miércoles, 18 de abril de 2018

Las necias ilusiones - Capítulo 4 - Una selección previa

Después de recoger el curriculum que Ada había dejado en Recurso Humanos, Morgan  lo puso junto a otros que habían llegado solicitando el tan codiciado puesto de trabajo.  La Compañía era de sobra conocida en los círculos empresariales y por tanto, el trabajo era una tentadora ocasión de poder entrar a formar parte del emporio empresarial.

Comenzó a leer uno por uno todas las solicitudes para el empleo, y lo hizo detenidamente, ya que el jefe supremo no pasaba ni una  negligencia que ocurriera por falta de atención.  Sería un puesto de responsabilidad y para ello tendría que haber plena confianza en la persona que estaría más cerca de él y por tanto conocería muchas decisiones.    Llevaba días analizando los documentos que habían llegado a su despacho.  Decidió descansar por un rato, ya que era tanta la saturación que tenía en su cabeza que no le daba para más.

La puerta se abrió dando paso a otro hombre, también joven que por su seguridad en las órdenes que daba, se veía a todas luces que era uno de los que más mandaban.  Y efectivamente era el director general, gerente y , en definitiva, dueño de la Compañía

- ¿ Qué haces aquí todavía ? - le preguntó a Morgan
- Mira lo que hago.  Revisando solicitudes de empleo. ¿ Por qué demonios no te decides ya de una vez?   Tengo tres pilas como esta, y te juro que ya ni veo las letras de lo que han escrito.  Estoy saturado, no puedo más.  Todas son perfectas para ser tu secretaria, elige una.  La tendremos a prueba y si no sirve, llamamos a otra.  Es así de sencillo
- No seas quejica. Dame unos cuantos, los leeré cuando llegue a casa.  Los que me parezcan bien los firmaré en azul, los que deseche en rojo.  Mañana le das un vistazo y listo.    No leeremos más , con estos más los que llegaron anteriormente tendremos más que de sobra
- ¡ Menos mal !  Creí morirme si siguieras con este rollo.

Brendan Miller, se puso manos a la obra al llegar a su casa.  Minuciosamente leyó cada uno de ellos, y como había anunciado fue firmando los que le complacían.  Llegó a uno que le satisfizo especialmente, y ese, para diferenciarlo de los demás , lo firmó dos veces.  Le diría a Morgan que ese era el elegido por él, y si estaban de acuerdo avisarían a la interesada para que se pusiera de inmediato en contacto con ellos.

Y de esta forma, el curriculum de Ada, quedó refrendado,  por el jefe,  el puesto al que sería destinada.  Era él quién tendría contacto directo con la secretaría, por tanto era él quién diera el visto bueno a la selección.  Deseaba estar presente en la entrevista, pero sin que ella supiera quién era y para qué estaba alli.  Cuando al día siguiente le entregó a Morgan los dosieres, resaltó el de Ada, que sería avisada al momento.

Mientras ella se entrevistaba con Morgan, Brendan no la quitaba ojos de encima, analizando cada movimiento de sus amnos, de sus expresiones.  Analizaba si estaba nerviosa, si se movía demasiado, si dejaba las manos sobre su regazos entreladas, etcétera.  Era un lenguaje personal muy a tener en cuenta, porque todo eso denotaba la seguridad que ella tuviera y cómo respondería ante alguna dificultad en su trabajo.

Luego estaba la presencía física, y tuvo que reconocer que era una mujer preciosa, con un cuerpo bonito y elegante, en consecuencia: una excelente presencia física.  Algo que le agradó, haciendo una mueca con la boca, que solía hacer cuando alguna dama se ponía a su alcance y tenía un flirt a la vista.  Pero en esta ocasión sería respetuoso con la chica.  Se trataba del trabajo y él nunca lo mezclaba, así que por muy bonita que fuera, sería una fruta prohibida para él.

Minutos antes de las nueve de la mañana, Brendan ya estaba en el despacho de la planta novena, en donde habría de celebrarse la entrevista.  Morgan se le reunió también, y esperaron a que llegase la proyecto de secretaria.  Y puntual como un clavo, a la hora convenida, Ada llamaba a la puerta del despacho.  Brendan consultó su reloj, comprobando satisfecho que, al menos era puntual.  Tras los saludos de rigor se sentaron uno frente al otro.  En una rápida mirada, Ada, descubrió que había también otra persona, algo alejada de ellos, sin intervenir en nada de lo que allí se hablaba.

A lo largo de la conversación, Morgan miraba disimuladamente en dirección a Brendan, que aceptaba o denegaba con un movimiento suave de cabeza.  Hasta ahora todo marchaba bien.  La entrevista fue larga y detallada, pero al fín,  al cabo de dos largas horas, todo quedó firmado y conformado.  Ada tenía trabajo, y Brendan secretaria.

Comenzaría  al inicio de la siguiente semana y para tomar el pulso a su puesto, tenía como plazo todo un mes, antes de que  Susan lo abandonase para contraer matrimonio.

Al fin respiró tranquila cuando se encontró en la calle.  Todo había ido bien y tenía su puesto de trabajo.  El tal señor Morgan había estado amable y simpático con ella.  Le extrañó la presencia del otro hombre, allí sentado, mirando pasivamente alguna revista que tenía sobre la mesa.  Era como una esfinje:  no se movió durante el tiempo de la entrevista.  La descolocaba un poco esa situación ¿ quién sería el enigmático personaje? ¿ sería el gran jefe ?  Algo tendría que ver, puesto que no creía que una simple visita se enterara de los entresijos de la empresa y de las condiciones laborales que tenían sus empleados. No.   Estaba segura que sería algún jefazo y estaba allí para dar su conformidad o rechazarla de plano.  Pero el caso es que había firmado el contrato, o sea, todo estaba atado.  También pudiera ser que fuera algún familiar de Morgan o algún accionista que estuviera presente para conocer de primera mano cómo marchaban sus inversiones.  Dejó de hacer conjeturas; lo importante ya estaba en su bolso: el contrato.  Del resto ya se enteraría a partir del lunes próximo

martes, 17 de abril de 2018

Las necias ilusiones - Capítulo 3 - La entrevista

Habían transcurrido tres semanas desde que entregara el curriculum en Miller Dawson CO:, y aún no le habían avisado.  Había perdido totalmente las esperanzas de la llamada, pero no se desmoralizó.  Seguiría  buscando algo para lo que había estudiado, y si no lo consiguiese,  haría lo que primero se le presentara.  Pero una tarde, a última hora, una llamada hizo vibrar el móvil

- ¿Señorita  Hudson ?  La llamamos de Miller Dawson para que se presente en nuestras oficinas a poder ser mañana mismo.
-Si, si podré.  Dígame a qué hora he de estar
- A las nueve ¿ le viene bien?
- Perfecto.  A las nueve en punto estaré
- Bien, pues entonces nos vemos mañana. ¡ Ah ! Preséntese en la planta novena, por favor
- De acuerdo.  hasta mañana.

Corrió a decírselo a Margaret, y juntas daban saltos de alegría y juntas reian.


- Sé que mañana no será el paso definitivo,.  Será una entrevista cara a cara, y sé también que no será la única.  Luego establecerán comparaciones entre todas las aspirantes, y después vendrá la selección.  Aún no hemos ganado la guerra, pero una  humilde batallita, si he ganado.- le repetía a Margaret loca de contenta.

Y eligió cuidadosamente lo que se pondría al día siguiente.  Revisó su guardarropa, y se decidió por un traje de chaqueta azul marino con una blusa celeste o blanca.  Al final se decidió por la celeste por parecer más moderna..  Y a la hora en punto, tocaba suavemente  en la puerta de Dirección de la planta novena.

- Adelante - se escuchó una voz desde el interior

Ada entró latiendole fuertemente el corazón, y mentalmente pidió que no le sudaran las manos, pues causaría una pésima impresión al estrecharlas.  Se encontró con el jefe de Recursos Humanos. Al fondo del despacho, apartado y tomando un whisky, estaba otro hombre que ella creyó se trataba de alguna visita o de algún empleado de la misma sección.

- Siéntese , por favor - la pidió el hombre de Recursos - Soy Morgan y hablé con usted en la tarde de ayer
- ¡ Ah ! recuerdo.  Encantada señor Morgan

Tras un paréntesis para la presentación, a continuación la expuso en qué consistiría su cometido en esa empresa, el sueldo a ganar, los horarios..., en fin todo lo que contenía aquel, su primer, contrato de trabajo..  Procuraba estar atenta, puesto que quién sería su jefe, continuaba relatando el contenido del documento, pero no podía evitar abstraerse de la conversación y pensar que había conseguido ganar la "guerra," tal y como expuso a Margaret.  Giró la cabeza siguiendo los pasos de Morgan que paseaba por la habitación, y se dio cuenta de que aquel otro hombre no participaba en nada de lo que allí ocurría.  Una de las veces, sus ojos se cruzaron pero él, impasible seguía bebiendo a pequeños sorbos,. el licor del vaso..

- Y bien, eso es todo ¿ Está conforme ?  Si es así firme aquí en la cruz que señala su nombre - Tuvo que esforzarse para volver a la realidad y firmó con mano segura ¿Sabía lo que había firmado ?  La mitad de la exposición no la había escuchado, pendiente de lo que su cabeza pensaba.

- Pues el próximo lunes, se presentará a las ocho de la mañana para iniciar la jornada.  Será en esta misma planta,  Y ahora la presentaré a quienes serán sus compañeros en lo sucesivo.

Se dirigió hacia otra puerta que daba paso a un amplio despacho con dos mesas, una junto a otra y un poco más retirado, tres escritorios en el que trabajaban otra chica y dos muchachos.  Morgan señaló el que sería su escritorio, y en el otro, al lado, estaba otra chica, Susan ,   que era a quién sustituiría aproximadamente  al cabo de un mes..  Contraería matrimonio  y dejaba el trabajo por traslado de su futuro marido a Edimburgo.  Durante ese mes estaría aprendiendo el modo de trabajar de la empresa.

Dedujo de la poca conversación a la que estuvo atenta, que sería la secretaria del director general, tal y como era Susan.  Se trataba de un personaje altamente estricto con las normas y exigente con ellas, por eso tanto aprendizaje.  Aunque en realidad pensaba que no era para tanto.

- Con una semana sería suficiente, pero en fin.  Ellos son los que pagan y si creen oportuno que me hará falta un mes de entrenamiento, será por algo.

Y claro que era por algo, lo supo a los pocos días de incorporarse a la empresa, cuando conoció personalmente a la persona que tendría como jefe, y que no era otra que el tranquilo hombre que se deleitaba con un whisky mientras era entrevistada.

Cuando Ada salió del despacho después de firmar el contrato, quedaron a solas los dos hombres que estuvieron presentes en la entrevista con ella, ambos cambiaban impresiones acerca de Ada, y el que no había intervenido y para quién trabajaría a partir del lunes citado, era quién tomó la decisión final
- Me gusta esta chica.  Te dije que serviría y no me he equivocado. Tiene una presencia excelente. Está segura de sí misma, habla correctamente los idiomas reseñados y conoce el trabajo para el que va a ser destinada.  Sé que echaré mucho de menos a Susan. De todas las chicas que han pasado por el puesto, ha sido ella con la que mejor me he llevado.  Si.  La echaré mucho de menos. pero demos a ésta el beneficio de la duda.

lunes, 16 de abril de 2018

Las necias ilusiones - Capítulo 2 - Alguien llamada Ada

Había cursado estudios superiores y aprendido idiomas.  Había conseguido su título de secretaria de dirección con excelentes calificaciones. Tenía buena presencia y don de gentes.  Ahora sólo le quedaba buscar un buen empleo y comenzar a vivir por su cuenta.  Al despedirse de sus padres sintió una inmensa tristeza:  tenía que alejarse,  no sólo de ellos, sino también del lugar en donde había nacido y crecido.  Dejaría atrás toda una etapa importante de su vida, para comenzar otra nueva en solitario..   Sus padres  pensaban que se iba al fin del mundo, y sólo estaría en Londres, ni siquiera en otro pais.  Pero a los ojos de ellos y de Bristol, era una distancia enorme, y no es que así fuera, pero Londres era un maremagnum de personas y ellos, poco dado a los viajes, les asustaba dejar a su hija sola en esa metrópoli enorme y sin conocer a nadie que pudiera echarle una mano si lo necesitara.

Ilusionada y con un montón de ideas, llegó a la capital con una lista de lugares por conocer, museos por visitar y una modesta pensión con  la que vivir hasta encontrar un trabajo.  A sus pocos años, todo lo veía fácil y su optimismo natural, no encontraba impedimentos por ningún lado.  No contaba con que le sería difícil encontrar un trabajo para el que estaba sobradamente preparada.  Y que los ahorros paternos se agotarían pronto; pero nada de eso importaba.  Si fuera necesario trabajaría en lo que fuera hasta encontrar el empleo de sus sueños.

Se hospedaría en una especie de pensión, barata,  que a su vez,  era la casa de una señora mayor que alquilaba una habitación,  más por tener compañía que por necesidades económicas, ya que era viuda de un general militar y cobraba una buena pensión de viudedad.  Sin hijos, a medida que se hacía mayor, echaba de menos la compañía de alguien más joven que ella, que le aportara no sólo compañía, sino otra visión de la vida, de lo que ocurría en el mundo.  Altamente inteligente, estaba al corriente de todo cuanto ocurría en el planeta, y se lamentaba de las innumerables guerras y muertes estériles que acontecían en cualquier rincón del mundo.

Y hasta su puerta llegó Ada Hudson, con su juventud y sus ansias de devorar al mundo.  Desde el principio se cayeron bien.    Margaret Mortimer y Ada se compenetraron a la perfección y ambas tenían la sensación de ser abuela y nieta.  Margaret mujer de exquisita educación, la trataba con amabilidad y cariño.  Echaba de menos una familia que nunca pudo formar con su marido, ya que al estar destinado en distintos lugares  en conflicto  del planeta , permanecieron separados durante mucho tiempo, y entonces se pasó la edad de ser padres, algo que frustró a la señora Mortimer, pero se había resignado.  La llegada de Ada a su pensión fue como una brisa que entrara a raudales en su casa.    Situado en el distrito de St. James's era casi una zona residencial .  Con fachadas victorianas y zonas verdes ajardinadas.  La impresión de Ada al llegar, fue inmejorable. ¿ Cómo era posible una zona tan excelente y un precio tan módico  por su alquiler?  Y el taxista le dio el motivo.

-   La señora no necesita el dinero.  Sólo compañía.  Ambas estarán , encantadas , ya lo verá. -  Y al conocerla, dio la razón al buen hombre

Después de instalarse, salió a la calle a comprar el periódico y se informó por Internet, de la oficina de desempleo más cercana a su domicilio.  Ya tenía uno de los escollos solucionado: donde vivir.  El taxista que la condujo hasta la casa de Margaret, resultó ser un viejo conocido de la anciana, y siempre recomendaba su casa a personas que, como, Ada, llegaban por primera vez a Londres.  Era un hombre bonachón de mediana edad, casado y con dos hijas, la mayor de la edad de Ada.  Por eso tenía especial cuidado en llevarlas a un sitio decente y confortable, porque nunca olvidaba que él tenía hijas y no le gustaría ver a cualquiera de ellas, metidas en donde no debían.por el desacierto en su decisión.

Al llegar a casa, la señora Mortimer, la esperaba para ofrecerle un té, y juntas revisaron las ofertas de colocación.  Parecía mentira que tuvieran tanta empatía cuando hacía unas pocas horas que se conocían. Pero es que el rostro de Ada, tan dulce y con tantas ilusiones, despertaba el afecto de todo aquel que la tratase, y Margaret no fue una excepción.

Lo primero que hizo al despertarse, al día siguiente de su llegada a Londres, fue acudir a la oficina de desempleo, a ver si tuvieran algo que ofrecerle.  Y tuvieron una oferta de una  fuerte empresa que necesitaba una secretaria de dirección.  Un trabajo que ni pintado para ella, para el que estaba sobradamente preparada.  Tomó la dirección y con una alegría inmensa, regresó a casa narrando a Margaret la inmensa suerte que estaba teniendo.  Subió a su habitación y desde allí marcó un número de teléfono para contactar con el departamento de Recursos Humanos de la compañía  Miller Dawson.

- Envíenos  su curriculum detallando el domicilio y un teléfono donde poder comunicarle el día de la entrevista.- La dijo el jefe del departamento
- Perdone ¿ tardarán mucho en responder?- preguntó Ada
- En cuanto tengamos el curriculum
- ¿ Puedo llevarlo en mano?  Verá, acabo de llegar a Londres, necesito trabajar cuanto antes, porque...  los ahorros .. Bueno ya sabe....
- No, no hay inconveniente en absoluto.  Tráigalo cuanto antes y así ganamos tiempo.

Tomó nota de la dirección, consultó el reloj y comprobó que aún tenía tiempo de entregarlo.  Se arregló un poco y llamó a un taxi que la condujo hasta la dirección indicada.  No quería perder tiempo

- Seguro que tienen miles de peticiones, y yo quiero ese trabajo.
-  se dijo.

Se encontró frente a la imponente fachada del edificio en cuyo frontal se leia un gran rótulo:   Miller Dawson CO.    Tragó saliva y entró en el amplio vestíbulo. Fue al mostrador de información y solicitó la planta de Recursos Humanos.  En un principio se mostraron reticentes a dejarla subir, pero al cabo de mucho insistir y una ligera mentirijilla, la colocaron una cinta con una especie de tarjeta en la que indicaban " Visitante ".  Con paso firme se dirigió al ascensor que la llevaría hasta la planta quinta " Recursos Humanos ".  Y nuevamente allí explicó que había hablado con el jefe del departamento y había quedado en entregarlo personalmente, pero ésta vez, tuvo que dejarlo en el mostrador.  Echó un vistazo alrededor de la estancia y sonrió complacida.

- ¡ Si lo lograse ... ! - se dijo, y emprendió el regreso a casa.

 Le contaría a Margaret la impresión tan apabullante que tenía el edificio y por tanto su interior, mientras tomaban una copa de Jerez que la señora Mortimer preparó mientras charlaban optimistas.

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