jueves, 2 de agosto de 2018

Amores menores, grandes amores - Capítulo 3 -El profesor Anderson-

Terminaba Agosto y los días comenzaban a acortarse y a ser menos calurosos, pero aquel día 30, amaneció pesado, húmedo, pegajoso, pero no impidió el que yo siguiera con mi rutina diaria que me había impuesto durante todo el verano:  salir a correr por el campo.  Wells, el lugar donde vivía, es un sitio pequeño, de lo más pequeño que te puedas imaginar, pero precioso con unos edificios imponentes y rodeado de agua que surge por las calles cuando menos lo esperas, porque Wells está fundado sobre un río.

Ese día mi carrera no fue larga en duración como otros días.  Estaba nerviosa; en una semana iniciaba los estudios en la Universidad, en Bristol, y sentía mitad curiosidad, y mitad nervios, pero seguía sin tener claro a lo que quería dedicarme cuando terminara mis estudios.  Seguramente sería escritora, de las mediocres, de las que escriben panfletos para cualquier revistilla de poca monta.  No tenía más aspiraciones que el poderme ganar la vida con tranquilidad, sin aspirar a más.  Por supuesto ni imaginaba ir más allá.  También podría ser una escritora negra ¿ quién sabe ?

Abandoné mi carrera por el campo y salí a la carretera.  No tenía ganas de correr más, e inicié una caminata a paso ligero.  Sentí a mi espalda un claxon de coche que me avisaba.  Volví la cabeza. ¿ Por qué me avisaba?  Caminaba por el arcén, sin invadir la calzada.  Cuando estuvo a mi altura, frenó en seco y me preguntó algo que no entendí, ya que llevaba los cascos puestos y la música un poco alta

- Por favor- me dijo - ¿ Voy bien por aquí al centro de la ciudad ?
- Sin duda - le respondí - Esto es muy pequeño.  Siga recto saldrá a una de las calles del centro
- ¿Quiere que la lleve a algún sitio ?
- Oh no, muchas gracias. Estoy cerca de mi casa, y además estoy sudada, y créame no expido un olor muy agradable
- No creo que sea para tanto ¿ Viene de hacer deporte ?
- ¿ Cómo lo ha notado ? - dije riendo
- Bien, veo que tiene sentido del humor.  Eso me gusta.  Perdone voy a presentarme : soy Dylan Anderson y soy profesor en Bristol
- Yo Kyle y soy aspirante a estudiar en esa universidad
- ¿ Aspirante ? ¿ Es que aún no está matriculada?
- Si lo estoy. Digo aspirante porque no tengo nada claro lo que quiero hacer.  Y ahora si me disculpa, he de irme.  Estoy incómoda por mi atuendo.  Hace calor, he estado corriendo y sudando
- Está bien.  Creo que nos veremos.  Con suerte puede que le toque en mi clase.
- No creo.  Voy a primero de letras
- Bien, yo estaré en tercero, así que es posible que volvamos a vernos.  Adiós Kyle, he tenido mucho gusto

Y arrancando el coche se alejó de mí.  Le vi marchar impasible.  Podía haberme acercado hasta casa, que aún me esperaba una caminata, pero olía a sudor y lo cierto era que no me apetecía que fuera esa, la primera impresión que se llevara de mí. Máximo si en verdad nos íbamos a ver en la Universidad.  Aunque no sería fácil que coincidiéramos: él daría clase a los que ya estaban casi terminando la carrera.-.  Decidí correr un poco más hasta llegar a casa.

Y terminó Agosto y en los primeros días de Septiembre se inauguró el curso . Acudía hasta Bristol a diario.  Mi tia me había regalado por mi cumpleaños un coche pequeño, de segunda mano, precisamente para que me pudiera desplazar a la Universidad, que no estaba distante de Wells; en poco más de media hora estaría en la ciudad.  Sólo tenía que madrugar un poco para llegar a tiempo.  Lo prefería a tenerme que quedar a vivir en el campus.

La tía Maggie, se hizo cargo de mí cuando mis padres murieron y yo contaba con dos años de edad.  Su destino estaba claro que era el de ser una mujer soltera.  Primero tuvo que cuidar de mi padre por ser la hermana mayor y al fallecer mis abuelos, primero mi abuela y dos años después mi abuelo.  Su destino fue tomar las riendas de la familia, de la poca familia que éramos, y ya no quedábamos más que ella y yo.
No recordaba a mis padres, pero ella siempre procuró hablarme de ellos cuando era pequeña y nunca faltó en mi mesilla de noche, una foto de ambos.  Murieron en un accidente cuando un borracho se les cruzó en la carretera.  Mi madre murió en el acto, y mi padre una semana después. Pienso que debió ser terrible para ella, porque tuvo que renunciar a los sueños que ella tuviera para hacerse cargo de un bebe que a penas balbuceaba.
Ha sido y siempre será una madre para mi.  La quiero muchísimo y ella es la impulsora de mis proyectos, ya que dicho sea de paso, son de ella más que míos.  Creo que de joven quería ser escritora, pero la vida no le dio esa oportunidad y ahora desea que yo lo sea.  Yo no creo tener cualidades para ello, y si lo llego a ser, será únicamente por complacerla, aunque mis amigas me dicen que no haga esa carrera si no me gusta, porque será una pérdida de tiempo.

La entrada a la Universidad es lo mismo que un hormiguero de gente joven excitada y nerviosa, porque a muchos de nosotros , es hoy , el principio de toda nuestra vida, de nuestro futuro e ilusiones, que no para todos es algo concreto; por ejemplo para mi.

Me paré frente a una   antigua fachada un poco encogida ante la majestuosidad del edificio.  Ahí enterraría cuatro años de mi vida en estudiar algo  que ni siquiera sé si llegaré  algún día a obtener el provecho requerido. No me di cuenta de que todos salían disparados hacia la imponente puerta de entrada, ni oí sonar la campanilla ó el timbre con que avisaban de que era hora de comenzar las clases.  Estaba inmersa en mis pensamientos, algo que me ocurre con frecuencia:  suelo evadirme de mi misma,.  Una
voz grave escuché a mi espalda a la que no hice ni el menor caso, hasta que se convirtió en algo más exasperado

- Se está haciendo tarde.  Ha de entrar de una vez.  Las clases comienzan en cinco minutos.  ¡ Venga, vamos !

Y fue entonces cuando me giré para comprobar que esa arenga estaba dirigida a mi.  Y efectivamente para mi era.  En un principio no me acordaba de él, pero sin embargo ´Él, si me reconoció.  Los dos nos reímos y juntos entramos en el recinto.  El profesor se dirigió a su aula y yo a la mía..

El primer día de clase fue largo y aburrido.  Era una profesora veterana que se empeñó en informarnos de los temarios que daríamos en el primer trimestre.  Estaba deseando que sonara el timbre que indicaba que se había terminado la clase.  Por delante teníamos toda una semana que seguramente sería más de lo mismo.  Francamente, salí descorazonada de la Universidad en aquel primer día.  Tendría que tener calma, y aguardar que pasase al menos una semana y que todos estuviéramos más familiarizados con lo que íbamos a tratar.


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Autora: rosaf9494quer
Edición; Agosto 2018
Ilustraciones< Internet

miércoles, 1 de agosto de 2018

Amores menores, grandes amores - Capítulo 2 - Confidencias de amigas

Y la reunión entre ellas fue amena y distendida.  Eran simplemente dos amigas charlando de sus cosas, de sus trabajos, y nada más.  Ninguna de las dos trató de adentrarse en la respectiva vida de la otra.  No se conocían lo suficiente, pero Krista se sintió en la obligación, al despedirse de Kyle,  de comentar  algo que la preocupaba.


- Verás Kyle, no me conoces lo suficiente para saber si soy cumplidora de la palabra que doy o no, y si seguimos conociéndonos lo averiguarás.  Si te doy una palabra, la cumpliré a rajatabla.  Te prometí que en mi entrevista no iba a  haber preguntas molestas y creo haberlo cumplido, pero mi director me exige más. Quiere que me gane tu confianza y averigüe cosas de tu pasado.  Me he negado a ello y me amenaza con despedirme por incumplimiento de contrato.  Si se tratara de otra persona, sin dudar que lo haría, pero tú has sido muy franca y muy sincera conmigo.  Te prometí algo y pienso cumplirlo;  pero he de advertirte que en mi profesión hay muchos que por ganar notoriedad son capaces de todo, hasta de inventar una historia falsa con tal de vender revistas. La nuestra no pasa por su mejor momento y eso hace que te obliguen a hacer cosas por las que no estás dispuesto, como es mi caso. Si ves algún artículo en el que se desvelan cosas que no deseas divulgar, no es mio el reportaje.  Quiero que lo tengas muy presente, porque dejaré de trabajar con esa dirección. Bueno en realidad estoy despedida al negarme a ello, así que ya lo sabes: ni les he dicho nada ni tengo nada que ver

La escritora se la quedó mirando, indecisa.  No sabía si creerla o no. Posiblemente fuese una argucia para que ella abriera su corazón y le contara cosas íntimas, para después publicarlas en primera plana y relanzar de ese modo la revista.  No sería la primera vez que algún nombre famoso, se había visto sorprendido en su buena fé.

- Tranquila, no te preocupes.  Te agradezco me hallas advertido, y te prometo que estaré atenta a cualquier moscón que se acerque a mi con esas intenciones.  Pero puedo asegurarte que si se inventan o publican algo sin mi consentimiento, les llevaré a los tribunales y tengo unos abogados muy buenos.  Lo que más me molesta es que te hayan despedido por ese motivo.  ¿ Cuánto llevas trabajando con ellos ?

- Cinco años de mi vida.  Pero no me importa. Encontraré trabajo en algún periódico o revista.  Eso no es problema
- Bien Krista, me ha sorprendido tu revelación, pero sé que este mundo funciona así.;  poniendo zancadillas unos a otros.  Deseo que volvamos a vernos otro día.  Te debo una comida.  Esa vez invito yo.

Ambas mujeres se despidieron, pero no concretaron fecha para volverse a ver.
 Kylie llegó pronto a casa, pero disgustada por la noticia dada por Krista.  No era la primera vez que trataban de averiguar cosas de su vida privada.  Sabía que al hacerse popular los buitres acudirían a por su pedazo de carne, y en ese momento era ella.  La famosa, la escritora  más vendida de la actualidad, pero también la más enigmática y difícil de entrevistar.  Era una absoluta desconocida.  No se sabía nada de ella.
De repente un día surgió un lanzamiento de una nueva novela y de una nueva autora que con un magnífico programa de promoción, alcanzó cotas de ventas antes nunca alcanzadas.  Pero nada más; se sabía;   que era británica, porque así lo ponía en la contraportada del libro.  Pero ni siquiera si el nombre con el que firmaba era el suyo propio o un pseudónimo, de ahí  el interés que despertaba conocer los "trapos sucios", si los tuviera.  Pero no los tenía; llevaba una vida ordenada, pocas asistencias a fiestas y mucho trabajo.  Pero seguía siendo extraño que no tuviera a su alrededor algún hombre que la rondase.  Estaba a punto de entrar  en los cuarenta.   Era bonita, simpática y graciosa para unos.  Para los periodistas era una mujer cardo, cuando no se salían con la suya.


Llegó cansada, disgustada y harta de los carroñeros que la perseguían siempre.   La revelación de Krista había colmado el vaso.  Se sentó en su estudio, se quitó los zapatos  y descansaba las piernas sobre un reposapiés.  Ni siquiera tomó una copa.  Reclinó la cabeza hacia atrás y trató de quedarse dormida., algo que consiguió durante unos instantes.  Después se incorporó y fue hasta uno de los cajones de su escritorio y,  de él, extrajo un manuscrito metido en un sobre grande y atado con una cinta, que en su día fuera blanca.  Lo acarició mientras sonreía, sin duda evocando el momento en que comenzó a emborronar los primeros renglones.
Desató el envoltorio, y de nuevo, ante su vista aquellos folios que empaquetara un día de hace tiempo, al recibirlos de vuelta de una editorial.  Daba lo mismo la que fuera: había sido rechazado.  Y recordó a la persona que la ayudó a corregir algunas de las cosas que no estaban bien encajadas o a substituir palabras por otras al ser repetitivas. O a enfocar algún párrafo más concluyente que lo que había escrrto en primer lugar.  Al final, después de las correcciones efectuadas, se había convertido en una novela perfecta, con interés en su trama, con la intriga del "qué pasará", y unos personajes apasionantes que vivían su propia historia.  Pero de nada había servido porque nadie lo supo apreciar.  Ahora tenía más experiencia y conocía mejor el manejo de ese mundillo, por eso no desechó nunca de su cabeza, la idea de publicarlo e intentarlo de nuevo.  Ahora sería diferente; tenía un nombre prestigioso y ni siquiera lo pondrían en duda, pero ella sabía que era bueno y que había otra persona, por algún lugar, que también lo sabía, aunque no lo recordara por el tiempo transcurrido..
Y lentamente puso en marcha la moviola de su vida y volvió a aquellos días, cuando al cumplir los dieciocho años, ingresó en la universidad para estudiar algo de letras, sin demasiado interés, pero es que las ciencias no la atraían nada en absoluto.  Sin mucha ilusión inició su primer día de estudiante "en serio".  Pero creo que será mejor que sea la misma Kyle, a través de su memoria, quién nos dé cuenta de todo.  Y comienza así....

Amores menores, grandes amores - Capítulo 1 -La entrevista

La secretaria  anunció que en cuestión de media hora tendría que recibir a la periodista Krista Morgan de la revista Femme, para una entrevista desde hacía tiempo concertada.  No le apetecía para nada mantener una conversación con una desconocida, sobre su vida y  de cómo llegó a ser la escritora más popular de la actualidad.  Era reservada para su vida privada, y aunque los más sabrosos detalles de ella, los ocultaría, no quería dar pábulo a que algún cotilla sacase punta de un lapicero que estaba gastado por el tiempo transcurrido.

Suspiró con resignación y le dijo a Nancy, su secretaria y mano derecha, además de amiga, que la avisara cuando llegase.  Mientras tanto tomaría un té para hacer más llevadera la espera.  Había suspendido otros compromisos por atenderla, ya que desde hacía meses así lo habían establecido. Kylie McPherson era una mujer muy ocupada, sobretodo a partir de haber lanzado al mercado su última novela, cuyas ediciones  se vendían,  como se dice vulgarmente,  "churros".  Tenía múltiples compromisos de firmas de libros, conferencias, invitaciones...  y un sín fín de ofertas fuera de Londres.

Había llegado a una edad y un status, en que sólo hacía lo que en verdad quería hacer.  Ahora las editoriales se la rifaban.  Los tiempos en que mandaba los manuscritos e iban al cubo de la basura, habían pasado.  La mayoría de sus editores no se dieron cuenta, que aquellas novelas eran infinitamente de mejor calidad que las que ahora escribía, pero se había hecho un nombre prestigioso y en realidad era lo que vendía.

Se sentó en el sillón de su escritorio, y mientras sorbía el té, recordó como fueron los principios de una novela determinada y las consecuencias que tuvo tiempo después.  Fue una de las que desecharon, pero ella la guardó en su archivo, quizá con la esperanza de publicarla algún día.  De todas las escritas era su preferida, de la que mejor recuerdo conservaba y a  la que mayor entusiasmo puso al escribirla.  Y recordó a su corrector y las orientaciones que la dió para que saliera perfecta.  Lástima que sólo ellos dos, supieron ver la calidad del relato plasmado en sus páginas.  Si algún día la publicase, se la dedicaría a él, con nostalgia, pero se la dedicaría.

Y a la hora acordada, entraba en su despacho,  conducida por Nancy,  la reportera, acompañada de un fotógrafo.  Sacarían algunas fotos de ella mientras la entrevistaba, y alguna que otra de su despacho, o del lugar en el que se refugiaba para escribir.  Todo ello eran curiosidades que gustaban a sus lectoras, aunque a Kylie le hiciera gracia porque consideraba que eran detalles insignificantes que cualquier persona que trabaja desde casa, tiene para aislarse.

Tras ofrecerles algo para tomar, mientras el fotógrafo media la luz y el ángulo más favorecedor, la escritora y la periodista charlaban de varios temas de actualidad, nada relacionado con la literatura; eso lo dejarían para el reportaje.  La sagaz reportera, aunque pareciese una conversación intrascendente, sacaba detalles que después amplíaría durante la entrevista.  Este primer contacto serviría para ganarse su confianza, y de esta forma se abriera más a sus preguntas.  Sabido era que no concedía muchos reportajes, y aún menos para revistas de moda , a las que consideraba frívolas y que no aportaban nada bueno a las lectoras, sino una idea falsa de lo que era su vida día a día. Era cierto que ahora vivía bien y como ella quería, por ese motivo preservaba al máximo que nadie se entrometiera en su vida fuera de la literatura.  Era considerada en los medios como "  alguien dura de pelar ".  Ella lo sabía,  pero había dejado de importarle la opinión de los que sólo la conocían muy superficialmente.


  Los verdaderos amigos, los que la conocían desde hacía tiempo, sabían de sobra que era accesible siempre que vinieran  de frente y sin subterfugios para sonsacarla algo que no deseara revelar.
Kylie tenia fama de cortante en cuanto ella comprendía que la persona que tenía enfrente haciéndole preguntas, iba por un camino equivocado, es decir por un camino que sólo a ella y a nadie más importaba.  Le había costado mucho llegar a  alcanzar esa fama, y no estaba dispuesta a perderla  por algún cotilleo más o menos inoportuno.

Había llegado el momento de comenzar el trabajo de la reportera.  Todo estaba preparado y  Krista la preguntó si la importaba que la grabase

- No en absoluto.  Sé que eso le facilitará mucho las cosas para después formar el reportaje. Pero he de advertirle una cosa. Nada de preguntas íntimas; ya sé que eso es lo que les gusta a los lectores, pero según concertamos  la visita era exclusivamente sobre mis novelas, aunque alguna licencia la permitiría, pero nada que conduzca a amoríos, entradas o salidas, viajes, etcétera , que no sean de trabajo.  Deseo que lo tenga muy en cuenta, porque si me percatase de que iba por otro lado, en ese mismo momento se termina todo.  Ustedes hacen su reportaje en base a mi, Venden sus revistas, pero yo no cobro un chelín, y me parece bien, pero por ese mismo motivo soy dueña de elegir lo que quiero o no, que la gente sepa.  ¿ Comprendido ?
- Ha quedado clarísimo.  No se preocupe.  Tendré cuidado en no traspasar los limites de lo permitido.. Cuando mi director me encargó esta entrevista, no me apeteció nada.  Perdone pero tiene fama de ser dura en las respuestas, es decir, que no es fácil sonsacarla.  Pero ha sido muy clara y sincera, y eso me gusta.  Me encantaría que fuésemos amigas.  Si, me gustaría mucho.  Descuidé que de mi no saldrá algo que no desee que se publique.
.- Muy bien, pues dicho todo, vayamos al grano.  A mi también me gustaría que fuéramos amigas.  Una amistad en la prensa nunca viene mal. - Y ambas rieron sinceramente.

Y fue una entrevista totalmente light, aunque interesante. Relató cómo fueron sus comienzos, por qué comenzó a escribir y el editor que primero confió en ella.  Todo lo que creía que sería interesante sin entrar o salir de su vida amorosa, porque entre otras razones, ni tenia novio, ni marido ni amante. Pero Krista, aunque extrañada  siendo una mujer tan interesante, no le preguntó al respecto.  Tomaron fotografías de distintas estancias de la casa, que era cómoda, moderna y funcional.

Cuando terminaron comenzaba a anochecer,.  Quedaron para verse en unos días para almorzar juntas, sin entrevistas, sin preguntas inoportunas, sino como amigas, como dos mujeres que comentan sus anécdotas diarias. Y una semana después comían en un restaurante de lo mejor de la ciudad.  Krista pagaría la cuenta, pero eso no significaba que sería un chantaje, sino en verdad deseaba ser su amiga.


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Autora< rosaf9494quer
Edición< Agosto 2018
Imágenes< Internet

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