martes, 11 de febrero de 2020

Los mudos testigos - Capítulo 3 -Su primer día

    Sin muchos ánimos se levantó con tiempo suficiente para llegar a tiempo a su puesto de trabajo. Un trabajo desconocido para ella, pero era una chica lista, y creía que tampoco sería tan complicado realizarlo.  Había observado en alguna ocasión que acudiera al médico, el ritmo que la enfermera marcaba y se sentía capaz de hacerlo.  Otra cosa era la impresión que le causó el tal doctor.  Cuando le vio por primera vez y,  después,  atendiendo a su paciente, se mostró amable, sin embargo cuando ella le dijo  el motivo de su permanencia en el consultorio, fue tajante y hasta un poco antipático.  Esperaría a ver cómo sería su trato  para juzgarle. Lo que menos necesitaba era un jefe déspota, después de haber pasado el calvario doméstico con su ex marido.  Se había hecho más fuerte y ya no aguantaba ni una en cuanto a los hombres se refiriese.

    Se arregló con desgana:  tenía el ánimo bastante bajo debido al día nublado con que había amanecido.  Se peinó con el pelo recogido y se puso unas gotas de perfume de su colonia fresca preferida. Esta vez iría en el coche, no fuese a ser que la pillara de nuevo la lluvia.

    Faltaban quince minutos para que el reloj señalase la hora  de su entrada.  Esperó en la puerta pacientemente y a menos cinco, el doctor apareció ceñudo. La miró y dijo un escueto "buenos días", a lo que ella  respondió.  Al entrar, él  fue directamente a su consulta, y ella procedió a echar un vistazo detrás del mostrador.  Encendió el ordenador y vio que había una especie de agenda en cuya tapa ponía " Registro de visitas".  El teléfono sonó de improviso, produciéndola un pequeño sobresalto. Ni siquiera recordaba el nombre del médico, con lo que respondió

- Consultorio, dígame...
- ¿ Es Celine ?
-¿ Cómo dice ? ¿ Se refiere a la otra enfermera?
- Pues claro
- No, lo siento.  Mi nombre es Erin
-Bueno, es igual.  Quiero hablar con el doctor
- Un momento, por favor

    Salió de detrás del mostrador y tocó a la puerta del médico. La respondió la voz cortante de él "Pase"

- Doctor es una señora que quiere hablar con usted
- ¿Y su nombre es?
- Lo siento no se lo pregunté.  Me confundió con Celine, que supongo que sería la anterior enfermera
-Haga el favor de preguntar siempre el nombre de la persona que llama y lo registra en el ordenador
- Lo siento, no lo sabía.  Tendrá que darme instrucciones al respecto.  Este no es mi trabajo habitual y desconozco las normas
-Está bien.  Seguramente querrá una cita.  En la agenda que tiene en su escritorio, anótelo en el día correspondiente; nombre apellidos y causa de la consulta.  Dele cita para ahora mismo si lo desea. Después la instruiré en el manejo del consultorio

    Al volver al mostrador y atender a la señora, ésta estaba muy enfadada por la tardanza en atenderla

- Celine era más eficiente. Me ha hecho esperar
-Lo siento, es mi primer día de trabajo, discúlpeme. El doctor tiene libre ahora mismo, si lo desea
- No quiero una consulta, sólo hablar con él
- He de consultarle.  Discúlpeme ¿ me da su nombre ?
- Dígale que soy Martha
- Un momento, por favor

    Y realizó el mismo ritual de hacía unos momentos.  El médico hizo un gesto de desagrado  y respondió

- Esta bien, pase la llamada.

    Sintió el click de haber colgado al cabo de casi media hora después de haber llamado y comentó para sí: " ha sido una buena conversación  " y siguió explorando el programa del ordenador para familiarizarse con él.  La puerta se abrió y salió el doctor con el consabido gesto hosco, pero pensó que era su forma de ser y mucho se temía que tendría que acostumbrarse a ello, y si acaso no lo aguantara en su forma de ser, tendría ir pensando en buscarse otro trabajo.

- ¿ Está libre ? - la dijo
- Desde luego - Y lo dijo sonriendo ya que no tenía nada que hacer.  Él se quedó mirando su rostro y no dijo nada. Poco a poco la fue mostrando el manejo  de la agenda, el programa del ordenador y lo que debía responder según la llamada se refiriese a algo concreto.  Ella prestaba atención a todo y hasta tomaba nota de algo que creyera oportuno. El médico a penas la miraba; daba las órdenes mirando a la mesa, como si ella no estuviera.  Al terminar dijo de improviso

- ¿ Qué perfume usa ? -ella le miró extrañada.  Lo que menos esperaba era ese comentario
- Lavanda ¿es muy fuerte, no debo ponérmelo cuando venga a trabajar?
- No, no.  Es agradable.  me gusta

Y dando media vuelta, se introdujo de nuevo en su consulta.  Erin se quedó asombrada. Ese había sido todo el diálogo mantenido con ella, aparte de las instrucciones del manejo del consultorio.  Era antipático por naturaleza, lo que significaba es que si no hubiera ningún paciente que fuera por la consulta, sería como estar sola todo el día.  Y por fin dieron las seis de la tarde, su hora de salida.  Golpeó en la puerta del médico para despedirse

- Hasta mañana doctor
- Hasta mañana - respondió sin siquiera levantar la vista del libro que estaba leyendo.

    Mientras se dirigía a su casa, hacía balance de su primer día de trabajo.  Había sido aburrido, sin  apenas pacientes, pero había aprendido el manejo de su trabajo, y en el fondo se sentía satisfecha.  No era tan duro como le pareció, claro que suponía había sido un día tranquilo.  Pero no creía que tuvieran días complicados. La extrañó que él se quedase en la consulta;  parecía muy interesado en lo que estaba leyendo. ¿ Estaría casado? ¿ Tendría novia ?  Era un hombre muy atractivo, pero tan huraño que no la extrañó que fuera un solitario recalcitrante.  Quizás, cuando llevasen más días trabajando juntos,  pudieran entablar algún tipo de conversación, al menos referente a algún paciente, aunque según el carácter que tiene tan hermético, guardaría el secreto entre médico y paciente.  O puede que tomando un café.  ¡ Un café ! no había visto cafetera por ningún lado.  Se la llevaría de casa.  Ella si lo tomaba a media mañana y después de comer, aunque el de la comida, lo tomaría en la cafetería en la que almorzase.

    Ya en casa, prendió la chimenea y semi tumbada en el sofá, hizo recuento de lo que había sido su primer día de trabajo, de un trabajo nuevo  para ella, en un entorno nuevo y con un jefe que a penas la hablaba..  Un panorama desolador y  aburrido, pero tendría que dar una tregua; quizá cuando se conocieran más se le hiciera más amable.    Llevaría una hora aproximadamente, cuando su teléfono sonó imperioso

- ¿ Quién me llama a estas horas? - pensó

    Al descolgar, escuchó una voz conocida que la daba órdenes imperiosas

- Vaya al hospital directamente cuanto antes.  Tenemos un paciente en urgencias

    ¡ Era él ! ¿ Qué narices quería ahora ?  No era su horario de trabajo, ni nadie la había dicho que tendría que acompañarle fuera de su horario.

- Este hombre es un enigma.  Tendrá que definir más lo que serán mis funciones.  Esto no es lo normal

    Pero mientras reflexionaba extrañada por la llamada, se quitaba el pijama que ya se había puesto para ir a la cama, y se vestía con toda rapidez.  La voz del jefe, no admitía demoras.

lunes, 10 de febrero de 2020

Los mudos testigos - Capítulo 2 -Presentación

    El día amaneció nublado.  Lo primero que hizo al despertarse,  fue mirar por la ventana el paisaje que se abría ante ella: verdes prados, árboles y los balidos de algunas ovejas,  no muy lejanos.  Sonrió mientras sostenía entre sus manos una taza de té.  Consultó el reloj y se dio cuenta que las prisas en lugares como éste no existían.  Iría andando hasta el Ayuntamiento y allí la indicarían dónde debía dirigirse para incorporarse a su trabajo.   Eligió para presentarse un traje con chaqueta y pantalón.  No creía que fuera el más indicado para este lugar tan campestre, pero era lo más adecuado que tenía.

   Odiaba los vaqueros y no contaba con ellos en su guardarropía. Parecía que la temperatura no era muy cálida, así que optó por un jersey en lugar de una blusa  para debajo de la chaqueta.  Cogió su bolso-cartera y decidida salió de casa.  Antes de cerrar la puerta, se dio cuenta que los zapatos que llevaba tenían tacones de aguja,con lo cual el ir andando campo a través estaba descartado:  no podría dar ni un paso.  Volvió a entrar y cambió sus zapatos por unos sin tacones, pero las perneras del pantalón  rozaban el asuelo por la diferencia de altura. Contrariada se cambió totalmente de indumentaria


- Bien empezamos el día - masculló para sí

    Y nerviosa revolvió entre la ropa, cambiando por una falda y un grueso jersey.  Se miró en el espejo y sonrió

- Si, esto es más adecuado, aunque para presentarse hubiera estado mejor con el primer conjunto. ¡ Cómo no se me ocurrió comprar otro tipo de calzado ! En fin, mejor no pensar en detalles.  Date prisa,  de temprano vas a hacer tarde.- Dio un último vistazo a su figura  y sonrió.

    Llegó a tiempo de la hora concertada,-  "por los pelos",-, pensó. Se presentó ante el mostrador atendido por una jovencita que amablemente la sonrió y la indicó a dónde debía dirigirse.  Tecleó suavemente en la puerta y una voz desde el otro lado la respondió con un " adelante ".  ¿ Sería el alcalde ?, pues sí lo era.  Rondaba los sesenta años, y como todos los que viven en lugares tan tranquilos como en el que se había instalado, pausadamente  la tendió su mano y preguntó lo que se la ofrecía.

- Soy  Erin Walsh, la asistente social a quién concedieron la plaza
  - Ah si, si.  En realidad  más que asistente social, necesitamos a alguien que ayude al médico.  Hay veces que las personas no saben describir muy bien lo que las ocurre y hay que sonsacarlas para que el doctor reciba más información sobre lo que las aqueja

- Pero señor, no soy enfermera, y estaba muy claro lo que solicitaban.  No creo que en este lugar tengan problemas de familia, que es a lo que me dedico. Pienso que debió ser más claro en su solicitud, o quizá yo no especifiqué bien  mi profesión. He venido desde muy lejos, pero he de buscar otro trabajo. No creo que me necesiten.

- Espere, no se vaya aún. Creo que debe hablar con el propio doctor Murphy, seguro que él encuentra un hueco para usted

- No se preocupe.  Iré al  lugar más próximo  y allí encontraré algo.  Si no fuera porque he comprado una casa aquí, me marcharía, pero bueno, en definitiva es un problema mio.  Muchas gracias señor por haberme atendido

    Dio media vuelta y salió de la estancia.  Por un momento se apoyó en la puerta pensando lo qué hacer.  El buen hombre no tenía ni idea en lo que consistía el ser asistente social, afortunadamente para ellos, pero le había creado un serio problema ¿ Qué haría ?  De momento cogería la carretera hasta llegar al pueblo más cercano, pero se dio cuenta de que sería más de lo mismo. En estos lugares no necesitaban a alguien que les ayudase a resolver problemas, por la sencilla razón de que no los tenían. Y entonces ¿ qué haría? ¿ aprender a poner inyecciones?  La horrorizaban las agujas. ¿ Ser cajera en algún supermercado? ¡ Dios mio, el lío en que me ha metido este hombre !

    Pensaba y pensaba sin cesar.  Volvería a su casa, cogería el coche y tomaría de nuevo la carretera  hasta el próximo pueblo o quizá hasta la misma capital del condado, a un sitio más grande con más posibilidades para ella en lo que pudiera trabajar.  Comenzó a caer una suave lluvia, primero, pero al cabo de un corto espacio de tiempo, arreció y tuvo que correr para llegar cuanto antes a su casa y no empaparse.

    Las luces de un coche haciendo señales la hizo girar la cabeza.  No conocía a nadie por tanto ¿ qué quería ?  Iba por el lado correcto de la carretera.  Apretó el paso, hasta que se detuvo cuando el coche paró a su lado

  - ¿ Necesita ayuda? - Una cabeza asomó por la ventanilla

  - No, muchas gracias.  Vivo cerca

- Pero está empapada

- En serio, gracias.  Vivo ahí mismo.  Muchas gracias

- Está bien, como quiera

    Arrancó nuevamente y ella siguió un instante viéndole partir  y pensando que en la ciudad nadie se hubiera detenido para averiguar si podrían ayudarla. Y eso la hizo pararse a pensar, que no estaría nada mal ser cajera de un supermercado en este lugar.

     Cuando llegó a su casa,. tuvo que cambiarse de ropa, ya que, efectivamente, estaba empapada y sentía frío .  De repente la entró desgana para volver a salir. Lo intentaría por la tarde.  Comenzó a tiritar por lo que creyó más conveniente darse una ducha caliente para entrar en calor. A pesar de estar en primavera, olvidó que estaba cerca de la costa y que el clima era cambiante en Irlanda, y había refrescado, o posiblemente la mojadura hacía que sintiera un frío espantoso.  Se preparó un té y mientras lo tomaba pensó en la diferencia de ayudar en un consultorio o ser cajera de alguna tienda.  No sabía hacer ninguna de las dos cosas. Quizá, efectivamente tuviera que aprender a poner inyecciones,pero pensó que no sería tan complicado si obtuviera la ayuda del médico.  En definitiva ¿ cuál sería su trabajo: llamar a los pacientes por su nombre, atender el teléfono... ?  Eso no es tan difícil y no se necesita hacer una carrera.  Se lo pensaría mejor.  Volvería al Ayuntamiento y hablaría nuevamente con el alcalde.  Si definitivamente allí se quedaría; aunque el sueldo no fuese muy grande, no tenía grandes necesidades y siempre tendría la ocasión de buscarse otro empleo más despacio.  otro más adecuado a sus posibilidades. Sonrió mientras sorbía un trago de té.

    Y por la tarde volvió al Ayuntamiento, y consiguió el trabajo, le indicó a dónde debía integrarse y salió contenta por haber resuelto el enigma que se le había presentado.  En una tarjeta, le había dado el nombre y la dirección.  El consultorio estaba situado no lejos del Ayuntamiento, en pleno centro del lugar.  Decidió ir hasta él y echar un vistazo.  Se trataba de un edificio en consonancia con los que le rodeaban. Era un lugar hermoso, como de cuento.

    Agradable y con gentes que se paraban a charlar un rato con cualquier insignificante motivo.  Se había enamorado del lugar, y al mismo tiempo pensaba  que eran sus especiales circunstancias las que habían obrado el milagro.  estaba segura que allí encontraría la paz que necesitaba para encauzar nuevamente su vida y olvidar definitivamente la pesadilla de su matrimonio.

    Y decidió entrar para conocer  su entorno, con cualquier pretexto.  Empujó la puerta y de un primer vistazo vio que era inmaculadamente blanco con un mostrador ,   un ordenador ,  un teléfono y una silla vacía, y pensó que ese sería su sitio.  A la derecha de la estancia, habían tres puertas cerradas, en una de ellas había una placa en la que ponía Doctor Peter Murphy.  En las otras dos, en la siguiente a la del doctor la placa indicaba Exploraciones y en la siguiente Enfermería. Pensó que todo era muy pomposo con relación al lugar en el que estaba. Sencillo y claro, y pensó que de este modo no tendrían confusiones los pacientes, y sabrían en todo momento en dónde estaría el médico.
    Y en sus reflexiones estaba, cuando de pronto se abrió la puerta, saliendo de esa habitación una señora mayor que charlaba animadamente con quién se suponía era el el médico, que tuteaba a la señora, y que no era otro que quién la paró en la carretera.  Se miraron por un instante, y él acompañó a la paciente hasta la puerta.  Después se dirigió hacia ella sobre lo que la había llevado hasta allí.  Erin se dio cuenta que no la había reconocido o era muy despistado.  Se identificó y explicó los motivos de su presencia

  - Quería conocer el lugar  en el que voy a trabajar y averiguar el horario que tendría.
  - A las ocho de la mañana, claro. Sea puntual y no se fíe de que ésto esté vacío ahora.  De repente se puede presentar un caso. Así que mañana a las ocho.  Y ahora si me disculpa, tengo trabajo.- y de igual manera se introdujo en su consulta.


domingo, 9 de febrero de 2020

Los mudos testigos - Capítulo 1 - El punto final

El camión de mudanzas cargó los últimos muebles rumbo a su nuevo destino. Ella cerró con llave por última vez la puerta de la que hasta ahora había sido su hogar,su casa, el testigo de lo bueno y  lo malo de los últimos diez años de su vida.  Todo había concluido con este último trámite. Estaba triste y desorientada.  Su nuevo domicilio estaba lejos de allí.  Lo había querido así  para no volver a tener contacto, ni por casualidad,  con el que hasta ahora había sido su marido.  Aún la quedaban malos ratos por delante.  Todos sus enseres irían a parar, en su mayoría, a un trastero alquilado en una compañía dedicada a tal fin.  Ellos serían, los mudos testigos  de su fracaso.  Empezaría de nuevo, en todo, borraría cualquier recuerdo de su vida anterior.  No había sido un divorcio amistoso, sino todo lo contrario; ella le había querido, pero él había elegido otro lugar donde refugiarse y otros brazos que le abrigaran en las frías noches de invierno.

Se subió al coche, lo puso en marcha y arrancó rumbo a lo desconocido sin mirar atrás.  Las lágrimas rodaban por sus mejillas.  A punto de cumplir treinta años y con las ilusiones rotas.  No volvería a creer en ningún hombre y odiaría por siempre a una determinada clase de mujeres que no les importaba destrozar una vida por el simple hecho de ser más joven.   Pero ella no era tan mayor. Daba igual la edad, el caso fue que ya no la quería.  Cuando hay amor de por medio, no importa la edad, ni si eres alta o baja, morena o rubia.  No amas a un tipo determinada de mujer, amas lo que ella representa y estaba visto, que Erin ya no le interesaba en ningún sentido.
Los últimos cinco años de casados, fueron un infierno para ella. Primero fueron las discusiones,y tras ellas las des calificaciones hasta hundir su moral ya continuación un empujón, luego una bofetada.... y así hasta llegar a la paliza.  Tuvo el coraje de denunciarle y después pidió el divorcio que se lo concedieron por la vía rápida debido a la denuncia que había interpuesto de la última paliza. La rompió el labio y tuvo diversos moratones durante mucho tiempo por todo el cuerpo ya que   la estrellaba contra los muebles o la pared, lo que le pillara más cerca.

Mientras conducía y revivía el infierno en que se había convertido su vida, también se compadecía de la infeliz que la había quitado su lugar.  No tardaría mucho tiempo en darse cuenta de la clase de personaje era del que se había enamorado.  Desconocía quién era ella y donde vivía;  de saberlo trataría de avisarle que tuviera cuidado.  Seguramente sería una chica joven sin experiencia, y quizá fuese uno de sus primeros amores.  Suspiró hondamente y siguió conduciendo.

Poco después llegaría a su destino : Dunfanaghy en el condado de Donegal.  Allí compró una casa para vivir y,  una vez instalada se presentaría en el ayuntamiento para hacerse cargo de la plaza a la que había optado como asistente social.  Al menos tenía casa y trabajo, y algún remanente monetario por la indemnización obtenida de su divorcio.  Ella se consideraba una privilegiada en ese aspecto, ya que otras muchas mujeres en su mismo caso se quedan en la calle, con hijos y sin futuro.

Su nuevo lugar elegido para vivir, estaba situado a las afueras del pueblo.  Buscaba paz y tranquilidad y allí lo encontraría, a pesar de que el pueblo ya lo era , pero deseaba alejarse, en definitiva de las personas. Siempre había sido de carácter jovial, alegre y muy cariñosa.  Por el contrario ahora se había vuelto esquiva con la gente y estaba a gusto sola. Nunca hubiera imaginado su cambio de carácter, pero las circunstancias vividas, la habían hecho antipática y poco amiga de pararse a charlar con alguien que se cruzase en su camino, como la ocurrió cuando visitó el lugar antes de comprar la casa.  Si se paraba en algún sitio, en algún escaparate para conocer un poco el pueblo, siempre había alguien que la preguntaba si era forastera, si se mudaría, o la contaba los beneficios de vivir allí.  La gente era cariñosa , servicial y amable, pero ella no quería intimar con nadie. ¿ Acaso huía de su ex marido ? Posiblemente eso era lo que ocurría;: aún tenía el miedo en el cuerpo de que la encontrara y volviera a pegarla..  Pero eso difícilmente ocurriría ya que no había dejado ningún rastro tras de sí, pero mejor evitar que curar, como dice el viejo refrán.

Cuando llegó a su casa, al poco rato, lo hizo el camión de la mudanza,que se pondría a trabajar de inmediato, para terminar cuanto antes.  No tardarían mucho, la casa no era muy grande y los muebles a guardar en el trastero, ya estaban en dicho lugar, ya que los habían dejado en primer lugar.

No eran lujosos, pero sí cálidos y cómodos.  para ella sola no necesitaba grandes cosas,así que estaba contenta con la selección que hizo de muebles y que solicitó en su divorcio y les fueron concedidos.

Acostumbrados como estaban los operarios a este trabajo, poco tardaron en dejarlo todo ubicado en su debido sitio.  Al quedarse sola, sería ella la que adecuara la ropa   y eso era sencillo y rápidamente lo hizo.  Había llevado algo de comida para no tener que salir a comprar.  Lo haría al día siguiente y de esta forma conocería el entorno en el que viviría de ahora en adelante.

Encendió la chimenea, ya que la casa al estar en medio del campo y deshabitada desde hacía tiempo, estaba fría y era bastante desapacible. La ventaja  que era de una sola planta y no muy grande, de modo que enseguida cogería calor, sobretodo el dormitorio, ya que con frío no podía dormir. llevaba tiempo durmiendo en cama separada de su marido, porque supo que a él le molestaba su presencia y con una excusa pueril, dormía cada uno lejos del otro.  Bastante tiempo después supo la razón de ello:  otra mujer había entrado en su vida.  Pero eso ya no importaba.   Debía acostumbrarse a borrarle y partir de cero, y por mucho que la costase lo conseguiría.

Enchufó la tele y se tumbó en el sofá para verla, hasta que poco a poco, el cansancio y las emociones, la rindieron al calor de la chimenea y  se quedó dormida.

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