viernes, 13 de diciembre de 2019

La infiel - Capítulo 10 - Confesión

Cuando entró a ver a Frederick, trató de ocultar su llanto, su pena  ante él.  Los gritos proferidos por Olivia le había despabilado la somnolencia, y al verla preguntó extrañado lo que ocurría:

- Tengo que hablar contigo, Frederick
- ¿ Qué ha ocurrido? ¿ Por qué gritaba de ese modo Olivia ? ¿ A quién insultaba de esa forma ?
- A mi.  Me gritaba y me insultaba a mi.  Hubiera dado cualquier cosa porque no te enteraras, pero ha ocurrido algo que no se puede ocultar, y ese ha sido el motivo.  Quiero que me escuches con mucha atención, y créeme que lamento herirte, pero ocurrió y no hay vuelta atrás.  Conocí a un hombre que me dió el calor humano que tu no me dabas y, sin buscarlo, sin siquiera saber cómo, el amor llamó a mi puerta nuevamente .  .


Y poco a poco, le fue contando cómo sucedió todo, omitiendo lugares y nombres.  Él la escuchaba con los ojos muy abiertos, sin pronunciar palabra.  Al final del relato, no pudo contener su emoción y rompió a llorar.   Frederick, trató de asimilar todo lo narrado, y comprendió que su mujer no era responsable de lo ocurrido, que había sido él y sus desatenciones, quienes habían propiciado todo. Que la soledad, y después su invalidez, habían sido un caldo de cultivo, para aquella mujer noble que en su día le amó, y que él, necio, no lo había sabido cultivar.  No, no era responsable.  No tenía nada que perdonar, muy al contrario era ella la que le debía perdonar. Y se dio cuenta de las noches y días de frustración que Elva había vivido en plena juventud, y el saber que el accidente ocurrió por el motivo que había sido, y que nunca, de sus labios, había salido queja alguna.Y que se quería divorciar de ella para casarse con otra, cuando sucedió todo.  , Y que a pesar de conocer la historia, ella no le abandonó, siempre estuvo a su lado compartiendo su padecimiento.  Tomó una de sus manos y se la llevó a los labios.  Elva sorprendida no podía creer  la reacción de su marido, cuando esperaba que la echase de casa.

- ¿ No me vas a echar?
- ¿ Echar ? ¿ Dónde, a la calle?. ¿ A tí ? No, Elva. No has sido tu la culpable, sino yo.  Yo sembré todo esto, y lamento que hayas tenido que pagar por ello.  Pero dime ¿ el padre ...?
- No Frederick, el no lo sabe y nunca lo sabrá .  Se fue a otro lugar por no tener que cometer más errores.  Ni él ni yo, quisimos herirte. ¿ Podrás perdonarme?
-¿Podrás perdonarme tu ?

Y por primera vez en muchos, muchos años, Elva se abrazó a su marido llorando.  Patrick trataba de apaciguarla y acriciaba su cabeza para  calmarla.  En ese momento entró la hija dispuesta, y sin miramientos hacia su padre, de arrojar a su madre fuera de allí, pero fue Frederick, con las pocas fuerzas que aún tenía, quién alzando su brazo, detuvo a Olivia antes de que se aproximase a la madre.


- Quieta Olivia, ni se te ocurra pronunciar palabra alguna.  Esta casa es de tu madre, y soy yo quién tiene que pedirle perdón y no al revés.  Ella seguirá siendo mi mujer, y así será mientras viva.  Si no lo aceptas, siempre podrás vivir con tus abuelos hasta que seas lo suficientemente mayor para vivir sola o como quieras. Esas son mis condiciones,, pero ella no se moverá de aquí. La necesito y siempre ha estado a mi lado, siempre. No la he dado nunca el amor que ella buscaba y merecía, y sin embargo lo regalé a manos llenas a otras mujeres. Y no voy a decirte mas, porque eso es algo que corresponde a tu madre y a mí.  No necesitas saber más..

Olivia no se marchó, pero tampoco habló a su madre.  Eran dos extrañas viviendo bajo el mismo techo..Abandonó sus trabajos cuando el embarazo era demasiado evidente.  Temía que de seguir en el hospital algún compañero de James pudiera decirle algo, y no quería truncar su vida; con la suya ya era suficiente.  Pero necesitaban el dinero, y buscó un trabajo de dependienta, hasta que se presentó la hora del parto. La anciana a la que cuidaba, había fallecido.  Todas esas circunstancias se sucedían en su vida, sin embargo la actitud de su hija en nada había cambiado.

Y llegó el momento del parto y nadie pudo acompañarla hasta el hospital.  Olivia se quedaría con su padre, a su cuidado.  Llevaba días que había empeorado, y por otro lado, Olivia seguía en sus trece: " no querré nunca a ese bastardo o bastarda, lo que sea.  No será nunca mi familia"


Tomó un taxi y apremió al chófer porque la criatura tenía prisa por llegar. Y una vez más recordó a James, al padre de la criatura que se abría paso en la vida.  El era pediatra-  Hubiera sido maravilloso que estuviera a su lado, pero nadie, más que el médico y las enfermeras estarían con ella.

Y nació una niña preciosa, sana y fuerte, que al tenerla en los brazos, no pudo evitar emocionarse.  Tan sólo una enfermera secó su sudor en el momento de dar a luz. Ninguna otra mano querida, sujetó la suya mientras se esforzaba por colaborar en el parto. La única cara conocida, era el ginecólogo que había llevado su embarazo. Solas su hija y ella. Y recordó a Olivia, su otra hija, el fruto de su primer amor de juventud, el fruto de su matrimonio fracasado.  Pero su deber estaba con su padre enfermo y también solo.

Tres días estuvo en la clínica y en un taxi regresó a casa.  Entró en la habitación de Frederick.  Allí estaba Olivia leyendo a su padre el periódico del día.  Se quedó muda al ver a la madre; no la esperaba. Al ver la cara de Frederick, la dió un vuelco el corazón.  Estaba con los ojos cerrados, como dormido, pero no lo estaba.  Acababan de ponerle un calmante y le mantenía semi inconsciente durante horas.  Sabía que era cuestión de tiempo el desenlace de su marido.  Tenía signos en el rostro de que estaba por llegar.  Su hija no parecía darse cuenta de que estaba a punto de perderle.  A penas la miró.   Ni la preguntó por su hermana, ni siquiera se había interesado por el sexo del nacido.  nada, la más absoluta indiferencia, que la recordaron a su padre, a otros tiempos.

- Ve a descansar - la dijo - Yo haré la guardia

Olivia se levantó y salió de la habitación.  Por un lado la hubiera preguntado cómo se encontraba, pero eso significaría que aprobaba la venida al mundo del fruto de una infidelidad hacia su padre.  No, no quería saber nada.. Elva depositó el capazo de la pequeña encima de su cama, y también dejó el bolsón con lo necesario para atenderla. por la noche.  Ella se sentía débil, cansada y apoyando la cabeza en la cama de su marido, se quedó dormida.

Unas manos acariciando su cabeza, la despertó de un sueño pesado e incomprensible. Levantó la vista y vio a Frederick que la miraba y sonreia.

- ¿ Cómo estás? ¿ Ha ido todo bien? Muéstrame a la criatura
- Ha sido niña, Frederick.  Mírala - Y levantándola del capazo le mostró a su hija que dormía plácidamente.
- Es tan bonita como tú - la dijo sonriendo-.  Y ahora voy a dormir.- Giró la cabeza y suspiró débilmente.

Elva dejó a la niña en su capazo y acarició la cara de Frederick; no notó su respiración.  Le agitó suavemente y comprendió que por fin había alcanzado la paz. Se habían terminado los dolores y los padecimientos.  Frederick había muerto tranquilo y sereno.  Corrió al cuarto de su hija y llamó a la puerta para despertarla

- Olivia, Olivia, despierta.  papá...

Olivia abrió la puerta espantada.  Sabía lo que iba a decirla. Dió un grito de dolor y corrió a la habitación de Frederick.  Estaba inmóvil, quieto, tranquilo, con la tranquilidad que da la muerte.  Miró a su madre con los ojos muy abiertos buscando ¿ qué ?  Pero Elva supo que necesitaba unos brazos que la acogieran y allí estaban los suyos para abrazarla.  La joven se refugió en ellos y ambas lloraron amargamente.  Todo había terminado para Frederick, y comenzaba otra lucha para las dos.

Elva llamó inmediatamentea su médico, no para que le ayudara, sino para que certificase su fallecimiento, y comenzar los trámites amargos de su sepelio.  No tuvo problemas en nada, puesto que eraun enfermo de larga duración y sobradamente conocida su dolenci. Avisaron a la funeraria, y antes de que llegaran, quiso quedarse a solas con Frederick.  Luego no tendría oportunidad de hacerlo.


Y a psar de que sbía que no la escuchabas, Elva se confesó con él, y recordó cuando se conocieron y lo enamorada que estaba de él, hasta que a los pocos meses de casados, se dió cuenta de que Frederick lo que quería era una esposa para figurar y ganar relavancia.  Fue un choque para ella, pero asícomenzó todo. Entre llantos le confesó que nunca le había sido infiel a pesar de que conocía sus devaneos, hasta  que llegó a su vida alquien que la valoró como mujer, y se sintió arropada y comprendida.

-Anora, ya has pagados tus errores.  No hay lugar paraquejas ni reproches.  Sólo deseo que encuentres la paz que te ha faltado en estos años, que descanses tranquilo y que protejas a Olivia, y si acaso, también a mi otra hija, porque ella no tiene culpa de nada.  Te quise Frederick, y a pesar de nuestro distanciamiento quise permanecer a tu lado porque así son los votos que hice. Ve tranuilo y vela por nosotras.

Besó su frente, y Frederick Shephard, descansó tranquilo, y así lo reflejaba su rostro dormido.


La infiel - Capítulo 11 - Tres años después

Y la vida siguió su andadura de desorientación , recuerdos y tristezas en la vida de Elva y Olivia.  Sarah, crecía sana y alegre.  Iba a la guardería y era una niña totalmente feliz, ajena a las penurias de su madre y hermana.

Elva, buscó trabajo y al tener más tiempo libre, su sueldo era mayor.  Olivia también terminó de estudiar y trabajaba como administrativa en una pequeña empresa.  Su madre quería que siguiera estudiando, de manera que al salir de trabajar, lo hacía en la universidad nocturna.  Aún le faltaban dos años para terminar la carrera de magisterio.  Le apasionaban los niños, y a pesar de que la relación con su madre no era todo lo fluida que debiera, sin embargo se deshacía en caricias con su hermana pequeña.  Fue ella la que eligió su nombre.  Elva había perdido las esperanzas de que en algún momento, la relación de madre e hija fueran normales, como ella deseaba.  Pero debía ser Olivia quién perdonase la falta de su madre, y aún no lo comprendía.


Elva visitaba a menudo la tumba de Frederick y ante la lápida , le contaba las incidencias del día a dia, como si le escuchara, para terminar siempre llorando.  Le hablaba de James, ahora si no importaba que supiera quien era el padre de Sarah,  y hasta le había contado como fue su primer encuentro.  Todos los secretos que no supo en vida, se los contó después de muerto.  Ella descargaba su conciencia de este modo, y la parecía que aún Frederick no se había marchado del todo.

- Fred, es curioso. Ahora que te has ido, somos mejores amigos que cuando estábamos casados,.  Te agradecí enormemente tu comprensión hacia mi en los últimos días de tu vida.  Sentí cariño, algo que me faltaba, pero tú me lo diste.  Gracias por todo ello.

 Lanzó un beso al aire, y salió del cementerio.  Fue a recoger a la pequeña.  Los viernes salía antes de la guardería por ser fin de semana, y ella había llegado a un acuerdo con el jefe, que para atender a la niña, faltase a la oficina las tardes de los viernes , a cambio de trabajar una hora más todos los días.

Y así transcurrían sus vidas.tranquila y lentamente.  Olivia salía con un chico.  Parecía que estaba enamorada y sonreía más a menudo.  Elva, al no tener tantas preocupaciones, llevaba una vida más relajada y hasta había recuperado algo de peso y lozanía.  Sus ojos habían recobrado brillo, pero no había olvidado al hombre de su vida, siempre permanente en ella, aunque nunca le mencionase.


Y pasó la primavera, y llegó el verano, y decidieron tomarse unos días de descanso. Aunque no podían permitirse el lujo de ir a ningún sitio, pero aprovecharían para estar en casa holgazaneando, sin hacer nada.   Y Diciembre llegó presuroso con su cargamento de fiestas especiales. Sarah disfrutaba mucho con los adornos navideños y su madre la llevaba por el centro de la ciudad para que viese los escaparates de los comercios engalanados para las fiestas que se aproximaban .  Ella deseaba que pasasen rápido.  Eran días de muchas añoranzas para ella, pero que tenía que esconder para que la niña los disfrutase plenamente.  Olivia tampoco era amiga de fiestas, pero estaba invitada en Navidad y Último de Año en la casa de su novio, así que lo pasarían solas.

Elva lo agradecía. Sarah se dormiría pronto y así ella se acostaría enseguida.  Al día siguiente, si es que nevaba, iría con la pequeña a jugar en la nieve.  Esas serían sus Navidades especiales.  Pero no nevó, y decidió salir a pasear, a algún parque para que la niña no se aburriese en casa.  Era inquieta y traviesa como correspondía a sus tres años.  A Elva la tenía loca por distintos motivos, pero el principal por el origen de su nacimiento, que fue dulce y amargo a un mismo tiempo.

Estuvieron en un parque y después quisieron ir a merendar.  Sarah se paró delante de un escaparate con muñecos en movimiento, que atrajeron la atención de la pequeña.  Reía y daba palmadas ante las piruetas de los muñecos, y continuamente con su dedito se lo mostraba a su madre.  Decidió que había que merendar, y aunque lloró al no querer irse, lo hizo al prometerla que volverían cuando terminasen. Entraron en el establecimiento y subieron hasta la planta última en donde estaba situada la cafetería. En ella habían creado una especie de parque con animalillos  para que los niños que acudieran con sus padres, se distrajeran y pudieran merendar tranquilos.  Elva la llevó al parque y Sarah quedó al cuidado de la señorita  cuidadora de esa mini guardería.  No tenían peligro, era un parque cerrado donde nadie sin identificación podía entrar ni salir.

Al menos por unos instantes,  tomaría tranquila su refresco, pero no perdía de vista a su hija.  Unas mesas  lejos de donde estaba, una pareja reia y charlaba alegremente, les acompañaba otra  y parecían conocerse muy bien.  Elva paseó la mirada por el local y de pronto exclamó ¡ Sheryl !, y entonces se fijó que a su lado estaba el doctor Foster.  Su intención era levantarse a saludarles, pero tenían invitados y desistió de la idea.  Quizá cuando salieran lo haría muy de pasada..

Abonó la consumición y se levantó para ir en busca de la niña y al hacerlo fue Sheryl la que la vió.  Se levantó sin decir donde iba, y se acercó  ella.

- ¡ Dios mio Elva ! ¿ Qué es de tu vida ?
- ¡Sheryl ! Os vi hace un rato; iba a saludaros pero me dí cuenta de que teníais compañía, así que desistí de ello
- Cuentame ¿ ómo estas?
- Pues... bien, estamos bien
-Tú...
- Murió.  Hace tres años
- Lo siento querida. ¿ Fue entonces cuando desapareciste del hospital?
- Si, creo que fue por aquella época.  Me vi obligada a dejarlo todo.  Me necesitaba y yo no me encontraba bien.
-Ven a la mesa. Louis se alegrará al verte y la otra pareja, por lo menos a uno le conoces.   Se trata del doctor  Mulligan;  está con su prometida
- Otro día Sheryl, Ahora tengo un poco de prisa.  He de llegar pronto a casa.  Llevo fuera toda la tarde
- Pero ahora ya no tienes la obligación de tu esposo. Ven y tómate algo con nosotros.
 No, de verdad otro día.
- Como quieras. Estaremos en contacto
Claro, claro,.  Te llamo cualquier día y salimos ¿ vale ?
- Vale Elva.  Cuando quieras.  Y así recordamos nuestros viejos tiempos.  Por cierto estás muy guapa.
- Gracias, amiga.  He de irme

A Sheryl le extrañó tantas prisas, y de pie, siguió con la mirada la dirección de Elva.  No iba hacia la salida, se dirigía al parque infantil.  La vio rebuscar en su bolso la identificación y a una niña pequeña que  la tendía los brazos

- ¡ Qué raro !.  El marido no po...  ¿ Se habrá casado ? -. Cuando Sheryl se incorporó a su mesa, Louis la preguntó por qué había tardado tanto
- He visto a una amiga, que hacía mucho tiempo que perdí su rastro. Se trataba de Elva Shephard ¿recuerdas? -le dijo a su pareja
- Si, lo recuerdo. Trabajó en el hospital y de repente desapareció. ¡ Qué casualidad ! ¿ Y el marido ?
- Murió, me ha dicho, hace tres años.  Ahora debe trabajar como cuidadora, porque ha ido a recoger a una niña al parque.  Posiblemente aún estén allí.

James estaba pálido. Esta allí, respirando su mismo aire, al alcance de su mano.  Se levantó, pidió permiso a su acompañante y amigos, y salió tras ella por ver si la alcanzaba.  Miró en todas direcciones para localizarla, y al fin la vio en las escaleras mecánicas.  Llevaba una niña en brazos, y ambas reían felices.
Siguió bajando las escaleras, abriéndose paso para llegar a su altura, pero había mucha gente y no iba todo lo rápido que él quería.  El corazón se le aceleraba , y decidió llamar su atención llamándola en voz alta.

- ¡ Elva...!  ¡ Elva ... !

Ella escuchó su voz, pero no volvió la cabeza.  Temblaba como una hoja, y todo lo que quería era desaparecer.   ¡Tan cerca y tan lejos !  " Está con su prometida "., esa frase hacia que sus sienes latieran con fuerza, cuando al fin ya estaban en la planta baja.   Saldrían a la calle, y se perderían entre el tumulto de gente.  Apretó a la niña contra su pecho y aceleró el paso cuanto pudo para desaparecer de allí.  Pero una mano fuerte la detuvo por el brazo:

- ¡ Por Dios Elva ! - Ella giró su cabeza y friamente le dirigió un saludo
- ¡ Oh James ! ¿ Cómo tú por aquí ?
¿Has regresado o estás de vacaciones?
- Estoy para dar una vuelta.  Elva ¿ cómo estás ?
- Bien, estoy bien . ¿ Y tú ? ¿ Te has casado ?
- Vayamos a un lugar donde podamos hablar.
-Lo siento, tengo que irme.  Es muy tarde.
- ¿ Trabajas de Nany ? - Ella de momento no se dio cuenta de que mantenía en brazos a la niña.  Ni siquiera sospechaba que era su hija.  Pero recordó que Sheryl  había dicho que estaba con su prometida. ¿ Cómo decirle ahora la verdad? Y decidió responder con una mentira.
- Si, claro. Y he de llevar a la niña.  Se me ha hecho muy tarde.  Lo siento.  Que te vaya bien, porque no es fácil que volvamos a vernos, si has venido de vacaciones

James se la quedó mirando sin decir nada.  Aflojó la presión de su mano sobre el brazo de ella y la dejó marchar.  Había cambiado, ya no era la misma que adoraba, que recordaba.  Sin duda la vida la había tratado mal, y se había vuelto fría como un témpano.  La vio meterse en un taxi y lentamente regreso a la cafetería. Toda la esperanza que tenía de volver a verla se desvaneció en ese momento.  Ni siquiera sabia si vivía en el mismo sitio, ni su número de teléfono. Y por lo visto sus amigos tampoco habían vuelto a saber de ella.  Decidió no pensar más en el encuentro y sonrió al reunirse con sus amigos y alguien más.

La infiel - Capítulo 12 - Amor sin esperanza

Mientras el taxi las conducía hasta su domicilio, Elva iba llorando ante la mirada curiosa de Sarah.  No podía evitarlo. Sabía que podría darse la ocasión de encontrarse en algún lugar, pero también  el caso, que él siguiese en Estdos Unidos, y haber reconstruido su vida, como parece ser que había ocurrido. Perdió la esperanza de unirse, hace mucho tiempo.  En principio pensó que un año no era demasiado, pero habían transcurrido tres y nada había cambiado.

 Si hubiera sabido que estaba solo, se hubiera acercado a él y le hubiera dicho " esta es tu hija.  Esa hija que sembraste en mí el último día que nos vimos ".  Pero lejos de eso, estaba en la cafetería acompañado de una preciosa mujer rubia, sin duda americana .

Y James se preguntaba una y otra vez  ¿ Se habrá casado?.  Razón de más para ocultarle la verdadera razón de llevar a esa niña en brazos.  Ni siquiera imaginó que pudiera ser suya.  Ni siquiera se preguntó lo extraño que era que se abrazase a ella como si tuviera el temor de que alguien se la arrebatara.  Por breve que fuera el tiempo en que se vieron, ella se hubiera planteado algo, de haber sido lo contrario de lo que era. Claro que James no podía siquiera imaginar todo lo que ocurrió después de su marcha.

Dio la cena a Sarah, que enseguida, cansada por la tarde de juegos que había tenido, se quedó dormida.  La acostó, y en la soledad de su casa, pensó en James. En cómo estaba:   atractivo como siempre.  Sin embargo a  ella ¿ cómo la encontraría ?  Seguro que no muy bien.  Al cabo de un rato decidió irse a la cama, a ver si con suerte se quedaba dormida.

James, tardó un momento en reunirse con sus amigos y la chica que le acompañaba, que a pesar del criterio de Sheryl, simplemente era una buena amiga, una compañera del hospital en el que trabajaba de prácticas, que al saber que venía a España de vacaciones para ver a la familia, se animó a acompañarle.  Se disculpó y decidió ir a su casa.  Tenía mucho en lo que pensar y no le apetecía la compañía de nadie.  No comprendía la actitud de Elva.. La llamó al número que conservaba, pero un contestador le advirtió que ese número no existía, lo que significaba que lo había dado de baja. Lo intentó yendo a donde vivían asntes de él partir, pero el portero le dijo que se había mudado cuando murió el esposo y no había dejado dirección. En el hospital, por lo que comento Sheryl, también habían perdido su rastro. Pareciera que  la hubiera tragado la tierra, o que no deseaba que nadie la encontrara ¿ Qué había pasado ?

Quería verla, saber de ella, Cómo había ocurrido todo, cómo estaba ahora, en fin..., necesitaba tenerla frente a él.  No la había olvidado, y cada día, cada minuto fue una tortura al estar lejos de ella y no poder comunicarse ni saber nada de lo que estaba pasando. Cuando proyectó su viaje de regreso, vino con la esperanza de buscarla y no parar hasta encontrarla,.  Pero se habían visto y su encuentro fue frío, como si le molestase el volverle a ver.

 Pensaría detenidamente en qué hacer para localizarla y poder hablar tranquilamente con ella.  No daba crédito a su frialdad; algo había ocurrido para que se comportase de ese modo.  No creia posible que le hubiera olvidado, no después de haber vivido la última noche  que estuvieron juntos.  No era la misma persona.  Aunque, quizá, la muerte del marido haya cambiado muchas cosas.  Confiaba en que no se llegasen a conocer sus amores y encuentros furtivos.  Corrió un gran riesgo, y sin embargo no la importó.  No era posible el cambio tan radical que había sufrido.  Algo que se le escapaba había tenido que pasar.

  Fue ella la que le rogó que no la escribiera, ni siquiera a un apartado de Correos,.  Que no la llamase, que se olvidase de que existía.  Entonces  ¿por qué esa frialdad?  Se descubriría su relación y tuvo serios disgustos con su marido e hija? ¿ Qué pasaría ?

¡ Qué distinto había imaginado el encuentro.!  Lo había visto en su imaginación miles de veces durante estos años.  Pensaba que Frederick ya no podía vivir, porque  se encontraba muy mal cuando él se fue, luego entonces ¿ a qué tiene miedo ?  No quería ni pensar en que se hubiera casado; no porque sabía que a quién amaba era a él.  Algo había tenido que ocurrir, y lo averiguaría costase lo que costase.  Tenía que regresar a Estados Unidos después de Año Nuevo,  poco tiempo, pero acudiría a una agencia de detectives que la buscara.

Si no la encontrasen antes de partir, estarían en contacto desde América, y en cuanto averiguasen su paradero, , él lo dejaría todo y regresaría a España.  Pero ¿ Y si se había casado ? ¿ No la haría más daño ? Correría ese riesgo, pero no podría vivir sin saber lo ocurrido.  No la perdería de nuevo.  Y esa noche no durmió dándole vueltas a la cabeza de cómo empezar a buscar.

Sin perder tiempo, en cuanto fue de día se trazó un plan: primero iría a una agencia de detectives privados, pero él por su cuenta llevaría sus pesquisas. Y lo primero que se le ocurrió fue acudir al hospital y recabar todos los informes médicos que tuvieran de Frederick Shephard. Estaba seguro que no le pondrían obstáculos , y en último caso, recurriría a su amigo Louis Foster.  Con los datos que pudo conseguir, solicitó una partida de defunción, que tardaría tres días en tener.

Llevó una  fotografía de Elva y todo cuanto pudo, que no fue mucho, pero ellos eran profesionales y arrancarían su investigación con lo que tuviera.  Les dio la dirección en Estados Unidos y su teléfono para estar en contacto.

- No quiero repetirles el interés que tengo en localizar a esta señora. No importa lo que cueste. Encuéntrenla, por favor.- Se despidió de ellos y regresó al hotel en donde se hospedaba su amiga.  Se disculparía con ella, y si fuese necesario, le contaría por qué tenía tanto interés en encontrar a la mujer que amaba con todas sus fuerzas.

Jenny estaba bastante enfadada con él por haberla dado plantón, y su recibimiento fue con bronca, algo que James comprendió perfectamente.  La tomó de una mano, y la hizo sentar en un sillón frente a él.  Creia tener el deber de contarle la verdad, ademas,  ¿a quién podía perjudicar; el marido había muerto, y Elva y su familia ni siquiera conocían a Jenny.  Debía ser sincero con ella y así comenzó a relatar de qué manera la conoció, y tratando de ayudarla se enamoró perdidamente de ella. No fue compasión, lo que sintió en primer lugar, pero sí una pena infinita por ella, joven, bonita y atada a un marido que no la quería y al que ella tampoco deseaba.  Pero su hija, frenaba todo y por ella transigió con las veleidades del marido y los desplantes de la hija.

Jenny escuchaba conmovida con mucha atención.  No hizo preguntas, ni dio opiniones. Cuando terminó el relato de su vida, solo pudo decirle:

- Encuentrala, cásate con ella y sed felices de una vez. Y ¿ dices que iba con una niña ?
- Si.  La llevaba en brazos
- ¿ Qué edad calculas que tendría
- No lo sé.  Como te he dicho la llevaba en brazos
- ¡ Vamos James eres pediatra ! ¿ No sabes calcular la edad de un niño?
- ¿ Dónde quieres ir a parar ? ¿ Qué es lo que estás pensando ?
- Eso mismo que imaginas. Justo eso
- No por Dios.  No es posible. Me lo hubiera dicho
- ¿ Dónde ? Cortasteis todo contacto
- Pero me lo hubiera dicho cuando nos vimos el otro día
- Te vio conmigo y seguro que supuso que era alguien en tu vida.  Ha sufrido mucho, según me cuentas. No es de extrañar que se ponga en todo lo peor.  Búscala. Si puedo ayudarte, cuenta conmigo.
- Gracias Jenny, así lo haré.

No podía decir otra cosa. En su cabeza daba vueltas la suposición de Jenny. ¿ Tendría una hija y él no lo sabía ? No sería capaz de ocultárselo; ella es noble, no cometería esa crueldad.

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