lunes, 10 de julio de 2017

Cuando no lo esperaba - Capítulo 2 - Miss Owen

Margaret se había casado. Stephan había huido de la ciudad con rumbo desconocido, y Elise no se sentía con ánimos de seguir estudiando, por lo que decidió colgar los libros, al menos momentáneamente, hasta que su ánimo se recobrase.

Miró en el tablón de anuncios de la universidad, por ver si hubiera alguna oferta de trabajo que la permitiera vivir sin tener que pedir dinero a su padre y seguir con su vida independiente.  Había ofertas para trabajar en la cafetería , como acompañante de personas cuya movilidad era limitada, cuidadora de niños, empleada de hogar... etcétera.  No es lo que tenía en mente, pero claro , tampoco podía aspirar a un puesto en el que desarrollara  lo que estaba estudiando, ya que aún le faltaban dos años para culminar su carrera.

Arrancó una de las tiras de papel, en las que se reseñaba un número de teléfono y,  un nombre de contacto.  Ya en casa, y después de pelearse con su padre, telefónicamente  a cuenta de su abandono, tomó el papel y se dispuso a marcar el número en el que solicitaban una persona  como compañía de lectura.

- Llamo por el anuncio que han puesto en la universidad, solicitando una estudiante que hiciera compañía a una persona durante algunas horas.  Mi nombre es Elise Crowford
- ¡ Oh, si señorita ! Soy Mildred, la secretaria de miss Owen, la persona a acompañar

Hechas las respectivas presentaciones, Mildred explicaba a Elise en que consistía el trabajo y quedaban citadas para entrevistarse  y conocer a miss Owen.  Ello sería a la mañana siguiente,  en el domicilio de la mencionada señorita

Puntual a su cita, Elise se personó en la casa.  Construcción típicamente inglesa. Un caserón de principios del siglo veinte, ocupado por la citada miss Owen, una doncella, cocinera y la administradora, que hacía las veces de secretaria. . .: Mildred


- Verá querida - dijo miss Owen dirigiéndose a Elise-, me encanta leer, pero mi vista no me facilita la labor y desearía tener a alguien que lo hiciera por mi. Si además es estudiante de literatura, su compañía puede ser muy interesante.
- Opino como usted señora. Podríamos hacer comentarios sobre lo leído y de esta forma saber el punto de vista de la otra persona sobre lo narrado en el libro.  Es muy educativo, porque no todos,  lo sabemos interpretar de la misma forma
- Estoy de acuerdo y me encanta esa idea. Dígame ¿ cuándo podría empezar?
- Bueno..., quizá la semana próxima. Voy a colgar los estudios por una temporada, pero antes quiero hacer los exámenes trimestrales.
- ¿ Puedo preguntar por qué lo hace?
- Verá...  He tenido algunos problemas personales, y ahora no estoy lo suficientemente motivada para seguir... No tengo concentración,  ni tampoco ánimos.  Prefiero dejar pasar unos meses, y quizá el próximo curso, los reanude
- Muy bien...  De todas formas, y es mi opinión , podría estudiar en casa y terminar su curso, puesto que queda muy poco. Pero en fin, eso es cosa suya. Notifíqueme la fecha de su incorporación cuando lo tenga decidido. En cuanto al salario... -.  -  Y siguieron ultimando los detalles.

Elise salió muy bien impresionada de la casa, y le encantó miss Owen.  Era una señora muy correcta, exquisitamente educada, relativamente aún joven ,  pensó que debía andar por los sesenta),  y muy atractiva. Para nada triste por la dificultad de no poder ver  a penas,  y depender de otra persona para practicar su afición favorita: la lectura.  En otro momento de su charla, había confesado a Elise que su vocación frustrada era la de haber sido escritora, pero no pudo realizarla por culpa del accidente que la dejó prácticamente ciega.

Mientras Elise,  se dirigía a su domicilio, pensaba en todo lo que había hablado con ella, y creía que sería un trabajo agradable, y además dentro del campo que seguiría,  si alguna vez terminaba de estudiar.

Los exámenes los sacó por " los pelos".  No había repasado absolutamente nada, desde su disgusto con Stephan, por tanto no la extrañó las bajas calificaciones obtenidas. A su regreso de la universidad, una vez  se hubo despedido de sus compañeros,  llamó por teléfono a miss Owen, quedando para ir  a trabajar el lunes próximo, ya que estaban a viernes y aprovecharía el fin de semana para solucionar los trámites del curso que abandonaba,  sin lamentarlo, muy al contrario, hasta tenía ilusión por comenzar el trabajo.

A la hora fijada, en punto, pulsaba el timbre  de la puerta de la vivienda de miss Owen.

- Buenos días, señorita - dijo Helen

Fue recibida por la doncella.  Una mujer de mediana edad que llevaba toda la vida con miss Owen, y fue conducida a la presencia de la señora que desayunaba tranquilamente en una salita de estar.  La estancia era grande, pero acogedora. El sol se filtraba entre las cortinas y daba mucha luminosidad a la habitación. En sus paredes había retratos familiares y algunos cuadros de buena firma.  En las distintas mesitas de fumador, jarrones con flores de tipo primaveral. Sobre un secreter, se veían algunos libros y la prensa diaria, amén de varias revistas: unas de moda, decoración, y otras de las llamadas del corazón.

Miss Owen la recibió con alegría y cariño. La hizo sentarse frente a ella, y la ofreció desayunar juntas.  Aunque Elise, ya lo había hecho antes de salir de su casa, aceptó encantada una taza de té.  Ello la permitiría establecer una conversación y desbloquear la natural rigidez del primer encuentro.

Una vez hubieron terminado, comentaron el plan de trabajo:

- Deseo, en primer lugar, me lea la prensa diaria. Hay que estar al día de todo - dijo la dama riendo
- ¡ Desde luego ! Si le parece, daremos un repaso general y destacaremos los hechos más importantes
- De acuerdo, me parece bien.

Ya habían terminado  la primera parte de su cometido, y miss Owen había elegido para su lectura un libro que hacía tiempo había dejado abandonado, cuando aún podía manejarse con gafas y una lupa, para no perder su afición favorita

- Habremos de comenzar nuevamente. La verdad es que hace tanto tiempo que inicié su lectura, que algunas cosas se me han olvidado.  Pero me encantaba... Me gustan mucho las novelas románticas, intrascendentes, de mucho amor y sufrimiento, pero que terminan bien - apostilló riendo acompañada por Elise

 E iniciaron su lectura, interrumpida por una llamada de teléfono, que fue atendida por miss Owen

- ¡ Charles ! ¡ Mi chico querido ! ¿ Por dónde andas?  Hace días que no me llamas
- Discúlpame, tia Agnes.  He estado algo liado con algunos asuntos de la universidad. Bueno ya sabes:  exámenes, rectorado, y que posiblemente obtenga una plaza en Oxford. Pero bueno, eso son todo proyectos aún sin consolidar. Y tú ¿ qué haces?
- Cuando has llamado, has interrumpido mi lectura.  Tengo a una linda señorita que viene a leerme  y estoy muy contenta.  Debí hacerte caso hace tiempo, pero bueno,  ahora ha llegado Elise y creo que nos vamos a llevar muy bien.  Ya la conocerás cuando vengas a visitarme
- Me alegro mucho, tía. Iré por allí en breve, aunque no te puedo precisar cuándo. Ahora tengo que dejarte. Prometo llamarte con más frecuencia. Un beso enorme, y cuídate. Te quiero. Hasta pronto
- Hasta pronto chico querido.

Agnes Owen, colgó el teléfono sonriendo. En su rostro se podía ver el enorme cariño que sentía por su sobrino.  Miró a Elise, y la dijo

- Algún día te contaré esa parte de la historia... - y lo dejó en suspenso.- Es un muchacho estupendo.  No es un crio, pero aun siendo joven, es muy responsable y formal.  Probablemente demasiado. Pero para mí sigue siendo un muchacho, al que quiero entrañablemente, y tengo la inmensa suerte de que él también me quiere. No le sobra el tiempo, pero siempre encuentra un hueco para venir  a verme y pasar la tarde conmigo. Otras veces, me lleva a comer a un restaurante, en fin...  El día que viene a esta casa, el sol brilla a raudales por sus estancias.  Ya le conocerás; no tardará mucho  en venir.  Creo que sois muy parecidos en carácter. Y ahora volvamos a lo nuestro.

Y nuevamente reanudaron la lectura, aunque irremediablemente Miss Owen hacía pausas comentando algo de su sobrino. Elise escuchaba paciente y sonreía.


domingo, 9 de julio de 2017

Cuando no lo esperaba - Capítulo 1 - Punto final

Había tirado el bolso sobre el sofá y  se había desplomado sobre el sillón, ocultando su rostro entre las manos. ¿ Por qué había ocurrido? ¿ Qué es lo que había motivado aquella tremenda discusión, degenerando en una monumental bronca y la consabida ruptura de su unión con Stephan?

Habían pasado una agradable tarde en la terraza de aquel elegante café, en la tranquilidad de una bonita tarde primaveral. Elise y Stephan charlaban animadamente comentando el próximo enlace de sus más íntimos amigos que tendría lugar en menos de una semana.

Elise sería dama de honor de Margaret.  Se conocían desde pequeñas. Habían ido juntas al colegio, al instituto,  y por último a la universidad. Habían escogido carreras diferentes, pero nunca habían perdido el contacto.  Margaret había conocido, al que sería su marido en pocos días,  al comenzar su trabajo como profesora de literatura inglesa en un instituto de secundaria. El era el director del mismo,  y poco a poco fueron fomentando, lo que en un principio fue amistad, para terminar enamorándose y próximamente unirse  en matrimonio.

No entendía la actitud de Stephan tan airada, tan fuera de lugar.  De repente,  se abrió en la mente de Elise el motivo por el cuál estaba de tan malhumor:  la boda de su amiga.  Le preguntó a bocajarro:

- ¿ Qué te pasa? ¿ Acaso estás enamorado de ella?- lo dijo casi sin pensar y esperando ser desmentida

Ante la pregunta tan inesperada, Stephan no supo responder.  Balbuceaba entrecortadamente, y el color de su rostro se había tornado ceniciento.  La  forma en que fue formulada  la pregunta  por Elise, confirmaba su sospecha.  Comenzaron una discusión que culminó con la ruptura de la pareja

Se conocían desde la adolescencia  y habían seguido en la universidad.  Nunca sospechó que los sentimientos de Stephan se inclinaran hacia Margaret y,  no hacia ella . ¿ Le había jugado su imaginación una mala pasada, había imaginado un romance donde no había más que amistad?  Estaba claro que era ella la que estaba enamorada, pero ¿ por qué él no le había aclarado antes la situación?   Su cabeza trabajaba a mil por hora, intentando comprender la actitud del que,  hasta ese día,  había sido su " novio ".

Ahora entendía muchas de sus actitudes. Durante toda su relación, los momentos íntimos habían sido frios y como para "cumplir un trámite".  Ella carente de experiencia creía que era lo correcto , a pesar de que sus besos eran distantes. Ahora lo veía todo claro.  Había sido un cobarde al no declarar que le era imposible amarla, dado que quería a su mejor amiga.

Poco a poco, la rabia dio paso a un llanto desconsolado.  No sólo había perdido al hombre del que estaba enamorada, sino que su auto estima había quedado seriamente dañada. ¿ Qué debía hacer ?  No se sentía con fuerzas para verle a diario, en el aula de la universidad, puesto que ambos estudiaban lo mismo  Pero eso ya lo pensaría...  De momento aguardaría a la boda de su amiga, y después tomaría el rumbo de su vida.

El teléfono no paraba  de sonar.  Dejó conectado el contestador automático.  No deseaba hablar con nadie.  La voz de Stephan saltaba una y otra vez

- ¡ Vamos, Elise ! Sé que estás ahí.  Por favor, coge el teléfono. Tenemos que hablar

Ella no contestaba.  Se tapaba la cabeza para no oírle. En ese momento le odiaba con toda su alma, y lo que menos deseaba era atender su llamada.  Stephan dejó pasar unas horas para que ella se calmase y pudiera darla alguna explicación. En vista de que no atendía el teléfono, decidió personarse en su domicilio y cara a cara explicarla lo ocurrido.


- Tienes razón en enfadarte conmigo.  Debí explicarte lo que siento hace mucho. No debí dejar transcurrir tanto tiempo..., en eso tienes razón , y lo comprendo..., pero yo no mando en mis sentimientos. Ignoro en qué momento y de que forma me enamoré de ella. Deseé olvidarla. Puse todo mi empeño en que lo nuestro funcionara, pero no ha sido así, y créeme lo lamento profundamente.  Lamento el daño que te he podido hacer. No sé qué rumbo tomar, porque a estas alturas... los dos hemos perdido.  Sólo aspiro a que algún día me comprendas y puedas perdonarme. ¡ Ojalá olvides este desgraciado episodio y puedas encontrar la felicidad que no he sabido darte.  Creo que lo mejor es poner tierra de por medio rápidamente.  Adiós Elise, de nuevo perdóname.

Stephan depositó un ligero beso en la mejilla de Elise y cerró la puerta tras de si, dejando a la muchacha paralizada ante la puerta de su casa.  No acudió a clase y estuvo recluida en su dormitorio durante dos días, llorando amargamente y lamentando el cruel destino que había permitido aquella relación sin futuro.

Stephan no acudió a la boda y Margaret lamentó con Elise su ausencia.  Ignorante de la realidad, que ella  había callado,  y seguiría ocultando la razón de su repentina marcha, para no enturbiar la felicidad de su querida amiga.  Pero en su interior se sentía estafada por el que había sido su novio.Se veía bonita, eso es lo que le decían todos ¿ entonces? No había sido lo suficientemente atractiva para atraer a Stephan. Su autoestima estaba bajo mínimos. No volvería a ser capaz de enamorarse de nadie. Nunca le olvidaría. Había destrozado su corazón para el resto de sus días.



No tenía interés por nada y decidió suspender los estudios, cuando a penas  faltaban dos meses para finalizar el año académico.  No la importó. Buscaría un trabajo y más adelante, cuando la herida sangrara menos, quizá volvería a retomar el curso.  Fue firme en su decisión, buscando olvido para su dolorido corazón

Dejó de salir, y perdió el contacto con sus amigos.  Nada le importaba; sólo deseaba estar sola, que nadie le peguntara nada, que nadie hablase con ella, que nadie la viera:  Huir de todo y de todos. Todo su mundo se había derrumbado sin remisión. ¿ Cómo no se dio cuenta antes? ¿ Analizándolo fríamente, pensó que las señales estaban ahí y eran claras, sólo que ella no quiso verlas.  Ahora todo estaba  diáfano, pero  cegada por los sentimiento, no quiso verlo y sin embargo  eran rotundas en sus relaciones sexuales.  Ahora lo veía claro.


lunes, 3 de julio de 2017

Los errores que cometimos - Capítulo 9 y último - El premio

El hotel estaba en todo su esplendor. El ir y venir de grandes limusinas, coches de alta gama, mujeres resplandecientes y señores muy satisfechos. Crowford salió de uno de los coches tendiendo la mano a Emma que lucía muy bella. La niña había quedado en el hotel al cuidado de Maggie.

James, una vez zanjado el asunto con Lissa, decidió dar un giro a su vida y para ello habría de, lo primero, hablar con Emma y plantearla le diera una segunda oportunidad, pero que no se arrepentía del motivo por lo que ocurrió todo.  Ahora no se arrepentía, a pesar de haberlo lamentado durante todo el tiempo que permanecían separados.  Pero gracias a eso, tenían una hija, a la que adoraba sin apenas haberla visto más que instantes esporádicos.  Cedeería en todo lo que bella le impusiera; sólo queía volver a retomar su vida en el punto en que la dejaron.  James tocó a la puerta y una sonriente Maggie le franqueó la entrada

--¿Está dormida? - la peguntó inquieto
--No aún no. La estoy dando el biberón. Pasa. Emma ya ha salido para el hotel Lo siento.
--No lo sientas quería hablar contigo primero y claro ver a mi niña que cada día está más preciosa.
--Bien, pues tu dirás. Si no te importa mientras charlamos termino de vestir a la niña
--Por supuesto, yo te ayudo

James relató a Maggie todo lo sucedido con Lissa y le explicó los planes que tenía para con Emma y Rosalyn

--¡ Claro que me parece bien! Habéis tardado mucho tiempo. Te diré que Emma bebe los vientos por ti, y no es que no haya tenido ocasión de volver a casarse. Sin ir más lejos Crowford se lo propuso, pero ella no tenía pensamientos nada más que para tí. Así que anda, ve al hotel y en la primera oportunidad que tengas, cógela, abrázala y todo vendrá por si solo.

La ceremonia ya había comenzado. En una mesa todos los integrantes de la Compañia Crowford estaban sentados, incluido Lewis, que estaba irreconocible con smoking. De espaldas a James se encontraba Emma.
Estaba radiante, totalmente transformada aunque con un brillo de melancolía en su mirada. El maestro de ceremonias leyó los premios concedidos y el nombre de la empresa ganadora. Al nombrar a Crowford, una explosión de aplausos resonó en la estancia y el Jefe salió a recoger el premio.

--Agradezco enormemente este reconocimiento a nuestra labor, pero no sería justo si en él no admitiese que un porcentaje muy alto de éxito, se lo debemos a la modelo que lo inspiró a la señora Emma Bogarde, sin su rostro y colaboración seguro no habríamos ganado.


Emma nerviosa se puso de pie y entonces le vio, allí , parado en un rincón de la estancia, sin querer interrumpir. Era su gran noche, algo por lo que había luchado tanto. Vio que James  aplaudía también y que una amplia sonrisa iluminaba su cara, como las de antes, y sin más no se lo pensó dos veces. Se dirigió hasta donde estaba su marido y cogiendo su cara con ambas manos le dio un beso largo, largo que hizo las complacencias y vítores de todos los allí presentes.

--Por una vez, que me perdone Lissa. Voy a ser yo quién falte a mi palabra por unos instantes - le dijo, ignorante de que Lissa había pasado al rincón de los recuerdos en la vida de James y que eran ellas dos, las que ahora ocuparían el resto de su vida.  James en un casi susurro, emocionado, le dijo:
--Tengo que hablarte. En cuanto puedas nos vamos, es importante.

Ella supo que algo iba a cambiar en su vida aquella noche mágica. En cuanto le fue posible y nada más empezar el baile se reunió con James que la aguardaba impaciente.

--Ah, ya estás aquí.¿No quieres bailar?
--No, quiero saber lo que tienes que decirme.
--Pero para eso tendremos que irnos a un lugar tranquilo en donde charlar sin tanto alboroto. Así que despídete de todos y vámonos.

Emma dio un abrazo a sus compañeros y buscando una excusa se marchó en busca de James. Iban callados, no se atrevían a hablar se miraban y sonreian de vez en cuando.

-- Debemos regresar al hotel.   Rosalyn estará ya dormida, pero no quiero abusar de Maggie, ella también tiene a su novio premiado y querrá disfrutar con él.
--Es cierto, no me había dado cuenta, entonces cuando ella se marche hablaremos. Tenemos que hacerlo largo y tendido.

Entraron en la habitación y se encontraron a Maggie dando los últimos toques a su vestimenta

--La niña está dormida y si no hacéis ruido y no se despierta, podréis hablar todo cuanto queráis.
--Bueno, bueno vete ya, sino se acabará la fiesta y Lewis me matará-.  Le dijo Emma empujando a su amiga hasta la salida.
--Y bien, ¿ qué es lo que tan urgentemente tenías que decirme?...

Es todo lo que pudo decir. James le contó todo lo ocurrido, sus planes y ella le escuchaba cada vez con una sonrisa más amplia aceptando todo lo que le decía. No hubo reproches ni dudas, era como si nunca hubieran existido los errores que ambos cometieron. Fueron hasta donde su hija dormía la contemplaron durante unos minutos y el resto de la noche fue exclusivamente para ellos.

Querían resacirse de tanto tiempo de abandono y sufrimiento. En un principio se miraban solamente. James avanzó hacia ella y unieron sus labios por largo rato.  Las palabras de amor y reproche brotaban espontáneamente; pero no había enfados, sólo amor en aquellas vidas destinadas a estar unidas. Emma desabrochó la corbata pajarita de James mientras él introducía sus dedos en los cabellos de ella. Se devoraban con la mirada. Como si fuera la última vez que fueran a verse, y sin embargo sería la primera en mucho tiempo.  Se deseaban ardientemente y así se lo demostraba el uno al otro, en silencio para no despertar a la niña, que ajena a los deseos de sus padres, dormía plácidamente. Y se entregaron, sellando con besos sus bocas para que ningún murmullo alterase el silencio de la noche , para no interrumpir el sueño de su hija, y que a su vez no sufrieran la interrupción del volcán en que se habían convertidos sus cuerpos.

A la mañana siguiente cuando se despertaron, la felicidad reinaba en sus caras se abrazaron deseándose buenos días como en los viejos tiempos. Unos sonidos guturales provenientes de la habitación contigua les hizo ver que la pequeña estaba despierta y reclamaba su desayuno. Saltaron ambos rápidos de la cama y Emma indicó a James

--Cógela mientas preparo el biberón

Vistieron a la niña, se vistieron ellos y como dos novios cogidos de la mano salieron del hotel en dirección al coche de James. Este llevaba en brazos a la niña y Emma de vez en cuando reclinaba su cabeza en el hombro de él.

--¿Dónde vamos, a dónde nos llevas?
--Te voy a enseñar, o mejor a hacerte entrega de algo que tenía reservado para tí desde hace tiempo, esperando este momento.

Enfilaron la calle y entraron en una urbanización alegre, llena de árboles y flores y James paró el coche frente a una casa

--La diseñé hace tiempo pensando en nosotros, y la construí para que fuera nuestro hogar. Luego las cosas se torcieron, y bueno.. Yo sabía que llegaría el momento, y ha llegado. Esta es nuestra casa la que pensé cuando aún era estudiante, la que idealicé para ti: nuestro nuevo hogar.



Y ante la fachada de aquella casa, James besó a su mujer, y Emma a su marido.  Y el tiempo se detuvo, y se aislaron del mundo.  Sólo estaban ellos dos, hasta que un sonido gutural, les hizo sentir que había otra personita que también formaba parte de ese mundo especial que habían comenzado a formar.

Rosalyn creció sana y feliz en aquella casa acompañada de dos hermanos más uno rubio como ella y otro de pelo castaño y con pecas como su padre. Se juraron nunca más tener reservas y hablar mucho para no volver a cometer los errores del pasado. Nunca más. Y fueron felices. Emma siguió haciendo su trabajo desde casa y James siguió construyendo las casas que siempre había imaginado: baratas para que la gente pudiera poseerlas. De vez en cuando para compensar los beneficios construía alguno a gran escala que le permitía conservar su estudio holgadamente. Vivían bien, cómodamente, sin agobios, pero inmensamente felices. Se tenían el uno al otro; habían recibido una lección difícil de olvidar. De Lissa supieron por los ecos de sociedad que se había casado con un viudo mayor que ella y vivian en Bahamas. Al leer la noticia ambos rieron , al tiempo que Rosalyn entraba en la habitación peleándose con el pequeño James y un bebe con pequitas, David, jugaba en su corralito bajo la mirada de sus padres que sonreían.



                                                          F    I    N

Autora:  1996rosafermu
Edición: Octubre de 2012
Ilustraciones Internet

DERECHOS DE AUTOR RESERVADOS 

                             

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