martes, 24 de abril de 2018

Las necias ilusiones - Capítulo 10 -Oh la, la. París

Pasaban de las siete cuando tomaban tierra en Paris. En poco más estaría frente a él. y seguramente comprobaría la cara de pocos amigos que tendría, no sólo por el madrugón, sino, porque, seguramente, habría interrumpido un encuentro amoroso para ir a buscarla.  ¡ A ella ! ¿ Se ha perdido un "polvo " por esa insulsa y antipática muchacha, que siempre tiene cara de enfado.?  Todos esos pensamientos la asaltaban mientras esperaba en la cinta a recoger su maleta.

En cuanto los primeros viajeros salieron, enseguida la divisó entre ellos.  Notaba que extrañamente el corazón se le aceleraba.  Hacía días que no la había visto y miró detenidamente su cara como si fuese la primera vez que la viera.  No podía estar más bonita con el atuendo que llevaba. Nada espectacular; como miles de chicas usan, pero ella tenía un toque especial para lucir la ropa, por insignificante que fuera.  Ella alzó su brazo, pensando llamar su atención, sin pararse a pensar que ya la había visto nada más aparecer .

- ¿ Qué tal el vuelo ? - la dijo
- Bien.  Cómodo y corto, dentro de lo que cabe- fue su respuesta y ambos guardaron silencio

Ella procuraba ir dos pasos detrás de él.  No se había dado cuenta, pero de repente giró su cabeza y la vio que iba retrasada

- ¿ Qué pasa?  ¿ Por que vas tras de mi ? - la dijo
- Creo que es lo correcto. Usted es el jefe y yo su empleada
- Me importa un comino el protocolo. Haz el favor de ir junto a mi, y dame la maleta: la llevaré. Tu eres una señorita y yo me considero un caballero, y aunque sea una costumbre antigua, me parece que es lo correcto, a no ser que lo consideres como machismo  Y además es muy incómodo mirar hacia atrás cada vez que tengo que decirte algo.
- .  No soy tan radical.  Hay otras cosas que si lo son, pero ésto es signo de buena educación
- Muy bien. Mira aquí está nuestro coche
-¿ Con chófer ? - preguntó extrañada
- Si ¿ de qué te extrañas ?
- Podría haberme recogido él y no hubiera tenido que madrugar.
-Dije que te necesitaba aquí Y que yo te recogería, y soy un hombre de palabra.
- Bien.  Usted manda.

El se la quedó mirando, pero no quiso replicar a ese comentario.  Posiblemente la falta de sueño hacía que fuera más impertinente de lo que acostumbraba.  Pero le gustaba que fuera así, rebelde indisciplinada y contestona, aunque siempre era respetuosa.  Y esa era la verdad.  No volvieron a hablar durante el camino al hotel.

Su habitación estaba una frente a la otra.  De este modo cada uno de ellos tendría su privacidad, aunque sospechaba que poca vida privada iba a tener si lo que le había traído hasta París, era trabajo por  un negocio suculento que estaban a punto de cerrar.  Colgó la ropa en su armario y se cambió.  Aguardaba que él le diera las órdenes oportunas de lo qué hacer durante esa mañana. Tenía los papeles encargados que trajera, a mano en una carpeta.  Bien ya estaba todo dispuesto; Ahora sólo quedaba que la avisara   para comenzar a trabajar. Pero él no daba señales de vida. Espero, esperó  hasta que el estómago le daba gritos.  Miró su reloj y comprobó que eran las nueve de la mañana.  No había cenado el día anterior y en el avión tampoco había tomado alimento.  Bajaría a la cafetería y desayunaría, y si la llamaba, que esperase.  Estaba bastante enfadada con él, y lo cierto es que no sabía porqué, o sí lo sabía.  Pero ella misma se hizo la desentendida.  Era como, si de repente, se hubiera convertido  en un niño pequeño que cree que el taparse la cara impide que le vean y se cree invisible.

Entró decidida echando una ojeada sobre  la cafetería.  No había mucha gente; pensó que era temprano para algunos o demasiado tarde para otros.  para ella era perfecto. Se encaminó hacia una mesa para un comensal que estaba en un rincón frente a la puerta de entrada.  Pidió tostadas y un té.  Tenía hambre, pero pronto perdió el apetito al ver entrar a una pareja que reían y charlaban sin parar  .Se quedó con la taza de té pegada a su boca, sin dar ningún sorbo.  El hombre que había entrado era su jefe, y se mostraba muy cariñoso con la mujer que le acompañaba.  No quiso saber más firmó la nota del servicio y salió de allí inmediatamente.  Tomó una decisión: Saldría a recorrer Paris, tanto si le gustaba como si no.  Si él tenía tiempo de flirtear, ella también de hacer turismo.

No le importó lo que vendría después cuando Brendan la llamase y comprobara que no estaba, que había ido de compras.  Le daba lo mismo; había tomado una decisión irrevocable; cuando volvieran a casa, dimitiría de su puesto.  Volvería a Bristol, a casa de sus padres y de nuevo buscaría un trabajo.  Sabía que echaría de menos a Margaret, pero allí tendría el calor humano de los brazos amorosos de sus padres.  Subió nuevamente a su habitación, cogió el bolso, y en recepción solicitó un plano.  No iría muy lejos, sólo por los alrededores del hotel, pero le serviría de escarmiento.

Lo cierto era que estaba celosa de lo que acababa de ver, y cada vez se reafirmaba más en su decisión:  así no podía seguir.  Se estaba amargando la vida por una historia disparatada que no podía  remediar ni soportar.  Con el ir y venir de la gente se distrajo y no volvió a pensar más en Brendan ni en su acompañante.  Miraba los escaparates de los comercios más elegantes, de las firmas más reconocidas, e inalcanzables para ella.  Entró en una perfumería y compró un perfume para su madre,   Margaret y otro para ella.

En parte, haciendo compras, había aplacado la ansiedad que sentía y las ganas terribles de salir corriendo a donde fuera, pero lejos de él.  Y una llamada sobradamente conocida, sonó en su teléfono

¿ Qué quiere ahora ? - se dijo.  De mala gana lo extrajo de su interior y respondió a la voz alterada que estaba al otro lado

- ¿ Dónde estás ?
- - Pues haciendo turismo.  No conocía París y es una ocasión única para recorrer sus calles
- Te dejé bien claro que te necesitaba aquí, y no comprando perfumes
-¿ Cómo sabe que estoy de compras?
- Porque os conozco
- ¿ Nos conoce ? ¿ A quién se refiere ?
- A vosotras,  a las mujeres

- Un tanto a su favor.  Yo no conozco a los hombres, por eso es que no le entiendo.  Que no comprendo porqué siempre me está atacando. Porqué se piensa que debo estar a su servicio las veinticuatro horas del día.  Así que como no entiendo nada de nada y le vi bien acompañado en la cafetería, pensé que había llegado la hora de tener un rato libre, porque mi horario de trabajo es de ocho horas y las he sobrepasado con creces desde ayer.

El se quedó callado, y ella también. Interpretó que había colgado y ella también lo hizo, pero volvió a sonar y esta vez la voz de él sonaba menos alterada

- Dime donde estás. Voy a buscarte
- No hace falta.  Estoy cerca del hotel, llegaré en pocos minutos
- Perdona, tienes razón.  Te estoy acaparando demasiado sin tener en cuenta que tienes que descansar.  Te prometo que no volverá a ocurrir.
- No hace falta que se disculpe.  Perdone usted también.  He sido demasiado brusca.  Voy para allá.  Tardo cinco minutos.

Cuando entró en su habitación, se encontró con un ramo de rosas del mismo color de las que le envió a su casa.  Supo de inmediato quién las había enviado, no necesitó leer la tarjeta, pero así lo hizo. Y como en  aquella, sólo había una palabra.: " Perdón ".
Tenía el poder de descolocarla siempre. Con eso, se la había vuelto a ganar, pero al mismo tiempo la produjo dolor, porque sabía que iba a echarle de menos, y  también tenía claro que debía alejarse de él cuanto antes.  Quizá encontrara a otro hombre que no le hiciera la vida tan difícil e insoportable.

Veinte minutos después llamaba a la puerta de la habitación  506, y un Brendan algo más relajado estaba frente a ella.

- Me tenías preocupado. Dijiste cinco minutos y han pasado lo menos veinte
- Lo sé, pero como ve, estoy entera. Aunque menos que usted, yo también se manejarme en el extranjero. En fin... ¿ qué es lo que quiere ?
- Sólo que charlemos durante un rato.
-¿ Que charlemos ? ¿ Me ha hecho venir para charlar ? ¿ Y si hubiera estado con algún amigo?
- Me lo hubieras dicho. Pero ¿ qué te pasa?
- A mi nada ¿ Y a usted ?
- Quería darte las gracias por tu ayuda.  El negocio se ha cerrado y ha sido todo un éxito. Así que pensé que teníamos que celebrarlo.
Entonces ¿ puedo regresar a casa ?
-¿ Quieres irte? Podría enseñarte París
- Yo creo que no. Si llegaran a enterarse en la oficina me pondrían de hoja perejil.
- Y ¿ a quién le importa ?
-A mi.  Me importa a mi.  Soy yo quién está con ellos trabajando. Soy su secretaria, una empleada suya.  Nada más.  El turismo lo haré por mi cuenta en vacaciones y en solitario o en compañía, pero desde luego no con usted.  Así que..  Si me permite arreglaré todo para mañana regresar a Londres.
- Tienes la facultad de dejarme sin palabras.  Por primera vez en mi vida estoy con una mujer a la que no sé qué decir.  Está bien, márchate, si así lo quieres.  Yo me quedaré unos días más.

Ada se levantó y él la acompaño hasta la puerta, allí la arrinconó y sin que ella pudiera reaccionar, la estampó un beso en los labios, al tiempo que la decía:

- Ahora, ve con Dios - Abrió la puerta y la cerró tras ella.
.

lunes, 23 de abril de 2018

Las necias ilusiones - Capítulo 9 - Abrir su corazón

Y los días pasaban, y nada urgente sucedía en la empresa .  Todos los departamentos funcionaban bajo la supervisión de Morgan.  Ada echaba de menos a Susan, cuyo escritorio había sido retirado.  No tenía a su compañera con quien charlar a ratos perdidos, y la imaginaba en su luna de miel contenta y feliz. Y abrió el programa que tenían directo Brendan y ella.  Ante sí tenía una foto de él tomada en su despacho.  Ni en fotografía se relajaba;  en su rostro se mostraba la tensión, que nunca le abandonaba.  Se la quedó mirando durante unos instantes, pero lo cerró de inmediato, porque a ella misma asustaba el camino que estaba tomando su vida y no la gustaba.  No era el acertado y caminando por él, sólo obtendría dolor y decepciones.

Y empezó a pensar más seriamente en abandonar  Miller Dawson CO:  Si permanencia en ese puesto no tendría más que problemas y malos ratos.  Aún con todo eso, le echaba de menos; a veces tenía la impresión de que iba a abrir la puerta y entrar  dando los buenos días.  Pero no sucedía y ya eran muchos días los que faltaba al trabajo.  Su cabeza era un caos.  Conocía perfectamente lo que la estaba ocurriendo, y no se sentía capaz de soportarlo por mucho tiempo.  La confusión reinaba en su cabeza.  Tenía el trabajo de sus sueños,lo que había deseado durante todo ese tiempo, y sin embargo, estaba dispuesta a abandonarlo, porque no se sentía capaz de permanecer al lado del jefe con indiferencia, conteniendo el constante latido de su corazón cada vez que le viera, o  el fuerte dolor de cabeza cada vez que recibía alguna regañina de él.  Todo era superior a sus fuerzas.

¿ Debía intentar cambiar de departamento?  No lo creía posible:  había sido contratada para trabajar ahí, ser la mano derecha de su jefe.  Ella estaba dispuesta a ser  sus ambas manos y su vida entera si él la correspondiera, pero no era el caso y por tanto, la idea de poner tierra de por medio se abría paso en su cabeza .  Debía hacerlo cuanto antes, ya que de lo contrario  sufriría muchísimo.  Debía hacerlo cuanto antes, pero al menos debería esperar a que él regresase. A pesar de que su rostro nunca se borrase de su imaginación.

¿ A dónde iría ?  ¿ Volver a Bristol ?  A cualquier lugar antes que permanecer  allí, sentada frente a esa puerta, esperando que él la llamase, con frialdad, con profesionalidad, pero ajeno totalmente a lo que estaba ocurriendo en su vida.  ¿ Por qué había tenido que poner sus ojos en un imposible ? ¿ Por qué deseó venir a Londres?  Para todas esas preguntas no encontraba respuesta, porque no la había.  Apreciaba a sus compañeros y pensaba que había tenido mucha suerte al tomar la decisión de vivir en la gran ciudad, pero todo lo bueno tenía un precio y el suyo era haberse enamorado de un hombre para el que era totalmente invisible.

Deseaba cuanto antes solucionar esa situación; estaba metida en un laberinto de emociones y no sabía encontrar la salida.  Y como si el destino jugase su baza, su teléfono sonó y al otro lado escuchó la voz del jefe, como siempre dándola órdenes

- ¿ Ada ?
- Si. ¿ Está bien ? ¿ Ocurre algo ? Por aquí todo marcha con normalidad
- No pasa nada y si, quiero que venga lo más pronto posible.  Estoy cerrando un gran negocio y la necesito aquí
- ¿ Aquí, dónde ?
- En París. y traiga la documentación que la diré a continuación.  ¿ Podrá venir ?  Tome el vuelo que primero salga y díríjase al  hotel Ritz a la habitación 506.  Le repito cuanto antes.  Procure estar mañana por la mañana.  La necesito urgentemente.  Tome nota de los documentos que habrá de traer.
- Está bien.  Haré todo lo posible porque así sea.  Tomo nota
- Tienes que hacer más que lo posible
- Me está asustando.   ¿ Por qué no me ha avisado antes?
- No tengo ganas de discutir ahora.  Ven,  y punto. Hasta mañana

No dejaba opción a nada más. El daba una orden y todo el mundo debía ponerse en movimiento:  " si buana, si buana", repetía malhumorada.

-No quiero verle y...

Dejó de rezongar e inmediatamente se puso en movimiento.  llamó a la agencia de viajes y la consiguieron un vuelo a las cinco de la mañana.  En dos horas estaría en Paris.  Creyó que era la hora indicada para empezar lo que fuera que tuviera que hacer a primera hora.  A continuación se puso en contacto con la recepción del hotel Ritz en Paris para reservar una habitación.  Al decir su nombre, la dijeron:

- Ya está reservada.  Lo hizo el propio señor Miller .  Es la 508 en la misma planta.
- De acuerdo.  Gracias, Adiós

Se sentía furiosa. Había contado de antemano que ella iría inmediatamente, como si fuera un perrito faldero que corriera tras de su amo.  No estaba de acuerdo.  Debió pedírselo como un favor, y no como una orden.  Pero al mismo tiempo sentía algo agridulce en su interior.  Tenía ganas de verle, pero al mismo tiempo sabía que el despedirse sería más complicado y le recordaría siempre.  Quizá fuera una buena ocasión de plantear su dimisión.  Si.   Eso haría, en cuanto lo creyera oportuno.  Y volvió a contactar con él.  Marcó su número privado.  Creía era  una ocasión urgente, al menos para él lo era, pero esperaba una buena regañina por hacerlo

- Con este hombre nunca sé si lo que hago es lo correcto o no.  En fin, si no lo es, que se aguante.

Tras varios toques de conexión, una voz femenina atendió la llamada.  Ella no sabía si cortar la comunicación o preguntar por él.  Lo que no esperaba era encontrarse con esa situación que, al instante, entendió a que se debía.  Optó por colgar.  Además no tenía tiempo que perder.  Llamó a Morgan y le contó lo que Brendan le había pedido

- Ya lo sé, a mi también me llamó.  Váyase de inmediato.  Tiene el tiempo justo de recoger lo que precise y salir para el aeropuerto.

A pesar de la extrañeza de Margaret, no se entretuvo en explicarle más que tenía que ir a Paris.    Hizo el equipaje.  No sabía siquiera lo que debía meter en la maleta. Creyó que no estaría muchos días, no obstante, puso un traje de más vestir por si acaso.
Estaba en la ducha, cuando su teléfono sonó insistentemente.  Enjabonada como estaba, salió   refunfuñando

- Y ahora ¿ quién será ? - Dígame
-La digo.  Iré al aeropuerto a recogerla. ¿ Sabe la hora de llegada?
- Lo tomo a las cinco de la mañana, así que calculo que a las siete aproximadamente
- Va a hacerme madrugar
- No es necesario si tanto le incomoda. Yo no voy a dormir, así que estamos empatados.  Además usted trasnocha
- - ¿ Me estás regañando ? - dijo sonriendo, algo que perfectamente se percibía a través del aparato

Ella no supo que contestar sorprendida ante esa salida que no imaginaba. ¡ La había tuteado y se estaba riendo !  La verdad es que le había contestado muy enfadada, no por el madrugón, sino porque se estaba divirtiendo con una señorita, y a ella la gruñía por llegar tan temprano.

- Perdón, ni mucho menos. Sólo que me reprochaba la hora de llegada cuando usted mismo me obligó a hacerlo
- Yo no obligo a nadie.  Doy órdenes para que se cumplan.  Si así no lo hacen , pues...
- Entiendo: si no me interesa me voy
- Bueno, bueno.  De momento a donde vas a venir es a París. Iré a buscarte. - Y cortó la comunicación
- ¿ Qué demonios le pasa, está loco ? - repitió en voz alta. Y se volvió a meter en la ducha, antes que el gel se quedara reseco en su piel.

Quería llevar solo una maleta y muchas cosas, así que tuvo que sentarse encima para poder cerrarla..  Le costó trabajo, pero al fin lo consiguió.  Revisó todo lo que debía  llevar a mano y despidiéndose de Margaret, se metió en el taxi que la conduciría a Heathrow rumbo al Charles de Gaulle

domingo, 22 de abril de 2018

Las necias ilusiones - Capítulo 8 - Despedida

Y poco a poco, Ada fue teniendo en sus manos las riendas de su trabajo.  El plazo se acortaba y tan sólo faltaban cuatro días para que Susan abandonara la empresa, y ella debería hacerse cargo de ello sin tener el apoyo de su compañera.

Su rutina con Brendan seguía como si tal cosa; simplemente daba órdenes y ella las cumplía a rajatabla, y a pesar de hacerlo correctamente y no recibir ninguna rectificación por parte del jefe,  no se sentía satisfecha.  Seguía impactándole su presencia , y los nervios seguían tomando plaza en su estómago.  Nada había cambiado en ese aspecto.  Era algo que la confundía grandemente y no sabía cómo y de qué forma romper ese bloqueo.

Una mañana la llamó a su despacho.  La saludó amablemente y sin embargo se reflejaba en su cara que algo le disgustaba.  Era  correcto pero hablaba lo justo.  En días atrás, alguna vez que otra, se permitía alguna gracieta con Ada, pero no era el caso en el día de hoy

-¿ Que le habrá pasado ?  Es como una novela policíaca; crees que sabes quién es el culpable y de repente da un giro y resulta que es quién menos piensas.-  Se decía mientras aguardaba que él terminara de buscar algo que parecía no encontrar.  Y por fin rompió el silencio
- Bien.  Como sabe Susan se nos marcha en un par de días.  He pensado darle una despedida.  Ha sido una buena empleada que me ha ayudado mucho y creo un deber hacerlo ¿ qué le parece ?
- Estupendo, me parece estupendo.  Y es todo un detalle por su parte
- Bien, pues creo que una cena para todos los empleados estaría bien. Le haríamos un regalo en nombre de todos para que no se olvide de nosotros. Y después de cenar  deberíamos entregarle algún regalo especial, algo que perdure en el tiempo. ¿ Qué cree que pudiera ser?  Usted, como mujer ¿ qué le gustaría recibir ?
- La verdad, no lo sé. ¿ Alguna pulsera, una bandeja de plata ?  No lo sé- Ese "para que no nos olvide", caló hondo en el pensamiento de Ada, pero no hizo ningún comentario
- Creo que la bandeja. Aunque también pudiera ser  además un marco para la fotografía de boda. O un juego de peine y cepillo para el tocador, de plata, claro- expuso Brendan
- O todo ello - dijo Ada
- Creo que sí: la bandeja para el peine y el cepillo y el Marco para la mesilla, haciendo juego.  Llame a esta joyería y que le den alguna idea o directamente encarguelo.  Bien, pues eso es todo
- Ahora mismo me pongo con ello.  Aunque... creo que debería ir en persona a la joyería y elegirlo
- No tengo tiempo. Hágalo usted

- Pero... yo...  No sé si sabré.  Nunca he comprado algo tan costoso
- Siempre hay una primera vez.  Ellos le ayudarán no se preocupe.  Ahora mismo les llamo y les digo que va para allá. ¡ Vamos, vamos ! No pierda tiempo.  Faltan pocos días.  Después reserve en el restaurante de siempre mesa para todos . ¿ De acuerdo ?
-De acuerdo.  Ahora mismo me pongo con ello.

Y llegó el día.  Era triste, por un lado, para Susan:  cerraba una etapa importante en su vida. A medida que se cumplía la hora de salida, los empleados se encaminaron al restaurante para homenajearla. Brendan eligió el menú y la joyería había llevado el regalo para entregárselo a los postres.  Todo estaba perfecto y,   perfecto y emotivo resulto el acto.  Susan,  al recibir el regalo de manos de su jefe, no pudo evitar emocionarse, y le abrazó dándole las gracias.  Era la primera y última vez que lo hacía.  Nunca en tantos años de trabajar juntos se había tomado la confianza de hacerlo.

Y de repente, Ada lo vio todo claro.  Al verles abrazados y Susan gimoteando, pensó que lo que le ocurría a Brendan era que estaba enamorado de ella y Susan había elegido a otro hombre con quién compartir su vida.  Una sonrisa amarga brotó de sus labios que disimuló y buscó,  como pretexto,  la emoción del momento.

Era viernes y por la noche.  Al día siguiente no había que trabajar, y por tanto la mayoría de empleados decidieron acudir a otro lugar y tomar la última copa. Unos fueron,  y otros,  como Ada,  dijeron  de regresar a casa.  Y fue Brendan quién se brindó a llevarla.  El tampoco iría. pretextando que al día siguiente salía nuevamente de viaje.

La abrió galantemente, la puerta del coche, la del co- piloto. No hablaban, ambos estaban serios. Tan sólo, una vez sentados, la dijo:

- Póngase el cinturón -

Ella obedeció sin pronunciar palabra.  Ante sus ojos, aún tenía la visión de la entrega del regalo; era algo que no podía borrar de su cabeza. Y sin embargo, Susan,  nunca  hizo ningún comentario, y vio tampoco signo alguno de lo que estaba imaginando.  No le parecía posible, de ser verdad, estaba segura que Susan no se casaría . Seguro que eran imaginaciones suyas.  Simplemente estaría emocionado, porque cinco años son muchos años de trabajar tan estrechamente relacionados,  como ellos estaban.  Creyó que ella nunca tendría tanta afinidad con él. Es más, pensaba que no le caía bien , y por eso era tan distante y hermético con ella.  Se notaba a simple vista la afinidad con Susan  y sin embargo, guardaba  las distancias con ella.  Claro que a penas llevaba un mes.  Era distinto, y recordó que ya desde el primer día tuvieron sus diferencias.

Lamentaría tener que dejar el trabajo, pero se veía a largo plazo fuera de esa empresa. Eran correctos, no tenía problemas, pagan buenos sueldos, pero no tenía empatía con su superior más directo, y eso era un gran problema a la hora de trabajar codo con codo.
Y llegaron frente a la casa.  El se bajó diligente y le abrió la puerta, ofreciéndole la mano para ayudarla a salir, que ella aceptó.  La acompañó hasta la puerta de entrada y allí, la dijo solemnemente:

- Deme su teléfono

Ella en principio no entendió lo que la pedía.  No entendía nada ¿ por qué era tan escueto?.  Brendan se dió cuenta de que no sabía por dónde iba la petición, y entonces sonriendo amplio más el mandato

- Quiero grabar mi número privado. Si hubiera algo urgente, pero muy urgente, , contacte conmigo de inmediato en este número.  Todo lo que pase durante el tiempo que esté ausente, usted sabrá resolverlo. Deseo estar tranquilo durante unos días, así que recuerde : estaré ilocalizable  a no ser que fuera algo grave.  Nos veremos en unos días.

La devolvió el teléfono y esperó a que ella entrase en su casa.  Se metió en el coche y se perdió calle arriba.  No le vería ¿  en cuánto ?  Ni siquiera lo sabía, pero una sensación decepcionante se instaló dentro de ella.


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