablaron conversación entre los cuatro.  Anya se relajó poco a poco, por lo menos tenía con quién hablar.
Se dio cuenta que Connor había sacado a relucir la profesión de ella, e imaginó que era para que no se sintiera desplazada del resto.  Al cabo de un rato  llegaron los otros cuatro que faltaban, A uno de los recién llegados, le había hecho fotografías cuando era reportera,por tanto se saludaron y comenzaron a recordar aquellos tiempos.   Se trataba de una actriz  que  ahora estaba retirada, divorciada y viviendo de las rentas, pero seguía manteniendo amistad con los mismos de siempre: sus grandes amigos, todos presentes en esa fiesta.

Mientras Connor servía una copa ella se sentó y él fue a ocupar el sillón de al lado  del suyo. Algo extraño ocurrió que ambos se miraron de repente a un tiempo: un escalofrío recorrió sus espaldas, y ambos giraron la cabeza para ver si alguna ventana se había abierto.  Fue una fracción de segundo, pero Anya se extrañó de que fueran dos veces en un espacio corto de tiempo lo ocurrido, pero no dijo nada.   Connor la miró con una mirada extraña, como diciendo " ¿ has sentido lo mismo que yo?"

- Mandaré a que revisen las ventanas mañana mismo.  Posiblemente necesiten burlete. Vendrán a casa, así que les diré que se pasen por aquí
- No hace falta que te molestes, puedo hacerlo yo mismo
- En absoluto.  Es un fallo mio de no haberlo previsto. No re preocupes.  Mañana lo solucionaré.
- No estoy preocupado, en absoluto - la respondió riendo

Y no volvierona a hablar más del asunto.  La fiesta transcurrió alegre y amena, tal y como Connor se lo había anunciado y hasta sacó fotografías del grupo con uno de los móviles:  querían inmortalizar la reunión.  Pero observaron que en una de ellas, junto al espacio que ocupaban Connor y ella, había una pequeña mancha blanca

- ¡ Qué extraño !  Seguro que habré tapado la cámara sin querer. - y dió de lado esa reflexión.

Era tarde cuando decidieron dar por concluida la fiesta. Anya también se disponía a marchar, cuando Connor la retuvo del brazo y la dijo

- Es temprano aún.  Quédate un rato más y charlamos tranquilamente.¿ La última copa ? A penas has bebido, así que te lo puedes permitir.
- Es muy tarde Connor y estarás cansado.  Te agradezco que me invitaras, ha sido una velada muy agradable. Tienes unos amigos excelentes
- No te marches. Si no lo haces, tocaré para tí esa melodía que tanto te gusta

Y ante esa tentadora oferta, decidió que efectivamente no era demasiado tarde, además no tenía que madrugar y la charla del músico era amena y agradable. Esta bien, se quEdaría.  Y el cumplió su promesa


martes, 16 de octubre de 2018

La Dama de la rosa - Capítulo 4 Un encuentro inesperado-


Las notas musicales seguían sonando cada mañana  y tarde.  Anya sonreía al pensar que estaba muy inspirado y a eso se debía que estuviera tocando el piano hasta muy tarde.  No era molesto ni mucho menos, al contrario le hacía compañía.  Pero si había observado que cada vez lo que fuera que componía,  era más largo.  Observaba y reconocía los primeros acordes que escucho hacía días y que cada vez agrandaba más o cambiaba alguna parte.
- Es curiosa la composición de la música.  Ocurre como en casi todas las cosas que el hombre crea.  Hace algo, pero luego lo rectifica mil veces hasta que está perfecto.

Abría las ventanas de par en par,  para escucharle.  Era una melodía suave dulce, que a ella la inspiraba paz y amor. Aunque no tuviera ni idea para lo que se dedicaría si para una balada para ser cantada, o para incluirla en alguna escena de película.  ¿ Tendría la suficiente confianza como para decírselo?  No, ni siquiera lo intentaría.  Sea para lo que fuera a lo que estaba destinado, era un secreto profesional.

La temperatura iba cambiando, a medida que también la estación cambiaba.  La encantaba ver el bosque en otoño.  Los árboles tenían un matiz diferente y la amalgama de colores era un verdadero mosaico imposible de imitar.  Pero ella quería reflejarlo en una foto, y para eso se adentró en el bosque con su eterno amigo Bruno.  Había sido una mañana muy gratificante y había hecho unas fotografías preciosas de las que estaba impaciente por revelar.  No tenía trabajo a la vista, por lo que se dedicaría  a  una colección de paisajes de las cuatro estaciones.  Comenzaría por la que ahora se acercaba: el otoño

Cuando llegó a casa vió que el coche de Connor no estaba.

- Habrá salido seguramente.  Llevaba días encerrado en casa - se dijo. Pero echaría de menos la compañía de su piano.
Tenía que acercarse hasta el pueblo.  Necesitaba comprar unas cosas. Metió en el coche a Bruno y partió hacia la cercana ciudad.  Compró lo que precisaba y también un bonito ramo de peonías en color rosa y ciclamen.  Le encantaban esas flores.  No se retrasaría mucho.  había dejado al perro en el coche y no quería que si tardaba, se pusiera a ladrar reclamando su presencia.

Ya iba de regreso, cuando un hombre con un niño de la mano llamó su atención

- ¡ Anya ! ¡ Cuánto tiempo sin verte !
- Philip ¿ Qué haces por aquí ? ¿ Este niño es tu hijo ?
- Si es mi hijo.  Estoy de paso. Voy de paso a casa de mis suegros
- Bien, pues no te entretengo.  tendrás prisa y yo también
- Anya por favor. Deseo que seamos amigos
- Philip elegiste tus amistades y te casaste con una de ellas.   Estaba claro cuales fueron tus preferencias.  Y ahora discúlpame, tengo prisa.-  Trató de sujetarla por el brazo, pero ella le miró con tal frialdad que él la soltó de inmediato

Anya siguió su camino y Philip se la quedó mirando cómo se alejaba.  Desde una mesa del pub contiguo, alguien contemplaba la escena con curiosidad.  Por su profesión era observador de todo,  y de la vida mucho más.  No le pasó desapercibido ese extraño encuentro, que a todas luces no fue agradable para ella.  El encuentro fue breve y frío, por lo que intuyó que habían tenido algún tipo de relación que no terminó de muy buena forma.

- Seguramente ella estuvo enamorada de él, y eligió a otra.   ¡Claro todo concuerda ! Por eso ella se desterró a este lugar.  Una mujer tan dinámica como Anya no se encierra en un lugar tan pequeño si no es por algún motivo. Está claro : mal de amores.  Pero el caso es que ella se muestra siempre contenta y jovial.  O debió suceder hace mucho tiempo, o no estaba tan enamorada como pensaba, sino simplemente  hirió su orgullo

Esos ojos la siguieron hasta que se introdujo en el coche y lo puso en marcha. A continuación siguió con su contemplación observando a quién iba y venía.  Las tardes eran suaves, pero se notaba el cambio de estación próximo a llegar.  Abonó su cuenta y se dirigió hacia donde había aparcado el coche.  Estaba satisfecho, el trabajo le había salido bien, y por ese motivo se tomó un respiro.  A pesar de haberlo dado por concluído, lo repasaría hasta quedar totalmente terminado.  Quería que todo concordara con la persona a la que iba dedicada, aunque ella no tuviera ni idea,.

Y lentamente tomó la dirección de su casa.  Llegó pronto cuando comenzaba a anochecer, pero aún había luz del día y asomaban las primeras estrellas.  Echaba de menos cuando en el verano, los días eran más largos e invitaban a estar en la calle.  Sin embargo, dentro de nada, la lluvia, la nieve o simplemente el frio, te metían en casa día tras día.


Cuando llegó vió que el coche de Anya estaba aparcado donde siempre, y las luces de la casa encendidas.  Ya había llegado.  Sonrió al recordar  la expresión de su cara al encontrarse con ese desconocido, pero al mismo tiempo sintió lástima por ella, si es que en algún momento hubieran destrozado su corazón.

- Siento una curiosidad inusitada por esta chica. ¡ Claro!,  estamos los dos solos en este lugar solitario.  No tenemos más vecinos, ni nadie con quién conversar.  No es lo mismo vivir en la ciudad en un edificio que aquí en mitad de la nada. Pero tampoco en la ciudad estableces contactos con nadie; cada uno va a lo suyo y si hablas con alguien, es en el ascensor.  Sería bueno invitarla a la fiesta de mañana. Si, lo haré

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