viernes, 19 de octubre de 2018

La Dama de la rosa - Capítulo 8 -Buscando consuelo

Connor tenía un humor de perros. No le había gustado nada el despertar de aquella mañana.  Y tomó la decisión de no hacer cábalas, sino seguir viviendo la vida como la tenía marcada hasta entonces.  Sería lo mejor, olvidarse de ese absurdo que se había forjado sólo en su cabeza.  Ella no tenía la culpa de no sentir nada por él, pero tampoco Connor de haberse enamorado de alguien y en tan poco espacio de tiempo.  Pero era el caso,  que se había instalado en su vida y le costaba un mundo arrancarla de ella.  Posiblemente saliera de viaje a cualquier lugar y quizás,entonces, volviera con ánimos renovados. Aunque lo más sencillo sería rescindir el contrato de alquiler e irse a vivir a otro sitio.

Pero el lugar era ideal para él. ¿ Por la soledad de la casa o por la presencia de ella?  La necesitaba cerca aunque sus encuentros fuesen fortuitos, pero sabía que en cualquier momento, y con cualquier excusa, podía verla.  Si se marchara no volvería a verla nunca más.  Y probablemente eso era lo que necesitaba, pero le faltaba valor para hacerlo.

Cuando quiso recordar, estaba frente a la casa de Mildred.  Era una señorita de compañía de buena familia, pero de gustos caros y frecuentes.  Decidió vivir la vida como ella quería y eligió la profesión de acompañante.  En raras ocasiones tenía sexo con algún cliente.  Sólo cuando ella quería y con quién quería.  Cobraba espléndidamente su servicio.  En algunos casos sólo escuchaba las lamentaciones del cliente de turno, o era la acompañante en una cena de negocios.  Con Connor ni una cosa ni otra, pero sí era uno de los clientes con quién tenía sexo.  Era fija desde hacía tiempo, y siempre recurría a ella porque no hacía preguntas sólo lo que él deseaba para realizar su trabajo, y nada mas.  Connor salía alguna vez que otra con ella; la invitaba a comer o a cenar y después cada uno a su casa.  Pero aquel día presentía que la visita iba a ser más  duradera, hasta aplacar su mal genio que todos sabemos a qué fue debido.  Decidió pasar el fin de semana con ella, olvidándose por completo de su cita con Anya.  Tuvo la precaución de avisar a Madelaine para que no se preocupara y planeo junto  a Mildred cómo pasar esos dos días.

Ella tenía una cabaña en Bundoran, en Donegal, y aunque no hacía temperatura para bañarse en su playa, si descansarían y darían paseos.  Se conocían bien y sabía que ella escucharía sus lamentos y con un poco de suerte le aconsejara algo para  poder olvidar ese incipiente amor que le traía de cabeza.
 Pasaron esos dos días charlando de todo menos de lo que le había llevado hasta allí. No quería  que nadie lo supiera; era algo muy suyo y deseaba guardarlo para sí.  Dejó a Mildred en su casa y tomó el camino hacia la suya.  Al llegar, excepto alguna luz en su casa, en la de Anya todo estaba a oscuras y su coche no estaba

Madelaine le informó que la señorita Anya se quedó muy sorprendida al conocer que se había marchado de viaje, cuando habían quedado citados para comer en ese día.  Connor se llevó las manos a la cabeza en señal de disgusto; se le había olvidado totalmente

- ¿ Cómo he podido olvidarlo?  Se me fue de la cabeza por completo.  la llamaré ahora para disculparse.
- No está, ha salido de viaje y no sabe cuándo regresará.  Es lo que me ha dicho.  Vinieron a poner burlete en las ventanas, pero me comentó que alguien había entrado en su casa la noche de la fiesta y le daba miedo quedarse sola por las noches.  Así que iría a un hotel hasta que todo se aclarase
- ¿ Me estás diciendo que entraron en su casa ?
-Eso mismo es lo que ella me dijo.

Se le puso la piel de gallina. Se había marchado y él no estuvo allí para protegerla, cuando lo necesitaba.  Y así mismo se avergonzó al pensar en Mildred, no exactamente por ella, sino por lo que habían hecho durante esa escapada.  Esperaría unos días a ver si regresaba y podían aclarar la situación. Si así no fuera, se replantearía  fríamente el permanecer hospedado en la vieja mansión..

Pero los días pasaban y Anya no regresaba.  No podía haber ido muy lejos: se había llevado a Bruno. ¿ Estaría en el pueblo ?  No podía trabajar, los nervios no le dejaban quieto, así que decidió ir en su busca a ver si por casualidad estuviera en el pueblo.  Eso sería lo mejor;  tenía que ayudarla ahora que tenía miedo.  Tenía que haber una explicación para que hubieran entrado en su casa.  En el pueblo se sabía que no era rica y que su propiedad se limitaba a ese viejo caserón.  No terminaba de entenderlo, pero lo averiguaría, y lo primero sería buscarla y encontrarla.

La Dama de la rosa - Capítulo 7 - Extraños sucesos

Anya se acostó y rememoró lo acontecido en esa tarde.  había sido una reunión  muy simpática, y consiguió relajarse y de este modo pudo disfrutar más de la tarde.  Además él se sentaba a su lado seguro, tranquilo, y esa tranquilidad se la infundía a ella.  Se había convertido en un buen amigo en el que podía confiar, a pesar del poco tiempo transcurrido desde que se conocieran  Sonrió al recordar las anécdotas que cada uno de ellos contaron, e incluso ella también intervino con alguna de cuando era fotógrafa.  Y lentamente recordando se fueron cerrando sus ojos hasta quedarse profundamente dormida.  A los pies de la cama, también dormía Bruno.  Todo estaba en paz.

Se despertó de improviso por un frío helador que se instalaba en la habitación y consiguió despertarla. ¿ Cómo era posible ?  Ni hacía tanto frío y además la ventana estaba cerrada, se arrebujó más entre la ropa, pero se dió cuenta de que Bruno, también se había despertado y estaba sentado sobre sus patas traseras, mirando fijamente hacia un rincón del dormitorio, Gruñía el animal y el frío no se le quitaba, así que cambió de postura, calmó al animal y volvió a quedarse dormida.

Estaba asomada a la ventana.  Hacía un día precioso de primavera y el sol brillaba como nunca lo había hecho.  El prado se había convertido en un precioso jardín y había una mujer joven , bonita que también sonreía. Cortaba rosas y las dejaba en una cestilla para que no se estropearan.  De repente la mujer alzó la vista y la vio asomada. Se levantó, alzó un brazo en señal de saludo y la sonrió, al tiempo que la decía algo que no escuchaba.  Un ladrido de Bruno, más fuerte de lo habitual, hizo que se despertara bruscamente.  Todo lo que había visto se trataba de un sueño, bonito, pero un sueño y recordó la cara de aquella joven; se trataba de su tía abuela.  Llevaba un vestido rosa que había visto en alguna fotografía del álbum familiar.  Pero había sido todo tan real que parecía que ella estaba en el sueño metida: era la chica de la ventana.  Se terminó de despertar al comprobar que los ladridos de Bruno cada vez arreciaban más y seguía sentado ladrando a un rincón.

- Calla, calla Bruno.  No son horas de escandalizar.

 Había dormido mucho.  Eran casi las nueve de la mañana y lo justificó por haberse acostado tan tarde.  Siguió mecánicamente con lo que hacía a diario, excepto que hoy no saldría a correr.  Bajó las escaleras y vió que todas las fotografías estaban esparcidas por el suelo.

- ¡ Oh no ! Bruno, eso no me gusta.  Has podido romper alguna. Me has enfadado.  Como lo vuelvas a hacer serás castigado sin tu paseo. - El animal giraba la cabeza de un lado a otro inclinandola como diciendo " no sé qué me estás diciendo ".  Tan sólo una fotografía quedó sobre la mesa: la de Connor.  El resto hubo de recogerlas del suelo..  Aquello  no la gustó y la preocupó  , Miró a su alrededor y comprobó que todo estaba como lo había dejado.  Revisó las habitaciones y todo estaba intacto.

- ¿ Habrá entrado alguien durante mi ausencia, creyendo que tenía cosas de valor?  Si ha sido así debe haber sido algún extraño de fuera del pueblo.  Aquí todos saben que vivo de mi trabajo.  No sé, no sé.  Todo es muy extraño-

No se acordó del frío de la habitación, ni del sueño tenido,  ni de los ladridos del perro.  Para todo encontró una explicación, pero lo real era que no habían sido un cúmulo de casualidades, sino algo verdaderamente raro.

Miró por la ventana y el día había amanecido gris y las luces eran preciosas.  Justo lo que ella deseaba para sus fotos. Se puso una chaqueta, cogió su máquina de fotos y el  Mp3.  Bruno ladraba  haciendo círculos a su alrededor contento porque iban en dirección al bosque.

Y se adentró en él y se sentía satisfecha porque la estaban saliendo unas preciosas fotografías, pero hubieron de regresar porque comenzaban a caer las primeras gotas de lluvia..  Al llegar a casa, Miró en dirección al balcón de la terraza de Connor, él no estaba asomado, ni sus luces encendidas.

- Le habrá dado pereza levantarse; es muy temprano aun.

Connor se había quedado dormido con el libro entre las manos. Estaba a gusto en la cama, le apetecía,  puesto que se sentía cansado.  Se durmió profundamente pero rallaba ya la mañana, cuando un soplo de aire helado hizo que metiera los brazos dentro de la ropa, pero no se despertó,

 Se giró al lado contrario de la postura que había mantenido hasta entonces y siguió durmiendo. Se abrazó a la almohada que tenía al lado y sonreía.  De pronto algo frío le rozó en la cara que hizo que se despertara.  Lo primero miró a ese lado al  que aún permanecía abrazado, y se tapó  la cabeza, al darse cuenta de que no era lo que había estado soñando.  Soñó que la almohada era el cuerpo de Anya que estaba junto a él en la cama. pero el despertar fue cruel, al comprobar que todo había sido un sueño

- ¿ Por qué me he despertado =  Podría haber permanecido así todo el día.  Estaba a mi lado, me sonreía y ambos éramos felices.  Hace un frío de mil demonios, pero todo está cerrado ¿ De dónde viene esa corriente?

Saltó de la cama y fue hasta la ventana, se asomó un poco y miró en dirección a donde vivía ella y la vió retozar con Bruno y meterse en casa.  ¿ Sería esa la única visión de ella en el día de hoy ?  Será mejor que te vistas y vayas a dar una vuelta.  Despeja esa cabeza y deja de pensar en lo que no puede ser. - Se repetía mentalmente.

Y así lo hizo.  Se metió en el coche tras decirle a Madelaine que no comería en casa.  Después del sueño tenido, necesitaba descargar adrenalina y la compañía de una mujer.  Pasaría el día fuera y quién sabe si no también la noche.  Debía sacarla de su cabeza a como diera lugar, de lo contrario le volvería loco y no podría ni siquiera trabajar.

jueves, 18 de octubre de 2018

La Dama de la rosa - Capítulo 6 - Extrañas cosas

Las notas de esa maravillosa melodía, se esparcían por toda la casa. Ella apoyada en el piano estaba frente a él, que la miraba de vez en cuando.  Algo flotaba en el aire de difícil definición, pero de ellos dos, sólo uno percibía esa sensación. Estaba extasiada al escuchar esa música que ni siquiera imaginaba había sido compuesta  para ella.  Ni siquiera se había parado a pensar en la dedicatoria de la foto.   Cuando terminó de interpretarla, él cruzó los brazos sobre el teclado y se quedó mirando el rostro de ella, pero no dijo nada

- Eres un músico extraordinario. ¿Por qué no das conciertos ?
- Cuando terminé la carrera, esos fueron mis principios.  Pero después surgieron las películas y me permitían un trabajo más relajado y cómodo.  Los conciertos te dan nombre de prestigio, pero hay que estar constantemente viajando de un lugar a otro y no te permite tener una vida estable.
-¿ Has estado casado ?
- No llegue a eso.,  estuve a punto, , pero nos dimos cuenta a tiempo de que eso no era para nosotros.  Así que lo dejamos y ahora somos excelentes amigos. ¿ Y tú ?
- Tuve un novio durante dos años, . Pero eligió a otra chica y ese fue el final de la historia
- ¿ Se trata del muchacho con el que hablabas el día que fuiste al pueblo?
- ¿ Me viste y no me dijiste nada ?
- Primero estabas hablando con él, y después te noté algo enfadada y no quise inmiscuirme en tus cosas. Dime ¿ era ese el muchacho ?
- Si.  Ese era.  pero no quiero hablar del tema
- Esta bien. Cuéntame ese proyecto que tienes en mente sobre las fotografías.

Y Anya fue desgranando lo que quería hacer; el la escuchaba atentamente, hasta que de repente las luces se apagaron

- ¡ Vaya ! Habrá saltado el diferencial. Enseguida vuelvo, está en la cocina.  pero a tí qué voy a decirte, ya lo sabes.-.  Al cabo de un instante volvió algo perplejo

- ¡ Que raro!, cuando he llegado ha vuelto la luz, y el aparato estaba correctamente.. En fin solucionado el problema.  Sigamos con nuestra charla me interesa mucho escucharte.
- No sé qué mas contarte.  Mi vida es como la ves.  No hay variación, ni antes ni ahora.  Antes porque el trabajo me estresaba y tenía poco tiempo para nada.  Y aquí vivo tranquila.  Al principio me costó un poco, acostumbrada a la lucha con el trabajo; lo echaba de menos.  Mis vacaciones, todas, las pasaba aquí, con mi tía.  Luego cuando ella faltó, estuve una temporada sin venir, hasta que me decidí a vivir aquí. Y puedo asegurarte que estoy encantada.. En el pueblo casi todos me conocen; somos muy pocos, casi una familia.  Nunca he tenido problemas con nadie, así que vivo feliz

Y volvió a pasar. Fue como una ráfaga de aire que se colara por algún sitio.  Ninguno de los dos dijo nada, pensando que sólo lo había sentido uno de ellos, pero no fue así, aunque no lo comentaran.  Nunca, durante el tiempo que vivió aquí, tuvo esas sensaciones ni sintió nada parecido.  No sabía cómo explicarlo

- En fin, es tarde. Debo irme
- ¿ Nos veremos mañana ?
Posiblemente, si te asomas a la ventana nos veremos.  Estamos ¡ tan cerca ! que es difícil no vernos.  La próxima vez invitaré yo. Es lo que corresponde. Tu me invitaste hoy, yo otro día
- ¿ Y será ?
- Pues eso depende de ti.  Tengo todo el tiempo del mundo libre. En primavera es cuando más trabajo, pero ahora, ya ves está todo en calma, Así que tu decides
- ¿ Qué tal el domingo?
- El domingo. No creas que cocino muy bien
- Estará bien. No te preocupes, lo que sea me gustará.
- Buenas noches Connor
- Te acompaño

Y lentamente se dirigieron hacia el pabellón.  Allí se despidieron nuevamente dándose un beso en la mejilla. Se levantó una suave brisa que los dos sintieron
- Entra. Vas a resfriarte
- Hasta mañana - Entró y él esperó hasta que cerró la puerta.

Connor miró hacia arriba y de repente, la brisa había cesado.  la noche era tranquila .  Lentamente llegó a su casa y decidió acostarse.  Había pasado toda una tarde cerca de ella que ni siquiera se había dado por aludida.  Quizá no recordase lo que era sentir atracción por alguien al que a penas conoces.  Ella había cerrado sus sentimientos a otra relación.  No se acostó de inmediato.  Buscó un libro en la buena biblioteca y tras repasar varios títulos, encontró uno que le interesó.  Lo abrió ojeando sus páginas.  Comprobó que era antiguo; miró la fecha de su edición y era de 1912.  Se notaba que había sido  muy usado por quién fuera su dueño.  Por la fecha pensó que pertenecería a la tía abuela de Anya. Debía de ser romántico por la época, puesto que era lo que estaba más en boga.  Subió lentamente las escaleras y antes de entrar en su habitación se dirigió a la galería de los retratos. Se plantó delante de la Dama con la rosa y la miró fijamente a la cara.  Seguía sonriendo.  Como si pudiera escucharle, la mostró el libro, dió media vuelta y salió de allí

Anya se parecía a ella, no mucho, pero su sonrisa era la misma. Sabía muy bien lo que le ocurría.  No había sido un flechazo, pero tampoco fue algo inesperado, sino lentamente se fue fijando en ella.  Pero Anya no quería ni oír de relaciones y menos de amoríos, así que lo guardaría en su interior, al menos mientras pudiese.  Lo ideal sería irse de allí, precisamente en el momento que se iniciaba su enamoramiento, pero no quería separarse de ella ni de ese entorno.  Es como si una fuerza extraña le retuviera allí. ¿ Por qué ?  No sabría explicarlo, sólo lo sentía.  Movió la cabeza como diciendo " has perdido el juicio " y entró en su habitación. En realidad estaba cansado. Miró el reloj y marcaba casi las dos de la madrugada.  La tarde había sido placentera, pero se sentía cansado, y sin embargo no lo estaba cuando tocaba para ella.  Se conformaría con verla a través de la ventana de su habitación que da a su pabellón. No quería declararse rendido admirador para no asustarla, pero era lo que en realidad quería. Sentía un impulso de difícil control hacia ella; mantenía una batalla constante para no delatarse, y de esta manera se sintiera presionada y cortara la poca comunicación que tenían.

Al fin le rindió el sueño mientras leía las primeras páginas del libro.  Dormía profundamente, pero un sueño comenzó a hacerse visible en su subconsciente. Una figura femenina le sonreía. Se parecía a Anya, pero no era ella.  Al día siguiente cuando lo recordó le encontró la explicación: el libro, el retrato y ..  Anya.  Se estaba obsesionando y eso no le gustaba.  Se puso al piano y de sus manos salieron unas notas bruscas,  desgarradoras,  que le decían muchas cosas y que sabía a qué se debían.

ENTRADAS POPULARES