lunes, 4 de junio de 2018

Daphne - Capítulo 4 - El cuento de La Lechera

Y comenzaron las clases y se impuso la separación.  Gerard estudiaría en Oxford, en la universidad cercana a Londres, y Niall terminaría en el elitista colegio para el curso siguiente seguir los pasos de su hermano y trasladarse a Inglaterra.. Yo tendría mi destino en el internado en Dublín.  Cada uno de nosotros estábamos en puntos diferentes y tardaríamos meses en volvernos a ver. Lo más próximo serían las vacaciones de Navidad, y después... quién sabe.

A pesar de que nos veíamos poco cuando ellos estaban en casa, les echaba de menos, pues eran la única nota de color que aliviaba la soledad.  Es terrible crecer sola, sin amigas de tu misma edad con ls que compartir las miles de cosas que te ocurren cuando acabas de cumplir dieciséis años.  Tus primeros amores, tu primer beso, tu primer novio... ¡ Tantas y tantas cosas !  Al no tener con quién comparar nada de lo que estaba sucediendo en mi interior, pensaba que yo era distinta a las demás, y que sólo a mi me ocurrían estas cosas, estos cambios, cuando todo es normal y lo más natural a una edad en que los cambios son constantes y sin darte cuenta.

Esperaba con ansiedad las vacaciones de Navidad, no por las fiestas en sí, que para mi padre y para mi, resultaban tristes y melancólicas.  Pero durante ellas, tendría la posibilidad de verles, si es que vinieran a pasar esas fiestas.  No eran muy tradicionales, y no les supuso ningún problema el decir a sus padres que no las pasarían con ellos, que lo harían en casa de un compañero que les habían invitado.  Por esta circunstancia, los señores decidieron que ellos tampoco las pasarían en casa y lo harían en la de Escocia.

No habría nada especial, en todo caso alguna cena  preparada por la señora Pickford para los empleados de la casa. ¿ Te imaginas a una jovencita  rodeada de personas mayores?  De puro aburrimiento me entraban ganas de llorar, y lo que deseaba era meterme en la cama y quedarme dormida.  Lo que yo creí era aburrimiento, tiempo después descubrí que fue tristeza por no haber podido ver a Niall y a Gerard.  ¿ Les quería tanto como para arruinar unas fiestas  que sólo se celebran una vez al año? Sencillamente no lo era, sino decepción por siempre estar pendiente de ellos por si vienen o no.  Estaba hecha un mar de dudas y se me ocurrió hablar con Nelly, por ser la más joven entre todos los empleados de la casa.  A mi padre ni siquiera se me ocurriría decirle algo referente a lo que me ocurría, porque aparte de darme vergüenza hablar con él de estas cosas,. Siempre estaba serio, y difícilmente sonreía desde que murió mi madre.  Nunca me daba pie para contarle alguna confidencia.

Por eso, aquella Nochebuena, después de que todos nos retiráramos a descansar, acudí a la habitación de Nelly y le conté todas las sensaciones que estaba sintiendo y que no comprendía.  Ella, acarició mi cabello y me dijo sonriendo con dulzura

- ¡ Ay pequeña, te has enamorado de Niall !


Recuerdo que me la quedé mirando con los ojos muy abiertos como si algo que me decía mi interior, sin querer reconocerlo, pero al  escucharlo en boca de otra persona lo veías claramente.  Yo sentí angustia, porque eso significaba sufrimiento y dolor, tal cual le pasaba a mi padre.  Tapé la cara con mis manos y comencé a llorar quedamente

- No cielo, no llores,- me dijo Nelly abrazándome-.   Eso no es malo, sólo que en tí va a ser algo menos que imposible.  Además de ser un juerguista y gustarle demasiado las faldas, no perteneces a su misma escala social, y aunque eso no debería importar, si importa.  No perteneces a su grupo de amigos, y entre ellos probablemente, encontrará a alguna chica de la que se enamore y se casen. ¿ Por qué crees que no han venido en estas vacaciones? Porque habrán conocido a la hermana, prima, o amiga del chico que les ha invitado y les  apetecería más,  que venir aquí y ver /llover o nevar.  Has de olvidarle, hacerte amigas y amigos, salir y divertirte.  Eres una chica muy guapa y seguro que no tardarás en tener algún pretendiente.  pero has de salir de aquí, ir a la ciudad, hacerte amiga de tus compañeras de instituto, disfrutar tus años, y no estar siempre entre nosotros que ya somos vejestorios,.

Esas palabras se quedaron impresas en mi memoria: " se ha olvidado de ti, eres insignificante para él. Nunca estarás a su altura " . Pero lejos de volver a sentir complejo, eso que Nelly me dijo, me dio fuerza para no refugiarme en mi soledad, sino en hacer cosas que me hicieran sobresalir de entre los demás.  ¿ Que podría hacer  ? De momento nada, seguir estudiando.

 Y me entraron unas ganas terribles de que ese curso se pasara rápidamente para poder ir al internado.  Dublín era una gran ciudad, llena de pubs, de cines, teatros, museos, y gente.   Gente de todas las edades. Ya procuraría yo hacerme amigas. Trataría por todos los medios de olvidarme de ellos y comenzar a proyectar mi futuro.  No sería una simple contable.  Sería la mejor.  Se me rifarían las empresas para tenerme como administradora, ganaré dinero y me compraré bonitos vestidos, zapatos, perfumes y todo cuanto se me antojara.

Me contaba a mi misma el cuento de la lechera.  Primero tendría que terminar el bachillerato y después seguir en el internado.  Se me erizaba el vello imaginando aquellas grandes estancias con camas a un lado y otro de la habitación, con cortinas que separaban unas camas de otras.  Estudiar, madrugar, ir a clase, almorzar, vuelta a clase hasta las seis de la tarde y de ahí hasta las nueve era todo el tiempo que tendría libre, y por supuesto sin salir del recinto casi amurallado que era el internado que me había sido destinado.

Y entonces una especie de rebeldía comenzó a surgir desde mi interior. ¿ Por qué tenía que hacer lo que otros me mandasen ? ¿ Acaso mi opinión no contaba ? O sea, que mi futuro lo habían decidido entre mi padre y el señor  Sullivan sin contar conmigo.  Me veía trabajando en esa casa al jubilarse mi padre, para toda la vida. Y hasta vestiría como las que salen en las películas: cuello estirado, y un vestido largo hasta los pies de color negro.  ¿ Ese sería mi futuro ?  Pues no.  Hablaría con mi padre, pero haría lo que más me gustase y no lo que otros idearan para mi.  Pero ¿ qué me gustaba ?  De repente me di cuenta de que no lo sabía, porque desde muy pequeña, todas las conversaciones referentes a mi porvenir, estaban encaminadas a ser contable, y nada más. De nuevo el pesimismo se adueñó de mi:  no podría exigir otro destino si no sabía cuál sería mi camino.

domingo, 3 de junio de 2018

Daphne - Capítulo 3 - Adolescencia

Todos se quedaron sorprendidos ante mi presencia.  Los mayores alabaron el extraordinario cambio que los jóvenes habían sufrido, pero quizá se detuvieron más en el mio resaltando que  me convertiría en una preciosa jovencita.  Los chicos fueron los más sorprendidos, y yo, en mi interior supe que había sido todo un acierto el invento del relleno.  De lo contrario, hubiera pasado sin pena ni gloria.  Ellos avanzaron hacia mi dispuestos a ampliar más su saludo, en definitiva los tres éramos bastante iguales en edad.  Yo extendí la mano para que fuera estrechada, pero Niall, siempre más abierto que su hermano, se acercó ignorando mi mano y me estampo dos besos en las mejillas que me dejaron sin habla.  Gerard, más comedido, sólo depositó un beso en mi frente.  A continuación no paraban de comentar que ya no tenía ortodoncia, ni gafas, y que las pecas estaban a punto de decirme adiós

- Aunque las pequitas te hacen muy graciosa - comentó Niall - ¿ verdad ? -, dijo mirando a su hermano que me miraba fijamente
- Tienes unos ojos impresionantes - es todo lo que dijo.

Notaba que mi cara ardía.  Nunca me habían dedicado ni tanto tiempo y por supuesto tantos elogios a mi belleza.

- ¿ En verdad estaré guapa ? . me preguntaba interiormente, porque  no podía creérmelo.

Una de las veces, dirigí la mirada hacia Nelly que me hizo una seña disimuladamente con el dedo pulgar hacia arriba en señal de  okey.  Comenzaba a estar segura de mi misma.  Hubiera dado cualquier cosa porque algunas de mis compañeras estuvieran presentes, pero claro, la única joven de la  edad de ellos era yo. Si hubiera estado alguna chica más, seguro que no se detendrían tanto en mi.

Los señores de la casa, tuvieron la deferencia de compartir una botella de champán con sus empleados, y esa fue la primera vez que bebía alcohol.  Iría con cuidado no fuera a ser que se me subiera y sabría Dios lo que sería capaz de hacer un pelín achispada.  Así que decidí mojarme únicamente los labios.  Me sorprendió el brindis que el señor Sullivan hizo alzando su copa y secundado por todos

- Por los jóvenes que vienen pisando fuerte. Por Daphne, Gerard y Niall que de repente se han convertido en señorita y muchachos dejando de ser chiquillos.  Por ellos
- Por ellos -, respondieron todos a una.  Y nosotros tres nos miramos riendo, pero deteniendo nuestros ojos durante un instante Niall y yo. Enseguida me giré en dirección a Gerard y entre choqué mi copa con la suya, sonriéndole ampliamente.  ¿Por qué lo hice ? Sencillamente, había descubierto,  quizá, mi primer flechazo y al darme cuenta de ello, sentí pena por Gerard porque el tenía la misma mirada en mí, que yo en Niall.

Poco más se prolongó la velada.  Al día siguiente había que comenzar la rutina diaria que hasta que ellos llegaron, había estado suspendida en el tiempo,   exceptuando los jóvenes y yo, que ninguno teníamos clases hasta una semana después. Ellos seguramente saldrían a saludar a su pandilla y yo volvería a mi soledad, aunque mirándolo bien, podría acercarme en bicicleta hasta la ciudad y por lo menos allí daría una vuelta, y de paso visitaría alguna tienda de lencería.

Iba lentamente, sin prisa sumida en mil pensamientos, cuando el cláxon de un coche hizo que me echara hacia un lado.  Eran ellos que me saludaron a gritos y con las manos.  Me hicieron sonreír por la vitalidad que derrochaban.  Ellos siguieron su camino y yo el mio, pero mi pensamiento estaba en otro lado y a punto estuve de caer al suelo al no esquivar una piedra que estaba en medio de mi ruta.  Me hubiera gustado ir en el coche con ellos, pero seguramente ni se les habría pasado por la cabeza ¿ Qué iba a hacer con sus amigos ? No conocía a nadie, ni siquiera tenía a penas confianza con ellos.  Además no pegaba en su círculo de amistades, por tanto sería un pegote del que no sabrían  deshacerse de él. De todas formas no me costaría acostumbrarme en volver a mi solitaria vida.  Seguramente cuando comenzase el curso, al haber cambiado, sería posible echarme alguna amiga, o quién sabe si algún amigo.  Si esto ocurriera, sería la prueba definitiva de que verdaderamente habría cambiado y ya no sería tan despreciada por todos.

Aparqué la bicicleta en el lugar dedicado a ello, y miré a un lado y a otro de la calle ¿ Por dónde empezar a caminar ?  Daba igual, había ido por pasar la mañana.  . Elegí la acera de la derecha; la recorrería de una punta a otra y luego la de la izquierda.  La calle era muy comercial y seguramente encontraría lo que iba buscando.  Y me detuve frente al escaparate de una tienda de lencería con verdaderas prendas primorosas que hacía que la imaginación volara. Eran de una exquisitez asombrosa; nunca había visto nada igual.  Me fijé bien y a un lado había un cartel en el que decía. "Importado de Paris ".  Ahora lo entendía.  Me  imaginaba dentro de alguna de esas piezas de satén finísimo.

- Las francesas tienen gustos picantes, y saben cómo conquistar a un hombre - Me susurró una voz que hizo que me ruborizara.  Giré la cabeza y a mi lado estaba Niall que me miraba con una sonrisa en su cara
- Son muy bonitas...  Dije titubeando muerta de la vergüenza porque no sabía qué decir.
- ¿ Te las das de hombre de mundo ? - le respondí algo incómoda
- Ni mucho menos. Pero conozco Paris.  Mis padres nos han llevado varias veces
- Pues qué suerte la tuya - respondí  - En cambio, yo no conozco más allá de la parcela en la que vivo.  Algún día me daré una vuelta por allí. Cuando sea mayor
- Ya eres mayor y muy bonita.  Perdona, pero ahora no tienes nada que ver con la chica que dejamos a principios de verano.
- Tu también has cambiado, y Gerard y todos.
- Posiblemente, pero tú estás distinta. Estás...   muy bien.  Debí ponerme toda roja, porque al decirlo hizo un gesto con las manos realzando, bueno ya sabéis qué es lo primero que mira un hombre de una mujer.  A pesar de mi timidez, sonreí y pensé " si tú supieras ".

Deseaba cortar aquella conversación que él llevaba por otros derroteros.


- ¿ Te apetece tomar el aperitivo conmigo?
-Lo siento Niall, pero he irme ya
-Es pronto. Puedo mandar un correo a Gerard que no me espere
- No, no estaría bien, y yo tengo prisa.  Quizá nos veamos otro día
- ¿ Otro día ? ¡ Pero si vivimos en el mismo sitio
- Ya lo sé, pero es difícil volvernos a ver.  Bueno adiós. - Y salí deprisa antes de que él me hiciera cambiar de opinión

Mi corazón latía más aprisa que mis piernas.  Mi cabeza estaba en una nube y tuve que pararme porque ni siquiera recordaba dónde había dejado la bicicleta.

- Este chico tiene la facultad de descolocarme cada vez que nos vemos - me repetí a mi misma.  Volví la cabeza y divisé que a lo lejos, aún seguía mirando en la dirección en la que me había ido.

sábado, 2 de junio de 2018

Daphne - Capítulo 2 - Cambios

En la época de verano, la mansión quedaba en silencio.  Sólo lo alteraba el ir y venir de sirvientes tapando muebles, recogiendo alfombras, limpiando y guardando plata..., en fin todo lo necesario en una limpieza a fondo para dejar preparada y lista la casa para el regreso de los señores.   Pasaban temporadas en una casa de campo que tenían en Escocia y los muchachos en un campamento.  Durante Julio y Agosto, todo permanecía quieto y en silencio.  Mi padre seguía trabajando en su despacho porque los gastos de la casa corrían mes tras mes, y él lo tenía todo al corriente.  Yo me aburría tremendamente sola y sin amigas, encerrada en casa o en el jardín.  Echaba de menos el jaleo de los chicos, y para pasar mejor la soledad iba hasta la cocina y allí charlaba con Saoirse , mi amiga y consejera, Nelly la doncella y la cocinera señora Pickford, que ahora, después de terminar con el recogido de la casa, tenían poco trabajo.

A ella les gustaba que fuese y les contará las cosas que hacía.  Algunas veces les acompañaba hasta la ciudad para efectuar las compras, y ese día para mi era algo extraordinario. Y así año tras año, sin nada que lo alterase.

Cumpliría quince años en unos días y mis amigos de la casa, organizarían  una merienda y la señora Pickford  haría  una tarta con quince velas.  Era una nota de color en la monotonía de nuestra vida. Pedíría un deseo al apagar las velas, me cantarían el cumpleaños feliz y a las nueve de la noche, ya estaríamos todos acostados y de nuevo la casa permanecería en silencio hasta las siete de la mañana del día siguiente en que todo se pondría nuevamente en movimiento.

Pero una cosa si varió: la ortodoncia.  Al fin me ví libre de ella y ese día, cuando fuimos al pueblo, me hicieron una fotografía y puse una sonrisa tan grande que creí que no cabría en la foto, pero yo estaba exultante de  felicidad..  Y al cabo de unos meses seguirían las gafas.  Ya era una chica casi guapa.  Saoirse siempre me lo decía, pero no le hacía mucho caso, porque ella me conocía desde que nací y sabía el cariño que me tenía.

Por mucho que me mirase al espejo, me seguía viendo horrible.  Lisa como una tabla. un cuerpo totalmente recto y las pecas ahí seguían para mortificarme.  De lo único que podía presumir era de mi cabello brillante, fuerte y sedoso que con el paso del tiempo se fue oscureciendo hasta quedar en un castaño claro con reflejos cobrizos.  Según me contaba mi padre era igual al que tuvo mi madre.

Nunca supe por qué demonios llevaba gafas. Creo que mi padre, tampoco lo supo nunca, sólo que debía fijar la visión y por eso me las recetó un oftalmólogo.  El caso era que a finales de verano ya no tuve necesidad de ellas.  Y entonces pude lucir mis verdaderos ojos ocultos y algo hundidos por los lentes.
- No te preocupes.  En cuanto lleves unas semanas sin ellas, esas ojeras se te quitarán- me decía Saoirse.  Y efectivamente así ocurrió.  Los tengo azules, de un azul intenso y brillante, también como mi madre.  A veces creo que mi padre lo dice para recordarla, pero no sabía si era cierto o él los veía reflejados en mi.

Una llamada telefónica nos avisó de que los señores volvían a últimos de semana.  Había que tenerlo todo dispuesto, y comenzaron nuevamente a destapar los muebles, a correr cortinas, a poner alfombras....  todo el ritual de principios de verano, solo que al revés.  .  Los comerciantes comenzaron a llevar carnes, pescados, hortalizas, todo lo que durante el verano habían dejado en suspenso.

Y al fin el cláxon del coche resonó en la casa, y todos se alegraron de que estuvieran de vuelta.  Los primeros que entraron fueron los chicos, que habían experimentado un gran cambio; ya no eran tan niños:  habían crecido y la cara les había cambiado un poco, aunque, sobretodo el pequeño, entró como una exhalación en la casa.  En eso no había cambiado.

Yo les vi llegar desde mi escondite en el árbol y aprecié en los chicos el mismo cambio que realzaban los sirvientes.  Pero mis ojos buscaban entre todas las personas que se arremolinaron para descargar el equipaje, a los chicos, y en especial a Niall.  Y al encontrarle, me quedé paralizada. Había cambiado: era más alto y fuerte, sin duda por el aire libre del campamento, su sonrisa siempre perenne en el rostro y lisonjero con Saoirse: " era el mismo" , me dije.  Y a continuación busqué a Gerard, que al igual que su hermano, ya no era tan pequeño como cuando se fueron de vacaciones.  Bajé deprisa del árbol y corrí a mi habitación.  Me puse delante del espejo y contemplé mi figura: yo también había cambiado, sólo mi cara, pero mi cuerpo seguía siendo poco agraciado.
Y decidí no bajar a saludarles mientras ellos estuvieran presentes. Ellos estaban distintos y yo en cambio seguía siendo igual de sosa y poco atractiva.-  Sabía que lo comentarían cuando estuvieran a solas.  Me daba vergüenza.  Me pasé la mano por mi pecho, y ni siquiera ni un asomo de busto, nada de nada. Y sería eso en lo primero que se fijarían.  Decididamente evitaría encontrarme con ellos.  Pero también podría tener solución para eso. ¿ Cómo no se me había ocurrido antes ?

- Relleno, eso es.  me pondré relleno.

Y dicho y hecho, aunque fue tan exagerado que yo misma me asusté al verme nuevamente.  Pero debía llevar sujetador de lo contrario perdería el algodón por el camino y entonces sí que me moriría de vergüenza..  Le pediría a Nelly uno de los suyos y en la primera ocasión que fuera a la ciudad me compraría uno, porque no era cuestión de ser pechugona un día y al día siguiente estar lisa.  Si recurría a esa solución debería ser permanente..  Y de esta manera mi silueta resultó ser más acorde a mi edad y a mi cambio que seguro apreciarían.

A escondidas, hablé con Nelly, y a prisa y corriendo la hice ver que me acomplejaba estar como una tabla.  Ella se rió y buscó en su armario un sujetador pequeño para que no resultase tan llamativo.  Me lo puse lo rellené de algodón y me busqué  el mejor vestido que tenía.  Al mirarme en el espejo, había cambiado totalmente.  Me quedé quieta durante unos segundos comprobando que todo estuviera igualado y en su sitio, y efectivamente, ahora se podía decir que comenzaba a estar guapa.  Libre de complejos y segura de lo que hacía,  me reuní con los sirvientes, que junto a mi padre, conversaban con los señores y sus hijos.

Cuando entré en la sala en donde estaban reunidos, las voces se acallaron un poco.  Los chicos se quedaron callados y clavaron su mirada en mi, hasta el punto de sonrojarme.  Se habían dado cuenta de mi cambio.  Los tres habíamos cambiado.  Este fue el principio de los que se sucederían en nuestras vidas.


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