lunes, 3 de julio de 2017

Los errores que cometimos - Capítulo 8 - Volver a verse

El juez dictaminó que como la criatura era muy pequeña debería estar con su madre, si bien al cumplir los tres años podría pasar un fin de semana cada dos con el padre.Tendría también el derecho a verla cada vez que él dispusiera y,  la madre no podría oponerse, pero para ello tendría el padre que desplazarse hasta el hogar que en la actualidad sea morada de la niña.

Estaban presentes ambos padres, pero ni siquiera se miraban aunque ambos lo deseasen con todas sus fuerzas. Maggie se quedó fuera de la audiencia con la pequeña Rosalyn que crecía ajena a todo cuanto sus padres litigaban.

Al salir James se acercó a Maggie que tenía en brazos a Rosalyn tratando de distraerla. Emma a propósito se había quedado rezagada para facilitar el encuentro del padre con la niña. El bebe le extrañaba y rompió a llorar extendiendo los bracitos hacia su madre que se encontraba cerca.

El desaliento se reflejaba en el rostro de James. A Emma le dió pena ver la manera con que miraba a su hija y el rechazo que ésta sentía inconscientemente, por el padre.

--Tendrá que acostumbrarse,- le dijo. Es muy pequeña y no te ha visto nunca. Tienes que tener paciencia y verla con frecuencia para que ella te vaya asociando a su vida. Yo no me opondré, si eso es lo que te mortifica. Comprendo el deseo que sientes por tenerla, pero yo no puedo hacer nada, eres tu , y tu calma el que tiene que labrar el terreno...
--Lo sé, lo sé. Te prometo que tendré toda la paciencia del mundo y que conseguiré que me quiera.

Se pusieron de acuerdo en que para limar tensiones, cada vez que quisiera visitar a la niña, le avisase y se encontraran en un sitio neutral, por ejemplo en casa de Maggie. De esta manera no tendrían ocasión de verse ni de intercambiar reproches, ni de regañar nuevamente. James aceptó y quedaron en el día y la hora en que sería la próxima visita.

Emma cedió en que para pasar más tiempo con la niña aquella tarde, fuesen a tomar un cafe. James cambió el semblante y de pronto se iluminó: pasaría un rato más con ellas, con las dos... Tomó a la niña en sus brazos después de pedir permiso a Emma y aunque un poco retrasada de James, se encaminaron los tres hacia una cafetería cercana.

--¿Te vas esta misma noche?- le preguntó James a Emma una vez estuvieron acomodados en el bar
--No, Maggie se quedará conmigo en un hotel y mañana temprano partiremos.

No hablarón más. Se miraban de soslayo. James dialogaba con su hija en el idioma de los niños, con sonidos guturales que solamente ellos entienden. Era ya de noche; las horas habían pasado rápidas y Rosalyn tenía que tomar su baño, su cena y después dormir. Emma rescató a la pequeña de los brazos de su padre y se despidió de James

--¿En que hotel estáis? os acompaño hasta él

Sin darse cuenta, James le había tomado por un brazo protegiéndola de los empujones de la gente que ajena a todo transitaba, pues era la salida de oficinas y comercios. Era como si el tiempo hubiera retrocedido y a Emma el corazón le daba saltos al sentir la mano del hombre sobre su brazo.

--¿Te pesa la niña, quieres que la lleve ?

Emma sonrió al darse cuenta que era una excusa para tener un rato más a la pequeña en los brazos.

James entró hasta el vestíbulo del hotel y allí frente a ella devolvió a su madre a Rosalyn que por fin se había abrazado al cuello de su padre.

--Pese a todo- dijo James-,  ha sido uno de los días más felices de mi vida.

Dió un beso en la cabecita a la niña y en la frente a la madre, que quedó sorprendida por la repentina muestra de cariño. Ella solamente le miraba, le miraba y notaba que todo su rencor había desaparecido quedando únicamete el inmenso amor que siempre le había tenido. Pero ya era tarde, y pensó" lo que puede cambiar tu vida al tomar una mala decisión." Fueron unos segundos los que duró la intensa mirada que ambos se dirigieron; en ella se dijeron todo lo que sentían y que habían callado durante tanto tiempo. Ahora ya no había lugar, pero no podían evitar el seguir queriéndose.

No hubo ninguna comuicación entre ambos durante mucho tiempo. El veia a la niña todas las semanas, pero ella no estaba nunca presente.No hubo ninguna llamada de teléfono que perturbara la vida de Lissa y de James. No se mezcló nunca en su unión, pero no hizo falta, estaba permanentemente presente en sus vidas.
El volverla a ver, había avivado de nuevo el amor que siempre sintió James por su mujer y aunque nunca lo mencionase, la sensibilidad de Lissa le avisaba de que ya nada sería igual, que nunca había estado enamorado de ella. Le había respetado cortesmente, es muy posible que le hubiera tomado cariño, pero por las noches él soñaba con su mujer y la nombraba, y se desesperaba tratando de alcanzarla. Estaba desvelado casi siempre y ella fingía dormir cuando él se levantaba de la cama y se ponía a ver el paisaje a través el ventanal de la habitación, pensando en sabe Dios qué cosas.

Lissa quería profundamente a James, le había visto sufrir cada vez que Emma aparecía en sus vidas, pero debía reconocer que nunca interfirió en su relación nada más que con los carteles de publicidad y de eso ella no tenía la culpa.

Veía que James estaba cada vez más triste, no se comunicaba y un rictus amargo comenzaba a marcar la comisura de su boca. Le dolia tener que tomar la decisión de plantearle dejar su relación. Por nada del mundo lo deseaba, pero precisamente porque le quería, era necesario que hablaran de su futuro.

Aquella noche James llegó especialmente cansado, no por el trabajo sino porque poco a poco el desánimo iba ganando terreno. No sabía cómo enfocar la situación; le costaba muchísimo aparentar ante Lissa unos ánimos que estaba muy lejos de sentir. Al entrar en el saloncito en dónde solian esperar la hora de la cena tomando un aperitivo, se dejó caer en un sillón. Lissa le observó y supo que el momento había llegado, era propicio. Que ya no cabían demoras, sino abordar el tema cara a cara y buscar una solución para que, al menos, uno de ellos, alcanzase la tranquilidad..  Con toda la calma del mundo, que estaba muy lejos de sentir, le contó que ya era hora de que de nuevo él, la niña y Emma volvieran a ser una familia. Por el bien de Rosalyn.

--Yo se, que nunca has dejado de amarla y ha sido una tortura para ti el no poder verla. He de agradecerte que me has respetado y cuando hemos estado juntos me has hecho la mujer más feliz del mundo, pero tu no lo has sido, y es necesario que recuperes de nuevo la alegria de vivir junto a tu mujer y tu hija. Habéis estado divorciados porque un papel así lo asegura, pero anímicamente habéis permanecido unidos siempre. Yo iré a un crucero largo, de meses y a buen seguro que encuentro a otro hombre que alivie mis horas de soledad. Creo que mañana mismo debes solucionarlo. He leido que la agencia en la que trabaja ha conseguido el premio a la mejor campaña publicitaria y justo mañana se lo entregan al director. Averigua con tu informante si ella estará aquí mañana . Ve a verla y hablale de cuánto la necesitas, de cuánto la quieres y que fué un tremendo error por parte de ambos el separaros, porque no podéis vivir el uno sin el otro. Sin reproches, sin acusaciones, eso ya ha pasado y no se puede dar marcha atrás. Pasad página, empezad de nuevo con vuestra hijita y quereros , quereros mucho por vosotros y por todos los que hemos estado a vuestro alrededor presenciando vuestro sufrimiento por no estar juntos.

James no podía articular palabra. Solamente la abrazó fuertemente, la beso y con un" gracias" se alejó definitivamente de allí


domingo, 2 de julio de 2017

Los errores que cometimos -Capítulo 7 Belesfield

Fiel a sus compromisos, James celebró la rueda de prensa en uno de los salones del mismo hotel. Durante más de una hora departió con los periodistas, atendió a sus preguntas y se mostró simpático y cordial. No trascendió en absoluto el desánimo e impaciencia que tenía. Deseaba concluir cuanto antes y al mismo tiempo temía el encuentro.

Subió a la habitación y despabiló a Lissa para explicarle que tenía la necesidad urgente de ir de viaje, le explicó lo mejor que pudo y muy por encima las cofesiones que Maggie le había hecho el día anterior.  Ella perpleja le escuchaba y no daba crédito a lo que estaba oyendo, pero le aconsejó que hiciera el viaje cuanto antes.

Se dirigió al aeropuerto y tomó rumbo a Nueva York. Cuando llegó eran altas horas de la noche y se dirigió a su casa a pesar de saber que no podría dormir. La localidad en donde vivia Emma no estaba a excesiva distancia, con lo que pensó que mejor al día siguiente ya que no era cuestión de llegar de madrugada y encontrar a todos durmiendo, incluida la niña.

Era muy temprano cuando con el mapa en la mano y apoyado en el capó del coche buscaba impaciente el pueblecito refugio de la que fuera su esposa

--¡ Pero ni siquiera viene en el mapa...!

Al fin se dispuso a partir, preguntaría en una gasolinera. De esta forma tomó el camino de Belesfield. Llegó al pueblo a media mañana y se dirigió derecho a la dirección que Maggie le había apuntado. El corazón le latía apresuradamente en el pecho y los nervios estaban a punto de estallar.



--Maggie ¿ puedes abrir ? creo que han llamado y yo estoy bañando a la niña, hazme el favor y ve a ver quién es
--Ya voy, un momento - Al abrir la puerta se encontró frente a frente con James
--No creí que viniera tan pronto
--¿Cree que podía esperar? ¿Dónde está?
--Está con la niña en el baño. Venga le diré dónde es.

James abrió la puerta de par en par que se encontraba entornada. Nunca imaginó una imagen como aquella. Emma inclinada sobre un bebe precioso que daba sus primeras carcajadas y la madre haciéndole cosquillas en el pechito al tiempo que le hablaba en su lengua y le besaba repetidamente en las mejillas, en la frente y en la tripita. Al fín la tomó en sus brazos apretándola contra su pecho, y fue entonces cuando al girarse vio a James. Se quedó quieta, seria y sin articular palabra. Ambos se miraron fijamente y ninguno de los dos habló. Fue Emma la que se repuso y la primera en darle un saludo frio

--¿Qué haces aqui?
--Dímelo tú. Creo que hay pendiente una cosa importante que tendrías que comunicarme - Miró a la niña y entonces una sonrisa tierna y amable iluminó su rostro.
--¿Puedo cogerla?
--¡ Claro !

Tomó al bebe con sumo cuidado entre sus brazos y la niña rozaba con su manita la mejilla de su padre a modo de caricia. Emma contemplaba la escena y enseguida cayó en la cuenta de que aquella presencia se la debía a Maggie

--¿Te puedo preguntar una cosa?, -dijo James --¿Cómo demonios has venido a parar aqui? Es un pueblo horrible, sin gente. ¿Aquí querías criar a nuestra hija?
--¿Tú que sabes? No te atrevas a juzgarme, no tienes ningún derecho
--¿Que no tengo derecho?... Me he tenido que enterar por otra persona que tengo una hija, y tú más que nadie sabes que eso era lo que más deseaba en el mundo. He tenido que saber de tu existencia por vallas publicitarias, pero lo que menos podía esperar es que tuviéramos una hija y yo lo ignorara. ¿Te imaginas el lío de vida que has originado con tu actitud?
--¿Yo? te recuerdo que no soy yo la que me he casado, que yo precisamente por ello no quería decirte nada; que siguieras tu camino de triunfos con la mujer que elegiste para compartir tu vida. Yo ya no quepo en ella y creo que tu hija tampoco

James se iba poniendo furioso por momentos. No podía creer lo que estaba escuchando: de manera que el culpable de ignorar lo ocurrido lera él...Era inaudito.

--¿Crees que a tu mujer le va a gustar hacerse cargo de un bebe que no es suyo?¿Te lo has planteado?
Pensé que era mejor que todo siguiera igual y que quizás algún día...

--¡Eres increible!. Primero destrozas mi vida, y ahora me culpas de todo ello. Te advierto que no me voy a conformar. Aunque ya no formes parte de mi vida, la niña si. Voy a pelear por ella, al menos tendré derecho a verla de vez en cuando y me importa un comino si a Lissa le gusta o no. Es mi hija y la voy a defender de todos y eso te incluye a ti.
--Quiero que sepas que nunca te negaré el que puedas verla, pero tendrás que desplazarte hasta aquí, porque yo no voy a volver a Nueva York
--¿Tienes a alguien en tu vida, por qué no quieres irte de este horrendo lugar? ¡No hay nada!
--Te equivocas, tengo a una amiga que para mi ha sido como mi madre. Me vi sola, embarazada, inexperta y en un pueblo en el que yo era la protagonista en todas las tertulias ¿quién será, de dónde vendrá, de quién es el hijo que lleva dentro? Todo lo soporté, pero no fue agradable. No culpo de ello a nadie, ni siquiera a ti porque me ofreciste ayuda y yo la rechacé, pero ahora todos me quieren y estoy a gusto. Lo que hagas con tu matrimonio es tu problema, yo no voy a interferir ni a pedir nada. Por mi, puedes estar tranquilo, ya no formas parte de mi vida.

Estas últimas palabras dolieron especialmente a James, porque ella sí formaba parte de la vida de él, pero no dijo nada. Siguieron con reproches agrios más por la ansiedad que sentían que por sentimientos. Después de dos horas largas de reproches y quejas cortaron la conversación sin siquiera aproximarse. De repente eran dos extraños llenos de rencor. Cada uno echaba la culpa al otro, y ninguno de los dos conseguía sosegarse. James optó por irse. Besó en la cabecita a la niña y a Emma le lanzó una furibunda mirada en la que expresaba todo su dolor. Dio un portazo a la puerta y antes de arrancar el coche, le lanzó como un latigazo esta sentencia

--Tendrás noticias mías en breve. No creas que esto se queda así.

Maggie salió de la habitación en donde estaba refugiada lejos de la pareja que acababa de separarse de mala manera.

--No digas nada,- le dijo Emma que dándole  la niña salió apresurada de la habitación.

James llegó en la mitad de tiempo previsto. Iba por la carretera a mucha velocidad. Estaba furioso, enfadado. El volver a ver a Emma y a la niña le había descompuesto el rostro. Había tratado de controlarse pero al final había contenido por tanto tiempo el dolor que no lo pudo aguantar. Encontró a Emma distinta, sin duda había sido una experiencia que le había hecho madurar.Tenía las mismas bonitas facciones pero no eran tan infantiles, no había sonreído ni una sola vez y sus ojos estaban brillantes como esperando algo para romper a llorar. Sin embargo no lo hizo al menos delante de él.

Emma encontró a James con las rostro crispado. En sus ojos ya no quedaba ni rastro de ternura, no la miraba con cariño como antes lo hacía, sino con un enorme rencor y algunos hilillos blancos empezaban  a asomar por sus sienes. Sin embargo era demasiado jóven como para tener canas.


Lissa le esperaba impaciente y alarmada. Sabía que no iba a ser una entrevista fácil y estaba preparada para lo que él dispusiera. Se había convertido en toda su vida desde que empezaron a convivir; Para ella James era el marido que siempre había querido tener y que cuando lo había conseguido iba a ser cuando lo perdiera, pero oficialmente no eran nada, solamente les unía,  a ella el amor,  y a él su refugio para olvidar a aquella mujer que no había dejado de atormentarle ni un sólo día.Sabía que su relación había comenzado por intereses mutuos; ella porque se encaprichó de él al principio, y James como refugio, y porqué no decirlo, porque con sus amistades le abrió las puertas que necesitaba para su carrera.  No existía contrato entre ambos, pero tácitamente él sabía que para compensar su ayuda, debía hacerla feliz, de la única manera que ella lo concebía y era acostándose con él todas las noches, hacerle amor, y acompañarla a las recepciones a las que acudiera. En un principio fue su consentido, aunque no pagó nunca un centavo por su compañia. Sabía que tenía el corazón destrozado, y conservaba  la esperanza de que algún día se diera cuenta que estaba conviviendo con un amor sincero.  Pero él no tenía ojos más que para Emma.  Nunca le reprochó nada, nunca le dijo nada, ni siquiera cuando hacían el amor y algunas veces se le escapa el nombre de su mujer, y entonces sus caricias eran más apasionadas y su excitación más alta.  Pero quería olvidarlo y no escuchar a su cabeza que le decía que eso no era posible.  Sólo oía los latidos de su corazón, y a él hacia caso.

James entró hecho una furia y emprendió escaleras arriba en dirección a su habitación. Ella le aguardaba en la biblioteca y a pesar de que salió a su encuentro, no se atrevió a preguntar absolutamente nada. Bastaba con ver su rostro para saber que no había ido nada bien.

Ella acababa de regresar de San Francisco y esperaba impaciente la llegada de él, aunque esperaba que no fuera tan ´rápido  Era mejor esperar a que se calmase y entonces, estaba segura que él mismo le contaría cómo había ido todo.  Pero todo fue mal y de nuevo se verían delante de un juez, pero esta vez él no iba a ceder. Se trataba de Rosalyn y tenia derecho a disfrutar de su hija. Pensó que quizás ella argumentara el por qué de que esa niña estuviera en el mundo, pero al tiempo sabía que no se opondría a que la viera. Pero quería recuperar el tiempo que le había robado: el embarazo y los seis meses de vida de la chiquitina. Para ello pedía a través de su abogado pasar por lo menos la mitad de ese tiempo ininterrumpidamente junto a su hija.  También le preocupaba Lissa, ya no tenía edad para ocuparse de un bebe que, además, no era suyo. No estaba acostumbrada y por otro lado le dolía enormemente separar a la niña de su madre a tan corta edad.

Sus pensamientos fueron cortados por la entrada del juez en la estancia. Le relató con todo detalle lo ocurrido en los últimos tiempos entre Emma y él, sin omitir nada. El juez una vez le hubo escuchado, les citó para el día siguiente; quería meditar con sumo cuidado todo lo que  le había relatado y sopesar imparcialmente los detalles. El estaba a favor de la madre, pero el padre había sido víctima de su propio error y estaba arrepentido de ello y dispuesto a luchar por recuperar el tiempo perdido.

Los errores que cometimos - Capítulo 6 - Set de rodaje

Al cabo de cuatro días regresaban de nuevo a su rutina diaria, pero venían satisfechas con lo conseguido.Deberían organizarse para afrontar todo el trabajo que se les venía encima. Maggie estaba encantada de la vida con la perspectiva del rodaje. Sería una gran novedad en la monotonía de sus vidas.
Y así comenzaron la filmación  de los anuncios en un pueblecito cercano a Belesfiield. Al terminar la grabación celebraron una barbacoa en el restaurante de Maggie. Conoció a un ayudante de cámara muy simpático y atractivo; ambos expresaron su deseo de volver a verse.  . Esto ilusionó a Maggie, pero al tiempo pensó:"Seguro que en cuanto enfile la carretera se olvida de mi..¡ Dios mio ! no escarmiento"...

Esta vez la publicidad era más agresiva ya que se trataba de muebles de oficina, y ante unos objetos tan fríos había que darles calidez a base de la modelo. Cuando vieron la proyección final se quedaron todos expectantes averiguando la opinión del patrocinador

--¡ Es increible esta mujer! ¿Quién dice que está criando a un bebe de tan corta edad? Será fulgurante, estoy seguro- opinó el patrocinador

Y lo fue. De nuevo en las vallas apareció Emma, pero esta vez más sugerente. Había madurado su rostro, ya no tenía las facciones tan aniñadas, pero continuaba siendo hermosa: De nuevo al parar en un semáforo en Times Square, James pudo contemplar su rostro , y de nuevo algo se removió en su interior. Acababan de comunicarle que le habían concedido el premio Pritzker por la construcción de un moderno auditorium de música. Ya su estudio no se dedicaba a edificios sociales, sino a grandes construcciones que se encargó de promocionar Lissa en sus círculos de las altas finanzas. Deberían dárselo a finales de mes en San Francisco, pero ante la visión de la valla se le había borrado de la cabeza el premio. Sus ojos estaban llenos de la silueta de Emma; continuaba amándola aunque hubiera renunciado a ella desde hacía tiempo.

Emma pudo convenir con Crowford que hiciera su trabajo desde casa a través de ordenador, con lo cual podía atender a la pequeña Rosalyn y su trabajo. Los ahorros se le acababan pero con lo ganado en la publicidad podía resistir durante una larga temporada sin preocupaciones.

Maggie la sermoneaba constantemente por no haber aceptado la ayuda que su marido la ofreció con el divorcio, pero se había acostumbrado a sus regañinas y además sabia que lo hacía por cariño.

Era media mañana y estaba dando el pecho a la niña, cuando una alterada Maggie se presentó en su casa dando risotadas

--¿Quién dirás que me ha llamado y me ha pedido una cita?
--No tengo ni idea, pero me vas a sacar de dudas ahora mismo ¿verdad?
--Lewis- dijo Maggie
--Lewis, ¿y quién es?
--Hija , pues el ayudante de cámara
--¡¡¡Ah!!! no me acordaba-rió Emma

--Está en San Francisco y me ha pedido que vaya. Estará por una semana por no sé qué evento que tiene que filmar, creo que es un premio o algo así. Le he dicho que si
--¿Cuándo te vas?
--No, cuando nos vamos...
--¿Qué dices? No, ve tu sola. La niña no puede hacer ese viaje tan largo y además, ¿qué voy hacer yo con una niña tan pequeña en San Francisco? Tu debes ir sin mi. Sé que ese hombre te gusta, así que aprovecha la oportunidad
--Pero, es que yo quiero que vengas conmigo
--No seas absurda ¿cómo voy a ir contigo si lo que él quiere es estar a solas los dos juntos? Quizá sea el hombre de tu vida, aprovéchalo. Además estoy en pleno trabajo para la próxima campaña.
¿Cuando te marchas?
--Pues pasado mañana. Estoy contenta ¿sabes? Congeniamos muy bien y es muy atractivo ¿no te parece?
--Si, si lo es. Por lo que yo le conozco también es buena persona. Haréis buena pareja, y ahora vete y déjame . Mira la niña se ha dormido y no ha terminado de comer.
--Deberías retirarle el pecho, poco a poco y empezar con los purés. Tendrías más tiempo libre.



Al aeropuerto fue a recibirla Lewis, estaba nervioso. Aquella mujer le había impresionado cuando la conoció en la barbacoa. Era decidida, extrovertida y tenía la edad justa para él. Ya no eran jovencitos, pero todavía tenían mucha vida por delante.

Se hospedó en un lujoso hotel, en donde él también lo estaba. En ese hotel se iba a celebrar el evento en el que tenía que trabajar. Era la entrega del premio al mejor arquitecto, el Premio Pritzker, y se lo habían concedido a uno de Nueva York.  Cuando Maggie supo la noticia, le dio un vuelco el corazón

--No puede ser. Sería mucha casualidad que se tratase de la misma persona, imposible, ¡ con lo grande que es el mundo !

Lewis interrumpió sus reflexiones, pero algo la decía que no estaba muy descaminada. El evento se celebraría dos días después, así que tendrían tiempo de divertirse antes de tener que asistir a ello.

Salieron como dos jóvenes cogidos de la mano a conocer la gran ciudad y a divertirse todo lo que pudieran.


El gran vestíbulo del hotel estaba lleno de gente ataviada para las grandes ocasiones. Las damas con traje largo de noche y ellos con smoking. En un lado del mismo había un corrillo de gente en torno a un hombre alto, guapo y que parecía ser el merecedor de tanta expectación. Le acompañaba una mujer de edad mediana muy atractiva que se encargaba de presentarle a todas las personalidades asistentes a la reunión.

De frente al grupo, Maggie observaba a las personalidades. Lewis no podía acompañarla puesto que era el encargado de filmar el video del acto, pero ella con traje largo , también pensaba asistir a la entrega con la mayor curiosidad. No se equivocaba, aquel rostro lo había visto antes en casa de Emma: se trataba de James.

Se dirigió a recepción y pidió le facilitaran el número de habitación, cosa que no hicieron. Entonces ella se dirigió a las cabinas de teléfono y pidió avisaran al arquitecto galardonado, por nombre James...

Un botones voceó el nombre al que respondió el interesado y se dirigió al teléfono que tenían en recepción

--Si, dígame
--Usted no me conoce, pero me urge hablar con usted
--Lo siento, si es una periodista hablaré con todos ustedes en la conferencia de prensa de mañana
Siento me interprete mal , pero no puedo atenderla ahora. Como puede comprender tengo que corresponder  con  todas las personas que han venido, y me parecería una descortesía ausentarme
--Le aseguro que se trata de algo que le interesa mucho
--Por favor no insista. Mi mujer me está llamando; va a comenzar el acto, perdóneme
--Emma, ¿ le suena de algo?
--¿ Cómo dice? repita ese nombre
--Creo que será mejor que hablemos personalmente. Estoy en la 510. Creo que deberá hablar conmigo lo antes posible. De verdad que le interesa.




James terminó la recepción feliz por el reconocimiento demostrado. Lissa estaba radiante de felicidad y de orgullo. No le había defraudado, toda la confianza depositada en James la había sobrepasado. Había alcanzado el máximo galardón en su profesión. Ellos estaban felices, a pesar de la cara melancólica que durante toda la noche había podido observar en el rostro de James

--Deben ser los nervios y la emoción- pensó

Nuca imaginó el motivo real de esa impaciencia. Se acostaron muy tarde, pero a pesar de ello James no pudo conciliar el sueño. Deseaba con todas sus fuerzas que amaneciera pronto para poder hablar con aquella misteriosa y desconocida mujer que le hablaría de Emma, ¿de qué? Hacía mucho tiempo que ni siquiera habían cruzado una palabra, no se habían visto desde que salieran del despacho del juez y por ello no podía imaginar lo que le diría.

Después de desayunar James se excusó con Lissa argumentando que querían hacerle una entrevista

--Pero ¿ tan pronto?...
--Vuelve a dormir, espero terminar rápido

La besó en la frente y ella volvió a quedarse dormida. James se dirigió a Recepción y solicitó la comunicación con la habitación 510. No tuvo necesidad, Maggie se aproximó a él presentándose.

--Creo que debemos ir a un rincón tranquilo en donde podamos hablar sosegadamente. Es muy importante lo que tengo que decirle
--Como quiera, me tiene en ascuas¿Le ha pasado algo?
--Quiero advertirle que ella no sabe ni que usted está aquí, ni que voy a contarle algo que ella no me ha autorizado, pero creo que estoy obrando correctamente
--Si no le importa no ande con tantos preambulos, por favor. Como puede comprender estoy impaciente.
-Primero, para llegar al día de hoy, tenga paciencia y le explicaré cómo llegué a conocer a Emma.

Maggie hizo un relato pormenorizado de cómo llegó hasta el pueblo que ahora era su hogar. Por fin llegó al momento en que ambas mujeres establecieron su entrable amistad:

--Emma llegó al pueblo embarazada y quiso tener a su hijo en un lugar en donde nadie pudiera localizarla, no por vergüenza porque  no había tenido la culpa de que usted en determinado momento ejerciera violencia contra ella. Se enteró del embarazo después de que se divorciaran, y a pesar de que la insistimos para que se lo comunicara, ella no cedió. Una vez le llamó por teléfono delante de mi a instancias mias, fué justo el día que salió de la clínica después de dar a luz. La persona que cogió el teléfono le anuncio "que los señores" habían salido de viaje, por lo que ella interpretó que se había casado, y no quiso mezclarse en su matrimonio.
Tiene una hija preciosa de nombre Rosalyn y se parece a su madre.

La palidez del rostro de James era alarmante. No podía ser verdad lo que aquella mujer le estaba contando. No podía ser verdad que la crueldad de Emma hubiera llegado al extremo de ocultarle que era padre, sabiendo que era lo que más ambicionaba.   No podía ser verdad.

Estalló en una cólera contenida y sujetando fuertemente el brazo de Maggie, le suplico:

--No me mienta, no puede ser verdad. Ella sabe que todo empezó precisamente...
--Si, porque ella quería que esperasen para ser padres. Si también lo sé. También la he dicho que cometió el error más grande de su vida y que había perdido al hombre que amaba, pero ella no quería destruir su vida con esa confesión. Piense cree que usted la ha rehecho y está felizmente casado.
--Dígame cómo se llama ese lugar, por favor. Tengo que ir a verla, tengo que ver a mi hija. Pero no puedo perdonarla que me lo haya ocultado, no debió hacerlo aunque estuviese casado. ¿Lleva alguna foto de la niña?
--Si, desde luego. Tómela
--¿Qué tiempo tiene?
--Seis meses- le dijo Maggie mientras sacaba el pequeño álbum que llevaba en el bolsillo.

Ante él estaba aquella carita igual a la de su madre, con sus mismos ojos, su mismo cabello. Era un bebé precioso y era su hija.

Dos lágrimas resabalaban por sus mejillas. La emoción más grande le embargaba y no podía articular palabra.

--Apúnte por favor la dirección. Iré a verla lo ates posible. ¿Debo decirle que usted me ha informado?
--Haga lo que crea oportuno, de todas maneras ella va a saber que he sido yo la persona que le ha contado todo. Nadie más que yo sabe lo ocurrido, ni siquiera Crowford, que goza de toda su confianza.

Se despidió de Maggie agradeciéndole la noticia. Ella,  al ver alejarse a James exhaló un suspiro profundo de alivio. Sabía que había obrado como debía, aunque le costase un disgusto con Emma.

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