lunes, 14 de octubre de 2019

Pobre niña rica - Capítulo 3 - Quiero libertad

Esperábamos pacientemente a la entrada del teatro a que nos trajeran el coche para regresar a casa. Yo salía satisfecha, pero en mi cabeza se había instalado la conversación que debía mantener con el tutor y que debiera ser en el menor tiempo posible.

 Como a dos metros de distancia de  nosotros,estaba la pareja del palco. Parecía a todas luces que nos perseguían, y no era así, sino que todos esperábamos lo mismo.  Dirigí mi mirada a nuestro alrededor distraída, y nuevamente les  ví, pero en esta ocasión él hablaba con ella. Supuse que lo hacían por nosotros, por la desigual pareja que hacíamos :  Menzies con el cabello  blanco y yo, que a todas luces parecía casi una niña en comparación con él.  En un momento dado, ambos nos miraron, y deduje que   nosotros éramos el centro de atención

-¿ Quién esa chica?- preguntaría él
-¿ A quién te refieres?- contestaría ella
-Al caballero de pelo blanco con la jovencita.  ¿ Es su hija?

Y fue entonces cuando ella nos buscó con la mirada y sonrió

- No ,  es el tutor y albacea de los Randall , y ella debe ser la pequeña Elizabeth Clarisse
- Qué rimbombantes.  ¿ Es acaso alguien de la realeza para tener tanto nombre ?
- Su padre era lord, y ella ha heredado todos sus bienes, y créeme son muchos.  Pero la pobre no ha disfrutado de ellos
- ¿ Y eso por qué ?
- Al morir sus padres la metieron en un internado. Imaginate era muy pequeña y ahora es que la vemos por primera vez en años. Y francamente está muy cambiada.  Supongo que la habrán destinado para un duque o algo parecido porque es la única propietaria del emporio de su padre.  es una riquísima heredera a la que no dejaran que se acerque a ella ni una mosca
- Pues es preciosa. Pobre chica,  merece mejor destino. Es una chica rica, pero seguro que muy pobre en afectos. Tener que estar siempre en guardia es una tortura.

Imagino que seguirían hablando de nosotros durante más rato, y que se informaría de todo lo que a mí concerniese. Pero nuestro coche llegó y dejamos de ser el centro de su atención.  Y dentro del vehículo, le dije a mi tutor

- Señor. soy mayor de edad ¿ cierto ?
- Si, señorita, desde hace un año
- Soy dueña de mi vida, aunque en teoría  ¿verdad?
-Ante las leyes, cierto
- Muy bien, pues no deseo vivir en un apartamento regido por una tutora.  Deseo mi propio apartamento, compartido quizá con otra chica, pero sin vigilantes constantes. Cumpliré con  mis obligaciones, que ustedes me impusieron;  de eso no tienen  que preocuparse.  Pero deseo entrar y salir a donde me plazca sin tener a alguien que me guarde las espaldas.  Todo el mundo me ignora, no saben quién soy, por tanto no hay peligro que me rapten o algo parecido.  No he tenido desde pequeña ni un momento de intimidad, siempre controlada, así que ha llegado el momento de tener algo de libertad,  Y la quiero ya. He dicho que cumpliré mi promesa, con  los deseos de mi padre, pero si no me la otorgan renunciaré a todo y viviré como un ser normal y no como alguien que no sabe nada de nada.

Thomas Menzies se quedó callado sin duda sorprendido  por mi petición que a todas luces no esperaba

-Su destino, querida jovencita, está ligada a la compañía de su padre.  Así lo dispuso, hasta el último detalle. Deberá terminar su carrera y ese mismo día,  ocupará el sillón de directora general de la compañía. Si no lo hiciera, dejó ordenado que se la retiraran todos los privilegios y dote, debiendo vivir  con lo que ganara en su trabajo,  que no sería con nosotros.  Comprendo que para alguien tan joven será muy difícil acoplarse a tanta disciplina, pero eso es lo que hay

No podía creer lo que estaba escuchando, además clausulas impuestas por mi propio padre. O sea, que si me negaba a trabajar en esas condiciones, me quedaría literalmente en la calle.  La rabia ahogaba mi garganta; estaría toda mi vida sujeta a esa disciplina.  Rodeada de sesudos señores de negocios, que seguramente pensarían que no era la adecuada para ocupar ese sillón.  Al cabo de un rato pude decir en voz alta lo que pensaba

- Señor Menzies ¿ por que me odiaba mi padre?
-Señorita Beth ¿ permite que la llame así?
- Desde luego.  Lo prefiero sin tanta ceremonia.  Ignoro porqué me pusieron esos dos nombres
- Fueron por sus dos abuelas.   Como iba diciendo, sus padres la adoraban y quisieron protegerla, hasta de su propia familia. Los parientes que residen en el extranjero. al ocurrir el accidente, pensaron que cobrarían una fortuna, que su padre les dejaría algo.  Al ver que todo iría para usted, se quitaron de en medio y hasta hoy.  Por eso es que nunca se interesan por usted. Por eso fue tan extricto con las clausulas porque conocía a su familia y si no ataba muy bien los puntos, estaba seguro de que la dejarían en la calle.  Y la empresa la levantaron sus padres únicamente.  Cuando alguna vez necesito ayuda, nunca estaban disponibles, porque toda la fortuna la dilapidaron en las mesas de juego.  Esa es la razón.  No piense que sus padres la odiaban; la querían extraordinariamente, y yo tuve que jurar cumpliría sus órdenes al pié de la letra

- Perdone señor Menzies, no tenía ni idea.  En lo que a mi respecta, seguiré la ruta al pié de la letra, se lo prometo, pero ha de dejarme  vivir a mi aire, siquiera un poco, al menos hasta que termine la carrera.  Después me espera otra vida y será complicada

El tutor, tomo una de sus manos y la besó en el dorso, sonriendo beatíficamente

- Está bien dulce Elizabeth.  Mañana mismo me ocupo de buscarle un apartamento
- No se preocupe.  me gustaría hacerlo yo, si no le importa.

Había ganado una gran batalla. Al fin podría vivir independiente y sola, o con Meredith.  Sería estupendo, aunque sabiendo lo que me esperaba después, no sé si mi alegría sería tan grande por el logro conseguido.
Me acomodé mejor en el asiento del coche hasta llegar a casa. Durante el camino, no paraba de hacer planes y deseaba con toda mi alma, que la noche pasase rápido
para, al día siguiente, ir con Meredith a buscar un apartamento en el que comenzar una nueva vida, posiblemente sería la más feliz y relajada etapa que viviría.  La llamé por teléfono y quedamos citadas temprano.  Estábamos acostumbradas a madrugar, ya que a las ocho de la mañana sonaba la alarma para levantarse.  Ambos estábamos muy ilusionadas.  Al fin seríamos dueñas de una parcela de nuestras vidas,  sobretodo yo

domingo, 13 de octubre de 2019

Pobre niña rica - Capítulo 2 -Los diecinueve

A la mañana siguiente, en hora del recreo,fui llamada a la tutoría y allí estaba la señorita Fiona, la enfermera, que me hizo sentar junto a ella, y me explicó concienzudamente lo que me ocurría, y las precauciones que debía tomar de ahora en adelante. Yo debía poner una cara extraña y abrir mucho los ojos, pues en un intermedio, la enfermera me hizo una caricia en la mejilla y me sonrió

- No estés intranquila, querida.  No se trata de una enfermedad.  la menstruación la tenemos todas las mujeres, es lo que nos permitirá a su debido tiempo, convertirnos en madres.  Es posible que alguna vez te duela el vientre, no te alarmes, Si eso ocurre, ven por la consulta y te daré un calmante.  ¿ Quieres saber algo más ? ¿ Tienes alguna duda ?
- No señorita Fiona. - Estaba muy asustada; nadie me había hablado de ello.

Cuando salí del despacho, estaba más tranquila, pero al mismo tiempo pensé que no era ninguna ventaja convertirse en mujer; habían más inconvenientes que otra cosa y sería un incordio y una incomodidad.  Pero no tenía más remedio que conformarme, no me quedaba otra.
Los estudios los llevaba con normalidad, lo que hacía que mis profesores estuvieran contentos conmigo, y así se lo hacían saber a mi tutor, ya que mensualmente hablaban con él por teléfono si es que no iba al internado para consultarles algo..

Y paso a paso se acercaban mis dieciocho años, y mi ingreso en la universidad.  Sabía a lo que estaba destinada; economía y finanzas, algo que odiaba profundamente, y mentalmente me reprochaba a mi misma el porqué se me habían dado tan bien los números.  Si hubiera sido más torpe para las matemáticas, seguro que hubiera podido hacer otra carrera que en verdad me gusta: periodismo.  Pero no.  Como todo en mi vida, otros lo habían  decidido por mi y mi lugar en la vida, estará siempre en un despacho de dirección en lugar de en alguna redacción de periódico.

 Seguro que mi padre dejó esas disposiciones en su testamento al ver  que era una chica y no un chico como hubiera querido, y que al morir no tuvieron tiempo de planificar otro ser.

- Muchas gracias, papa - dije mentalmente - Ruega porque no  hayas arruinado mi vida.

Rápidamente me arrepentí de ese reproche.  estoy segura que ellos también hubieran preferido engendrar otro ser en lugar de servir de simiente en una tumba en el cementerio.

En la universidad, el tiempo pasaba más rápido, pero no con más libertad, porque la mano férrea del albacea era muy larga y habían dispuesto para mi, vivir en un piso tutelado por monitores mujeres, con lo cual sería algo más libre, pero era tan poco que no merecía la pena.  Pero al menos los sábados por la tarde podía ir al cine, siempre acompañada, aunque fuera de lejos,  por la monitora.  Pero ya era algún  avance.  En la sala común, escuchaba las conversaciones de mis otras compañeras, y hablaban, aunque en voz baja, de algún que otro chico, de citas clandestinas y de besos perdidos.  Yo, las observaba asombrada y fingía  enfrascarme en la lectura que estaba siguiendo ¿ Cómo es que yo no sabía nada de eso? Y la respuesta me la daba yo misma

-¿ Cómo iba a saberlo si no me han dejado ni respirar?  ¿ Estaré destinada a ser la esposa de algún rey de esos perdidos por algún país extraño?  ¿ De qué demonios me asombro? Lo de ellas es lo normal a nuestra edad, lo que no es propio es lo mio. ¿ Por qué tengo que ser yo diferente? No lo entiendo francamente.  Solo sé  que donde quiera que vaya siempre llevo carabina.  Lo hablaré  con  mister Menzies en la primera ocasión que tenga. Han de dejarme un poco más a mi aire.  Posiblemente mis compañeras crean que voy para monja y se burlarán de mí.  Es normal que lo hagan. ¡ A estas alturas de la vida  aún me tienen entre algodones !

Y la ocasión se presentó antes de lo que pensaba y fue el día que cumplí diecinueve años.  Como regalo,  mi tutor y albacea,  me llevaría a la ópera.  Y para ello, salimos de compras ; debía tener el más bonito traje de noche que hubiera;  nos acompañaría para ello  una de las doncellas de la casa, y también     la asesora de imagen mas famosa que hubiera

- Pero ¿ a qué demonios me tienen destinada para tanta fanfarria?   Creo que tengo derecho a saberlo, se trata de mi vida - me dije

Y el día llegó y ciertamente que estaba hermosa. Me llevaron a una prestigiosa peluquería, me maquillaron discretamente debido a mi juventud, y me ayudaron a vestirme.  Y  todo eso, lo hicimos en la¡  Gran Mansión !  ¿ Por qué ?  Seguía sin entender nada  ¿ Cuántos años hacía que había salido de allí? Tenía cuatro años y he vuelto con diecinueve. No recordaba nada de la casa, pero si  las fotografías de mis padres. Hasta el servicio me resultó extraño.
Cuando el señor Menzies, vestido de smoking,  vino a buscarme, se quedó quieto ante mí y gratamente sorprendido:  me  había convertido en una princesa de  cuento de hadas, según su opinión. Bonita, culta, refinada...,  e inocente.  Me aguardaba un espléndido porvenir;  sería una directora general altamente cualificada en todo, y hasta posiblemente me elegirán al que será mi marido.  Demencial, totalmente de locos ¿ En qué manos me pusieron mis padres?  En las de alguien que vive en el siglo diecinueve, y no en el veintiuno.

Y el coche que nos condujo hasta el teatro de la ópera  nos dejó a la puerta. El Coven Garden estaba en todo su esplendor y  yo  asombrada;  nunca había visto mujeres más bellas y hombres más apuestos.  Lo cierto era que no había visto casi nada de nada.  Un acomodador nos llevó  hasta las butacas que estaban en las primeras filas.  Nos dieron un programa, y me entretuve en averiguar de qué iba la obra: La Bohème de Puccini.   Me  gustaba,porque también recibía clases de música, ¡ Como no !

La música en general me  gustaba. Y la ópera también, pero lo  que oían mis compañeras era más informal, más divertido, de esa que hace mover el cuerpo aunque no tengas sentido del ritmo. Di un repaso con la mirada a  los palcos que poco a poco se iban llenando de gente.  Los músicos en el foso, afinaban sus instrumentos, ponían en los atriles las partituras, en fin todo estaba ya a punto.

En uno de esos repasos que dí por la sala, tropezaron mis ojos con otros que me observaban  fijamente.  Desvié la mirada rápidamente y mis mejillas ardieron por unos instantes.  Y por primera vez sentí algo extraño en el estómago, parecido a lo que mis compañeras describían y que yo nunca había sentido y es que esos ojos, me perturbaban, me intimidaban.  Nunca nadie antes me había mirado así.  Había una mujer bellísima a su lado, aparentemente mayor que él, que le dió un suave golpe en el brazo y le preguntó algo, que hizo que apartara la mirada de mí.

Las luces se apagaron y los músicos comenzaron con la obertura de la ópera.  Era la primera experiencia que tenía de este tipo.  La música increíblemente bella, el teatro en sí  una preciosidad, el lujo y el perfume de las damas que todo lo envolvía,  hicieron que entornara los ojos para disfrutar y grabar en mi memoria  lo que estaba viviendo,  olvidándome de todo.  Pensé que no volvería hasta el año próximo,  de nuevo en mi onomástica, así que lo recordaría todos los días hasta esa nueva fecha,.

Al final del primer acto, hicimos un intermedio y sentía sed, una sed tremenda seguramente por la intensidad con que estaba viviendo todo. Pedí permiso para salir y Menzies dijo de acompañarme.   Me negué en redondo ¡ Jesús !  ¿Y si quiero ir al servicio ?  Deseaba respirar por mi misma, siquiera durante cinco minutos.En mi bolso de fiesta, me habían metido unas libras, y no se por qué , ya que no pagaba absolutamente nada,  pero en aquella ocasión,  si lo haría.  Tomaría un refresco en el bar del vestíbulo que  comenzaba a poblarse de gente y los camareros paseaban sus bandejas con sendas copas de champán entre todos nosotros. Yo miraba en rededor sin buscar nada concretamente, solo por el placer de mirar.  Uno de los camareros se me acercó ofreciéndome la bebida.  Le miré sorprendida y aunque me moría por beber una de esas copas, le pedí un vaso de agua.  Una voz a mi espalda dijo:

- Una mujer bellísima, una noche de gala, seguramente una ocasión especial, merece una copa de champán y no un vaso de agua.

Mentalmente le dí la razón, pero ante mi falta de costumbre no quise arriesgarme.  Entonces me giré y descubrí los ojos más azules que había visto en mi vida.  La mandíbula más fuerte y cuadrada y una sonrisa que derretía el hielo.  ¿ De dónde había salido este Adonis?, me pregunté , y al fijarme más, comprobé que era el hombre del palco.Me sonrió, con una sonrisa provocativa como con sorna, de medio lado, que me puso bastante nerviosa. El también me miraba detenidamente. Pero la inspección mutua, fue interrumpida por la mujer que le acompañaba en el palco. Era hermosa, vestida impecablemente para la ocasión, y con unos pocos años mayor que él, pero no los suficientes como para pensar que pudiera ser su madre.  Se trataría de su novia, o esposa,  Y pensé  "  ¡ Que suerte tiene ! "

Era la primera vez que me permití hacer un comentario, aunque fuera para mí misma, sobre un hombre. Eso me extrañó muchísimo, pero me acordé de los que hacían mis compañeras sobre sus amigos. ¡ Menos mal !, suspiré,  no era un bicho raro, come me consideré el primer día que las escuché hablar sobre el tema.  Y me daba cuenta que había estado toda mi vida en una nube:  Que me protegían de lo más mínimo, sin darme la oportunidad de vivir la vida tal y como se presenta. Quizá tuvieran miedo de que me ocurriera algo malo y pensaban que así me protegían.  El accidente de mis padres siempre estaba presente, pero no tuvieron en cuenta que no sólo los accidentes pueden cortar tu vida en pedazos, hay muchas cosas a lo largo de nuestro paso por la tierra que la parten por la mitad
y puedes irte de este mundo sin haber vivido.  Además a la vista de todos, siempre me veían como una niña boba y tonta, y no lo era.

Y entonces se abrió en mi mente la palabra rebeldía. Eso es, debía revelarme contra la tiranía que mi familia había implantado en mi vida.  Había pasado una noche preciosa y yo sola me la estaba amargando.  Tenía que hablar con  mi tutor al respecto.  Tenía diecinueve años, ¡por amor de Dios!  Otras chicas a mi edad eran ya hasta madres y yo ni siquiera había recibido el beso de un chico.

Pobre niña rica - Capítulo 1 - Entre algodones

Fuí criada entre algodones en el seno de una familia de las más influyentes y adineradas de Inglaterra.  Hija única de padres , quizá, mayores para tener hijos.  Pero no nací por ese motivo débil y enfermiza, muy al contrario, me engendraron sana y fuerte, pero con demasiados mimos.  Era como si fuera una gema de valor incalculable a la que había que proteger, pues de ella dependían muchas cosas.  Hoy día, pienso que pagué un precio muy alto por haber nacido en ese lugar que no había elegido, ni tampoco estuve rodeada por las personas más adecuadas para una niña que quedó sin padres a los cuatro años, por un accidente de aviación.

De mi se hicieron cargo unos tíos, por una temporada, después entre ellos y el albacea que dejó mi padre, acordaron que lo mejor para mí, sería meterme en un internado porque al haber más niños, al menos, tendría a mi alrededor  criaturas iguales a mi en edad.

En mi mente infantil no llegaba a entender por qué  de repente no volví a ver a mis padres, ni estaba en mi casa con Fanny, la cocinera,  que me hacía unas galletas riquísimas, ni el señor Preston,  que me llevaba y traía en el coche cuando salíamos a casa de alguna visita ni tampoco era Londres en donde vivía.  Nadie me explicó nada, porque a pesar de mi corta edad, yo lo hubiera entendido.
De buenas a primeras me ví frente a un enorme edificio que nunca había visto y según me indicó cariñosamente mi tío junto con el albacea, esa sería mi casa a partir de ahora, al menos hasta que tuviera más edad.  Creo que si  hubiera venido con nosotros  Sue o Fanny se me hubiera hecho más llevadero.

 Recuerdo que protesté ante esas breves explicaciones, y chillé cuanto pude,  gritando  que quería estar en mi casa con mi papa y mi mama. Pero la mirada que me echó el albacea-, hizo que mis gritos y mis llantos cesaran en el acto.  Cuando bajamos del coche, me sentí más pequeña de lo que realmente era,  frente a la imponente fachada del internado Wycombe Abbey.  En un lado de la portada había un cartelón de mosaico en el que decía " Internado para señoritas".

- ¿Internado? ¿ No voy a salir nunca, es eso lo que significa?

 Recuerdo que cuando me portaba mal, mi madre me amenazaba con meterme en un internado, y se me quedó muy grabada esa expresión y entendí que aquello era un castigo

- Pero ¿ por qué ? He sido buena

Se me hizo un nudo en la garganta y las lagrimas afloraron a mis ojos.  Ahora estaba todo claro: mi madre no deseaba verme por haberme portado mal y me ha traído a este horrible lugar. Esa sensación  de orfandad al no ver a mis padres a mi lado, la frialdad del trato de mis tutores y el estar fuera de mi entorno, fue creciendo dentro de mí día tras día y año tras año. Mi carácter se fue moldeando y me volví una niña triste, poco habladora y solitaria.  Recuerdo que el primer día de clase fue demoledor pàra mí.  No conocía la disciplina que ellos imponían y al no seguirla, los castigos se sucedieron. Las habitaciones las compartíamos dos chicas, pero eran tan austeras que a veces daban la sensación de que eran celdas, y no dormitorios de niñas.  Tan  solo un osito de peluche era lo que me permitieron que estuviera conmigo.
Meredith, se llamaba la compañera con la que compartía el dormitorio.  Era un año mayor que yo, por eso no nos veíamos en clase.

El toque de queda era a las ocho de la noche, y teníamos que estar con los dientes,  la cara y las manos lavados,   puesto el camisón, y hasta metidas en la cama. Hoy lo recuerdo casi con horror y considero que ese hermetismo con las reglas, amargaron nuestros mejores años. Una vez a la semana, por lo general los jueves, recibíamos la visita de nuestras familias, menos yo, que nadie vino a verme en mucho tiempo.  Recuerdo que la primera vez que tocaba turno de visita, yo estaba impaciente y pensaba que a mis padres se les habría pasado el enfado y al fin acudirían.  Pero no fue así, y sería imposible en lo sucesivo puesto que habían fallecido.  Pero tampoco nadie de mi casa se acercó a verme, y harta de esperar, comprendí que no vendría nadie, ni recibiría ninguna carta .  Que estaba como en una cárcel a perpetuidad. Y veía con envidia  a Meredith, porque a ella si venían a visitarla.

Las que no teníamos visita, nos llevaban a la biblioteca y allí permanecíamos hasta que pasaba la hora, todas las familias se marchaban y nosotros íbamos al comedor, cenábamos,  y a la cama hasta el día siguiente.  En la biblioteca conocí a Mildred y nos hicimos amigas;  ambas estábamos en las mismas condiciones.

Y así, lentamente, pasaron los días, los meses y los años. Y por fín entraría en el bachillerato. Era muy inteligente, a decir de mis profesores, pero mi carácter era taciturno, tímido  y concentrado en sí mismo.
Un día, sorprendentemente, una de mis profesoras me anunció que tendría una visita:  se trataba del albacea,  mister Menzies,  que tenía que tratar algunos asuntos con el director del internado y con mi tutor en los estudios. Terminaba en poco tiempo la fase de primaria y comenzaría secundaria. Supe mucho tiempo después  que lo que tratarían sería amoldar mi cerebro para la carrera que iba a desarrollar: Económicas, dado que mi destino sería, como heredera del emporio familiar, dirigir la empresa y a los accionistas.
No me gustaban las matemáticas, pero inexplicablemente, tenía mucha facilidad para asimilarlas, aunque es no fue el motivo, al contrario me hubieran querido menos lista y algo más tonta.

Una vez terminada la entrevista con el director, me llevaron a la presencia del albacea en el mismo despacho.  Me saludó impersonalmente, como si hiciera que me había visto  cinco minutos.  El mismo hermetismo y la misma frialdad que yo recordaba.  Tan solo una débil sonrisa  en su rostro al yo entrar en la estancia


- Señorita Randall, ha crecido mucho ,  está muy alta y bonita.

Me dieron ganas de decirle ¡ claro si hubieras venido mas a menudo, no lo notarías tanto ! .  Pero me límité a sonreír levemente y a bajar la cabeza; me daba vergüenza el piropo que me dijo, seguramente nada más que por cortesía.  Una vez se hubo marchado, subí a mi habitación y me miré al espejo para comprobar si en verdad había cambiado. Me giré para contemplarme desde todos los planos y al estar de frente, tiré hacia abajo la blusa del uniforme ajustándola a mi cuerpo, pero quedé decepcionada,  yo seguía lisa como una tabla de planchar.  Sólo se me ocurrió decir frente al espejo

- Bah, es un mentiroso.  Es una mentira como todas las que me dijeron. Soy tonta, fea y delgada.

Y es que mi cuerpo estaba cambiando, dejando atrás la niñez y abriéndose paso los primeros síntomas de que ya no era tan niña.  Pero seguía sin saber los cambios que en verdad experimentaría y que había visto en otras chicas en cursos delante del mio, por eso al tener mi primera menstruación me desmayé, y Meredith, mi compañera de cuarto, tuvo que llamar apresuradamente a la tutora, y fue ella la que me puso en antecedentes de lo que de ahora en adelante notaría, y por ello no debía alarmarme ya que era de lo más natural

- No debes asustarte. Te estás convirtiendo en una mujer, y serás preciosa

Aquella noche dormí muy molesta e incómoda, pero Meredith me dijo que ya me acostumbraría. Pero no pude evitar llorar;  estaba asustada por aquello que me pasaba  y que nadie me avisó que ocurriría. Y sin pensarlo, a pesar del tiempo transcurrido, eché de menos a mi madre.  Me tapé la cara con la almohada silenciando mis sollozos y muy tarde, me quedé dormida

ENTRADAS POPULARES