miércoles, 2 de enero de 2019

Te esperaba - Capítulo 3 - Urgencias

El  frio y una persistente niebla  hacía que aún se sintiera más que las temperaturas iban cambiando. Emma se levantó temprano a pesar de que hasta la noche no tenía que ir a trabajar.  Arreglaría un poco su casa e iría a comprar comida, para así, estar  tranquila durante el resto de la semana.  No la gustaba excesivamente el turno nocturno de urgencias, pero debía hacerlo al menos una vez a la semana. La mayoría de los que acudían  eran por borracheras o accidentes.  Las peleas con daños personales también  eran corrientes, así que en lugar de atender enfermos, como en su turno de día, limpiaba heridas, vómitos y escuchaba de vez en cuando algún improperio, cuando no,  algún muerto por accidente.  En definitiva no la gustaba, pero esa era  la parte negativa de su trabajo y estaba encantada con haber tomado la decisión de estudiar enfermería.

Seguía sin ver a Robert, dado que el cambio de turno y la ausencia de él, aún no les había dado oportunidad de coincidir.  Además Robert no solía bajar a urgencias como no fuera por algo extremadamente grave.  Siempre estaba con operaciones programadas, así que en cuanto terminaba su horario de mañana, se marchaba y no coincidían.  Seguían sin saber ninguno de los dos, el uno del otro.

Aquella noche  fue de especial intensidad .  No había ninguna fiesta que creara problemas , pero sin saber por qué, aquella noche  se presentaba complicada.

- ¿ Qué pasa esta noche ? - dijo una compañera de Emma mientras curaba a un joven de una brecha en la cabeza
- No lo sé - respondió ella - Lo cierto es que desde que he entrado a las diez, no he parado ni un momento Espero que afloje un poco

Pero lejos de aflojar, les pasaron el informe de que se había producido un accidente de circulación bastante grave:  colisionado dos coches y habían cuatro víctimas, dos de ellas muy graves y un fallecido.

- Estad preparadas porque nos llegan todos a este hospital.  Avisad a arriba si hay algún cirujano disponible que se prepare porque creo que viene una persona  con el pecho destrozado..

  A penas habían terminado de prepararse, las sirenas de las ambulancias y la entrada de los paramédicos les hicieron a todos ponerse en movimiento derivando a cada uno de los heridos a los distintos quirófanos.  Y efectivamente había una muchacha que venía  muy grave.
Robert fue avisado de inmediato y bajó rápidamente hacia el quirófano para atender a la mujer que llegaba extremadamente grave.

Todo el equipo estaba en movimiento atendiendo a la mujer que permanecía inconsciente.  Quitaron sus ropas y la prepararon para operarla.  Robert, termino de lavarse y entro en el quirófano.  Emma también estaba y no quitaba la vista del rostro al que estaban preparando:  se trataba de su hermana y venía con el pecho destrozado.

- Informes - dijo él resuelto sin reparar de momento en ninguna de las dos hermanas.  Fue cuando Lissa estaba lista para operarla, cuando se dió cuenta de quién se trataba.  Durante un segundo clavó sus ojos en ella.  No podía creer que aquel rostro ensangrentado fuese el de la bella Lissa, la mujer a la que había querido durante toda su adolescencia y aún recordaba. Procedió a comprobar las constantes  y rápidamente.  Se puso en marcha todo el dispositivo.   Al otro lado del quirófano, frente a él, estaba Emma muy pálida y la temblaban las manos.  Una compañera se dió cuenta de ello y la preguntó

-¿ Te encuentras bien ?
- Es mi hermana...
-Dios mio.  sal de aquí de inmediato
- No, no quiero dejarla
- Ustedes, señoritas.  estamos operando a una mujer que se nos va de las manos.  Cállense por favor

La voz agria, tensa y áspera de Robert, hizo que tanto Emma como su compañera callasen de inmediato.

- Se nos va Robert - dijo el anestesista
- Maldita sea, ya lo sé.  pero aún hay tiempo
- La perdemos, la perdemos

La máquina que controlaba su ritmo cardíaco marcaba que quedaba poco tiempo.  Emma, sostenía una bandeja con material quirúrgico que a su temblor comenzaron a tintinear.-


- Echen de aquí a esa mujer.  Me pone nervioso.

La compañera de Emma, la tomó del brazo y casi en volandas la condujo hacia la salida del quirófano, dejándola en el pasillo

- No te muevas, saldré a decirte algo en cuanto lo sepa
- Pero es que se va y no quiero dejarla sola
- No está sola. Y tu necesitas tranquilizarte. Debo irme.  Siéntate en la salita.  Volveré pronto

Pero cuando entró supo de inmediato que no había nada que hacer. Estaban certificando su muerte. Robert tenía el rostro descompuesto.  No podía creer que se hubieran encontrado en estas circunstancias y la había perdido irremediablemente.  Tenía la mirada clavada en su rostro, mientras los asistentes retiraban los aparatos.  Nadie hablaba, todos estaban pendientes de él, y de su compañera que afuera esperaba las noticias. de Lissa.  Robert se recompuso y con rabia preguntó

- -¿ De dónde ha salido esa chica que temblaba ? Esto es un quirófano de urgencias.  Si tiene miedo a la sangre que la destinen a lavar culos
- Robert, cálmate. Se trataba de su hermana
- Robert giró la cabeza rápidamente hacia el anestesista que le daba la noticia
-¿ Emma ? ¿ Era Emma ?
- Si Robert, Emma
- ¿ Y por qué nadie me dijo nada ? ¿ Dónde está ?
- La he dejado en la sala
- ¿Las conoces ?-le dijo su compañero
- Si, desde hace mucho.  Es una larga historia, que ahora no es oportuna. La daré la noticia.

A penas se acordaba de ella.  La había visto muy de pasada en el instituto y en aquella cita, la del plantón, y poco más.  Después cada uno tiró por su lado.  Tampoco había vuelto a ver a Lissa desde que ingresó en la universidad, pero a ella no la había olvidado, hasta que a fuerza de pasar el tiempo, su imagen se fue difuminando.  La vio sentada en la salita contigua, hecha un rebuño y escondiendo su rostro entre las manos.  De repente sintió una pena que le ahogaba; pena por Lissa y por Emma y él mismo.  Lo más duró aún estaba por llegar, y sería avisar a los padres y darles la noticia.  Pero Emma ya lo había hecho, y no tardarían en presentarse.

Se acercó a ella lentamente y puso su mano sobre el hombro de ella, que giró su cabeza rápidamente.

- Lo siento, Emma.  No he podido hacer nada; tenía heridas muy graves incompatibles con la vida


Ella se le quedó mirando como si le viera por primera vez.  Con el rostro lleno de lágrimas y pálida, muy pálida, tanto que asustó a Robert que de inmediato le trajo un vaso de agua.    No sabían qué decirse, ni de lo que hablar. Todas las palabras estaban vacías de contenido,   y además no le salían de su garganta.  Emma hubiera deseado un abrazo en aquellas circunstancias.  Alguna señal de cariño, no por ser la hermana de la chica de la que se había enamorado, sino por ser un ser humano rota por el dolor.  Pero Robert estaba tan confundido como ella y su cabeza no funcionaba nada más que viendo el rostro de Lissa.  Al fin pronunció unas palabras

- ¿ Has avisado a tus padres?
- Si lo he hecho.  No tardarán en llegar.
-Bien permaneceré a tu lado cuando les des la noticia
- Les he insinuado algo.  No quiero que sea tan brutal como la que yo he tenido
-- Deberías  haber permanecido fuera

Al oír estas palabras, de nuevo la angustia anegó su garganta, pero tragó saliva y su llanto.  No quería hacerlo delante de él ¿ por qué ?  Era una situación perfectamente comprensible hacerlo, es más lo necesitaba .  Al poco rato, sus padres rotos de dolor hicieron acto de presencia..  Se abrazó a ellos que no creían que su hija hubiera muerto.  Era joven, pero también devoraba la vida, y ahora la vida la había devorado a ella..  Robert les dió toda clase de explicaciones atendiendo todas las dudas que pudieran tener. Estuvo más de media hora tratando de consolarlos, y como es lógico sin conseguirlo.  La policía hizo acto de presencia para hablar con ellos.  En su interior, pensaban que el accidente lo había provocado Lissa por su forma de conducir, pero los agentes les informaron que fue un chico que iba drogado y con alcohol en sangre.  De hecho uno de los fallecidos, además de Lissa, era un amigo del chico.

En parte eso les tranquilizó, pues  aún sin decir nada, sospechaban que la causante del accidente pudiera haber sido ella ..  Pero eso no aliviaba el tremendo dolor que sentían.  Una enfermera les avisó que podían ver el cadáver si lo querían, y los tres entraron en una sala que antecedía a la de autopsias.  Lissa estaba como dormida, con algunas heridas en la cara, disimuladas hábilmente para no impactar demasiado.. Sólo el padre, mantenía la serenidad.  Era un cuadro desgarrador.  Al cabo de unos instantes Emma, abrazando a su madre, la sacó de aquella sala.  Nunca olvidarían el rostro de Lissa, pálido y herido, pero sereno.

Te esperaba - Capítulo 2 - Lisa y sus problemas

Su hermana llegó tarde y la bronca de su padre por ese motivo fue enorme, pero a ella le dió igual.  Siempre hacía lo mismo.  Emma la mmiró de reojo y le mostró su enfado.  Ella sonreia y cenaba tranquilamente como si no pasara nada.  En cuanto terminaron de cenar, Emma se despidió alegando que estaba cansada.  Su madre la preguntó si la pasaba algo ya que se mostraba bastante extraña para como era ella

- No mamá, no te preocupes, sólo estoy cansada - Dirigió una furibunda mirada a su hermana y salió del comedor.

Lissa entró en su dormitorio y se sentó en el  borde de la cama mostrando una de esas sonrisas con las que conquistaba el mundo.  Pero Emma no tenía ganas de fiestas y conocía perfectamente la estrategia de ella, pero de nada la serviría.  Seguía enfadada, no tanto por  la encomienda que la hizo, sino por el resultado de ella, y eso la molestaba en grado sumo

- ¿ Qué te pasa hermanita? ¿ Acaso no lo has pasado bien con él ?
- No te atrevas a preguntarme nada.  Es la última vez que te hago favores.  Si eres una malqueda, apáñatelas como quieras.  He pasado un bochorno horroroso. Por educación no me dejó plantada, pero ha sido muy incómodo.
- ¡ No me digas !  El es muy parlanchín y divertido
- No sé si lo es, pero será contigo.  Creo que de poder, me hubiera fulminado con la mirada.  Así que el lunes prepárate porque estaba bastante cabreado.
- Bueno, pues que se aguante. No es mi novio.  Soy libre y voy con quién quiero.  Me lo he pasado estupendamente y sabes ¿ qué ? Fuimos a un motel y allí...
¿ Cómo dices ? ¿ Te has acostado con  Thomas ?
- Si y ha sido fantástico.  Un poco incómodo para mi al principio, pero después...
-No me digas más.  No quiero saber nada - dio media vuelta en la cama tapándose la cabeza con la almohada

Lissa salió riendo de la habitación de su hermana.  Emma, sin saber porqué, recordó a Robert y sintió lástima por él.  Estaba segura que hubiera dado cualquier cosa por haber sido el quién tuviera su primera vez con ella.  Los hombres no cambian y respecto a eso, aunque  ahora sean más abiertos, , siempre  lo tienen como un trofeo.

- ¡ Ojalá y no se entere ! La decepción que sentirá, si es que llega a enterarse, no es de que ya no fuera vírgen, sino que prefirió a otro  para ese acto tan natural conociendo que estaba loco por ella.

Trató de quedarse dormida y lo consiguió después de dar muchas vueltas en la cama.  El sábado había resultado ser un día de innovaciones, aunque no todas agradables para ella.  Cada vez que la viera al día siguiente, recordaría su confidencia y a Robert en su desilusión.  Estaba visto que entre los dos, se habían propuesto amargarla la vida.

Y con altos y bajos entre unos y otros, transcurría el tiempo.   Llegaron las vacaciones de Navidad  Las hermanas junto a su familia, las pasarían en Gstaad, donde tenían un chalet.  Robert  en el cottage que tenían en los Costwolds, aunque no le apeteciera gran cosa.  Su relación con Lissa era distante y a penas se veían desde aquél sábado del plantón.  Ella parecía haber elegido otra compañía, pero él seguía enamorado de ella.  No serían unas vacaciones felices para él y su padre se lo notó, pero no le dijo nada; le dió una excusa simplemente.

Y también llegarían las de Semana Santa y meses después el final del curso.  Las hermanas pasarían al último  de secundaría y Robert iría a la Universidad, con lo cual dejarían definitivamente de verse.  Y así ocurrió: ella siguió con su novio, y él trataba por todos los medios de olvidarla metiéndose de lleno en sus estudios.

El curso no estaba resultando fácil.  Le exigían mucho y él se esforzaba al máximo; ansiaba ser médico y para ello no regateaba horas de estudio.  Y poco a poco el tiempo transcurría y sus vidas también.

Emma al terminar en el instituto, decidió ser enfermera.  Sus padres le aconsejaban que si le gustaba, hiciera la carrera de medicina, pero ella no se encontraba facultada para estar ocho años con esa carrera,  y sobretodo vivir las tensiones de un médico.  Prefería ser enfermera, la gustaba y estaría más relajada, a pesar de que también tendría sus preocupaciones con los enfermos. Decidió que ese era su camino, al menos de momento.  Para el otro siempre tenía tiempo.

Lissa se dió un año sabático porque no tenía decidido lo que estudiaría, y acudía a diario con su padre y trabajaba en el negocio familiar.  Eso le apetecía más:  aprenderlo desde dentro, pero no estudiar la carrera de  económicas.  Era muy complicado para ella, que no le apetecía nada.  Sólo pensaba en su novio y en que llegara el fin de semana.

Pero un día esas escapadas semanales, les trajeron un resultado no deseado.; Lissa se quedó embarazada.  Fue como un mazazo para ellos el tener que decir a su familia que iban a ser abuelos, cuando aun tenían edad en volver a ser padres.

Thomas dió la cara y se hizo cargo de la situación, pero ambos padres, se echaron las manos a la cabeza.  El tenia que estudiar y ella también; eran casi unos niños.  No podía ser.  Condenarían sus vidas para siempre.  El formar una familia no era un rato de placer.  tendrían que seguir en sus casas respectivas, pero Lissa llevaría la peor parte ; estar con el bebe constantemente.

- No esa no es la solución - dijo el señor Meredith
- ¿ Y qué solución hay ?
- Preguntó Thomas
- Sé que va a resultar brusco y cruel, pero Lissa debe abortar
- No ni mucho menos. Quiero a mi hijo- alegó Thomas enfadado

Y sus padres también estuvieron de acuerdo con la decisión del señor Meredith.  Ya tendrían tiempo de tener un hijo cuando tuvieran capacidad para ello.  No era demasiado tarde, y Lissa también estuvo de acuerdo con esa decisión, en definitiva sería ella la que llevase la parte más difícil.  Y a pesar de la opinión en contra de Thomas, Lissa abortó en una clínica, siendo acompañada por su madre.  Su relación con Thomás se terminó en ese preciso momento.

A ella no la importó demasiado.  Era muy joven y tendría tiempo para tener otro hijo cuando estuviese preparada para ello.  Había probado, aunque muy de refilón, los problemas que puede acarrear el ser tan atolondrada como era ella, así que se hizo el propósito de elegir bien sus amistades, y sobretodo, pasarlo bien antes que nada.

Tuvo un serio disgusto con su hermana, que no concebía cómo sus padres estuvieron de acuerdo en hacerlo.  Estuvo muchos días sin a penas dirigir la palabra a ningún miembro de su familia;  permanecía casi siempre en su habitación sin hablar con nadie.  Le parecía injusto que por su alocada hermana, tuviera que haber pagado un inocente.

Y el calendario iba desgranando las hojas para nuestros personajes.  Robert terminó la carrera y Emma también había terminado y trabajaba en un pequeño hospital.  La entusiasmaba su trabajo, algo que no entendía Lissa, que seguía ayudando a su padre en su oficina, y "disfrutando de la vida", como ella decía.

Robert ejercía como cirujano en un gran hospital de Londres y también atendía la consulta de su padre que estaba presto a jubilarse.  Tenía novia, o al menos así lo llamaba él, pero en realidad era una relación de amigos con derecho a roce de vez en cuando.  No estaba enamorado de su novia, la quería sí, pero con un cariño de haberse conocido hacía mucho tiempo y ser su confidente de todos los problemas que le pudieran surgir.  En cambio ella estaba loca por él, pero sabía que no la quería como ella deseaba, pero se resignó a tener un contacto de vez en cuando,  su respeto y aprecio. Más valía eso que nada.  Conocía su amor por Lissa, que aún conservaba a pesar del tiempo transcurrido.  ¿ la seguía queriendo o simplemente era un recuerdo de juventud?
  No la había vuelto a ver ni saber de ella ¿ Qué habría sido de su vida ?  Cada vez que estos pensamientos volvían a su mente, los desechaba inmediatamente

- Seguramente se habrá casado con Thomas y estará cargada de hijos- decía sonriendo,  y aparentemente nada nostálgico.

El consultorio en donde trabajaba Emma hubo de ser cerrado, ya que era de un doctor con una dolencia de la que no permitía sentir emociones, sino calma y reposo.  Al cerrarla, viviría en una zona templada,  y se trasladó a una localidad del levante español, y ella se quedó sin trabajo, con todo el dolor del mundo.   Pero había adquirido experiencia y era buena en su trabajo, por tanto  no la costaría encontrar otro.  Y lo encontró en el mismo hospital en donde trabajaba Robert.
Cuando la llamaron para incorporarse, ella ignoraba que iban a estar juntos.  En realidad nada sabía de su vida, ya que desde entonces no tenían contacto alguno.

Coincidió que Robert estaba disfrutando de unos días de descanso después de haber estado de guardias, por eso Emma no supo que trabajarían en el mismo sitio.  ¿Cuales eran los sentimientos de ella hacia él, después de haber transcurrido tanto tiempo?  Los había arrinconado, pero no olvidado.  Era un pasaje de su juventud que no deseaba que aflorase y por ese motivo, lo escondió todo dentro de su corazón.  La destinaron a urgencias con lo cuál sería difícil que se encontrasen, aunque no difícil, ya que por grande que fuera el hospital, podrían coincidir en la cafetería o en alguna planta.  Al ignorarlo, ella ni siquiera se lo planteó.    Nunca volvió a pensar en él, ni en lo que sería de su vida.  Sabía que nunca la amaría de la misma forma que ella, y además tenía edad de estar casado e incluso de ser padre de familia.  Definitivamente  arrinconó todo pensamiento que la uniera a Robert.

Lissa seguía un ritmo de vida desenfrenado: juergas, trasnoches, novio va y novio viene...   Lo que se dice, se había convertido en una cabeza loca.  De nada servían los reproches de sus padres.  Exigió un sueldo por trabajar en el negocio familiar y se fue a vivir por su cuenta.  También Emma lo hizo, pero ella tenía un sueldo y podía permitírselo gracias a su esfuerzo.  Tenía poco contacto con su hermana, ya que no estaba de acuerdo en su comportamiento, y la había dejado por imposible.- Sus sermones, lejos de conseguir rectificación, a Lissa la producían risa, con lo cuál dejó de decirle nada.  Sólo se veían esporádicamente e ignoraba la vida que pudiera llevar.  Con quién se veía de vez en cuando era con Thomas, que se había convertido en un buen amigo, pero su relación no iba más allá´de eso:  amistad fiel y sincera.  Había conocido a una chica y se había vuelto a enamorar.  Se casarían en un breve espacio de tiempo,

Y así tenemos a nuestros personajes colocados en escena, y es ahora cuando comienza la historia de dos de ellos que veremos a partir del próximo capítulo

lunes, 31 de diciembre de 2018

Te esperaba - Capítulo 1 - Chico ama a chica

Lissa y Emma, hermanas gemelas,  enfilaron con su coche el camino que les conduciría hasta el Instituto para comenzar un nuevo curso.  Como casi siempre que Lissa conducía iban a velocidad exagerada y más de  en  una ocasión, la policía les había dado el alto, pero por tratarse de las hijas de quién eran, lo dejaban pasar por alto, no sin recomendarlas que la prudencia era primordial para no tener un accidente.  Lissa daba las gracias.   La velocidad  sería prudente, sólo hasta perder de vista al agente que se las quedaba mirando, mientras se rascaba la nuca.

- Tiene razón, Lissa.  Un día va a ocurrir algo serio
- Bah, tonterías. Soy muy buena conductora

Estaban casi llegando a su lugar de destino, cuando de pronto, el coche dió un viraje debido a un pinchazo

- Mierda, exclamó Lissa-  legaremos tarde y lo malo es que no sé cambiar la rueda
- Espera yo te ayudo. ¿ Te das cuenta lo que acabamos de decirte el agente y yo ? Podíamos haber sufrido un percance muy serio
-No seas miedica- exclamó  riendo

Se pusieron manos a la obra, pero ninguna de las dos tenía la fuerza suficiente como para  desenroscar las tuercas de la rueda.  Emma se plantó en medio de la calzada, a ver si con suerte pasara algún alma caritativa que quisiera ayudarlas.  A lo lejos se divisó un coche, y se puso a  hacer señales agitando los brazos fuertemente.  El coche paró,  se trataba de  Robert, el hijo del médico del lugar, que reconociendo a las dos hermanas se ofreció a ayudarlas

Se conocían del Instituto.  Ellas se habían incorporado el curso anterior y por tanto se veían a veces  en el comedor o a la salida del colegio.  A Robert se le fueron los ojos tras de Lissa, nada más verla, y ella se había dado cuenta de ello, con lo cual coqueteaba no solo con él sino con todo el que se terciara.  Sin embargo  Emma era más sensata de carácter, por lo que quién siempre andaba rodeada de chicos era su hermana.  Ambas era bonitas, pero la más divertida  era Lissa, por tanto la que tenía éxito.

Robert ni siquiera advirtió la presencia de la hermana, sus ojos fueron directos a Lissa, que esgrimiendo una dulce sonrisa, hizo que el muchacho les cambiara la rueda

- Te debo una-, le dijo mirándole directamente a los ojos, e ignorando a su hermana. A Robert se le derretía el corazón, y por eso se lanzó a ver si conseguía una cita con ella

- La cuenta está saldada, pero sólo si aceptas una invitación mía
- Eso está hecho- respondió resuelta metiéndose en el coche y emprendiendo la marcha, dejando al muchacho esperanzado en mitad de la carretera.

- No has debido coquetear de esa forma tan descarada con él
- Está por mis huesos, y a él le encanta que lo haga.  A él y a todos los que se me acercan. ¿ Cuántos se acercan a tí ? Ninguno. Y ¿sabes por qué ? Porque les resultas aburrida con tanta formalidad.  Soy joven, guapa y llena de vida, así que pienso vivirla a tope
- Algún día te costará un susto, ya lo verás
- Tú siempre tan optimista.  Mira ya estamos

Unos instantes después de ellas, llegó Robert y los tres se introdujeron en el Instituto.  Robert iba una clase por delante de ellas y terminaría a finales del curso que ahora comenzaba.  Iría a la universidad y estudiaría medicina como su padre

- Me debes una cita, no lo olvides - dijo a Lissa a modo de despedida
- No lo olvido. Ya te diré cuando

Cada uno entró en su aula. Sin siquiera recibir un saludo de Robert;, Emma, bajó la cabeza y se separaron. La sombra de su hermana era demasiado alargada para que alguien se fijara  en ella cuando estaban juntas.

A la salida de clase volvieron a verse y Robert  emplazó su cita con Lissa para ese sábado por la tarde.  Quedaron en el Centro Comercial y desde allí, si la apetecía irían a bailar o al cine.  Ella aceptó el plan y se reunió con su hermana que a una distancia prudente la aguardaba para regresar a casa.
Emma miraba a su hermana con envidia. Con envidia sana y a la vez admiración por lo resuelta que era y el éxito entre los chicos que tenía ¿ Por qué ella no era así ? Lo cierto era que no la interesaba una corte de chicos detrás de ella, sino uno. Unos sólo que la ignoraba y creía que ni siquiera sabía que existía.  Su hermana eclipsaba todo cuanto estuviera a su alrededor, pero de eso ella no tenía la culpa, sino los chicos que la asediaban.  Eran tontos redomados, incluido ese, el que tanto la gustaba y no la hacía ni caso.

Llegó el sábado y Lissa había quedado anteriormente con otro chico y olvidado a Robert, que impaciente la aguardaba en el Centro Comercial.  Había salido ya de casa y reunido con su acompañante ocasional, cuando recordó que se había citado con Robert: le estaba dando plantón sin explicación alguna..  Tuvo una pizca de conmiseración y a través del móvil se puso en contacto con Emma

- Emma ¿ me harías un favor ?
- ¡ Claro !
- He olvidado completamente que me había citado con Robert en el Centro Comercial ¿ podrías acercarte y disculparme ?  Te estaría muy agradecida
- ¿ Cómo puedes ser tan atolondrada ? Abusas de la gente.  A ese chico le gustas mucho y no es justo que, si no te interesa,  no le hagas concebir ilusiones
- Ya lo sé.  El lunes le daré boleto
- ¡ Eres increible ! y cruel.  Que lo sepas.  Iré ahora
- Gracias hermanita.  Te quiero - Y rápidamente cortó la comunicación

Cuando llegó al lugar de la cita, vió a Robert que impaciente no dejaba de mirar su reloj y la puerta de entrada de la cafetería en la que habían quedado.  Por unos instantes, Emma, se le quedó mirando.  Entró y fue en su dirección.  Robert la miro extrañado de que fuera ella la que estuviera delante y no Lissa
- Verás le ha surgido un imprevisto cuando estaba a punto de venir a vuestra cita.  No ha podido evitarlo y me ha dicho que te dijese que no podía venir, que la disculparas
- ¿ Y no ha podido ser ella la que me avisase?
- Pues no lo sé, tienes razón pero me lo ha dicho a mí.

El la miró de frente y se dió cuenta de que sus mejillas estaban encendidas, seguramente por hacer de cómplice de su hermana.  No mentía muy bien.  Le dió pena y cuando se despedía para regresar a casa, la retuvo de la mano y la dijo

- Bueno ya que estás aquí, ¿quieres aceptar mi invitación ?  Has sido muy buena al venir hasta aquí para decírmelo.  Seguramente entre ella y yo, hemos desbaratado tus planes del sábado.  Quédate, así charlaremos, ya que casi nunca cruzamos palabra.

Esa invitación a ella le sonó a coro de ángeles.  Estaría a solas con él, pero ¿ de qué hablarían ? No tenía confianza y a penas cruzaban dos palabras.  Se puso nerviosa, pero trató de tranquilizarse pidiendo un vaso de agua a la camarera. El miraba distraído a la gente que entraba y que salía, sin a penas prestarla atención.  Ella, a menudo bastante parlanchina, se había quedado sin palabras.  Se daba cuenta de que él estaba allí por compromiso, para no desairarla, y seguramente con un enfado de antología.  Debería estar con  Lissa, y no con ella.  Decidió irse porque la atmósfera era tensa para ambos

- Muchas gracias por la invitación, pero he de irme - dijo bastante a su pesar.  El la respondió
- Ni siquiera has probado el batido ¿ Tienes prisa ?
- La verdad es que no tengo nada que hacer, pero es muy incómoda la situación. Sé que deseabas que Lissa ocupara esta silla  y en su lugar estoy yo, así que me voy.  Lo siento, pero no he tenido la culpa.  Sólo he sido la mensajera
-- Perdona, tienes razón, no tienes la culpa y he sido un mal educado.  Te ruego me perdones.  Acepta mis disculpas.  ¿Quieres que vayamos al cine o a cualquier otro sitio?
- No, gracias.  No es necesario. Cuando volvamos a clase lo hablas con ella si es ese tu deseo.  Adiós y gracias

El se la quedó mirando sin hacer nada por retenerla.  A  paso ligero abandonó el local muerta de vergüenza por la violencia de la situación. Sería la última vez que su hermana la embarcara en algo semejante.  Que se ventilara  sus asuntos y a ella la dejase fuera de sus líos.  Todo habría sido diferente si Robert , al menos,  alguna vez,  se hubiera dado cuenta de que también ella existía, pero no tenía ojos más que para Lissa.  Quizá él no tuviera la culpa de haberse enamorado de  su hermana, al igual que ella no la tenía por haberle ocurrido lo mismo con Robert.  Tenía complejo por ese motivo, y la realidad es que Emma era tan bonita como podría ser Lissa, pero  un corazón enamorado no entiende de esas cosas.  Siempre había sido la segunda en todo, hasta en el amor.

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