viernes, 12 de enero de 2018

No fue un sueño, sino tú - Capítulo 6 -De regreso a casa

Y de nuevo en Londres.  Después de tanto tiempo se le hacía extraño reanudar de nuevo el trabajo.  Pero se sentía bien y con ganas de empezar otra vez con  la rutina y las prisas.  Dejó la maleta y se sentó en el sofá del salón, y sin darse cuenta empezó a hacer recuento de su etapa, un tanto extraña, en Mallorca.  Había conocido otro mundo, otra forma de vivir, en que las pequeñas cosas eran relevantes en la  vida de las personas.  Y disfrutaban con ello.  No necesitaban excusas para reunirse y juntos cantar y tomar una cerveza comentando las incidencias del día.  Eran gentes sencillas como lo eran sus vidas, lejos de las complicaciones de una gran ciudad.  El tiempo se detenía en ellos y hacían partícipes a todos los que por allí vivían.

Echaría de menos su casa, aquella espléndida casa que había comprado haciéndola su refugio.  No volvería a tener otra crisis como la pasada.  Y se detuvo en ese punto ¿ qué o quién le provocó aquella espantada urgente de su obligación  y su compromiso en la atención de las personas?  Estaba seguro que no había sido Clarisse; sólo sabía que llegó a Palma hecho polvo y había vuelto con nuevas ganas de seguir su camino. Seguramente fue el destino quién le indico ese lugar, por algún motivo que no comprendía. Y en sus recuerdos se coló una chica de reacciones inesperadas y espontáneas que le hicieron sonreir.

 Sabía que tenía que enfrentarse a una buena reprimenda de parte del director del hospital, en el que , al menos hasta ahora, trabajaba.  Había desobedecido sus órdenes, y se había excedido en el tiempo concedido como vacaciones.  Si le despedía, no le importaba demasiado.  Encontraría trabajo en otro lugar.  Pero necesitaba ese descanso .  Al día siguiente se personó ante el director que le recibió de uñas:

- Te concedí un mes y has estado tres- le dijo muy enfadado
-Escúchame, por favor.  Necesitaba ese retiro, de lo contrario comenzaría a tener fallos en mi trabajo.  No estaba centrado, me urgía desconectar de todo.  Cambiar de lugar, de gente, en una palabra: necesitaba vegetar.  Y es lo que he hecho y soy otra persona.  Si me despides, lo entenderé, no te preocupes.  Por ese motivo no vamos a perder nuestra amistad, lo entiendo.  Pero en serio que lo necesitaba.  La intervención última, me dejó muy tocado.
- Me has hecho sentar un precedente, para que te enteres.  Estoy seguro que a las primeras de cambio, alguien me solicitará un descanso argumentando el tuyo
- Está  bien, está bien. No te preocupes.  Recogeré mis cosas y me iré.
- No te he dicho eso. Sólo espero que sea verdad todo lo que me has dicho.  Y ahora márchate, tengo trabajo que atender.

Sabía de antemano que no le despediría, pero también era cierto que esas vacaciones le eran necesarias. En los vestuarios se cambió de ropa y como si hubieran pasado cinco minutos, se dirigió al tablón  para ver qué programación de operaciones había.  Por lógica no estaba su nombre porque nadie le esperaba, pero no obstante, se ofreció a ayudar a algún colega.

Y nuevamente restableció su día a día, dejando muy atrás lo vivido tanto en España como a Brigitte.  Pero también pensó que la vida era corta y merecía la pena vivirla.  A diario presenciaba escenas que se lo corroboraban. Se trazó un plan: pasarlo lo mejor posible.  Y a partir de su regreso su vida tan metódica cambió por completo.

No descuidaba en ningún momento su labor como médico, pero también aprovechaba en sus días libres divertirse,  bien solo o acompañado por alguien, que ocasiones no le faltaban.  Era querido por su humanidad con las personas, pero también admirado y solicitado por el personal femenino, dado lo atractivo que era.  Más de una compañera de trabajo gozó de su compañía, pero sin comprometerse a  nada ni a nadie.

- No estaría mal hacer una escapada a París en mis próximos días libres - se dijo.  Y dicho y hecho

Se puso en contacto con Brigitte que recibió con alegría la noticia y fue a recogerle al aeropuerto encantada de la vida.  Sabía de antemano que iban a divertirse, y ella estaba en su terreno.  Los dos días de asueto que tenía, los disfrutarían al máximo, como así sucedió.

En Alcudía la vida pasaba lentamente, sin nada que la alterase.  Se acercaba Semana Santa, y en esos días la población se incrementaba por extranjeros o naturales del pais que volvían para pasar esas fechas en casa de sus padres o de cualquier familiar.  Ese año caía en el mes de Abril y la temperatura era cálida, lo suficiente como para tomar el sol en la playa, aunque aún las aguas del mar eran más que frescas.

Isabel  aprovechaba los ratos libres para ir a la playa.  La gustaba estar morena.  No había vuelto a invadir la propiedad del inglés.

 - Lástima ese enclave tan bonito y desaprovechado por su dueño. ¿ Y si volviera allí ?-  . Inmediatamente desechaba la idea: aún recordaba la escena que presenció y algo en forma de rabia subió hasta su garganta.  Cogió la toalla y la crema, y después de cerrar la farmacia tomaría el sol y comería un bocadillo.  Al menos tendría dos o tres horas para estar viendo el paisaje marino .  Le relajaba el contemplar el ir y venir del agua hasta la playa.  No había casi oleaje.  El mar estaba tranquilo, pero ella no.

- ¿ Qué me pasa ?  Yo no soy así.  No entiendo por qué ahora estoy permanentemente de mal humor. ¿Necesitaré unas vacaciones? Lo cierto es que hace dos años que no me escapo a otro sitio.  Pero este año me iré. Quizá Menorca o Formentera.  ¿ Y por qué no más lejos?  Nunca he salido de aquí  y va siendo hora de hacer una escapada más lejos.

Se tumbó en la arena y se dispuso a relajarse tomando el sol, antes de volver a abrir la farmacia en su turno de tarde.

Hizo guardias con el fin de acaparar días libres y tomar unas mini vacaciones en su casa de Mallorca.  Los meses habían pasado veloces y le apetecía volver allí.  Su escapada a París no había sido todo lo buena que deseaba.  Brigitte quería comprometerse más y él no tenía intención de sujetarse a nada ni a nadie.  Lo que iba a ser una escapada feliz, se tornó en una discusión agria y rompedora al despedirse.  Habían pasado varias semanas de ésto y la reconciliación no llegó.  No necesitaba compañía de nadie.  Estaba muy bien solo.

- Fue un error enredarme con ella ¿ Quién me mandaría hacerlo?  Bah, piensa en Alcudia, en tu casa. Según el canal del tiempo se espera muy bueno en Baleares, así que aprovecharé estos días para tomar el sol y estar en casa.

Llamó  al administrador que se encargaba de la propiedad y le encargó un coche de alquiler que recogería en el aeropuerto.  Se trasladaría  hasta su casa y dispondría de un vehículo por si se decidía a hacer alguna excursión.

Era ya de noche cuando llegó a Alcudia.  Fue directamente a su casa:  Estaba cansado; había hecho guardia el día anterior para ganar días, y se había puesto en camino directo desde el hospital.  Menos mal que durante la travesía, había descabezado un sueño.  Cuando llegó al chalet, lo encontró todo en perfecto orden.  Dejó el equipaje tal cual y se sirvió un vaso de leche.  Esa sería su cena.  No tenía apetito ya que en el avión les habían dado un refrigerio.  Se acostó e inmediatamente se quedó dormido.  Cuando se despertó al día siguiente, el sol ya estaba alto. Se dio cuenta que había soñado, pero no recordaba qué.  Tenía la impresión de que era algo relacionado con el lugar, pero no tenía ni remota idea de qué se trataba.  Se asomó a la terraza mientras tomaba su desayuno, y admiró una vez más lo maravilloso del paisaje.  Recorrió con la mirada la costa y, vio en la lejanía una figura que venía en esa dirección, pero estaba lejana y no se distinguía bien, sólo que era femenina, pues iba en biquini  que cubría una camisola de tela muy fina y unas grandes gafas de sol, su cara, llevando una toalla grande al hombro.  .  Mientas apuraba su café, siguió a la figura, que torció por un sendero vírgen y desapareció de su vista.


Transcurridos unos instantes, dejó la taza en la cocina y se dispuso a comenzar la lectura de un libro.  Se sentó en la terraza  a leer, cuando algo llamó su atención:  había alguien nadando en "su"playa..  Imposible reconocer quién era el intruso ´o intrusa ¿ Sería la misma persona que había divisado momentos antes?  Esperaría a ver si sólo era tomar un baño, si no era así, bajaría inmediatamente y  llamaría la atención de quién había invadido su propiedad.  No le importaba que alguien se bañara allí, en definitiva el mar era de todos, pero no le gustaba nada que invadieran su intimidad.  No quería tener fisgones a su alrededor, porque justo, lo que necesitaba era paz y tranquilidad, y si llegasen a correr la voz de que allí había una playita totalmente vacía a disposición de alguien, no tardaría en estar invadido por gentes que, además, podrían meterse en su casa, a pesar de que hubiera una puerta de hierro con un cartel que anunciase, que aquello era propiedad privada y estaba prohibido el paso a toda persona ajena.
Quién estaba nadando, salió del agua y se tumbó en la arena, boca abajo para secarse con,los rayos del sol, que a esa hora calentaban bastante.  Prefirió dejarlo a un lado y comenzar con la lectura.

- Seguramente cuando se seque, volverá por donde ha venido .,  Y sin más se centró en el libro que había elegido.




jueves, 11 de enero de 2018

No fue un sueño, sino tú- Capítulo 5 - Una fiesta

Se disculpó, y él lo admitió.  De nuevo ella volvió con sus amigos bajo la mirada atenta de Albert, que esta vez si, recorrió su espalda. Hizo una mueca de aceptación a los cánones de belleza femenina que tenía. Y recordó a Brigitte tan distinta a esta chica tan espontánea de la que ni siquiera sabía su nombre.  Ambas mujeres estaban conectadas, aunque por muy distintos motivos.

  La fiesta estaba en todo su apogeo y las parejas bailaban sin cesar. Albert se puso de pie dispuesto a retirarse.  Allí no pintaba nada, no conocía a nadie excepto a la farmacéutica, pero ni siquiera habían cruzado más que dos palabras, y además estaba bailando con un chico que parecía ser su novio por la forma de mirarla y enlazar su cintura.  En un momento dado, él aproximó más su cuerpo al de ella, que poniendo la mano en su pecho, se retiró de inmediato con cara de pocos amigos.  ¿ Qué había ocurrido ? ¿La habría dicho algo que la molestase?  El caso es que ella se deshizo del abrazo de él, y a paso rápido salió de la pista de baile.  Desapareció entre las parejas dejando al chico con tres palmos de narices

- Es una mujer de carácter - pensó, y él también salió de la fiesta y se dirigió a su hotel.

 Al día siguiente debía madrugar, ya que el agente inmobiliario pasaría temprano a recogerle y acudir al notario a formalizar la compra de la casa.  Estaba en Recepción  abonando su cuenta, cuando el recepcionista le entregó un paquete pequeño con una tarjeta

- ¿ Es para mi ?  No conozco a nadie en esta ciudad ni espero nada.  ¿ Quién lo ha traído ?
- Ha sido Isabel
- ¿ Isabel ? No conozco a ninguna Isabel
- Se trata de la farmacéutica, señor
- Bien.  Gracias

Se hizo a un lado y procedió a desenvolver el paquete.  Cuando lo abrió supo   por qué se lo enviaba.  No pudo contener una risa al ver su contenido, y la imagen picaresca de ella, volvió a su mente de inmediato.  Se trataba de una caja de "Durex ", y en el sobre, una tarjeta que decía " Perdón ".  Ni un nombre, ni una dirección , ni un teléfono, nada. Entonces supuso que era una chica a la que gustaba hacer bromas y automáticamente perdonó su indiscreción, aunque ya lo hiciera la noche anterior, cuando  estrechó su mano.


Y el agente le dejó en la puerta del hotel de Palma, y en su bolsillo la escritura de la propiedad que había comprado.  Quería disfrutarla desde ya. Ordenó al hotel que le alquilaran un coche para dirigirse hasta Alcudia.  Pidió un mapa de carreteras y subió a su habitación para recoger el equipaje.  Estaba deseando disfrutarla, cuanto antes.

En el ascensor se cruzó con Brigitte que se dirigía a la playa

- ¡ Vaya, dichosos los ojos !  Gracias por tu despedida; has sido muy galante . le dijo con ironía
- Estabas dormida y tenía una excursión contratada. Ahora recogeré el equipaje y me voy de nuevo:  he comprado un chalet en Alcudia
- ¿ Qué has comprado un chalet ? ¿ Por qué no me llevas y lo celebramos

Albert no esperaba esa petición, pero no le pareció mal, y aceptó al momento.  Subieron juntos hasta la planta en donde estaban las habitaciones.  Brigitte se cambiaría de ropa  y recogería lo más preciso.  Tenía que regresar a casa en un par de días, pero serían suficientes para pasarlo bien, para repetir la experiencia vivida  antes.

Fueron directamente hacia el chalet, sin pasar por la ciudad.  Había olvidado totalmente a Isabel.  La charla de la francesa era divertida.  Se notaba que estaba contenta por esta excursión.  Se quedó asombrada al contemplar el paisaje que tenía frente así, y de inmediato le pidió bajar hasta la playa

- Hemos de inaugurarla. Hace un día precioso y el lugar es de ensueño. Además  es privada ¿ no ?
- ¿ Qué tiene que ver eso ? - respondió él ante la salida de Brigitte
- Pues eso, que podamos hacer lo que queramos sin tener testigos.

El entendió perfectamente la indirecta, y no despreció la ocasión de inaugurar tan triunfalmente  su casa en España.  Se acordó de la primera vez que estuvieron juntos, y nuevamente la llama del deseo prendió entre ambos. Cogieron unas toallas y bajaron los escalones rápidamente, que les conduciría a la playa.  Se sumergieron en las transparentes y cálidas aguas mediterráneas, y allí jugaban y retozaban como dos chiquillos.  Después salieron hasta la arena, extendieron las toallas e hicieron el amor apasionadamente, ajenos a una mirada, que al verlos dio media vuelta y salió de su escondrijo para volver por donde había llegado.

- Para esto quería el Dúrex.  - Se dijo andando rápidamente en dirección a la carretera en donde estaba aparcado el coche que la llevaría de nuevo a la ciudad.

Por una amiga que trabaja en la inmobiliaria, Isabel conoció un escondrijo por el que podía colarse en la playa privada de la ahora adquirida propiedad del inglés.  Y por la misma chica conoció su nombre, su nacionalidad y su profesión.  Lo que menos podía esperar es que estuviera con alguien.  No debió meterse en una propiedad ajena, pero lo venía haciendo desde que se marcharan los antiguos propietarios:  era su sitio siempre solitario, en donde se escondía cada vez que tenía algún problema.  Pero estaba visto que había dejado de pertenecerla.  Nunca lo volvería a hacer.  Ya sabía que él tenía novia y además era su casa ; no quería volver a presenciar algo como lo que había visto.  Quedó bastante decepcionada de él, pero a ella ¿qué le importaba?  No le conocía y además estaba en su casa y podía hacer lo que quisiera. Pero tenía que reconocer que era un real ejemplar masculino.

Salió a donde había dejado aparcado su coche.  Estaba de mal humor desde hacía días.  Su baile con Patricio el día de la fiesta, le había dejado mal sabor de boca.  No era con él con quién había imaginado un noviazgo, por lo que decidió cortar en ese preciso instante su cercanía con él.  Andaba malhumorada desde entonces, pero no era ese el motivo, aunque ni siquiera imaginaba qué podía producir ese malestar en ella.

Brigitte había regresado a casa. Albert la llevó hasta el aeropuerto y al despedirse, se prometieron volverse a ver, o al menos comunicarse por teléfono frecuentemente, hasta que de nuevo tuviesen otra oportunidad de verse..  Albert pasó ese día en Palma, y al atardecer regresó a Alcudia.  Pero antes quiso pasar por la ciudad, no sabía muy bien por qué.  Probablemente porque sentía la necesidad de establecer algún lazo de amistad con alguien, ya que eran vecinos y las gentes eran receptivas y cariñosas con los forasteros.  Aparcó frente a la farmacia y entró en ella para saludar a Isabel, ya que había conocido su nombre.  Otra chica  atendía a una clienta.  Miró alrededor y al no verla, una vez que la chica había quedado libre, preguntar por ella.

- Un momento, está en la rebotica

Al momento salió Isabel sonriendo como siempre, pensando que algún conocido quería verla, pero se borró la sonrisa de su cara al comprobar de quién se trataba.

- ¡ Ah, es usted ! - le dijo a modo de saludo
- ¿ Esperaba a su novio ? - le respondió Albert
- No tengo novio.-  dijo secamente
-- Bien pues me alegro.  Pasaba por aquí y pensé en entrar a saludarla y a ofrecerle mi casa.  Es lo que hacen los buenos vecinos
-- Muchas gracias, ha sido todo un detalle - respondió algo cortada
- Si alguna vez le apetece visitarme, la invito a tomar algo: un café una copa... - No le dejó terminar, le cortó bruscamente
- No creo poder hacerlo. Estoy muy ocupada, pero muchas gracias.
- Bien. Me marcho, no quiero interrumpir su trabajo.  Adiós

Salió de la farmacia pensativo

- ¿ Qué demonios le pasa a esta chica?  Vengo cortésmente a ofrecerle mi casa, y poco menos que me echa de la farmacia.  Nunca entenderé a las mujeres.

Se metió en el coche y partió rumbo a su casa, mientras era observado a través de los cristales de la farmacia por una apesadumbrada Isabel, que no terminaba de entender la sequedad y el carácter cortante con que le había atendido.  Ella no era así y él había sido educado y cortés. Sería difícil volverse a ver, así que trató por todos los medios borrar su malestar y atender a las personas que comenzaban a llegar a recoger sus medicinas.

El carácter de Isabel era afable y simpático, y era muy querida en el lugar, ya que era servicial y amiga de hacer favores a quién solicitara sus servicios.  Pero aquél extranjero la había perturbado desde el mismo instante en que se conocieron. Y le vino a la cabeza la escena de la playa, algo que acrecentó aún más su malestar.

Y pasaron los días. Albert se encontraba mejor y decidió que ya era hora de regresar al trabajo.  Aquellas vacaciones habían sido un bálsamo para su espíritu.  Había dejado atrás lo que le había llevado hasta allí y recobrado la confianza en sí mismo, y retomado alientos para enfrentarse a lo que le esperaría en el hospital.  Dejó una copia de las llaves en la inmobiliaria y partió rumbo a Palma con destino a Londres.  No se despidió de nadie, ya que al estar recluido en su casa, a nadie había conocido; excepto a  Isabel, pero la ultima vez que se vieron fue desagradable, así que pensó no volver a verla..

No fue un sueño, sino tú - Capítulo 4 -Una sonrisa picarona

No había visto un hombre más fuerte, alto y guapo en toda su vida.  ¿ Sería algún actor de Hollywood? No recordaba haberle visto en ninguna película, pero además pensó que no todos los hombres guapos son artistas de cine.  Pero éste era especial. Esbozó su sonrisa más dulce, pero también la más tímida.  Se veía pequeña ante la enorme estatura de aquel hombre.  Albert esta algo cortado ante la timidez de ella. ¿ Cómo pedir una caja de preservativos ante esta muchacha ? Tendría veintipocos años y se la veía muy cortada; optó por dar simplemente el nombre de la marca y así saldría del paso.  Pero lo que no sabía es que Isabel era una chica juguetona y nada timorata, así que lo mismo que ella se sentía tímida ante él, haría lo mismo pero a la inversa. Y con la cara más inocente del mundo, le pregunto:



- ¿ Durex ?
- Si, señorita, eso he dicho
- Si,  le he entendido, pero necesito saber la medida
-¿ La medida ?
-Si, claro: grande, mediano o pequeño - A duras penas podía contener la risa, pero decidió seguir con la broma
- Pues...
-¡ Ah, y además ¿ lo quiere en algún color, o sabor?

Albert estaba desconcertado  Nunca le había ocurrido nada semejante.  Estaba violento y decidió salir de allí inmediatamente. Le ardía la cara ¿ Por qué estaba tan violento?  Estaba pidiendo algo que usa la mayoría de los hombres pero lo de esta chica se pasaba de la raya.

- Déjelo.  Volveré en otra ocasión - y rápidamente salió de allí

Tapándose la boca con la mano para no estallar en una carcajada, salio de la rebotica su compañera que también reía

-¿ Cómo te has atrevido ?  ¡ Estás loca !  Le has hecho salir huyendo
- No importa.  Tú no le has visto, de lo contrario no me dirías esto.  Es u hombre guapísimo y seguro que se había ligado a alguien y no tenía "recursos". Ja, ja, ja.
- Sigo opinando que no has hecho  bien.

Siguieron comentando la anécdota mientras Albert se incorporaba al grupo para proseguir la ruta. No le había ocurrido nada semejante. Sabía perfectamente que la intención de esa chica era sacarle los colores y lo había conseguido.  Dijo de entrar en un bar a tomar un café que secundaron todos; tenía que tranquilizarse.  Seguramente habría sido una broma sin más motivo que el hacerle pasar vergüenza.

- Vergüenza ¿ por qué ? -se preguntaba.  Si lo anuncian en televisión.  Yo estoy de vuelta de todo eso, entonces ¿ qué me ha molestado? Bah, será mejor olvidarlo y seguir disfrutando del viaje. Quizás en el hotel podré conseguirlo.

 Porque en realidad esperaba que esa noche fuese como la anterior.  Pero machaconamente volvía a su memoria, la risa irónica de la dependiente de la farmacia.

- Seguramente será una dependienta, y se ha comportado así tan descarada, porque no estaba su jefe, de lo contrario hubiera sido  profesional y no una niñata insolente.

Y también recordó  las bromas de cuando eran residentes cuando pasaban las visitas con los jefes de equipo ante una paciente " cañón ".  Pero eran más jóvenes e insensatos.  Ya había pasado del tema.  Ni siquiera se fijaba cómo era la persona a la que estaba atendiendo, y mucho menos se fijaba si era guapa  o regular.  Alguien le preguntó algo, y olvidó de repente la anécdota de la farmacéutica.

Acompañado por el guía, ambos se dirigieron a una inmobiliaria que gestionaba la venta del chalet que había entusiasmado a Albert.  Pidió información sobre los datos técnicos y valoró el precio, que era alto, pero que podía permitírselo. Deseaba verla in situ, y para ello quedó con el agente en acompañarle a conocer la propiedad. Habló con el guía y se despidió de él que debía proseguir la ruta

- No se preocupe yo acompañaré al señor  a visitar la propiedad y después si él quiere le dejaré en el hotel.  No hay problema - dijo el agente entusiasmado por la posible venta del chalet, que le proporcionaría una excelente comisión.

Y así lo hicieron; los viajeros seguirían hasta Valldemosa y Albert conocería la casa que posiblemente sería de su propiedad.  Y quedó entusiasmado con el chalet.  Era alegre, espacioso, cómodo y cumplía sobradamente sus exigencias.  Lo que más llamó su atención fueron las vistas que se divisaban desde la terraza.


- Hacia allí está Ibiza y al otro lado Menorca..  El enclave es magnífico.  Y además tiene un trozo de playa para usted solo; nada más tiene que bajar esos escalones y podrá gozar de este trozo de mar maravilloso.- le argumentaba el agente

Y por primera vez comprendió que no exageraba en absoluto.  Que todo lo que argumentaba era cierto. Además estaba amueblada con unos muebles modernos y en perfectas condiciones, acordes al entorno y a la casa.  Gozaba de todas las comodidades y de uso inmediato

- Lo señores Sorensen, que la habían ocupado hasta hace poco, son gentes cuidadosas y en buena posición.  Seguro que echan de menos este clima, a pesar de que Copenhague sea su lugar de nacimiento y tener cerca a sus nietos.- Siguió hablando el hombre, pero Albert no prestaba atención; tan solo estaba pendiente de lo que iba a adquirir y que sería su refugio.

Una vez revisado todo concienzudamente, volvieron nuevamente a las oficinas.  El agente necesitaba algunos datos personales de Albert, tal como su domicilio en Londres y a través de qué banco iba a realizar el pago

- Necesito saber el nombre del banco y su número de cuenta. Comprenderá que tengo que  contactar con ellos y conformar el importe, para que el Notario pueda proceder a concretar la escritura.
- Desde luego, no hay problema.  Tome nota.

  El Agente así lo hizo. Salió de su despacho un momento para llamar a  Londres y comprobar que era solvente.  Volvió al cabo de unos minutos con una amplia sonrisa: era un cliente muy bueno con efectivo suficiente para abonar esa compra.

- Muy bien señor Sheridan, pues la casa es suya.  Mañana pasaré a recogerle a su hotel y tendremos que viajar hasta Palma.  Allí tenemos el notario y a partir de mañana mismo, podrá hacer uso de su vivienda, si así lo desea.  Si  lo dispone, `podrá contratar a una mujer tres días a la semana para que limpie, haga la comida, las compras,.. en fin todo cuanto precise. No tendrá más que disfrutar de su descanso. Y ahora dígame dónde le dejo.  Ya hemos terminado todos los trámites.

Le condujo hacia un hotel y reservó  habitación .  Estaba feliz y contento por la decisión tomada.  Había sido todo inesperado y sin pensar.  Pero en su cabeza siempre había tenido la idea de comprar alguna casita junto al mar en un sitio de clima templado como era aquel, aunque nunca sospechó que aquella era casi una mansión y fuera una ocasión única para comprarla.

Era una noche algo húmeda pero agradable. La gente comenzaba a salir de sus apartamentos para acudir a la Plaza Mayor para asistir a la  fiesta que se organizaba con cualquier excusa, quizá para entretener a los turistas. Habían adornado con farolillos de colores y banderitas de todos los paises, y en el centro montado un templete  en el que tocarían cuatro músicos provenientes de Palma. Alrededor de ella habían puesto unas sillas y a un lado un tenderete en el que vendían  helados, horchata y otras varias chucherías y refrescos.  Los bares comenzaban a llenarse, y la gente joven gritaba y se reía feliz ante la fiesta de la que iban a disfrutar.

Entró en un bar a tomar una cerveza.  Se marcharía antes de que comenzase la fiesta; no era amigo de jolgorios.  Eso se quedaba para ellos, pero " Paquito el chocolatero " comenzó a sonar y los jóvenes movían sus cuerpos al compás de la música pegadiza, que a pesar de no ser oriunda de Baleares, si lo era de la cercana Valencia.

Algo retuvo su mirada e hizo que apurara lentamente su cerveza.  Una chica, sonriente y feliz bailaba con gracia la música y que acompañada por un chico,  sonreía .  De repente se dio cuenta de quién era: la farmacéutica, pero también recordó que era la joven que les había parado en la carretera al sufrir un pinchazo de su automóvil.

- Con razón me era conocida su cara.  ¿ Será ese su novio? La verdad es que es graciosa y bonita, pero no me gusta la broma que me ha gastado esta tarde.  Si me quedo a vivir aquí, me lo cobraré .  No sé cómo,  ni cuando, pero me las pagará.  Quizá esté bien unirme a la fiesta; a fin de cuentas está dedicada a los turistas y yo, además, voy a ser vecino.  Estoy contento. Hoy me han salido las cosas bien, si señor.

Una de las veces, la chica giró la cabeza en su dirección. De pronto se quedó parada, pero al instante reaccionó y levantando la mano le dirigió un saludo con una amplia sonrisa.

Se miraron, y él correspondió a su sonrisa, levantando el vaso de cerveza en su honor.  Ella no lo dudó, despacio se dirigió hacia donde él estaba , y sin faltarlE la sonrisa del rostro, adelantó su mano para saludarle.  El correspondió, y sin pronunciar palabra, su sonrisa se volvió más amplia y moviendo suavemente la cabeza de un lado a otro, comenzó a reír.  Ella interpretó que había perdonado su indiscreción.  No obstante se creyó en la obligación de disculparse.

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