viernes, 14 de febrero de 2020

Los mudos testigos - Capítulo 6 - Sin palabras

    Al cumplir su horario, se quitó la bata , cogió su bolso y después de dejar su mesa en orden, dijo escuetamente " hasta mañana".  Ni siquiera se acercó a la puerta del médico que seguía en su consulta, sin pacientes, pero allí permanecía.  El no respondió a la despedida de ella ni se movió de su sitio.  Respiró aliviada cuando se vio en la calle.  Debía ir al supermercado a comprar algunas cosas que la faltaban y hacia allí se encaminó.  Estaba oscureciendo, la temperatura era suave, a pesar de que había cambiado a lo largo del día.

    Entró y repasó mentalmente lo que precisaba comprar mientras recorría los anaqueles.  metió en el cestillo todo lo adquirido y se dirigió a la caja para pagar la compra, y allí vio el anuncio de que se precisaba una cajera.  No lo pensó más y preguntó los requisitos que se pedían.  La indicaron que debía hablar con el encargado y fue en su búsqueda.  No se requería a penas nada para acceder a ese puesto. Todo estaba mecanizado, así que ni siquiera para el cambio tenía que hacer cuentas.  El sueldo era más bajo que el que tenía actualmente y las horas de trabajo también eran más.  Saldría perdiendo con el cambio, pero sin embargo ganaría en tranquilidad, aunque ésto último no la convencía mucho.  Pidió un plazo para despedirse del consultorio y extrañado el encargado la preguntó

- ¿ Está en el consultorio , y quiere cambiarse aquí?
- Ya lo ve.  me gusta variar de trabajo
- Si, pero es que éste no tiene nada que ver.  En fin, suya es la decisión. Si por fin viene con nosotros, hágamelo saber cuanto antes, para reservarla el puesto, aunque no creo lo cambie.
- Si tu supieras - dijo para sus adentros.

    Pero algo había que no la dejaba tranquila en su interior. Por momentos pensaba que era una decisión en caliente, porque estaba enfadada por el desafuero del médico, pero en realidad tenía un empleo con él bastante cómodo, y un horario que la permitía salir después de trabajar a dar una vuelta o al cine.  También el sueldo contaba, pero en la balanza de la indecisión,   pesaba más la antipatía que ambos sentían , que lo que tuviera de ventaja.  No obstante se lo pensaría antes de dejarlo.

    Y esa noche se lo pensó y lo decidió,  y al día siguiente, nada más verle, le planteó que abandonaba el trabajo

- Lo siento, pero me interesa más el nuevo que tendré.  No obstante puedo retrasar mi incorporación unos días, hasta que encuentre quién me reemplace

- Muy bien, no se preocupe. Ese es mi problema y no el suyo.  Si lo desea puede irse ahora mismo

    Se reafirmó más en su decisión al sentir la desconsideración de él. Ni siquiera le preguntó a dónde se iría, ni la clase de trabajo que sería.  No le interesaba nada en absoluto;  hacía bien con cambiarse.
Al día siguiente a las siete de la mañana estaba a la puerta del supermercado para su puesto.

    En el fondo le había dolido que Murphy no mostrara el más mínimo pesar por su abandono laboral ¿ Estaría deseando de que se fuera?  Era un hombre inescrutable, por tanto dejó de pensar en ello y se centró en lo que el encargado  la decía.  Y pasaron las semanas, hasta tres, desde su incorporación a su nuevo trabajo como cajera.  No era nada complicado, pero lo que más la molestaba era el horario: comenzar pronto, y terminar tarde.  Pero eso ya lo sabía, así que de nada valía quejarse.

    Era sábado a última hora de la tarde;  faltaba poco para que terminara su trabajo.  Al día siguiente descansaría, ya que estaría cerrado.  Echaba de menos la disponibilidad de tiempo que tenía en el consultorio, y porqué no decirlo: la tranquilidad, excepto cuando él se ponía hecho un basilisco. ¿ Se alegraba de haberlo hecho?  No quiso pararse a averiguarlo, entre otras cosas porque no podía entretenerse;  había cola esperando para pagar. Y por fin cobraría a la última persona que aguardaba.  Delante de ella estaba el médico que la miraba como enfadado.

- Buenas noches, doctor- le saludó
- Buenas noches -respondió escuetamente ¿ A qué hora sale ?
- Pues en diez minutos seré libre
- Muy bien, la espero a la salida.  Tengo el coche aparcado  frente a la puerta
-¿ Por qué ? - le preguntó extrañada
- Porque he de hablar con usted. Ahora no sería apropiado, aquí, con gente observándonos. La espero fuera.

    Pagó su cuenta, y sin decir nada más salió del establecimiento. Erin le siguió con la mirada y, efectivamente, tenía el coche muy cerca.

- Pero¿ qué demonios le pasa ahora?  ¡Es bien raro!

    Cerro la caja, recogió el importe monetario y los pagos por tarjeta y se dirigió a la oficina para entregarlo. Se quitó el uniforme, y retocó un poco su maquillaje y su cabello ¿ por qué lo hacía? Posiblemente porque su antiguo jefe era muy quisquilloso, y puesto que debía verle, no quiso causar mala impresión.  Y  efectivamente, apoyado en el coche, se encontraba esperando paciente que ella saliera.  La abrió la puerta gentilmente y la hizo sentarse dentro del coche.  No dijo nada hasta que él estuvo también a su lado.  Tenía el entrecejo fruncido, señal de que se avecinaba alguna bronca, aunque no tenía ni idea , ya que no trabajaba con él y no sería por algún error cometido.

- ¿ En serio le compensaba dejar mi consultorio para venir aquí de cajera? ¿ Realmente es así?

-No veo que tiene de malo ser cajera

- Efectivamente es tan digno como cualquier otro trabajo. Pero ¡ no es lo suyo !  Ni siquiera mi consultorio es lo suyo. Tantas horas de pié.  Entrar cuando a penas amanece y salir de noche ¿ en serio es mejor ?Hay otra causa y quiero saberlo

- Deseo ir a mi casa, si no le importa.  estoy cansada

- Si, si me importa ¿ Ha sido por mi ?

- Pues ahora que lo dice, en efecto, ha sido por su carácter, por su forma de tratarme, por regañinas que no vienen a cuento... ya no lo soportaba más.  Tiene un carácter muy cambiante y yo, francamente, no estoy para estas historias. Llegue a este lugar buscando paz y tranquilidad, pero me metí en la boca del lobo,porque nada de eso encontré en su trabajo.  Lo siento pero así es

- Dice que vino huyendo  ¿ de qué ?

- No he dicho que llegué huyendo, aunque en realidad así fue.  Pero eso ya no importa.  Si me hace el favor quiero ir a mi casa.

- Se me ocurre algo mejor:  la invito a cenar y después la prometo que la dejaré en casa sana y salva.-  Me molesta estar a mal con las personas, y con usted, tiene razón, he sido muy brusco y lo mejor de todo, es que no tiene culpa de nada.  Yo también necesito guardar  distancias, así que he decidido irme durante una temporada.  Posiblemente haga alguna especialización, pero lo más importante es que estaré lejos de aquí.

- ¿ Cerrará el consultorio ?

- No. Al cargo de ello se quedará un íntimo amigo mio.  ¿Volvería conmigo, es decir, con mi amigo a su antiguo empleo?  El se lo agradecería y ya no tendría que trabajar conmigo.

- ¿ Me lo está diciendo en serio ?

- Naturalmente.  Lo discutimos mientras cenamos ¿ le parece?

    Y sin decir más, puso el coche en marcha y se dirigió al centro de la ciudad a un restaurante que frecuentaba normalmente.  Erin no entendía nada. No le entendía. La volvía loca con sus cambios de carácter,  pero sintió que tuviera que alejarse. Echó la vista atrás y recordó lo que cambió en ese día en que Celine se personó en el consultorio ¿ Sería ella la causa ?  Probablemente aún la amase.  No sabía donde vivía, pero suponía que no muy lejos, ya que quería poner distancia ¿ entre ellos ?

    Les condujeron hacia una mesa y Peter pidió  un combinado mientras miraban lo que iban a cenar.  Erin no se atrevía ni hablar; en su memoria recordaba las veces que había pasado de una sonrisa a una regañina en cuestión de segundos, y esa actitud la perturbaba mucho por no saber a que atenerse.  Y cenaron con normalidad,quizá Erin estaba más relajada por efectos de la mezcla del vino y el combinado.  El estaba distendido lo que dio lugar a que ambos se confesaran mutuamente.

jueves, 13 de febrero de 2020

Los mudos testigos - Capítulo 5 - Celine

    Erin pasó su brazo por los hombros de Martha y ambas se dirigieron a la habitación que ocuparía, pasado un par de días, su marido  Patrick, una vez saliera de la sala de reanimación.  Fue a la cafetería por algo de comer para Martha.  La enternecía esa mujer cariñosa y dulce e indefensa.  Y pensó lo triste que era encontrarse sola en situaciones tan difíciles, y sin embargo había tenido suerte con Peter, que la trataba con cariño.  Ella se había visto aún más sola que ella, porque no tuvo a nadie que la ayudara, o cuanto menos, que comprendiese  el problema al que se estaba enfrentando.  Todos creyeron que eran imaginaciones de ella.  Verdaderamente, Martha tenía mucha suerte de contar con él.

     No la dejaría sola. pensó que con alguien  a su lado, al estar acompañada, ella se sentiría más respaldada y la haría que durmiera un poco.  Gracias a la influencia de Peter la permitirían lo hiciera en la cama del acompañante en la habitación de su marido;  ella dormitaría en un sillón.Creía que estaría más tranquila a la mañana siguiente cuando pudiera verle, aunque fueran cinco minutos.  Después Erin iría a su casa, se cambiaría de ropa y se dirigiría al consultorio a cumplir con su trabajo.

    Ya de madrugada, Peter entró en la habitación sigilosamente, y contempló desde la puerta cómo dormían las dos mujeres.  Agradeció desde lo más profundo de su ser, el comportamiento generoso de Erin
     No todos lo hubieran hecho, y eso a pesar de que no se conocían.  Sonrió levemente y despacio, sin hacer ruido, extrajo del armario una manta y se la echó por encima.  Se tapaba con una chaqueta,y sin duda debía sentir frío.
     Había una tenue luz del día cuando se despertó.  Comprobó que tenía una manta y pensó que habría sido alguna enfermera quién se la echara.. Fue hacia Martha y vio que dormía tranquila.  En una hoja de papel escribió un mensaje advirtiéndola que tenía que abrir el consultorio dado que el doctor estaba de guardia.  No sabía cuándo la terminaría, ni el modo de comunicarse con él, y se acordó del busca. Le escribió un mensaje  y despacio salió de la habitación.  Pensó  desayunar  en la cafetería así no tendría que entretenerse nada más que ducharse y cambiarse de ropa.  Estaba poco concurrida, ya que era muy temprano y aún no habían comenzado los relevos.  Pidió un café caliente y una tostada. Daba vueltas  con la cucharilla al café, distraída cuando de reojo, vio algo verde que estaba frente a ella

-  Quería darle las gracias por lo que ha hecho por Martha. Es alguien muy especial para mi. Además se ha quedado con ella toda la noche. Muchas gracias de nuevo.  ¿ puedo sentarme y desayunar con usted ?

- Desde luego.  Estaba destemplada y el café caliente me viene muy bien.  Quizás abra el consultorio un podo más tarde. Iré a mi casa a cambiarme de ropa, y después iré

- Tómese su tiempo.  Estaré allí cuando haga el relevo

- Bueno...  Pues ya me voy.  Nos veremos luego, entonces

- Si.  Allí nos veremos

    Erin salió deprisa, mientras lo  ojos  de él, la seguían ,  pensando que quizás estuviera siendo demasiado seco  con ella.  Y un plan se abrió paso en su cabeza. Seguro que sería una magnífica ayudante una vez que aprendiese algunas cosas básicas.

    Todo lo deprisa que pudo, se cambió de ropa y de nuevo partió hacia el consultorio. Aprisa conecto el contestador y comprobó que no tenía avisos y respiró aliviada.  Encendió el ordenador y conecto con el programa de consultas:  todo estaba en orden. Entró en el despacho del médico, e igualmente revisó que todo estuviera en orden. Peter aún no había llegado.   Ser sentó en su sitio tras el mostrador, y respiró aliviada.  Era puntual por naturaleza y no la gustaba el retraso, claro que éste había sido por fuerza mayor.  No tenía nada que hacer, y parecía que aquél sería un día tranquilo.  Por fin se escuchó el teléfono

- Consulta del doctor Murphy, dígame
ç
- ¿ Es Celine ?

- No señora, soy Erin.  Celine ya no trabaja aquí

- ¡ Oh, por Dios ! ¿ Y ahora cómo hago ?

- Si me explica lo que desea, quizá yo pueda ayudarla

- Estuve hace tiempo en la consulta y el doctor me recetó unas pastillas pero se me ha olvidado cada cuánto tiempo he de tomarlas

- Veré si puedo ayudarla.  Dígame su nombre y apellidos,por favor

- Clarissa Morgan Smith

- Un momento.  No cuelgue. Buscaré su historial -.  Entró en el ordenador, y efectivamente allí estaba Clarissa.  Revisó rápidamente su historia médica, y vió que lo recetado era simplemente paracetamol:  padecía de artrosis

- Clarissa, ya lo he localizado;  ha de tomarlas cada doce horas.  Una en el desayuno y otra en la cena, pero siempre ingiriendo comida con ellas

- Gracias querida, ha sido muy amable

    Al girarse de nuevo a su posición habitual, vio, por el rabillo del ojo que alguien la observaba. Se asustó durante una fracción de segundo, pero sonrió llevándose la mano al pecho cuando comprobó que se trataba del médico, que la miraba fijamente con gesto ceñudo

- Patrick y Martha,  ¿ están bien ?  Me ha asustado

- ¿ Con quién hablaba ?

- Era Clarissa Morgan
 preguntándome por unas pastillas

-¿ Y se las ha dado?  Esa señora está enferma y usted no está autorizada a decirle nada de su historial. ¿ Me entiende?

    ¿ Qué le había ocurrido ? En nada se parecía el amable hombre del desayuno, al de ahora desabrido y hasta mal educado.  Ni siquiera le había dado tiempo a explicarle que no era receta lo que quería, pero daba igual.  Sin duda no terminaban de conectar, por mucho que ella tratara de hacer mejor su trabajo, era inútil, a sus ojos todo lo hacía mal.  Ni siquiera había tenido un periodo de adaptación al tratarse de un trabajo al que ella no estaba acostumbrada.  Guardó silencio.  Ni siquiera diría el por qué había llamado.  Seguiría con lo que estaba haciendo y pedía mentalmente, que pasara pronto la mañana. No hablaría con él nada que no fuera  del trabajo, y eso si la preguntaba.  Era odioso y antipático,por muy bueno que le pareciera a Martha. Si seguía por ese camino, estaba segura que terminaría en alguna bronca.  Ella no estaba para maltratos, aunque fueran psicológicos,  ni de él ni de nadie.  Así que se detuvo un instante de lo que estaba haciendo y pensó que lo mejor sería buscar otro empleo.  No le soportaba y tarde o temprano discutirían por cualquier insignificancia.  Y de pronto recordó lo contado por Martha la noche pasada.  Y lo vio claro:  amargado.  Estaba amargado por su amor fracasado, pero ella no tenía la culpa, y tampoco la extrañó que rompiera si era tan antipático como lo estaba siendo con ella.

   Alguien entró en el consultorio.  Se trataba de una mujer joven que preguntaba por el médico

  - He estado en el hospital y me han dicho que había venido hasta aquí. ¿ puede avisarle que Celine desea hablar con él ?, por favor

- ¡ Vaya, la famosa Celine ! -repitió para sí

    Pulsó el botón del interfono y la voz rotunda del médicos se escuchó

  - Si.  Dígame
  - Doctor hay aquí una señorita que pregunta por usted. Su nombre es Celine

    Hubo entonces una pausa, pero se oía la respìración agitada de él

- Muy bien.  Hágala pasar

- Puede pasar. Es en la...

    No pudo terminar la frase; iba a indicarla a qué consulta debía entrar, pero se la anticipó la visitante, y se dio cuenta de que esa mujer había sido su novia y no había resultado  ya que ella le dejó por otro.  Seguramente querría hablar con él sobre sus padres.  No prestó más atención a la anécdota y siguió con lo que estaba haciendo.  En la consulta había silencio, y de vez en cuando se escuchaban susurros de palabras pronunciadas por él. Y a medida que pasaba el tiempo, las voces se escuchaban un poco más altas, hasta que de repente, se abrió la puerta bruscamente y Celine salió de la consulta sin decir ni adiós.  Erin la miró curiosa y dirigió su mirada hacia la puerta de la consulta que permanecía abierta.  Se levantó para cerrarla, y de pronto, la voz agria del médico la detuvo

- Déjela abierta. Que entre el aire

    No entendía nada, pero tampoco dijo nada.  Se dio media vuelta y volvió a sentarse en su sitio y seguir trabajando

- ¡ Menos mal que estábamos solos, sin pacientes !   El encuentro ha debido de ser tremendo.-murmuró

miércoles, 12 de febrero de 2020

Los mudos testigos - Capítulo 4 - Urgencias

    Aparcó rápidamente y pregunto en recepción por el doctor.  La indicaron los quirófanos y hacia allí se dirigió .  Efectivamente, Murphy estaba con una señora de unos sesenta años, que lloraba desconsoladamente.  Cuando hizo su aparición, él levantó la mirada y la dirigió hacia ella.  Estaba aún más serio de lo normal, ¿ Se trataría de alguien de su familia?  Se quedó parada frente a ellos, y llamándola aparte la dijo escuetamente

  - Es asistente social,¿verdad? Bien, pues atienda a Martha, que precisa sus servicios -   y se perdió por el antequirófano


    No se había dado cuenta con las prisas, que el médico estaba vestido con el pijama verde.  Seguramente entraría de nuevo para averiguar algo sobre lo  que estaba sucediendo.  Lo dicho, este hombre es todo un enigma. ¿ Lleva su servicio a los pacientes más allá de su horario?  ¿Sería algún familiar? Al fín podría hacer  su trabajo verdadero.  Se acercó a la mujer que seguía llorando y pasó su brazo sobre los hombros de ella.  Guardó un momento de silencio, y a continuación se presentó  e indagó el motivo por el que estaba tan abatida

  - Es mi marido. Le están operando a vida o muerte. Menos mal que tengo a Peter.  Estoy muy desorientada; no sé lo qué hacer

  - Bueno, cálmese, está en buenas manos.  Verá que todo se soluciona.  El doctor me ha dicho que se llama Martha.  Bien, vayamos paso por paso.  Cuénteme que es lo que la angustia...

    Y poco a poco Erin consiguió calmarla. La ofreció agua y un sándwich ya que la buena mujer no había comido nada en todo el día. Mantenía cogidas sus manos, para que, al menos sintiera algo de calor humano en aquella situación tan difícil por la que estaba pasando.  Erin echaba de menos lo que verdaderamente era su profesión, y sintió el palpito de que en más de una ocasión la llamaría para que  la ejerciera .  No la molestó en absoluto hacerlo fuera de su horario y en algo para el que no estaba contratada.  La satisfacía poder ayudar a las personas en las situaciones difíciles.  Trató de entablar una conversación con ella para que el tiempo se la hiciera más breve, y de este modo averiguar que lazo la unía a su jefe.

   La charla salió sin ella hacer ningún esfuerzo. Aún no sabía qué tipo de relación unía a aquella mujer con el médico; guardaba silencio y algunas veces asentía con la cabeza.  la dejaba hablar porque creía que era la mejor forma de que se desahogase de la angustia que sentía.  Y llegarían a un nombre:  Celine

  - Es mi hija ¿ sabe ?  Fue novia de Peter, pero se cruzó otro hombre y... ahora está casada, pero vive muy lejos de aquí.  Sé que a Peter le rompió el corazón.  Llevaban dos años de noviazgo y él quería casarse y formar una familia con ella, pero mi hija le rechazó.  Yo siempre le he considerado como a un hijo y es a quién recurro siempre que tengo algún problema ¡ es tan bueno !  ¡Me hubiera gustado tanto que se hubieran casado ... !

    ¡ Vaya, resulta que el médico tiene corazón!   La mujer seguía hablando de cuando se casó, de cómo se establecieron allí, de cuándo llegaron desde Inglaterra... en fin, la contaba su vida.  Erin la prestaba el máximo de atención, aunque  su cabeza estaba en otras cosas.  En su propio matrimonio fracasado y pensó que mejor la ruptura , antes que vivir  lo que ella había pasado, aunque  no creía que el médico hiciera lo que su ex, máxime si estaba enamorado de ella.

    Posiblemente su hermetismo se debiera a eso, a su corazón roto.  Y entonces comenzó a mirarle con otros ojos.  Habían perdido la noción del tiempo, y volvieron a la realidad cuando la puerta se abrió y Peter, de nuevo, estaba ante ellos.  Tenía el rostro más relajado, señal de que todo había salido como esperaban.  Miró en primer lugar el rostro de Martha, y a continuación el de Erin;  estaba analizando  al milímetro sus expresiones y sacaría la conclusión de si había sido buena profesional o sólo era una pretenciosa que presumía de algo que no era.  Pero las palabras de Martha terminaron por convencerle

 -Oh Peter, gracias por haberme enviado a esta enfermera.  Mi hija debía estar aquí y no esta joven.  He de llamarla

- No te molestes, Martha.  Ya lo he hecho yo.  Me ha dicho que se pondrá en camino de inmediato.

    A continuación pasó a explicarla cómo había transcurrido la operación realizada. Permanecía sentado al lado de Martha, con sus manos acariciando las de la mujer.  Erin permanecía algo alejada de ellos, ni siquiera la miraba;  era como si no estuviera allí, como si no existiera.. Despacio, se dirigió a la máquina de café y saco uno.  Estaba caliente, y la reconfortaba. A través del ventanal contemplaba el paisaje que tenía delante, ajena por completo a la conversación que ellos dos mantuvieran.  No sabía el tiempo que había transcurrido imaginando la vida de ese hombre que ahora se mostraba tierno con aquella mujer que en tiempos debería ser su familia, pero que ya no lo era.  Imaginó el lazo tan fuerte que debió tener con ellos, es decir, con la hija, hasta el punto de querer formar una familia, pero que ella misma fue quién rompió sus planes, según la había confesado la propia madre.  También la había dicho que era un buen hombre, algo que Erin no ponía en duda, pero al mismo tiempo frío y lejano, en su trato diario.  Sin duda ese agrio carácter era motivado por el desengaño amoroso.  Parecía increíble que a un hombre como él, con la presencia física que tenía, una mujer le abandonara por otro. Una de dos: o el otro era muy superior físicamente, o tenía alguna traba por lo que fue rechazado.

    Consultó el reloj y miró en dirección hacia donde ellos continuaban hablando.

  - Yo ya no pinto nada aquí. me voy a casa - se dijo

Y hacia ellos se encaminó. Al llegar hasta donde  permanecían, se fijó más detenidamente en la mano de él apoyada en el hombro de Martha, y lo quedamente y con cariño con que la explicaba el proceso operatorio.  Se notaba a simple vista, que aquella persona le importaba, y mucho.

    Carraspeó levemente para que ellos la prestasen atención.  Eran casi las once de la noche.

  -Perdón por interrumpirles, pero creo que no me necesitan. Voz a retirarme

    El la miró como si se diese cuenta en ese momento que estaba  allí, que llevaba horas allí sin siquiera haberlo tenido en cuenta.  La fulminó con la mirada ¿ qué demonios quería ?  Ni siquiera había tenido la delicadeza de darle las gracias, y eso que no era su obligación de haber estado allí.  No la pesaba haberlo hecho, porque estaba conmovida por Martha y por la soledad que tenía, a no ser por él.  Pero qué es lo que pretendía.  De repente Peter se levantó y tomándola del brazo, la llevó a un lado de la estancia apartada de Martha

  - ¿ Por qué se va ?  Pensé que se quedaría hasta que su hija llegase. Yo he de volver a la guardia y no puedo estar toda la noche con ella, aunque vendré de vez en cuando

- Perdone pero nadie me dijo nada. me da mucha pena esa mujer, pero creo que mi misión ha terminado. Además ¿ voy a ejercer de secretaria y enfermera?  Pues tendremos que negociar las condiciones del contrato

- ¿ Pero qué dice ?  Este es un favor personal que la pido.

- ¿ Por qué no lo ha dicho antes?  Simplemente llamó a mi casa y me ordenó que viniera enseguida. No lo lamento en absoluto porque Martha es un amor de persona, pero usted...  Tendrá que modificar su conducta o desde luego no cuente conmigo

-Me está diciendo que va a despedirse?  ¿ Es esa la formación que la dieron ?

- Mire doctor, no es el lugar ni el momento para entablar una discusión, pero no le costaría ser un poco más amable y educado.  Ni  por un solo momento se ha dado cuenta de que yo estaba allí y ni siquiera tuvo la gentileza de ofrecerme un vaso de agua.  Usted se basta y sobra para atenderlo todo.

- Discúlpeme,. tiene razón.  Pero quiero mucho a esta familia y me pilló de sorpresa la enfermedad de Patrick.   Está en todo su derecho de enfadarse. Le ruego que no se marche hasta que encuentre otra sustituta

- Está bien. Yo también tengo mis problemas ¿sabe ?
- No lo dudo.  Todos los tenemos.  Alguna vez tendrá que hablarme de ellos.  Bueno ¿ se queda si o no ?
- ¿ Se da cuenta ? Otra vez lo ha vuelto  hacer.  Está bien, me quedaré, pero lo hago por Martha y no por usted

    Y por primera vez desde que le conociera,  la dedicó una sonrisa;  esa era la forma de darla las gracias, aunque el gesto de enfado de Erin, no se borrara de su cara.  Le dió la espalda y se dirigió hacia la mujer que con curiosidad les observaba.  Peter llegó a su altura y explicó a Martha que se quedaría con ella hasta que llegase  Celine, ya que él debía seguir trabajando.  Martha dedicó una sonrisa cariñosa a Erin, dándole las gracias

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